El presidente del Principado clausura este jueves la XLVIII edición de los Cursos de La Granda en un momento especialmente sensible para la economía asturiana. La escalada del coste de la vivienda, la batalla por el peaje del Huerna y las necesidades de una industria inmersa en plena transformación convierten su intervención en algo más que un cierre protocolario.
Asturias llega al final de agosto con varios de sus grandes problemas estructurales encima de la mesa y con la mirada puesta ya en un otoño que puede resultar decisivo. Adrián Barbón clausura este jueves, a las 12:00 horas, la XLVIII edición de los Cursos de La Granda, en Gozón, y lo hará después de unas jornadas en las que vivienda, energía, industria y competitividad han ocupado buena parte del debate.
La cuestión no es tanto qué diagnóstico realizará el presidente como si de su intervención sale algún compromiso nuevo, con fechas, cifras o medidas concretas.
Porque en dos de los asuntos que más afectan actualmente a los asturianos —la vivienda y las comunicaciones con la Meseta— el Gobierno autonómico ha endurecido considerablemente su discurso durante los últimos días.
La vivienda pasa al primer plano
La vivienda se ha convertido en uno de los terrenos sobre los que el Ejecutivo autonómico quiere construir su acción política durante los próximos meses.
Y La Granda ya ha servido esta misma semana como escenario para explicitar esa estrategia.
El director general de Vivienda, Jesús Daniel Sánchez, defendió este miércoles una política dirigida especialmente a trabajadores con salarios de entre 1.000 y 1.800 euros mensuales, una franja que, pese a disponer de empleo, encuentra cada vez mayores dificultades para acceder a una vivienda sin dedicar a ella una parte excesiva de sus ingresos.
El Gobierno asturiano sostiene que la vivienda pública debe consolidarse como un servicio esencial y apuesta por ampliar el alquiler asequible, mantener permanentemente la protección de las VPO y utilizar mecanismos de regulación en determinados mercados.
Uno de los datos más llamativos expuestos en La Granda fue el efecto atribuido a los índices públicos sobre algunas viviendas: alquileres que podían superar los 1.500 euros mensuales se habrían situado en determinados casos alrededor de los 680 euros.
A ello se suma la decisión del Principado de avanzar con las denominadas zonas de mercado residencial tensionado, incluso en aquellos municipios donde los respectivos ayuntamientos no compartan inicialmente la medida.
El propio Ejecutivo se ha marcado además para 2026 el objetivo de alcanzar 1.500 viviendas puestas en marcha durante la legislatura y superar las 11.000 dentro del parque público autonómico.
La incógnita es si Barbón aprovechará hoy La Granda para ir un paso más allá.
El Huerna vuelve a convertirse en una batalla política
El segundo gran asunto es el Huerna.
La autopista AP-66 continúa acumulando obras, restricciones e incidencias mientras Asturias mantiene prácticamente intacta una reivindicación que atraviesa gobiernos y legislaturas: acabar con un peaje cuya concesión se prolonga hasta 2050.
La tensión política aumentó después de los últimos problemas registrados en la autopista.
Barbón calificó hace apenas cinco días de “injusticia absoluta” que Aucalsa continúe cobrando el peaje en las actuales condiciones de la vía y aseguró que el Principado seguirá reclamando su supresión.
El Gobierno asturiano pretende que las actuales dificultades de circulación refuercen su reivindicación de una bonificación total.
Pero para ciudadanos y empresas el problema trasciende ya la discusión política.
El Huerna es una infraestructura económica estratégica para Asturias.
Cada restricción, accidente, cierre o retención afecta al transporte de mercancías, los desplazamientos laborales, el turismo y la conexión de las empresas asturianas con el resto del país.
La cuestión que queda por resolver es hasta dónde puede llegar realmente el Principado frente al Gobierno central y la concesionaria.
Una industria que necesita energía, infraestructuras y competitividad
Existe además un tercer asunto que sobrevuela toda la edición de La Granda: el futuro industrial de Asturias.
Las jornadas arrancaron precisamente con un amplio debate sobre transición energética, descarbonización y competitividad industrial.
Asturias afronta simultáneamente la transformación de su modelo energético, la necesidad de disponer de electricidad competitiva para la gran industria, el desarrollo de nuevas redes y proyectos renovables y la carrera por atraer inversiones vinculadas a las nuevas tecnologías y la descarbonización.
Para una comunidad con el peso industrial de Asturias, energía, comunicaciones y vivienda forman en realidad parte del mismo problema.
Las empresas necesitan infraestructuras competitivas y energía disponible. Pero necesitan también trabajadores, y esos trabajadores necesitan poder encontrar una vivienda a precios compatibles con los salarios asturianos.
Ahí está probablemente el verdadero desafío que Barbón tiene hoy delante.
De los discursos a los plazos
Los Cursos de La Granda han vuelto a reunir este verano a representantes institucionales, empresarios y especialistas alrededor de algunos de los grandes interrogantes económicos del Principado.
Su clausura ofrece al presidente una oportunidad para convertir parte de ese debate en decisiones.
Asturias conoce ya buena parte de los diagnósticos.
Conoce el problema de acceso a la vivienda. Conoce el coste económico y social del Huerna. Conoce las dificultades que plantea la transición industrial. Y conoce también sus problemas demográficos y la necesidad de crear empleo capaz de retener población joven.
Por eso, la verdadera noticia de La Granda no estará hoy en las declaraciones generales, sino en los compromisos comprobables que pueda asumir el presidente.
Una cifra.
Un plazo.
Una nueva inversión.
Una fecha para una infraestructura.
Un avance sobre el peaje.
Una medida concreta sobre vivienda.
Si alguno de esos anuncios llega este mediodía, la clausura dejará de ser simplemente el último acto institucional de los Cursos de La Granda.
Y se convertirá en el punto de partida político del otoño asturiano.
