Durante meses, actuaron casi como una manada organizada. Elegían objetivos vulnerables, se movían en grupo, difundían propaganda nazi en redes sociales y comenzaron incluso a fabricar cócteles molotov. La Policía Nacional asegura haber desarticulado ahora el grupo juvenil de ultraderecha más violento detectado hasta la fecha en Asturias: los autodenominados “Whiteboys”.
La operación policial se ha saldado con 19 detenidos en Oviedo, Gijón, Avilés y Castrillón, cuatro de ellos menores de edad, tras una investigación desarrollada por la Brigada Provincial de Información de Asturias junto a la Comisaría General de Información.
Pero detrás de las cifras aparece un relato mucho más inquietante: adolescentes y jóvenes radicalizados que, según los investigadores, habían convertido la violencia callejera y el odio ideológico en una forma de identidad grupal.
Las “cacerías”: salir a buscar víctimas por la calle
Ese es el término que más se repite en todas las investigaciones: “cacerías”.
La Policía sostiene que los miembros del grupo organizaban salidas deliberadas para localizar personas vulnerables y agredirlas aprovechando su superioridad numérica. Sus víctimas preferentes eran inmigrantes, personas sin hogar, jóvenes LGTBI y chavales identificados con movimientos de izquierda.
Los agentes atribuyen al grupo al menos 14 agresiones físicas y actos de acoso, aunque las propias fuentes policiales sospechan que podrían existir más víctimas que nunca denunciaron, especialmente entre indigentes o personas en situación de exclusión social.
La dinámica era especialmente agresiva. No se trataba de peleas espontáneas. Según los investigadores, existía planificación, selección de objetivos y una estructura interna basada en disciplina, jerarquía y radicalización ideológica.
Dos menores gijoneses como presuntos cabecillas
Fuentes de la investigación apuntan a que el núcleo duro del grupo estaba dirigido desde Gijón por dos menores de edad que ya han ingresado en un centro de menores.
Precisamente fue en Gijón donde se realizaron varios de los registros más importantes de la operación. Los agentes llevaban meses siguiendo movimientos, perfiles sociales y comunicaciones internas del grupo desde que comenzaron a detectar actividad violenta en septiembre de 2024.
La edad de muchos de los implicados es uno de los elementos que más preocupa a los investigadores. Algunos apenas tenían 14 años. El mayor, 22.
Detrás de la estética ultra y la simbología nazi, la Policía detectó un fenómeno de radicalización juvenil acelerada alimentado por redes sociales, canales extremistas y dinámicas grupales cada vez más violentas.
De las pintadas nazis a los cócteles molotov
La investigación dio un salto crítico cuando los agentes comprobaron que el grupo estaba escalando rápidamente en capacidad violenta.
Los “Whiteboys” no solo difundían propaganda nazi y mensajes de admiración hacia figuras del III Reich en redes sociales. También habían comenzado a acumular armas blancas y materiales incendiarios.
Según la Policía, algunos integrantes ya estaban fabricando artefactos incendiarios tipo cóctel molotov. Ese hallazgo precipitó la operación por miedo a que el grupo terminara ejecutando ataques mucho más graves.
En los registros domiciliarios aparecieron hachas, cuchillos, pasamontañas, una pistola de airsoft y abundante simbología nazi.
La estética del grupo mezclaba referencias neonazis clásicas, mensajes supremacistas y una cultura ultra muy vinculada a redes sociales y dinámicas juveniles violentas.
El enemigo: “los otros”
Uno de los elementos más escalofriantes de la investigación es la naturalidad con la que el grupo parecía asumir la violencia contra quienes consideraban enemigos.
Los investigadores les atribuyen agresiones contra miembros del Sindicato de Estudiantes y otros jóvenes de izquierdas. En su lógica interna, esos grupos formaban parte del “enemigo ideológico”. También perseguían personas por origen racial, religión u orientación sexual.
Las redes sociales jugaban además un papel central. Allí difundían mensajes supremacistas, propaganda neonazi y fotografías con simbología extrema.
Asturias y el viejo fantasma ultra
La operación vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la presencia periódica de grupos ultras y neonazis en Asturias.
Aunque fenómenos similares han existido históricamente en distintos puntos de España, en Asturias la ultraderecha radical ha tenido episodios ligados a grupos ultras de fútbol y pequeños núcleos violentos urbanos desde hace décadas.
La diferencia ahora, según expertos policiales y analistas de radicalización, está en la velocidad con la que internet permite captar menores, cohesionar grupos y normalizar discursos extremistas.
Las redes sociales ya no solo sirven para difundir propaganda. También funcionan como espacios de validación, reclutamiento y competición interna entre jóvenes radicalizados.
“El mayor grupo juvenil ultra detectado en Asturias”
La Policía Nacional considera completamente desarticulado el grupo. Los menores arrestados han sido puestos a disposición de la Fiscalía de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, mientras el resto afronta investigaciones por delitos de odio, pertenencia a organización criminal y, en algunos casos, tráfico de drogas.
Pero el impacto de la operación va mucho más allá de las detenciones.
Porque detrás del nombre “Whiteboys” aparece una fotografía inquietante: chavales extremadamente jóvenes, obsesionados con la estética nazi, organizando “cacerías” contra indigentes y colectivos vulnerables en pleno 2026.
Y eso, probablemente, es lo que más preocupa ahora mismo a los investigadores.
