El accidente registrado en Veriña no causó heridos y ArcelorMittal habla de «daños limitados», pero el incidente pone el foco sobre una instalación veterana que ha pasado de estar llamada a desaparecer a resultar nuevamente imprescindible. El horno A sostuvo durante meses prácticamente en solitario la producción de arrabio asturiana mientras el B permanecía averiado. Ahora, con la transición hacia el acero eléctrico avanzando mucho más despacio de lo previsto, sindicatos y trabajadores reclaman inversiones para garantizar que prolongar la vida de los altos hornos no comprometa la seguridad ni la producción.
La explosión ocurrida en el horno alto A de ArcelorMittal en Gijón pudo tener consecuencias mucho más graves.
No las tuvo.
Y esa es, probablemente, la mejor noticia de todas.
El incidente se produjo este miércoles en el entorno de la plataforma y nave de toberas del horno, una zona especialmente sensible de una instalación que trabaja permanentemente a temperaturas extremas.
La propia compañía ha explicado inicialmente lo ocurrido como una vaporización súbita en un elemento estructural, que provocó una explosión.
No hubo heridos.
Tampoco se han comunicado daños materiales de gran consideración.
Pero entre los trabajadores quedó una sensación mucho menos tranquilizadora: si el accidente hubiera coincidido con presencia de personal exactamente en el punto afectado, la historia podría haber sido muy diferente.
UNOS 50 TRABAJADORES ESTABAN EN EL HORNO
En el momento del incidente había aproximadamente medio centenar de trabajadores desarrollando su actividad en el horno alto A, aunque ninguno se encontraba en la zona concreta afectada por la explosión.
Ese detalle explica la preocupación expresada posteriormente por parte de la plantilla.
La instalación fue detenida inmediatamente mediante el correspondiente procedimiento de emergencia.
ArcelorMittal inició entonces las inspecciones necesarias para determinar exactamente qué había ocurrido y comprobar hasta dónde llegaban los daños.
La primera previsión es mantener el horno detenido durante entre 24 y 48 horas, aunque el plazo definitivo dependerá de los resultados de esas revisiones.
Mientras tanto, el horno alto B permanece funcionando con normalidad.
Y esto último es mucho más importante de lo que podría parecer.
HACE SOLO UNOS MESES ASTURIAS DEPENDÍA COMPLETAMENTE DEL HORNO A
Para entender la trascendencia del incidente hay que mirar lo ocurrido durante el último año.
El horno alto B sufrió una grave avería en octubre de 2025.
Los sucesivos intentos para recuperar su funcionamiento no dieron el resultado esperado y la instalación permaneció durante meses sin producir.
La situación llegó a ser especialmente delicada.
El horno A quedó convertido prácticamente en el único gran pulmón productor de arrabio de la siderurgia asturiana.
Durante cerca de nueve meses soportó una responsabilidad industrial que originalmente no estaba prevista para una instalación cuyo horizonte de funcionamiento se consideraba limitado por los planes de descarbonización.
En noviembre de 2025, CC OO ya manifestó públicamente su preocupación por el mantenimiento del horno A y por las consecuencias que podría provocar cualquier incidencia, por pequeña que fuese, precisamente porque era entonces el único horno operativo.
La advertencia resulta ahora inevitablemente significativa.
EN MARZO ASTURIAS LLEGÓ A QUEDARSE SIN PRODUCCIÓN DE ARRABIO
La vulnerabilidad del sistema quedó demostrada en marzo de este mismo año.
El horno B continuaba inutilizado y el horno A tuvo que realizar una parada técnica.
Durante aquellos días coincidieron las dos instalaciones fuera de producción.
Resultado: Asturias interrumpió temporalmente por completo la producción de arrabio.
El arrabio es el hierro líquido producido en el alto horno a partir del mineral de hierro, coque y otros materiales.
Contiene aproximadamente un 4% de carbono y todavía no es acero.
Posteriormente pasa a la acería, donde se eliminan impurezas y se ajusta su composición para fabricar los diferentes tipos de acero.
Sin arrabio no funciona la siderurgia integral tradicional.
Por eso cualquier problema simultáneo en los dos altos hornos tiene repercusiones sobre toda la cadena productiva.
EL HORNO B NECESITÓ MÁS DE SEIS MESES PARA VOLVER
La recuperación del horno B fue larga y complicada.
Después de varios intentos fallidos, ArcelorMittal decidió en febrero realizar una parada en frío y vaciar la instalación para poder abordar los trabajos necesarios con garantías.
Inicialmente se llegó a contemplar que la reparación se prolongara hasta junio.
Finalmente los trabajos avanzaron más rápidamente y el proceso de arranque comenzó el 11 de mayo.
Dos días después se consiguió realizar el primer sangrado.
