Muere Harald V, el rey que convirtió la cercanía en el lenguaje de la monarquía noruega

Muere Harald V, el rey que convirtió la cercanía en el lenguaje de la monarquía noruega

El monarca fallece a los 89 años después de 35 en el trono. Su hijo Haakon asume una Corona muy vinculada a la figura de su padre, pero debilitada por las controversias que rodean a la familia real

Harald V de Noruega ha muerto este viernes a los 89 años en el Rikshospitalet de Oslo, donde permanecía ingresado desde el pasado 17 de agosto. La Casa Real noruega comunicó que el monarca falleció en paz a las 6.35, después de que su estado de salud empeorara considerablemente durante las últimas horas.

Con su muerte desaparece el jefe de Estado que acompañó a Noruega durante 35 años de profundas transformaciones económicas y sociales. También el último representante en activo de una generación de monarcas que entendía el cargo como un compromiso para toda la vida. Pese a sus reiterados problemas médicos y al ejemplo de las abdicaciones en otras casas reales europeas, Harald había descartado abandonar el trono.

Su hijo Haakon, de 53 años, se ha convertido automáticamente en el nuevo rey y reinará como Haakon VIII. La princesa Ingrid Alexandra, de 22 años, pasa a ser la heredera de la Corona.

Once días de hospitalización

Harald V había sido ingresado el 17 de agosto por una retención de líquidos relacionada con el tratamiento con cortisona que recibía para combatir una anemia hemolítica. Durante su estancia en el hospital sufrió una infección bacteriana en la sangre.

La Casa Real informó inicialmente de una estabilización, pero el jueves anunció que la situación se había agravado y que su estado era “muy grave”. La reina Sonia y el entonces príncipe heredero Haakon cancelaron sus compromisos oficiales. Este último ejercía ya como regente durante la hospitalización de su padre.

El rey arrastraba desde hacía años un historial médico delicado. Había sido operado de un cáncer de vejiga en 2003 y posteriormente sufrió varias infecciones, problemas respiratorios y cardíacos. En 2024 se le implantó un marcapasos después de enfermar durante un viaje privado a Malasia. El pasado febrero volvió a necesitar atención hospitalaria mientras se encontraba de vacaciones en Tenerife.

Pese a esos episodios, Harald regresaba a su agenda cuando recibía el alta. Su decisión de no abdicar se apoyaba en una interpretación estricta del juramento pronunciado ante el Parlamento al ascender al trono: consideraba que el compromiso terminaba únicamente con su muerte.

Un país de luto

El primer ministro, Jonas Gahr Støre, afirmó que “todo un país está de luto” y destacó la capacidad del monarca para encontrar palabras que unieran a la sociedad noruega durante sus momentos más difíciles.

El Gobierno convocó una reunión extraordinaria y un Consejo de Estado en el Palacio Real con el nuevo monarca. Las Fuerzas Armadas anunciaron una salva fúnebre de 21 cañonazos desde nueve puntos del país, mientras que las iglesias noruegas hicieron sonar sus campanas durante una hora.

La fecha del funeral y el resto de las ceremonias oficiales todavía no han sido comunicados. La Casa Real ha adelantado que en los próximos días informará sobre la jura del nuevo rey ante el Storting, el Parlamento noruego, y sobre los actos de despedida.

El niño que huyó de los nazis

Harald nació el 21 de febrero de 1937 en Skaugum, cerca de Oslo. Fue el primer príncipe nacido en Noruega en 567 años y garantizó la continuidad dinástica en una época en la que sus dos hermanas mayores no tenían derecho a heredar el trono.

Su infancia quedó marcada por la Segunda Guerra Mundial. Tras la invasión alemana de Noruega en abril de 1940, la familia real huyó para evitar caer en manos de las fuerzas ocupantes. Harald, que tenía tres años, cruzó la frontera con su madre, la princesa Marta, y sus hermanas. Después de pasar por Suecia se refugió en Estados Unidos, mientras su padre y su abuelo permanecían en Londres junto al Gobierno noruego en el exilio.

Regresó a su país en junio de 1945. Aquella experiencia aparecería décadas después en sus discursos sobre la guerra, los refugiados y la necesidad de proteger la democracia.

Tras completar su formación militar, estudió Ciencias Políticas, Economía e Historia en el Balliol College de la Universidad de Oxford. En 1957, con la muerte de su abuelo Haakon VII y la llegada al trono de su padre, Olav V, se convirtió en príncipe heredero.

Nueve años para casarse con Sonia

Uno de los primeros desafíos de Harald a las convenciones de la realeza fue su relación con Sonia Haraldsen, una joven sin ascendencia aristocrática a la que había conocido en 1959.

