Asturias: la tierra que se volvió a inventar

Asturias: la tierra que se volvió a inventar

Especial Día de Asturias · 8 de septiembre de 2026

 

De las reuniones que alumbraron el autogobierno a la última extracción de carbón de Hunosa; de la resistencia obrera al HUCA, la alta velocidad y la sidra reconocida por la Unesco. Cuarenta y cuatro años de autonomía explican cómo una comunidad acostumbrada a producir la energía de España tuvo que aprender a producir su propio futuro.

La Asturias moderna tiene un lugar de nacimiento que no siempre aparece en las postales de su historia: Luanco, 26 de junio de 1979. Allí se constituyó la Comisión de los 24, encargada de preparar el anteproyecto del Estatuto. No hubo una proclamación de un nuevo reino. Hubo representantes políticos, una Constitución recién estrenada y una discusión decisiva: qué poder debía tener Asturias para gobernar sus asuntos. [

El escenario ayuda a entender el cambio. La historia regional no estaba escrita únicamente en los palacios de Oviedo ni en las galerías de las cuencas. También se estaba decidiendo en una villa marinera, mediante negociación. El autogobierno nació como una herramienta democrática para una tierra que empezaba a reconocer la profundidad de su crisis industrial. La autonomía y la reconversión serían, desde entonces, dos historias inseparables. 

Este 8 de septiembre de 2026, Día de Asturias, mirar hacia atrás exige abarcar ambas. La de las instituciones que se construyeron y la de las seguridades que se perdieron. La de las fábricas, los pueblos y las familias; la del hospital, el aula y el tren. Porque la formación de Asturias contemporánea no cabe en una sucesión de presidentes: es el relato de una sociedad que tuvo que cambiar sin dejar de reconocerse.

Las raíces y el nacimiento

Una historia antigua. Un poder nuevo.

Conviene despejar una confusión. La comunidad autónoma no es la prolongación jurídica del reino medieval. Los monumentos del Naranco remiten a la Asturias del siglo IX; el Parlamento actual, aunque recupera el nombre de la antigua Junta General, nace del orden constitucional de 1978 y del Estatuto. La continuidad es histórica y cultural; la legitimidad política es democrática. 

La distinción no resta profundidad al relato: la aumenta. Asturias llevaba siglos formando una realidad reconocible antes de disponer de este autogobierno. En la España de la Transición, esa identidad debía encontrar una forma institucional compatible con los derechos de todos los ciudadanos y con la nueva organización territorial del Estado. La Constitución abrió ese camino. 

Santa María del Naranco: la profundidad histórica de Asturias precede en siglos a su autonomía democrática.

 

Oviedo, Luanco y Madrid: las tres estaciones del nacimiento

En Oviedo, el palacio de la calle Fruela fue el gran escenario institucional. Había sido inaugurado en 1910 para albergar la Diputación. Acogió las negociaciones autonómicas desde 1977 y la constitución del Consejo Regional en noviembre de 1978. El edificio explica materialmente la transición: la vieja administración provincial dejó paso a instituciones con una capacidad política distinta. 

El Real Decreto-ley 29/1978, fechado el 27 de septiembre y publicado el 10 de octubre, estableció el régimen preautonómico y creó aquel Consejo Regional. Era un organismo provisional, anterior incluso a la aprobación de la Constitución. La propia norma reservaba la denominación de Junta General para la futura autonomía. Rafael Fernández encabezó esa primera etapa y sería después el primer presidente autonómico. 

Luanco representa el siguiente paso: la elaboración del proyecto. En la Comisión de los 24 participaron socialistas, centristas, comunistas y representantes de la derecha agrupada en Coalición Democrática. Se discutieron las vías de los artículos 143 y 151 de la Constitución; finalmente prosperó la del 143, que implicaba una asunción gradual de competencias. No fue una solución inevitable ni un acuerdo sin discrepancias. Fue una decisión política negociada. 

Madrid fue la estación legislativa. El proyecto llegó al Congreso el 21 de abril de 1980. La norma resultante, la Ley Orgánica 7/1981, lleva fecha de 30 de diciembre de 1981; se publicó el 11 de enero de 1982 y entró en vigor el 31 de enero de 1982. Esa última es la fecha que marca el nacimiento jurídico de la comunidad autónoma. 

