El Principado anuncia compensaciones para agricultores y ganaderos afectados por el estrés hídrico sufrido entre marzo y julio, aunque todavía no ha fijado cuánto dinero habrá ni quién podrá cobrarlo
La sequía empieza a tener factura en el campo asturiano.
El Gobierno del Principado se ha comprometido a aprobar ayudas directas para agricultores y ganaderos perjudicados por la falta de agua y el estrés hídrico sufrido durante los últimos meses, un episodio que ha afectado especialmente a pastos, forrajes y cultivos destinados a la alimentación del ganado.
La decisión política está tomada.
Lo que todavía no existe es una convocatoria.
No hay por ahora presupuesto definido, cuantías por explotación, relación de concejos afectados, porcentaje mínimo de pérdidas exigido ni fecha para solicitar las compensaciones.
El consejero de Medio Rural y Política Agraria, Marcelino Marcos, aseguró este lunes que Asturias habilitará las ayudas incluso aunque el Gobierno central no apruebe finalmente un marco estatal específico.
La intención del Principado es tramitar un decreto extraordinario de ayudas con carácter urgente una vez se conozca con mayor precisión la dimensión real de las pérdidas.
De marzo a julio: los meses que dejaron al campo sin agua
El periodo que preocupa especialmente a las administraciones comprende aproximadamente entre marzo y julio, cuando diferentes zonas de la cornisa cantábrica sufrieron una situación anómala de falta de agua.
El impacto no ha sido uniforme.
La propia Consejería reconoce que existen diferencias importantes entre territorios y cultivos.
No ha sufrido lo mismo una explotación de maíz forrajero situada en el entorno del Cabo Peñas que otra ubicada en el noroccidente asturiano.
Por eso el Principado ha encargado ya un estudio específico para determinar la incidencia real de la sequía y cuantificar los daños por zonas.
Ese trabajo será decisivo.
De sus resultados dependerán probablemente tanto los beneficiarios como las cuantías finales.
El problema no acaba cuando vuelve a llover
La falta de precipitaciones tiene una consecuencia inmediata: menos hierba, menos maíz, menos forraje y menor disponibilidad de alimento producido dentro de las propias explotaciones.
Pero el daño continúa meses después.
Cuando una explotación produce menos alimento para sus animales tiene que comprarlo fuera.
Eso significa más gasto en piensos, forrajes, ensilados y otros alimentos para el ganado.
Y ahí aparece una segunda factura que muchas veces resulta incluso más difícil de asumir que la propia pérdida de cosecha.
Una explotación puede perder producción durante la primavera o el verano y seguir soportando el sobrecoste durante buena parte del otoño y del invierno.
Cinco comunidades reclaman una respuesta común
Asturias no está actuando sola.
El Principado ha firmado junto con Galicia, Cantabria, País Vasco y Navarra un documento conjunto reclamando ayudas directas para hacer frente a los daños provocados por la sequía y el estrés hídrico en la cornisa cantábrica.
La intención es que la cuestión se debata en la próxima conferencia sectorial con el Ministerio.
Las cinco comunidades buscan que exista un marco común que facilite las compensaciones.
Pero el Gobierno asturiano ha dejado claro que no piensa condicionarlas exclusivamente a esa decisión estatal.
Si no existe esa cobertura común, el Principado asegura que desarrollará su propio mecanismo de ayuda.
¿Quién podrá recibir las ayudas?
Esa es ahora mismo la gran pregunta.
Todavía no se sabe.
La Consejería tendrá que definir al menos qué cultivos y producciones entran en las ayudas, qué zonas de Asturias se consideran realmente afectadas, qué nivel mínimo de pérdidas será necesario acreditar, cómo se calculará la indemnización, si existirán límites máximos por explotación y si las ayudas serán compatibles con seguros agrarios u otras compensaciones.
Hasta que el decreto no se publique, cualquier cifra sobre cantidades a cobrar sería especulativa.
El mapa de daños será fundamental
La distribución irregular de la sequía puede convertirse en uno de los elementos más delicados del futuro decreto.
La Consejería reconoce expresamente que las pérdidas no son iguales en toda Asturias.
Eso significa que las ayudas podrían acabar dependiendo no solamente del tipo de cultivo o explotación, sino también de la localización y del grado real de afección sufrido en cada zona.
El estudio encargado por Medio Rural tratará precisamente de determinar esas diferencias.
Una ayuda que el campo espera que llegue antes de que sea tarde
El anuncio supone una primera respuesta política, pero ahora comienza la parte más complicada.
Los agricultores y ganaderos necesitan saber cuánto recibirán, cuándo podrán solicitarlo y qué tendrán que demostrar para acceder a las ayudas.
Porque en una explotación ganadera el problema no desaparece con el cambio de estación.
Si durante meses se ha producido menos hierba o menos forraje, el alimento que falta hay que comprarlo.
Y cada semana que pasa esa pérdida acaba convirtiéndose en una nueva factura.
Asturias ha prometido que habrá ayudas.
Ahora falta conocer la parte que realmente determinará si esas ayudas sirven para compensar el golpe sufrido por el campo:
cuánto dinero habrá y a quién llegará.
