Juan Carlos I

En estos momentos no hay ninguna causa abierta en contra del  ex monarca, sino  sólo una investigación acerca de un posible delito fiscal al no haber declarado ingresos en España y pagado los correspondientes impuestos. Aún así, Juan Carlos ya ha sido juzgado y condenado por la opinión pública, con la inestimable ayuda de miembros de la coalición  PSOE-UP.

 

Es indudable que, como en una ocasión expresara el propio monarca, la justicia es igual para todos. Pero hay una igualdad que no aparece en los textos ni se estudia en las aulas de Derecho: la que sin pruebas concretas y aún antes del pronunciamiento de los jueces  se arroga la facultad de condenar.

 

Pareciera que nadie se acuerda ya en estos días de que Juan Carlos pudo ser un Franco con corona, y sin embargo abandonó cualquier tentación totalitaria para dar paso a una democracia que ha traído el más largo período de prosperidad y paz  que pueda recordar este país, y que permitió llegar a Constitución de 1978, con la conocida Transición alabada en todo el mundo.

 

Durante su reinado se han sucedido los gobiernos del Partido Socialista y del Partido Popular, con sus luces y sus sombras, pero que indudablemente han llevado al país a una senda de innegable  modernidad. Y no hay que olvidar tampoco que fue Juan Carlos I quien puso fin al intento de golpe de Estado el 23 de febrero de 1981.

 

Sin embargo, diversos acontecimientos tras la crisis  económica mundial a partir de 2008, nos han llevado al actual gobierno de coalición que, merced a uno de sus socios –Unidas Podemos- con Pablo Iglesias al frente desde la Vicepresidencia Segunda, pretende terminar con el sistema que salió de las urnas de 1978, y muy particularmente eliminar la actual monarquía parlamentaria para instaurar un régimen republicano. Es éste un ejecutivo que pretende hacer caer en el olvido todo lo que España debe a Juan Carlos I, poniendo el acento sólo en asuntos turbios, dando por  hecho que existe una vergonzosa corrupción que salpica a la monarquía en sí. Pero este mismo gobierno no tiene empacho en pactar con siniestros personajes de partidos separatistas y con herederos de una banda  extremista que lo único que hicieron por el país fue llenarlo de dolor   durante muchos años, y con  terribles delitos de sangre a sus espaldas, que jamás han pedido perdón y que hoy incluso se sientan en el Congreso de los Diputados o en los Parlamentos autonómicos. Pablo Iglesias, muy activo siempre en redes sociales y en los medios de comunicación, habla de una salida “indigna” de España, pese a que los abogados del rey emérito han puesto de manifiesto su voluntad de ponerse a la orden de los tribunales, si así lo requirieran. 

 

Y algo sabido: el poder que  tienen hoy en día los medios recomunicación  y las redes en la opinión pública. No se hace balance alguno. No se sopesan aciertos y errores. No se quiere ver si pesa más lo bueno o lo –por ahora- dudoso. Por cierto, también el Vicepresidente Iglesias tiene a sus espaldas algunos asuntos en los tribunales, además de sospechas nunca bien aclaradas acerca de millonarios fondos presuntamente recibidos de los gobiernos de Venezuela e Irán.

 

Todo ello ha quedado oportunamente solapado gracias al aluvión de noticias, comentarios, tertulias, debates, etc., en torno a Juan Carlos I. Muy conveniente.Y en medio de todo este debate nacional, y con una extensión acelerada de la pandemia en el país y una crisis económica aún difícil de calibrar, el Gobierno se va de vacaciones.



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