La Junta General provisional se constituyó el 6 de marzo de 1982. Después llegó la decisión de los ciudadanos: las primeras elecciones autonómicas, el 8 de mayo de 1983. El PSOE obtuvo 26 de los 45 escaños; AP-PDP-UL, 14; y el Partido Comunista de Asturias, cinco. Pedro de Silva pasó a presidir el Principado. La arquitectura institucional ya tenía respaldo electoral directo. 

En 1984 una ley instituyó el 8 de septiembre como Día de Asturias, coincidiendo con la festividad de la Virgen de Covadonga. La nueva comunidad incorporaba a su calendario oficial una referencia de larga memoria colectiva. El autogobierno adquiría también símbolos y celebraciones compartidas. 

 

 

El palacio de la calle Fruela, en Oviedo: de sede de la Diputación a escenario del autogobierno

 

Gobernarse mientras el suelo se movía

La autonomía heredó una economía en la que las grandes empresas públicas tenían una importancia extraordinaria. Hunosa, creada por el Estado en 1967 mediante la integración de compañías mineras, y Ensidesa, protagonista de la siderurgia asturiana, organizaban mucho más que centros de trabajo: alrededor de ellas se habían levantado expectativas familiares y comunidades enteras. 

La crisis de aquel modelo convirtió el cierre de una instalación en una amenaza que desbordaba sus puertas. Cuando se reducía una plantilla, el golpe alcanzaba a proveedores, comercios y servicios. Y cuando una generación salía mediante jubilaciones o prejubilaciones, la protección de sus ingresos no garantizaba por sí sola un puesto de trabajo a la siguiente. Los estudios del Consejo Económico y Social sobre las prejubilaciones describen esa profunda reorganización económica y social. 

El 23 de octubre de 1991 condensó la angustia en una huelga general contra la reconversión. La movilización recibió apoyos que iban más allá de los sectores industriales. La cuestión era regional: qué iba a sustituir a los empleos que desaparecían. El conflicto expuso, además, los límites del autogobierno: numerosas decisiones sobre las grandes empresas públicas se tomaban fuera de Asturias. 

La siderurgia siguió su propia cadena de transformaciones: Corporación de la Siderurgia Integral, Aceralia en 1997 y, tras las fusiones internacionales, ArcelorMittal en 2006. Es una secuencia empresarial, pero también una mudanza de escala. Las plantas asturianas quedaron integradas en grupos que decidían inversiones y producción dentro de un mercado mundial. La industria sobrevivió transformándose; su supervivencia dejó de parecer una garantía automática. 

 

Pozo Sotón, en San Martín del Rey Aurelio. La memoria industrial forma parte inseparable de la Asturias contemporánea

 

Las fechas que no se pueden convertir en una estadística

La memoria obrera tiene también un calendario de duelo. El 31 de agosto de 1995 murieron catorce trabajadores en el pozo Nicolasa, en Mieres. Recordarlos forma parte de una historia que no debe reducir el carbón a patrimonio visitable o imagen nostálgica. Bajo cada tonelada extraída hubo personas expuestas al riesgo, familias y compañeros que cargaron con sus consecuencias. 

En 2012, la protesta minera volvió a proyectarse sobre el conjunto de España con la Marcha Negra. Años después, 2018 marcó el final del calendario europeo de ayudas al cierre de las minas no competitivas. Pero no fue el último año de extracción de Hunosa: la propia compañía sitúa el cese de la actividad extractiva de Nicolasa en diciembre de 2024, ligado al fin de la quema de carbón en La Pereda. 

Hoy, las redes que aprovechan el calor del agua de mina muestran una continuidad inesperada: el subsuelo puede seguir aportando energía. Hunosa ha desarrollado ese aprovechamiento y estudia otros usos de sus recursos. Conviene distinguir las instalaciones que funcionan de los proyectos aún en preparación. La transición se mide en actividad y empleo, no únicamente en anuncios. 

La reconversión cambió las fábricas. También cambió lo que una familia podía esperar del mañana.

La democracia cotidiana

Alternancias, crisis y responsabilidad

La política autonómica tuvo un claro predominio socialista, pero conoció alternancias. Sergio Marqués llegó a la Presidencia en 1995 con el PP; Francisco Álvarez-Cascos, con Foro, en 2011. Entre ambos, Vicente Álvarez Areces gobernó de 1999 a 2011. Javier Fernández lo hizo entre 2012 y 2019, y Adrián Barbón encabeza el Ejecutivo desde 2019. La sucesión de gobiernos y elecciones convirtió en normalidad lo que en 1978 todavía era un proyecto. 