La pareja mantuvo su relación durante nueve años mientras la posibilidad de aquel matrimonio provocaba un intenso debate. Se esperaba que el futuro rey eligiera esposa entre las familias reales o la nobleza europea. Harald, sin embargo, comunicó a su padre que, si no podía casarse con Sonia, no contraería matrimonio con ninguna otra mujer.

Después de consultar al Gobierno y a los dirigentes parlamentarios, Olav V autorizó la boda. Harald y Sonia se casaron en la catedral de Oslo el 29 de agosto de 1968. Tuvieron dos hijos: Marta Luisa, nacida en 1971, y Haakon, en 1973.

La decisión que algunos temían que pudiera debilitar la Corona terminó aproximándola a una sociedad cada vez más igualitaria. Sonia se convirtió en reina cuando Harald ascendió al trono el 17 de enero de 1991, tras la muerte de Olav V.

Un rey olímpico

Harald fue también un deportista de alto nivel. Representó a Noruega en las competiciones de vela de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972. En Tokio fue además el abanderado de la delegación noruega.

Continuó compitiendo durante buena parte de su vida. En 1987 se proclamó campeón del mundo con la embarcación Fram X y en 2005 ganó el campeonato europeo con el Fram XV. No se retiró de la vela de competición hasta 2022.

Esa vinculación con el deporte contribuyó a cimentar su imagen de rey cercano. Era habitual verlo en las gradas animando a los deportistas noruegos, una presencia que trascendía el protocolo y reforzaba su popularidad.

El monarca de las crisis nacionales

El papel constitucional del rey de Noruega es esencialmente representativo. El poder político corresponde al Gobierno y al Parlamento, pero Harald supo utilizar sus discursos y apariciones públicas para actuar como figura de cohesión nacional.

El momento más importante de su reinado llegó tras los atentados cometidos el 22 de julio de 2011 por el ultraderechista Anders Behring Breivik, que asesinó a 77 personas en Oslo y en la isla de Utøya. Harald visitó a los supervivientes, lloró públicamente junto a las familias y defendió que la libertad era más fuerte que el miedo.

Cinco años después pronunció otro de sus discursos más recordados. Presentó Noruega como un país formado por personas procedentes de distintos lugares, con diferentes religiones y orientaciones sexuales. Su defensa de una sociedad abierta e inclusiva tuvo una enorme repercusión internacional y consolidó su perfil como un monarca capaz de adaptar la institución a los cambios del país.

Durante su reinado visitó más de un centenar de países en viajes de Estado y recorrió prácticamente todos los municipios noruegos. Su estilo, contenido y poco solemne, terminó convirtiéndose en una de las principales fortalezas de la Corona.

La delicada herencia de Haakon

Haakon VIII recibe una institución que conservaba una gran popularidad gracias, en buena medida, a la figura de su padre, pero que atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia reciente.

Las relaciones que mantuvo Mette-Marit con Jeffrey Epstein, conocidas antes de que se hiciera pública toda la dimensión de los delitos del financiero estadounidense, volvieron a situarla bajo escrutinio durante 2026. La entonces princesa heredera pidió disculpas y sostuvo que había sido engañada y manipulada.

La situación se agravó con el proceso contra Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit de una relación anterior y sin título ni funciones reales, condenado en junio a cuatro años de prisión por dos violaciones y varios episodios de violencia.

También las actividades comerciales de la princesa Marta Luisa y su matrimonio con el estadounidense Durek Verrett habían generado críticas y obligado a delimitar con mayor claridad sus vínculos con la institución.

Un sondeo elaborado por Norstat para la radiotelevisión pública NRK reveló en mayo que uno de cada tres noruegos consideraba que Harald debía ser el último rey. El dato contrastaba con la valoración personal del propio monarca, que continuaba siendo el miembro más respetado de la familia real.

Haakon ha ejercido como regente en numerosas ocasiones durante las bajas médicas de su padre y lleva décadas preparándose para sucederlo. Su primer desafío no será aprender las obligaciones del cargo, sino demostrar que el afecto depositado en Harald puede trasladarse a una nueva generación.

De Harald a Haakon

Noruega recuperó su monarquía independiente en 1905, después de separarse de Suecia. La institución fue respaldada entonces mediante una consulta popular y el príncipe danés Carlos fue elegido rey con el nombre de Haakon VII.

Harald V, nieto de aquel monarca, heredó una Corona identificada con la independencia nacional y la resistencia frente a la ocupación nazi. Durante 35 años la llevó desde la memoria de la guerra hasta la Noruega próspera, diversa y moderna del siglo XXI.

Su muerte cierra esa etapa. Haakon VIII recibe el trono sin interrupción institucional, pero también sin la figura que durante décadas protegió a la monarquía de sus propias crisis. Noruega despide al rey que prometió servir hasta el final y comienza a preguntarse qué parte de su legado podrá conservar su sucesor.

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