Más de 400 trabajadores han participado en la construcción del 513 OESV, un sofisticado buque para la industria eólica y energética marina encargado por la noruega Østensjø Rederi
Hay imágenes que explican por sí solas la dimensión industrial de un territorio. La que dejó este jueves Astilleros Gondán en Figueras, Castropol, es una de ellas.
El astillero asturiano ha botado el mayor buque construido en sus más de cien años de historia: un coloso de 120 metros de eslora y 23 metros de manga destinado a trabajar en algunos de los proyectos más complejos de la nueva industria energética marina.
Su nombre de construcción es 513 OESV y ha sido encargado por la naviera noruega Østensjø Rederi, uno de los grandes clientes históricos de Gondán. El diseño corresponde a la ingeniería noruega Salt Ship Design.
Un edificio de 120 metros que acaba de entrar en el agua
Las dimensiones ayudan a entender lo ocurrido en la pequeña localidad de Figueras.
El buque alcanza los 120 metros de eslora, 23 de manga y dispone de aproximadamente 1.400 metros cuadrados de superficie útil de trabajo en cubierta.
A bordo podrán alojarse hasta 173 personas, distribuidas entre 29 camarotes individuales y 72 dobles. Su autonomía operativa está prevista para alcanzar los 30 días.
No estamos, por tanto, ante un barco convencional.
Es prácticamente una plataforma industrial móvil capaz de trabajar durante semanas en alta mar, transportar especialistas, desplegar equipos submarinos y realizar operaciones que hace apenas unas décadas exigían varios barcos diferentes.
El barco de la nueva economía del mar
El 513 OESV pertenece a una nueva generación de buques concebidos para prestar servicios a la creciente industria energética offshore.
Podrá intervenir en parques eólicos marinos, construcción offshore, instalaciones submarinas, inspecciones mediante vehículos operados remotamente y trabajos de tendido y reparación de cables eléctricos submarinos.
También podrá prestar apoyo a operaciones de buceo y transportar tuberías y otros materiales necesarios en grandes proyectos marítimos.
Una de sus mayores virtudes será precisamente esa polivalencia: realizar desde una misma plataforma trabajos que normalmente requieren embarcaciones muy especializadas.
Dos enormes carruseles para tender cables bajo el mar
Entre los elementos tecnológicos más llamativos del buque se encuentra su capacidad para trabajar con las grandes redes eléctricas submarinas que conectan instalaciones energéticas en alta mar.
El barco puede incorporar dos carruseles con capacidad para transportar hasta 2.500 toneladas, destinados a operaciones de tendido de cables.
Cuenta además con sistemas para trabajar con vehículos submarinos operados remotamente —WROV— y con una potente grúa offshore.
Son precisamente estas capacidades las que convierten al barco en una herramienta especialmente preparada para el crecimiento de la eólica marina y de las infraestructuras energéticas submarinas europeas.
Tecnología híbrida para gastar menos combustible
El gigante construido en Figueras incorpora también una fuerte apuesta tecnológica.
Su sistema de propulsión es diésel-eléctrico y utiliza seis motores principales de velocidad variable. El diseño integra además baterías y tecnologías destinadas a reducir el consumo energético, como sistemas de recuperación de calor.
Gondán lo ha concebido además preparado para evolucionar hacia combustibles alternativos, una característica cada vez más importante en un sector naval sometido a fuertes exigencias de reducción de emisiones.
Más de 400 trabajadores detrás del gigante
Pero quizá la cifra que mejor permite trasladar el impacto del proyecto a tierra firme sea otra.
En la construcción han llegado a participar más de 400 trabajadores.
Soldadores, caldereros, electricistas, ingenieros, tuberos, mecánicos, pintores, montadores y numerosos especialistas forman parte de una cadena industrial que permite que un buque de estas características salga de un astillero situado en el extremo occidental de Asturias.
La construcción naval de alta especialización tiene precisamente ese efecto: detrás de cada barco existe una extensa red de empleo cualificado, ingeniería, suministros y empresas auxiliares.
De Figueras al mundo
El destino del 513 OESV vuelve además a mostrar una de las características más singulares de Gondán: desde un pequeño núcleo del concejo de Castropol se construyen barcos para algunos de los mercados marítimos más exigentes del planeta.
Østensjø Rederi mantiene una relación con el astillero asturiano desde hace más de dos décadas. Este nuevo proyecto prolonga una colaboración que ha permitido a Gondán especializarse en embarcaciones técnicamente muy complejas y de elevado valor añadido.
No se compite aquí fabricando barcos baratos.
Se compite diseñando y construyendo buques que pocos astilleros están capacitados para entregar.
La botadura no significa que el barco esté terminado
La espectacular entrada del barco en el agua supone uno de los grandes hitos del proyecto, pero el 513 OESV todavía no está acabado.
A partir de ahora continuará el armamento a flote: instalación y terminación de sistemas, equipos y espacios interiores, integración tecnológica y puesta a punto de los diferentes componentes.
Posteriormente llegarán las pruebas de mar, en las que habrá que verificar navegación, propulsión, maniobrabilidad, seguridad y funcionamiento de los principales sistemas.
La previsión es que la embarcación sea entregada a Østensjø Rederi durante la segunda mitad de 2027.
Un récord que también habla del futuro industrial de Asturias
La botadura tiene algo de celebración, pero también de declaración industrial.
En una Europa obsesionada con recuperar autonomía tecnológica y energética, Asturias conserva capacidades que no son fáciles de reconstruir cuando desaparecen: astilleros, ingeniería naval, trabajadores especializados y una extensa cultura industrial acumulada durante generaciones.
Gondán acaba de demostrarlo construyendo el mayor barco de su historia.
Un gigante de 120 metros nacido en Figueras que, cuando abandone definitivamente Asturias, trabajará en mares internacionales ayudando a construir y mantener algunas de las infraestructuras energéticas del futuro.
Y detrás de esas 120 metros de acero quedará algo quizá todavía más importante: el trabajo de cientos de personas y la constatación de que desde el Occidente asturiano todavía se puede competir en la primera división mundial de la construcción naval especializada.