La autonomía también aprendió a enfrentarse a sus propios fracasos. En 1993, el Petromocho, el fiasco de una supuesta inversión petroquímica, provocó la dimisión de Juan Luis Rodríguez-Vigil, sustituido por Antonio Trevín. Décadas después, el caso Marea puso el foco en la corrupción en contrataciones educativas; en 2019 se ordenó ejecutar la sentencia firme tras la resolución del Tribunal Supremo.

No son episodios ajenos a la formación de la Asturias moderna. La capacidad de decidir exige controles, fiscalización y rendición de cuentas. El autogobierno no se justifica únicamente por acercar los despachos: se justifica por lo que permite hacer y por cómo responde de sus decisiones.

Nueve presidentes, una comunidad

Presidencias autonómicas desde 1982. Rafael Fernández presidió previamente el Consejo Regional desde 1978.

  • 1982–1983: Rafael Fernández (PSOE)
  • 1983–1991: Pedro de Silva (PSOE)
  • 1991–1993: Juan Luis Rodríguez-Vigil (PSOE)
  • 1993–1995: Antonio Trevín (PSOE)
  • 1995–1999: Sergio Marqués (PP / URAS)
  • 1999–2011: Vicente Álvarez Areces (PSOE)
  • 2011–2012: Francisco Álvarez-Cascos (Foro Asturias)
  • 2012–2019: Javier Fernández (PSOE)
  • Desde 2019: Adrián Barbón (PSOE)

Períodos expresados por años. Marqués pasó del PP a URAS durante su mandato. Situación al 8 de septiembre de 2026. 

La autonomía entra en casa

El aula, la consulta y los cuidados

Las transferencias fueron convirtiendo la autonomía en una experiencia diaria. Dos fechas resultan esenciales: 1 de enero de 2000, efectividad del traspaso de la enseñanza no universitaria; 1 de enero de 2002, efectividad del traspaso de las funciones y servicios del Insalud. El Principado asumía responsabilidades decisivas sobre centros, plantillas y presupuestos. 

Aquel cambio no creó desde cero la escuela ni la sanidad pública. Cambió quién gestionaba una parte sustancial de ambas dentro del marco común español. Desde entonces, discutir una lista de espera, la oferta educativa o la distribución territorial de recursos es también discutir el funcionamiento concreto del autogobierno.

El 14 de junio de 2014, el HUCA inició su actividad en las nuevas instalaciones de La Cadellada. El traslado fue uno de los grandes hitos de esta etapa: asistencia especializada, tecnología y trabajo sanitario concentrados en una infraestructura de referencia. A su alrededor, la pregunta sobre el equilibrio territorial seguía abierta: cómo hacer llegar una atención adecuada a quien vive lejos de los grandes centros. 

La Asturias de los cuidados también necesita contar a quienes sostienen esa atención en hospitales, centros de salud, residencias y domicilios. La pandemia haría especialmente visible una realidad que atraviesa toda la historia autonómica: las instituciones adquieren sentido cuando protegen la vida cotidiana de las personas. 

Salir del aislamiento

La cordillera dejó de ser la misma

Asturias no ha cambiado de lugar. Han cambiado las distancias prácticas que la separan del resto de España. La historia de la autopista del Huerna, abierta al tráfico en agosto de 1983 y completada por fases, es parte de ese proceso. Las comunicaciones forman una infraestructura económica, pero también una infraestructura de oportunidades: condicionan dónde se puede trabajar, estudiar, vender o recibir visitas. 

El 30 de diciembre de 2014, la apertura del tramo Unquera-Pendueles completó la A-8 en Asturias. Conviene precisar el ámbito: la terminación asturiana no debe confundirse con la del conjunto de la Autovía del Cantábrico. Oriente y occidente quedaron conectados por un corredor de gran capacidad cuya construcción había marcado años de reivindicaciones. 

El siguiente gran salto llegó bajo la montaña. La variante de Pajares fue inaugurada el 29 de noviembre de 2023 y entró en servicio comercial al día siguiente. Tras diecinueve años de obras, sus aproximadamente cincuenta kilómetros modificaron la conexión ferroviaria con la Meseta. La infraestructura redujo tiempos y permitió integrar Asturias en los servicios de alta velocidad. 

Pero acercarse a Madrid no resuelve por sí solo los desplazamientos entre los concejos. La misma comunidad que celebra una nueva conexión exterior necesita que el transporte cotidiano funcione. Una gran obra mejora la accesibilidad; convertirla en bienestar distribuido exige mucho más.