Habían transcurrido más de seis meses desde la grave avería de octubre.
Desde entonces, Asturias volvió a disponer de sus dos altos hornos.
Hasta la explosión de este miércoles.
Ahora la situación se ha invertido.
El B funciona.
El A está temporalmente parado.
EL HORNO QUE IBA A DESAPARECER SE HA CONVERTIDO EN IMPRESCINDIBLE
Aquí está probablemente la cuestión industrial más importante que deja el accidente.
El horno alto A es el más veterano y el que menos inversiones recientes ha recibido.
Existía una razón para ello.
Durante años, la planificación de la transición energética de ArcelorMittal contemplaba una progresiva sustitución de la siderurgia tradicional basada en carbón, coque y altos hornos por nuevos procesos con muchas menos emisiones.
Invertir grandes cantidades en prolongar durante décadas la vida de una instalación destinada a desaparecer tenía poco sentido económico.
Pero los tiempos han cambiado.
Y los planes también.
La transición hacia el nuevo modelo siderúrgico está avanzando bastante más lentamente de lo que se imaginaba hace solamente unos años.
Eso significa que los altos hornos tendrán que seguir funcionando durante más tiempo.
Y ahí aparece la paradoja.
El horno A fue perdiendo prioridad inversora porque estaba llamado a desaparecer, pero ahora puede necesitar importantes inversiones precisamente porque tendrá que continuar funcionando.
EL GRAN PLAN DE 1.000 MILLONES QUE CAMBIÓ POR EL CAMINO
Para comprender cómo se ha llegado hasta aquí hay que regresar a 2021.
ArcelorMittal y el Gobierno de España presentaron entonces un gigantesco proyecto de transformación de la siderurgia asturiana.
La propuesta contemplaba inversiones de alrededor de 1.000 millones de euros.
El corazón de aquel proyecto era una planta de reducción directa de mineral de hierro, conocida industrialmente como DRI, que inicialmente debía utilizar gas y posteriormente hidrógeno verde.
Tendría una capacidad de aproximadamente 2,3 millones de toneladas anuales.
Junto a ella se instalaría un horno eléctrico híbrido con una capacidad aproximada de 1,1 millones de toneladas.
La ambición era enorme.
ArcelorMittal calculaba entonces que la transformación permitiría reducir hasta 4,8 millones de toneladas de CO₂ de sus operaciones españolas.
Y las nuevas instalaciones debían estar produciendo antes de terminar 2025.
Estamos en septiembre de 2026.
Aquella hoja de ruta original ya no existe tal como fue concebida.
LA PLANTA DE HIDRÓGENO Y DRI QUEDÓ APARCADA
La enorme incertidumbre sobre el precio y la disponibilidad del hidrógeno verde, los costes energéticos y la competitividad del acero europeo terminó modificando los planes.
El proyecto de DRI fue aparcado.
No es un fenómeno exclusivamente asturiano.
La siderurgia europea está descubriendo que producir acero verde supone un enorme desafío tecnológico, energético y, sobre todo, económico.
La propia ArcelorMittal ha revisado o retrasado proyectos de descarbonización en diferentes países europeos.
El problema puede resumirse fácilmente: producir acero con una huella de carbono muy inferior puede resultar sensiblemente más caro y las compañías necesitan saber si los clientes estarán dispuestos a pagar esa diferencia.
Esa incertidumbre está alargando inevitablemente la vida de instalaciones tradicionales que hace pocos años parecían tener fecha de caducidad.
Entre ellas, los altos hornos de Gijón.
PERO LA ACERÍA ELÉCTRICA DE GIJÓN SÍ SIGUE ADELANTE
No toda la transición se ha detenido.
La gran acería eléctrica de Gijón continúa siendo una pieza fundamental del nuevo mapa industrial.
El proyecto original supone una inversión de aproximadamente 213 millones de euros y contempla una capacidad de producción de 1,1 millones de toneladas anuales de semiproductos destinados principalmente a los trenes de carril y alambrón.
Su puesta en funcionamiento debía producir una reducción inicial superior al 35% de las emisiones de CO₂ de esa producción.
Cuando el proyecto se presentó, la primera colada estaba prevista para el primer trimestre de 2026.
Ese calendario tampoco se ha cumplido.
La instalación se encuentra en su fase final, pero ArcelorMittal todavía no ha concretado públicamente una fecha definitiva de entrada en servicio.
EL HORNO ELÉCTRICO NO SIGNIFICA APAGAR MAÑANA LOS ALTOS HORNOS
Esta es otra cuestión importante.
La llegada de la acería eléctrica no implica que los altos hornos puedan detenerse inmediatamente.
La transformación siderúrgica necesita una etapa de transición en la que convivan diferentes tecnologías y materias primas.
