La siderúrgica ha conseguido rearrancar la instalación después de la explosión del miércoles, pero todavía necesitará al menos dos días para alcanzar su ritmo normal. Detrás de esa espera hay mucho más que una reparación: el horno puede producir varios miles de toneladas de arrabio cada jornada y forma parte del corazón de la única siderurgia integral que queda en España
El horno alto A de Veriña vuelve a estar encendido. Pero eso no significa que el problema haya terminado.
ArcelorMittal consiguió arrancar este viernes la gigantesca instalación que desde el miércoles permanecía detenida después de una explosión provocada, según las primeras hipótesis, por una liberación súbita de vapor.
Ahora comienza otra fase probablemente menos espectacular, pero industrialmente mucho más importante.
Conseguir que vuelva a producir con normalidad.
La compañía calcula que serán necesarios al menos otros dos días antes de recuperar el régimen habitual del horno.
Y esa diferencia entre “estar encendido” y “estar produciendo normalmente” es precisamente lo que permite entender la verdadera dimensión de lo sucedido esta semana en Veriña.
Porque un horno alto no funciona como una máquina que se apaga y vuelve a encenderse pulsando un interruptor.
Es una instalación gigantesca diseñada para trabajar de manera prácticamente continua, las 24 horas del día, transformando mineral de hierro, coque y otros materiales en arrabio a temperaturas extremas.
Cuando se detiene inesperadamente, cada hora importa.
La explosión que paró uno de los corazones industriales de Asturias
Todo comenzó el miércoles por la mañana.
Alrededor de las 9:30 horas, una explosión obligó a activar los protocolos de emergencia y detener el horno alto A.
En aquel momento trabajaban en la instalación aproximadamente medio centenar de personas.
La principal buena noticia apareció inmediatamente: no hubo heridos.
Los daños materiales tampoco resultaron tan graves como inicialmente podía temerse.
Las primeras investigaciones apuntaron hacia una vaporización súbita en un elemento de la plataforma de toberas, la zona inferior del horno donde se introduce el aire caliente imprescindible para mantener el proceso.
La instalación fue detenida y comenzaron las inspecciones y reparaciones.
Mientras tanto, el horno alto B continuó funcionando.
Eso ha sido fundamental.
El horno A puede fabricar miles de toneladas cada día
Aquí aparece una dimensión que normalmente queda escondida detrás de las palabras “parada temporal”.
Estamos hablando de una instalación capaz de manejar miles de toneladas de arrabio cada jornada.
Los datos históricos de producción muestran que el horno A de Veriña ha trabajado en jornadas próximas a las 6.000 e incluso 6.500 toneladas diarias.
Su capacidad nominal se sitúa en el entorno de los 2,5 millones de toneladas al año.
Por tanto, una interrupción de tres o cuatro jornadas puede representar potencialmente decenas de miles de toneladas de producción de arrabio que dejan de obtenerse en ese periodo.
Eso no significa que todas ellas se conviertan automáticamente en acero perdido ni, mucho menos, en pérdidas económicas equivalentes.
ArcelorMittal no ha ofrecido una cifra del coste de esta incidencia.
Y hay razones para ser prudentes.
El otro horno alto permanece operativo, la siderúrgica trabaja con existencias intermedias y una gran instalación industrial dispone de mecanismos para absorber paradas de duración limitada.
Pero sirve para comprender la escala.
Esto no es una máquina parada durante tres días.
Es uno de los grandes reactores industriales de España dejando temporalmente de alimentar de hierro líquido al resto del proceso siderúrgico.
¿Qué sale realmente de ese monstruo industrial?
Del horno alto no sale acero terminado.
Sale arrabio.
Es hierro líquido con aproximadamente un 4% de carbono que todavía resulta demasiado quebradizo para utilizarse directamente.
Después debe viajar hacia la acería, donde se elimina parte de ese carbono y otras impurezas para transformarlo en acero.
Ese acero terminará posteriormente convertido en productos completamente reconocibles.
Carriles ferroviarios. Alambrón. Chapa gruesa. Bobinas y otros productos siderúrgicos.
Por eso una parada prolongada en el horno alto puede empezar afectando a una única instalación y terminar propagándose hacia otras partes de la cadena productiva.
Es el efecto dominó que cualquier siderúrgica intenta evitar.
Veriña no es una fábrica cualquiera
Hay otro factor que convierte la incidencia en especialmente relevante para Asturias.
Las plantas de ArcelorMittal en Gijón y Avilés constituyen conjuntamente la única siderurgia integral de España, es decir, la única que todavía fabrica acero partiendo directamente del mineral de hierro.
El conjunto tiene capacidad para producir cerca de cinco millones de toneladas de acero al año.
Y en Gijón se concentra buena parte del corazón caliente de ese proceso.
Parques de minerales y carbón.
Plantas de sinterización.
Los dos hornos altos.
La acería LD.
Y los trenes de laminación de chapa gruesa, carril y alambrón.
Cuando sucede algo en uno de los hornos de Veriña, por tanto, no se trata únicamente de un incidente en una fábrica gijonesa.
Se detiene una parte de una infraestructura industrial que ya no existe en ningún otro lugar de España.
Las próximas 48 horas son ahora lo importante
Arcelor consiguió superar este viernes el momento más delicado: volver a arrancar el horno.
Pero todavía no trabaja a pleno rendimiento.
La previsión de la empresa es que el proceso de estabilización necesite al menos otras 48 horas.
