Barbón: Bayer engrana en el paisaje económico limpio, competitivo y sostenible de Asturias

Barbón: Bayer engrana en el paisaje económico limpio, competitivo y sostenible de Asturias

Asturias.-El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha participado hoy en los actos de celebración del 80 aniversario de la planta de Bayer en Langreo, en el que ha valorado el esfuerzo realizado por la empresa para adecuar sus instalaciones y modernizar procesos a lo largo de su historia. “Bayer engrana a la perfección en ese paisaje económico limpio, competitivo y sostenible que estamos construyendo, donde el campo biosanitario adquiere cada día un potencial más evidente”, ha destacado.

Barbón también ha incidido en el compromiso ambiental de la compañía, que la ha llevado a implantar sistemas para el tratamiento de aguas residuales, digitalizar procesos y reducir emisiones de dióxido de carbono, gracias al uso de energías cien por cien renovables.

“Mi gobierno tiene razones para creer en el compromiso de Bayer con Asturias. Ojalá pronto pueda decir lo mismo de las demás empresas que un día eligieron Lada para implantarse y obtener beneficios. Es una justa aspiración a la que no vamos a renunciar en modo alguno”, ha añadido.

A continuación se reproduce la intervención íntegra del presidente en el acto:

 

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN

Visita a la planta de Bayer con motivo de su 80 aniversario

Mi primera obligación es felicitarles. No todos los años se cumplen 80, y mucho menos con tanta esperanza de vida por delante. Constatamos una vez más las virtudes del ácido acetilsalicílico, tan socorrido como eficaz. Si además pensamos que estamos en el único centro mundial de producción del principio activo de la popular aspirina, nos daremos cuenta de que el cumpleaños de esta planta de Bayer es un motivo de celebración para toda Asturias. Enhorabuena y, como manda la canción, que cumpla muchos más.

Esta efeméride también me da pie a alguna reflexión. El lunes pasado, hace justo una semana, abrí el debate de orientación política, al que coloquialmente llamamos debate sobre el estado de la región. Aquella mañana me empeñé en subrayar que nuestra comunidad está bien encaminada hacia un paisaje económico limpio, verde y sostenible, con una industria potente afianzada sobre la ciencia, el avance tecnológico y la investigación. Hoy me esforzaré en aclarar que esta factoría, con ocho décadas de historia a sus espaldas, forma parte de ese nuevo entramado industrial que distinguirá la mejor Asturias.

Hace poco más de tres años, cuando asumí el cargo, puse en marcha la agenda del cambio. Es fácil adivinar por qué. Ante una transición ecológica y digital irreversible, Asturias no podía negarse a la metamorfosis de su tejido industrial. Todos hemos oído que los avestruces esconden la cabeza en la tierra cuando acecha el peligro. Evidentemente, es falso: si esa fuera su estrategia de defensa, ya no quedaría ni uno. Pues el Principado tampoco podía caer en ese fallo. Dar la espalda a la realidad es siempre un ejercicio inútil, yermo.

En este trienio, Asturias le ha perdido el miedo a la transformación. Mi gobierno está orgulloso de haber contribuido a ese logro: en la medida de sus posibilidades, estamos favoreciendo que nuestras empresas e industrias aprovechen este desafío como una oportunidad. No obstante, a veces se producen dos errores de interpretación que quiero precisar. El primero es que el cambio no es una estación término, un destino, sino un proceso continuo. Y el segundo, que el cambio nunca significa hacer tabla rasa de lo que funciona.
Esta planta es un buen ejemplo. En un principio, en el lejano 1942, la ubicación se eligió por el desarrollo minero de Langreo. Con derivados del carbón se obtenían el anhídrido acético y el ácido salicílico, los dos ingredientes básicos de su compuesto. Al paso de los años, ambos pasaron a ser sintetizados por otros medios.  Entonces, Bayer no optó por la deslocalización, por romper los lazos con el territorio donde se había instalado y del que se había beneficiado. Eligió la mejor alternativa: evolucionar, invertir para adecuar sus instalaciones y para que la fábrica continuase operativa.

En honor a la verdad, esta empresa no ha dejado de invertir para adaptarse a las exigencias de cada tiempo. Eso explica que aquí, además del acetilsalicílico, se produzca un tratamiento para evitar las infecciones por hongos. O que, desde el año pasado, se elabore también nifedipino, que parece diseñado para quienes nos dedicamos a la acción política, toda vez que dilata las arterias y rebaja la tensión.  Bromas aparte, Bayer ha desembolsado más de 27 millones en Lada durante el último lustro. Es una cantidad que merece un reconocimiento público.

Sin duda, han sido decisiones adoptadas con lógica científica y empresarial. Nada que objetar, sino al contrario: como presidente del Principado –y como ciudadano de la cuenca del Nalón- tengo que agradecerlo. Esa evolución ha permitido que esta factoría continúe enraizada en La Felguera y que, pese a su condición octogenaria, esté en los mejores años de su vida. Les aseguro que el Gobierno de Asturias –y, en particular, las consejerías de Industria y Ciencia- siempre estará dispuesto a respaldar sus planes de modernización y desarrollo.

Me quedaría corto si no reseñase su compromiso ambiental, concretado en varios ejemplos, como los sistemas para el tratamiento de aguas residuales, la digitalización de procesos o la reducción de emisiones de dióxido de carbono gracias al uso de energías 100% renovables.

Por eso reitero que Bayer engrana a la perfección en ese paisaje económico limpio, competitivo y sostenible que estamos construyendo, donde el campo biosanitario adquiere cada día un potencial más evidente. No es un reto sólo apto para visionarios. La red hospitalaria, con el HUCA a la cabeza, el Instituto de Investigación Sanitaria (ISPA), las misiones científicas, el polo previsto en Oviedo en torno a lo que se ha venido a denominar “milla de la bata blanca”… Todas son piezas que encajan en la misma arquitectura: elevar Asturias a la altura de una referencia biosanitaria nacional. Como en tantas otras cosas, sólo hace falta que tengamos confianza en nosotros mismos. Ya lo advirtió José Andrés, chef reconocido y Premio Princesa de la Concordia: “Asturias tiene que creérselo”.

Y, desde luego, mi gobierno tiene razones para creer en el compromiso de Bayer con Asturias. Ojalá pronto pueda decir lo mismo de las demás empresas que un día eligieron Lada para implantarse y obtener beneficios. Es una justa aspiración a la que no vamos a renunciar en modo alguno.

Pero hoy el protagonismo corresponde a esta planta de Lada. A su plantilla, a su dirección, a todas y cada una de las personas que han hecho posible este cumpleaños, gracias y enhorabuena. El árbol que acabamos de plantar –el primero de los 80 previstos, uno por cada año de existencia- tiene un triple valor simbólico: el compromiso con el medio ambiente, la fortaleza de las raíces de Bayer en Asturias y, sobre todo, la certeza de su crecimiento futuro.

En noviembre de 2019 participé en estas mismas instalaciones en otro aniversario, en la conmemoración de los 120 años de Bayer en España, una edad aún más longeva. Recuerdo que al acabar advertí que si mis palabras eran causa de alguna molestia, estábamos en el sitio ideal para echar mano de una aspirina. Como entonces, hoy espero que nadie la necesite.

Con toda sinceridad, gracias por su invitación, enhorabuena y feliz cumpleaños.

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