Además, las instalaciones asturianas producen diferentes tipos de acero para mercados con exigencias técnicas distintas.
La propia estrategia que ahora se desarrolla contempla combinaciones entre producción tradicional, chatarra, prerreducidos y hornos eléctricos.
Por eso los altos hornos continúan teniendo un papel industrial fundamental mientras se define y consolida el modelo definitivo.
Y eso devuelve inevitablemente la atención al mantenimiento del horno A.
LOS SINDICATOS PIDEN INVERSIONES
Después de la explosión, representantes sindicales han vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que llevan tiempo planteando: si el horno A va a continuar operativo, necesita inversiones adecuadas a esa nueva expectativa de vida.
No basta con decidir que una instalación veterana seguirá funcionando.
Hay que adaptar el mantenimiento y las inversiones al número de años durante los cuales se pretende utilizar.
Es precisamente aquí donde el incidente adquiere una dimensión que supera ampliamente las consecuencias materiales de una explosión que, afortunadamente, no dejó heridos.
El debate ya no es solamente qué ocurrió.
Es en qué condiciones debe continuar funcionando el horno.
EL SÍNTER B YA HA SIDO PARADO DEFINITIVAMENTE
La transformación de Veriña ya puede verse físicamente en otras instalaciones.
A finales de 2025 ArcelorMittal detuvo permanentemente el Sínter B.
Las plantas de sinterización preparan una de las materias primas fundamentales que posteriormente consumen los altos hornos.
La compañía justificó la decisión porque la instalación se encontraba próxima al final de su ciclo de vida y las inversiones necesarias para mantenerla adaptada a las exigencias ambientales ya no resultaban amortizables.
El Sínter B permanece como instalación de reserva para circunstancias excepcionales.
Es otro ejemplo de la enorme complejidad de la transición.
Asturias está desmontando progresivamente partes de la vieja siderurgia mientras todavía necesita que otras partes de esa misma siderurgia tradicional continúen funcionando.
Y AVILÉS TAMBIÉN ESPERA SU HORNO ELÉCTRICO
El futuro industrial tampoco se juega únicamente en Gijón.
ArcelorMittal dispone de autorización ambiental para avanzar en el proyecto de una nueva acería eléctrica en Avilés.
La propuesta contempla una capacidad aproximada de 2,5 millones de toneladas anuales y permitiría que la planta trabajase mediante un sistema híbrido, combinando la ruta tradicional del alto horno y convertidor con un horno eléctrico.
Pero la inversión todavía necesita las decisiones empresariales definitivas para convertirse en realidad.
Y ahí aparece otra vez la misma cuestión.
Asturias se encuentra en medio de dos mundos siderúrgicos.
El antiguo todavía resulta imprescindible.
El nuevo todavía no está completamente construido.
EUROPA INTENTA CAMBIAR LAS REGLAS DEL JUEGO
Hay otro factor que explica por qué ArcelorMittal quiere ahora recuperar producción.
La industria siderúrgica europea lleva años denunciando la competencia de acero procedente de países con menores costes laborales, energéticos y ambientales.
La Unión Europea ha endurecido durante 2026 sus instrumentos de protección comercial y ha entrado en funcionamiento el mecanismo europeo de ajuste de carbono en frontera, conocido como CBAM.
El objetivo es evitar que las acerías europeas tengan que asumir enormes costes para reducir sus emisiones mientras el mercado se llena de acero producido fuera de Europa bajo condiciones ambientales mucho menos exigentes.
La compañía confía en que el nuevo escenario permita mejorar progresivamente precios, pedidos y utilización de las instalaciones europeas.
Y Asturias necesita estar preparada para aprovecharlo.
PRODUCIR MÁS CON DOS HORNOS CAMBIA LAS CUENTAS
Una siderurgia de estas características soporta enormes costes fijos.
Instalaciones.
Energía.
Mantenimiento.
Personal.
Logística.
Materias primas.
Infraestructuras.
Cuando la producción cae, esos costes tienen que repartirse entre menos toneladas de acero.
Cuando las instalaciones trabajan a mayor capacidad, la productividad mejora.
Por eso para ArcelorMittal Asturias resulta especialmente importante disponer simultáneamente de los hornos A y B cuando la cartera de pedidos permita aumentar producción.
La explosión llega precisamente cuando la compañía espera que el mercado europeo empiece a ofrecer mejores condiciones.
Y EN MEDIO DE TODO ESTO, SE ROMPE EL ACUERDO MARCO
La explosión ha coincidido además con otro acontecimiento importante para el futuro laboral de ArcelorMittal en Asturias.
La negociación del IX Acuerdo Marco ha terminado sin consenso.
La dirección había planteado un acuerdo de solamente un año de duración debido a la incertidumbre industrial, energética y geopolítica.
