21.000 euros


No es el importe del premio de la bonoloto, ni tampoco el precio de un coche de gama media-alta. Es el sueldo mensual que el PP venía pagando al Sr. Barcenas hasta el pasado mes de enero.

Para enterarnos de esta abultada cifra, silenciada cual secreto de Estado, hemos tenido que conocer el último movimiento del extesorero del Partido Popular que, sorprendiendo a todo el mundo y con un golpe de efecto digno de quien se sabe el más fuerte, presentó una demanda por despido improcedente contra su empresa que, dicho sea de paso, tiene muchas posibilidades de prosperar.

Le bastará para ello aportar como pruebas las declaraciones del Sr. Floriano y de la Sra. Cospedal, por más que estas últimas conviertan al Juzgado de lo Social, al que en turno corresponda conocer del asunto, en una sucursal del Club de la Comedia.

La cifra de tan exorbitante salario, además de ser ofensiva para los ciudadanos, viene a corroborar que los partidos políticos son auténticos reinos de taifas en los que impera un absoluto descontrol y discrecionalidad y que, por tanto, no pueden permanecer por mucho más tiempo fuera de las reglas del juego de la razón y del sentido común. Es urgente que entren dentro del ámbito de aplicación de la Ley de transparencia. El control del Tribunal de Cuentas es un paripé.

Así se explica el abultado patrimonio que han llegado a amasar algunos de sus dirigentes con cargos públicos cuyo salario era conocido, precisamente por tener carácter público, pero que en modo alguno justificaba sus declaraciones de bienes. Ahora ya está claro: cobraban del partido lo que les venía en gana.

Este asunto sería uno más del reality show político si no fuera porque los partidos se nutren en un 80% del presupuesto público, aunque viven al margen de cualquier control serio y tempestivo.

Tal cifra es aún más extravagante si se la compara con los parámetros cuantitativos al uso en nuestro país, en el que el salario más frecuente se sitúa en los 16.500 €; el mediano, en 19.100 €, y el medio, en 22.700 €. Es decir, el Partido Popular le asignó al Sr. Bárcenas un salario mensual equivalente al salario medio anual de cualquier español que tenga la suerte de poder trabajar en las actuales circunstancias de crisis económica.

Si el Sr. Bárcenas sale airoso del pleito entablado, no solo va a recibir una jugosa indemnización (que rondaría el millón de euros), a cargo también de todos los contribuyentes españoles, sino que conseguirá convertir en cadáver político a la Sra. Cospedal, que viene sosteniendo en todas sus apariciones que el extesorero dejó de trabajar para el Partido Popular en el año 2009.

Son las secuelas de no decir la verdad.

Si quienes tienen el poder de decisión en los partidos políticos administran el dinero público de forma tan pródiga y alegre, ¿cómo pueden exigir sacrificios a la ciudadanía?, ¿cómo pueden apelar a la solidaridad a la hora de tributar? Cualquier ciudadano normal sentirá náuseas cuando piense en el destino que se le va a dar a sus elevadísimos impuestos.

Quedan muchos asuntos pendientes, entre ellos esa todavía ignota auditoría externa que el Partido Popular iba a encargar en relación a sus finanzas. Entretanto, el Partido se ha convertido en un lodazal y su Secretaria General, en el hazmerreír de todos los españoles.

Como decía Vespasiano cuando le criticaron por cobrar una tasa a los romanos que utilizaban los retretes públicos, pecunia non olet (el dinero no huele).

 



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