Oviedo, Gijón y Avilés concentraron las celebraciones más multitudinarias, pero la victoria de España frente a Argentina también se festejó en las Cuencas, Castrillón, Villaviciosa y varias localidades del Oriente
Asturias pasó en cuestión de segundos del silencio y la angustia a una explosión colectiva. El gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la final del Mundial liberó de golpe la tensión acumulada durante casi dos horas y encendió una celebración que se extendió desde las grandes ciudades hasta numerosas villas y pueblos de la comunidad.
España derrotó a Argentina por 1-0 y conquistó el segundo Mundial de su historia. El tanto se produjo a miles de kilómetros, en Nueva Jersey, pero el grito recorrió simultáneamente las plazas, parques, bares, terrazas y viviendas asturianas.
La final había comenzado a las nueve de la noche, aunque en muchos puntos de Asturias el ambiente se había puesto en marcha dos horas antes. Las camisetas rojas, las banderas españolas y asturianas, la música y las reuniones familiares fueron preparando una noche que terminó pasada la medianoche y que ya forma parte de la memoria colectiva.
Oviedo: la plaza de la Catedral se convierte en una grada
La plaza Alfonso II el Casto, frente a la Catedral, volvió a ejercer como gran punto de reunión de la afición ovetense. Desde las siete de la tarde, cientos de personas fueron ocupando el casco histórico para conseguir una buena posición ante la pantalla gigante.
Familias con niños, grupos de jóvenes y aficionados de todas las edades siguieron un partido marcado por la resistencia argentina y las oportunidades españolas. Cada ataque levantaba a la multitud. Cada intervención del guardameta argentino devolvía el silencio y la desesperación.
El gol anulado a Nico Williams durante la prórroga hizo pensar que la final podía terminar nuevamente en los penaltis. Pero en el minuto 106 llegó la jugada que lo cambió todo: carrera de Nico, centro desde la izquierda y remate de Ferran Torres.
La plaza de la Catedral saltó al mismo tiempo. Las imágenes difundidas en las redes sociales muestran brazos levantados, abrazos entre desconocidos, banderas ondeando y teléfonos móviles grabando la celebración.
Después del pitido final, la fiesta continuó por las calles próximas a la Catedral y se extendió hacia el centro de Oviedo. Los cánticos y las bocinas de los vehículos rompieron la tranquilidad habitual de la medianoche.
Gijón: Hermanos Castro estalla con Ferran
En Gijón, el principal escenario fue el parque de los Hermanos Castro. La zona destinada a la afición abrió a las siete de la tarde y contó con música, barras, puestos de comida, aseos y puntos de agua.
El espacio situado junto a los bajos de El Molinón se transformó en una enorme grada al aire libre. Durante el partido, la multitud pasó de la confianza inicial a la inquietud ante la falta de goles. El dominio español no se reflejaba en el marcador y la posibilidad de una tanda de penaltis comenzaba a parecer demasiado cercana.
El remate de Ferran hizo desaparecer todos los temores. La celebración fue inmediata: saltos, abrazos, banderas y cánticos en una concentración que reunía a aficionados del Sporting, del Oviedo y de numerosos clubes asturianos bajo los mismos colores.
Gijón contó, además, con otro punto de seguimiento en las fiestas del barrio de Portuarios. Allí, la retransmisión quedó incorporada al programa festivo y la victoria prolongó la celebración después del encuentro.
Avilés: El Parche vibra con el gol del campeonato
La plaza de España, conocida popularmente como El Parche, fue el corazón de la celebración avilesina. El Ayuntamiento había instalado una pantalla LED de cinco por tres metros, elevada para facilitar la visibilidad y acompañada por un sistema de sonido preparado para cubrir toda la plaza.
El espacio comenzó a llenarse antes de la retransmisión. La espera durante la prórroga se hizo interminable, especialmente después del gol anulado a Nico Williams.
Cuando Ferran marcó el 1-0, la afición avilesina respondió con un estallido que quedó recogido en varios vídeos publicados en Instagram. La multitud saltó, se abrazó y levantó banderas mientras los jugadores españoles todavía celebraban el tanto sobre el césped.
Tras el final, los cánticos continuaron por el casco histórico. La plaza y las calles cercanas se convirtieron durante un tiempo en una prolongación de la celebración que se estaba produciendo dentro del estadio de Nueva Jersey.
Las Cuencas celebran en grandes pantallas
La victoria también tuvo una dimensión especial en las Cuencas. En Mieres, el parque Xovellanos acogió la retransmisión en una pantalla de más de 28 metros cuadrados, una de las mayores instaladas en Asturias.
Langreo eligió los recuperados Talleres del Conde para reunir a la afición. La final sirvió así como estreno deportivo de un espacio llamado a albergar grandes convocatorias ciudadanas. Los establecimientos hosteleros también pudieron instalar televisores en sus terrazas.
En El Entrego, la final quedó integrada en las fiestas de la localidad. La pantalla instalada en la carpa permitió que el programa festivo y el partido se fundieran en una misma celebración después del pitido final.
Piedras Blancas alarga la fiesta
La plaza de Europa de Piedras Blancas combinó fútbol y música. Una pantalla de seis por dos metros permitió seguir el partido y una sesión de DJ animó la espera.
El Ayuntamiento de Castrillón había autorizado excepcionalmente la ampliación de los horarios de la hostelería y la colocación de televisores en los exteriores. El triunfo español convirtió esas medidas en una invitación para continuar celebrando el segundo Mundial durante la madrugada.
El Oriente también se suma a la segunda estrella
En Cangas de Onís, la plaza Camila Beceña se transformó en una gran sala de televisión al aire libre. Se colocaron 600 sillas y la animación musical comenzó antes del partido.
Ribadesella reunió a vecinos y visitantes en la plaza Nueva, mientras que Villaviciosa instaló su pantalla en la plaza del Ayuntamiento. En Arriondas, el espacio escogido fue el parque de La Llera.
La celebración se repitió también en numerosos bares, restaurantes, cámpines y alojamientos turísticos. En las localidades sin grandes pantallas, familias y grupos de amigos se reunieron alrededor de televisores para compartir una final que terminó convirtiéndose en una fiesta colectiva.
Una generación que ya tiene su propio Mundial
La segunda estrella llegó de una manera casi idéntica a la primera. En 2010, Andrés Iniesta marcó en el minuto 116 de la prórroga. Dieciséis años después, Ferran Torres resolvió la final en el 106.
Para muchos niños y adolescentes asturianos, esta ha sido la primera victoria mundialista vivida plenamente. Para quienes recuerdan Sudáfrica, la noche supuso el regreso a una emoción que parecía difícil de repetir.
Durante unas horas desaparecieron las rivalidades entre clubes y ciudades. Desde la Catedral hasta Hermanos Castro, desde El Parche hasta el parque Xovellanos, Asturias celebró vestida de rojo.
España ya tiene dos estrellas. Y una parte de la segunda se gritó, se lloró y se abrazó en las calles asturianas.