La última propuesta incluía una subida salarial ligada al IPC real, un adelanto del 2% a tablas con la firma de los convenios colectivos y una reducción de ocho horas de jornada anual.
También contemplaba la creación de un equipo polivalente para cubrir bajas y necesidades entre diferentes instalaciones.
120 EVENTUALES PODÍAN CONVERTIRSE EN INDEFINIDOS
Uno de los apartados de mayor trascendencia laboral era la propuesta para convertir 120 contratos eventuales en indefinidos.
También se planteaban salidas escalonadas para trabajadores nacidos en 1963 y determinadas posibilidades mediante contrato de relevo para 40 trabajadores nacidos en 1964.
UGT consideraba que el acuerdo debía firmarse porque permitía ganar tiempo en un momento industrial extraordinariamente complejo.
CC OO, sin embargo, reclamaba continuar negociando después de que la propuesta no obtuviera respaldo suficiente en sus procesos internos.
El sistema de representación del Acuerdo Marco, que incluye centros situados fuera de Asturias, impidió que la posición mayoritaria de UGT en Gijón y Avilés bastara para sacar adelante el documento.
LA EMPRESA CAMBIA AHORA DE ESTRATEGIA
El fracaso de la negociación tiene consecuencias.
ArcelorMittal ha decidido abandonar esa negociación global y trasladar el proceso al ámbito de los diferentes convenios.
Y existe una derivada especialmente sensible para Asturias.
La empresa ha advertido de que desaparecen, en principio, las medidas previstas para facilitar determinadas salidas de trabajadores de mayor edad.
Eso puede tener además consecuencias sobre la capacidad para generar vacantes que pudieran absorber a trabajadores afectados por procesos de deslocalización de tareas hacia India y Polonia.
Es decir, el problema no termina con una negociación salarial fallida.
Puede afectar a la renovación de plantilla, los contratos eventuales, las prejubilaciones o salidas pactadas y la reorganización del empleo.
UN ERTE QUE SIGUE DISPONIBLE HASTA 2027
Existe además otra pieza que muestra la incertidumbre en la que continúa moviéndose la compañía.
ArcelorMittal y los sindicatos acordaron a principios de año prorrogar el ERTE durante 2026 y 2027.
El acuerdo garantiza a los trabajadores afectados el 90% del salario bruto y el 100% de pagas y vacaciones, bajo las condiciones establecidas.
La existencia simultánea de un ERTE disponible, inversiones millonarias en electrificación, altos hornos que necesitan prolongar su vida y expectativas de recuperación de la producción resume perfectamente la complejidad del momento.
ArcelorMittal Asturias no está simplemente creciendo ni simplemente reduciéndose.
Está intentando transformarse mientras continúa produciendo.
UNA EXPLOSIÓN CON POCOS DAÑOS, PERO MUCHAS PREGUNTAS
La investigación técnica deberá determinar exactamente qué ocurrió en la plataforma de toberas del horno A.
Hasta entonces sería irresponsable atribuir la explosión a falta de mantenimiento, envejecimiento de la instalación o cualquier otra causa que todavía no haya sido demostrada.
Pero sí existe una cuestión independiente de las causas del accidente.
El horizonte industrial del horno A ha cambiado.
Una instalación que debía perder protagonismo ha terminado sosteniendo prácticamente en solitario durante meses una parte esencial de la siderurgia asturiana.
Una instalación cuyo futuro parecía limitado puede tener que continuar produciendo durante más tiempo del inicialmente previsto.
Y eso obliga a reconsiderar cuánto debe invertirse en ella.
EL VERDADERO AVISO DE VERIÑA
Afortunadamente, esta vez la noticia termina sin trabajadores heridos.
Los daños iniciales han sido calificados como limitados.
El horno B continúa produciendo.
Y si las inspecciones confirman las primeras estimaciones, el A podría volver a funcionar después de una parada relativamente corta.
Pero la explosión deja sobre la mesa algo mucho más importante que una avería de 24 o 48 horas.
Asturias necesita mantener operativa la siderurgia que tiene mientras construye la siderurgia que quiere tener.
Y entre ambas hay un periodo de transición que puede durar años.
Durante ese tiempo, los viejos altos hornos siguen siendo fundamentales para miles de empleos, para las plantas de Gijón y Avilés y para buena parte del tejido industrial asturiano.
El horno alto A es quizá el mejor símbolo de esa contradicción.
Estaba destinado a formar parte del pasado industrial de Asturias. Hoy vuelve a ser una pieza imprescindible de su presente. Y si tiene que seguir siéndolo durante más años, la gran discusión ya no es si merece la pena invertir en él, sino cuánto habrá que invertir para que pueda continuar produciendo con seguridad y fiabilidad hasta que la nueva siderurgia esté realmente preparada para sustituirlo.