Durante ese periodo se incrementará progresivamente la actividad hasta alcanzar los parámetros normales de funcionamiento.
Y aquí está la clave para entender por qué no puede darse todavía el episodio por cerrado.
Un horno alto es un enorme sistema térmico y químico en equilibrio.
Temperaturas, presión, entrada de aire, combustible, carga de mineral y extracción del arrabio tienen que volver a sincronizarse.
El objetivo no es simplemente conseguir fuego dentro del horno.
El objetivo es recuperar un flujo estable y continuo de producción.
¿Existe peligro de otra incidencia?
No existe actualmente ninguna información pública que indique que ArcelorMittal espere una nueva explosión o que el rearranque se esté realizando en condiciones anormales.
Todo lo contrario: la compañía decidió volver a poner en marcha la instalación una vez realizadas las comprobaciones y reparaciones necesarias.
Pero precisamente por tratarse de una infraestructura que funciona bajo condiciones extremas, el proceso de recuperación se realiza progresivamente.
Las próximas horas servirán para confirmar que la reparación funciona y que el horno puede recuperar su régimen habitual sin nuevas anomalías.
Ese será el verdadero final de la incidencia.
No el momento en que se enciende.
El momento en que vuelve a producir con estabilidad.
El recuerdo del horno B está todavía demasiado cerca
La cautela tiene además una explicación reciente.
Asturias sabe perfectamente lo que significa que uno de estos gigantes no consiga volver a funcionar con normalidad.
El horno alto B sufrió una grave avería en 2025.
Lo que inicialmente podía parecer una interrupción industrial terminó convirtiéndose en meses de problemas, intentos fallidos de estabilización y finalmente una parada en frío para poder intervenir en profundidad.
No regresó a la actividad hasta mayo de este año.
Aquella experiencia dejó una lección sencilla:
en un horno alto, arrancar y estabilizar son dos cosas diferentes.
Esta vez las circunstancias son radicalmente distintas.
Los daños del horno A han sido limitados y la instalación ha podido reiniciar su funcionamiento apenas unos días después.
Pero explica por qué las próximas 48 horas se observarán con especial atención dentro y fuera de Veriña.
El paradójico momento de Arcelor en Asturias
Todo esto sucede, además, en uno de los momentos más importantes de la historia reciente de la siderurgia asturiana.
A pocos metros de los hornos que durante décadas han simbolizado la industria pesada asturiana se encuentra prácticamente terminada una nueva infraestructura llamada a cambiar profundamente el sistema de producción.
El horno eléctrico de Gijón.
ArcelorMittal ha invertido alrededor de 213 millones de euros en esta instalación, diseñada para alcanzar una capacidad cercana a 1,1 millones de toneladas anuales de productos semiterminados destinados fundamentalmente a los trenes de carril y alambrón.
Representa la transición hacia una siderurgia con menores emisiones.
La paradoja resulta difícil de ignorar.
Mientras Asturias prepara su futuro siderúrgico eléctrico, sigue dependiendo hoy de dos instalaciones monumentales que funcionan con una tecnología industrial desarrollada durante el siglo pasado.
Y cuando una de ellas se detiene, toda la región mira hacia Veriña.
Cinco mil empleos alrededor de una industria gigantesca
ArcelorMittal continúa siendo, además, uno de los mayores empleadores industriales de Asturias.
Entre las instalaciones asturianas trabajan actualmente algo menos de 5.000 personas, a las que hay que añadir el enorme entramado de empresas auxiliares, transportistas, mantenedores, proveedores y servicios que dependen directa o indirectamente de la actividad siderúrgica.
De ahí que una parada prolongada tenga efectos que van mucho más allá de las paredes de la factoría.
Esta vez, por ahora, no se ha comunicado ninguna medida laboral extraordinaria relacionada con la incidencia.
El problema parece limitado técnicamente.
Pero la industria asturiana sabe que cada día de funcionamiento cuenta.
¿Cuánto ha costado realmente la explosión?
Es la gran pregunta para la que todavía no existe una respuesta pública.
ArcelorMittal no ha cuantificado:
cuántas toneladas exactas han dejado de producirse, cuánto arrabio ha podido sustituirse con producción del horno B o existencias, qué efecto ha tenido sobre la acería, ni cuál será el coste final de reparaciones y pérdida de actividad.
Por eso sería aventurado convertir la incidencia en una cifra millonaria sin conocer esos datos.
Lo que sí puede afirmarse es que estamos ante una instalación capaz de producir varios miles de toneladas cada día.
Y que una parada inesperada de varios días tiene necesariamente un coste industrial.
La cuestión es cuánto de ese impacto podrá recuperarse después aumentando el ritmo de producción y cuánto quedará definitivamente perdido.
De una explosión a una carrera contra el reloj
El miércoles la noticia fue una explosión.
El viernes, el arranque.
Este fin de semana, la verdadera noticia será otra.
Ver si el horno A consigue volver completamente a la normalidad.
Porque detrás de aquellas enormes torres que forman parte del paisaje industrial de Gijón hay una maquinaria que alimenta buena parte del sistema siderúrgico asturiano.
Cada hora salen —cuando todo funciona correctamente— cientos de toneladas de material.
Cada jornada pueden ser varios miles.
Y después de tres días de silencio industrial, el horno vuelve a rugir.
Ahora empieza la cuenta atrás más importante.
Las próximas 48 horas dirán si Veriña puede dar definitivamente por superada la explosión del miércoles.