El valor del territorio

El verde también era una economía

En 1985, en plena dificultad industrial, nació la marca Asturias Paraíso Natural. La identidad visual diseñada por Arcadi Moradell condensó una apuesta de largo recorrido: presentar el paisaje y la cultura como razones para viajar a Asturias. El territorio que había suministrado carbón y acero también podía ofrecer naturaleza, patrimonio y hospitalidad. 

El giro no consistía simplemente en sustituir una chimenea por un hotel. Abría oportunidades para pequeñas empresas y zonas rurales, pero exigía conservar aquello que las hacía atractivas. La declaración de Somiedo como parque natural en 1988, y su reconocimiento como reserva de la biosfera en 2000, muestran la relación entre protección, actividad ganadera y turismo.

 

El entorno de los lagos de Covadonga: un paisaje que es patrimonio, actividad y responsabilidad compartida

 

El paisaje asturiano no es un decorado vacío. Hay pastos que dependen del ganado, caminos mantenidos por el uso, pueblos con necesidades de vivienda y servicios. La historia del propio Somiedo recuerda que naturaleza y patrimonio etnográfico se han modelado juntos. Hablar del futuro rural obliga a hablar de quienes lo habitan. 

También cambió el marco en el que trabajaban empresas y explotaciones. España se incorporó a las Comunidades Europeas el 1 de enero de 1986. Asturias pasó a formar parte de un espacio económico más amplio, con reglas comunes y acceso a políticas de cohesión. Los programas europeos, incluido el actual FEDER 2021-2027, son una de las herramientas con las que la comunidad financia su transformación. 

El éxito de un destino deja, a su vez, una responsabilidad. La medida del progreso turístico no puede ser únicamente cuánta gente llega: también importa el empleo que genera, cómo convive con la población residente y qué conserva para el siguiente verano.

Reconocerse y proyectarse

Una voz propia en la conversación del mundo

Los Premios Príncipe de Asturias nacieron en 1981, un año después de la constitución de la Fundación en Oviedo. Hoy, como Premios Princesa de Asturias, forman parte de la proyección internacional de la comunidad. La coincidencia temporal es reveladora: mientras se tramitaba el Estatuto, también se estaba construyendo una manera de asociar el nombre de Asturias con la ciencia, las letras, las artes y el reconocimiento público. 

El patrimonio siguió otro camino hacia esa visibilidad. Los monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias ingresaron en la Lista del Patrimonio Mundial en 1985, con una ampliación en 1998. Y el Centro Niemeyer, abierto en Avilés en 2011, convirtió un proyecto cultural contemporáneo en una nueva referencia junto a la ría. La ciudad industrial ampliaba la manera de presentarse al mundo-

 

El Centro Niemeyer, fotografiado en su año de apertura, incorporó una nueva referencia cultural a la ría de Avilés

 

De las palabras de casa a un patrimonio compartido

La cultura propia abrió debates que continúan. La Ley de uso y promoción del bable/asturiano, de 1998, dio un marco específico a su protección y extendió el régimen previsto al gallego/asturiano en sus zonas de uso. El Estatuto vigente protege el bable, pero no establece su cooficialidad. Distinguir protección y oficialidad permite entender el recorrido y el alcance de una reivindicación aún presente. 

En 2024, la Unesco inscribió la cultura sidrera asturiana en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El reconocimiento abarca conocimientos y prácticas de producción, servicio y consumo social. Lo valioso no es únicamente lo que contiene la botella: también lo que una comunidad sabe hacer y transmitir alrededor de ella. 

La proyección exterior tuvo además sus momentos deportivos. Los títulos mundiales de Fórmula 1 de Fernando Alonso en 2005 y 2006 incorporaron al imaginario asturiano una referencia contemporánea de alcance global. Las formas de reconocerse se multiplicaban: podían convivir la memoria minera, una lengua propia, el prerrománico y la celebración de un campeonato del mundo. 

Las personas que hicieron el cambio

La otra mitad de la historia

Una crónica construida exclusivamente con ministros, presidentes y dirigentes sindicales dejaría fuera demasiado. La transformación social incluye a las mujeres que sostuvieron economías domésticas, explotaciones y comercios, y a quienes fueron entrando en trabajos y espacios públicos de los que habían estado apartadas. La memoria industrial también necesita esa mirada.

Hunosa la recuperó en un encuentro de 2025 que reunió a trabajadoras de distintas generaciones. Entre ellas estaba María Luisa Rivero, una de las cuatro mujeres incorporadas en 1987 como peones de exterior. Se escucharon también las experiencias de mineras de Nicolasa y Carrio. Es un episodio concreto que permite ampliar el relato del carbón y entender cómo se ampliaron las oportunidades de las siguientes generaciones. 

Hay otra Asturias que no termina en sus límites administrativos: la de la emigración. El Estatuto reconoce la relación cultural y social de las comunidades asturianas asentadas fuera. Mantener ese vínculo forma parte de la identidad contemporánea. Y junto a quienes se marcharon y a quienes regresan están quienes llegan por primera vez, una presencia decisiva en la evolución demográfica reciente. 

La fragilidad compartida

Cuando proteger se volvió urgente

La pandemia de 2020 puso a prueba los sistemas sanitario y residencial, el trabajo de cuidados y los vínculos cotidianos. Las memorias de los Establecimientos Residenciales para Ancianos describen una actividad reorganizada por la emergencia. Esa experiencia también pertenece a la historia de la autonomía: hizo visible la dependencia mutua entre administraciones, profesionales, familias y residentes. 

En la primavera de 2023, una oleada de incendios volvió a mostrar la vulnerabilidad del territorio. El balance presentado por el Gobierno asturiano el 28 de abril estimó que los 278 incendios registrados entre el 29 de marzo y el 9 de abril habían afectado a 32.000 hectáreas de 51 concejos. Es la estimación de aquel episodio y de aquel momento, no una cifra del conjunto del año. 

El fuego afectó a montes, pastos, cultivos y servicios. El cuidado del paisaje se revelaba de nuevo como una cuestión de seguridad y de economía real. Conservar Asturias requiere atención sostenida, conocimiento del territorio y capacidad de respuesta, mucho después de que desaparezcan las imágenes de la emergencia.

8 de septiembre de 2026

La Asturias que somos. La que todavía falta.

1.026.726

Habitantes a 1 de julio de 2026. SADEI / INE · Dato provisional. 

289 / 100

Personas de 65 o más años por cada 100 menores de 15. Índice de envejecimiento · 2025. 

Asturias llega a este Día de Asturias con 1.026.726 habitantes a 1 de julio de 2026, según la cifra provisional difundida por SADEI a partir de la Estadística Continua de Población. El INE sitúa el crecimiento del segundo trimestre en el 0,29%, entre los más altos de las comunidades autónomas. La recuperación reciente de población es un dato significativo; no cancela las décadas de desequilibrio ni permite suponer que todos los concejos evolucionan igual. 

El envejecimiento sigue condicionando el futuro. El Instituto Asturiano de la Mujer recoge para 2025 un índice de 289 personas de 65 o más años por cada 100 menores de 15. Esa relación ayuda a entender la importancia del relevo generacional, la atención a la dependencia y la capacidad de atraer y arraigar población. No es un porcentaje de mayores sobre la población total. 

La comunidad conserva industria y busca nuevas actividades. Las plantas siderúrgicas de Avilés y Gijón siguen siendo parte de su realidad productiva; la Universidad de Oviedo participa en investigación y transferencia, también en campos como la ciberseguridad y la inteligencia artificial. Es más exacto hablar de una economía que combina capacidades antiguas y nuevas que proclamar una sustitución ya terminada. [

El desafío es convertir esas capacidades en oportunidades sostenidas: empleo para quienes empiezan, vivienda accesible, servicios que lleguen al territorio y empresas capaces de competir. Ninguna de esas metas se desprende automáticamente de una ley, una infraestructura o una declaración patrimonial. La autonomía ofrece instrumentos. Su resultado depende de cómo se utilicen.

Un futuro que merezca ser habitado

De Luanco a Pajares, del palacio de Fruela al HUCA, del pozo que extraía carbón al agua de mina que aporta calor, la Asturias moderna se ha formado mediante decisiones concretas. Ha ganado capacidad política, servicios y conexiones; ha vivido cierres, duelos y decepciones. Su historia no necesita disimular esa complejidad para resultar extraordinaria.

Celebrar Asturias es recordar a quienes hicieron posible lo que hoy parece normal. Y es aceptar una tarea que sigue abierta: que una persona pueda construir aquí su vida sin sentir que quedarse significa renunciar. Cuarenta y cuatro años después del nacimiento de la autonomía, esa continúa siendo una de las formas más exigentes —y más hermosas— de medir su éxito.

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