El BOE desnuda el fracaso de Oviedo: estos son los errores que le costaron la Agencia de Salud Pública y 300 empleos

El BOE desnuda el fracaso de Oviedo: estos son los errores que le costaron la Agencia de Salud Pública y 300 empleos

El Gobierno central valoró el potencial sanitario y universitario de la capital asturiana, pero penalizó que el edificio Calatrava necesitase una reforma integral, que la Agencia no pudiera empezar a trabajar hasta diez meses después y que faltaran compromisos económicos, energéticos y demográficos suficientemente detallados

Oviedo tenía argumentos sólidos para albergar la nueva Agencia Estatal de Salud Pública, pero su candidatura llegó a la competición con importantes debilidades prácticas. El dictamen íntegro publicado este miércoles en el Boletín Oficial del Estado permite reconstruir por primera vez las razones técnicas que dejaron a la capital asturiana fuera de una operación llamada a generar hasta 300 puestos de trabajo cualificado y alrededor de 15 millones de euros de impacto económico anual.

El documento no sostiene que Oviedo presentara una mala candidatura. De hecho, concede valoraciones muy favorables a su ecosistema sanitario y universitario, su oferta de vivienda, sus hoteles y restaurantes y la cesión gratuita del inmueble. Sin embargo, revela una diferencia decisiva: mientras Zaragoza y Granada presentaron planes preparados para poner en marcha la Agencia de manera inmediata en instalaciones provisionales, Oviedo ofreció únicamente un espacio vacío que necesitaba una reforma integral.

La propuesta asturiana situaba la Agencia en la planta menos dos del edificio Buenavista, el complejo diseñado por Santiago Calatrava. Se trataba de parte de los locales del antiguo centro comercial MODO, integrados en el mismo inmueble que alberga el Palacio de Exposiciones y Congresos.

El problema no estaba tanto en la localización como en la capacidad para transformar ese espacio en una sede operativa con rapidez y con todas las garantías técnicas exigidas.

Diez meses sin poder iniciar la actividad

La principal debilidad de Oviedo fue no ofrecer una sede provisional.

El local de Buenavista necesitaba un acondicionamiento integral y la documentación asturiana calculaba que la Agencia no podría comenzar a trabajar allí hasta el décimo mes posterior a la adjudicación. Durante ese periodo no existía una instalación alternativa desde la que incorporar al primer equipo, desplegar los sistemas informáticos o comenzar las tareas de vigilancia sanitaria.

Zaragoza, en cambio, planteó un modelo en dos fases. Mientras rehabilita el Pabellón de Aragón de la Expo de 2008, dispondrá de unas oficinas provisionales situadas a menos de 200 metros. Ese espacio permitirá comenzar con aproximadamente 60 o 67 profesionales y trasladar posteriormente a la plantilla a la sede definitiva.

La candidatura aragonesa prevé una implantación completa en un plazo de entre 34 y 40 meses, con una plantilla final de entre 200 y 300 personas. Aunque la rehabilitación definitiva tardará más que la adecuación propuesta en Oviedo, la posibilidad de empezar a funcionar con rapidez fue considerada una ventaja fundamental.

La urgencia no era un asunto menor. La Agencia nace para centralizar funciones técnicas del Ministerio de Sanidad, coordinar la vigilancia en salud pública y mejorar la respuesta ante futuras amenazas y emergencias sanitarias. Parte del equipamiento tecnológico necesario ya había sido adquirido, por lo que mantenerlo a la espera de una sede restaba competitividad a cualquier candidatura.

Una superficie que tampoco coincidía por completo

El expediente también detecta una diferencia en las cifras del espacio ofrecido por Asturias.

La documentación técnica describe un local con 3.486,21 metros cuadrados útiles y 3.832,48 construidos. Sin embargo, el compromiso formal de cesión se refería a una superficie comprendida entre 2.500 y 3.000 metros cuadrados.

En cualquiera de las dos mediciones, la oferta quedaba por debajo de los 4.000 metros cuadrados tomados como referencia en la valoración.

Zaragoza puso sobre la mesa un edificio definitivo de 12.624 metros cuadrados construidos y 10.564 útiles, destinado íntegramente a la Agencia y con capacidad estimada para 316 puestos de trabajo. Su proyecto distribuye las funciones en ocho niveles e incluye un centro de proceso de datos, sala de crisis, centro de control de seguridad, salón de actos para 300 personas, sala polivalente, espacios de prensa y áreas operativas restringidas.

Oviedo compensaba parcialmente su menor superficie con la proximidad del Palacio de Congresos, que habría permitido utilizar instalaciones complementarias dentro del mismo complejo. El dictamen reconoce expresamente esta ventaja, pero no la considera suficiente para igualar la capacidad y el nivel de detalle ofrecidos por las dos ciudades mejor valoradas.

Zaragoza comprometió más de veinte millones

La diferencia económica entre ambas candidaturas resulta especialmente significativa.

El Gobierno de Aragón asumió un presupuesto de 20.256.380 euros para rehabilitar la sede definitiva, incluidos los honorarios técnicos y las licencias. También reservó hasta 500.000 euros para adaptar las oficinas provisionales.

A esa cantidad se añaden los costes de mobiliario, informática, telecomunicaciones y seguridad. Zaragoza calculó, entre otras partidas, 655.620 euros para mobiliario y equipos informáticos, 742.214 para infraestructura tecnológica y entre 360.000 y 890.000 euros para seguridad física.

También se comprometió a pagar durante los cinco primeros años los gastos de utilización y mantenimiento. El coste anual estimado de la sede definitiva se sitúa entre 1,05 y 1,45 millones de euros, mientras que el de las instalaciones provisionales oscilará entre 250.000 y 450.000.

Asturias ofrecía la cesión gratuita e indefinida del local y se comprometía a dotarlo del equipamiento necesario sin coste para la Administración General del Estado. Esa aportación recibió una valoración muy favorable. Sin embargo, el dictamen señala que no asumía compromisos económicos adicionales y que el apoyo financiero y logístico quedaba menos concretado.

En una competición de esta naturaleza, la diferencia entre expresar voluntad de apoyo y presentar partidas presupuestadas, calendarios y compromisos firmados terminó pesando.

La eficiencia energética, otro agujero de la propuesta

La documentación asturiana tampoco convenció en materia de sostenibilidad.

El informe califica como insuficientes las medidas de eficiencia energética presentadas por Oviedo. La candidatura no aportó información sobre la certificación energética del local ni compromisos cuantificados de reducción del consumo, instalación de energías renovables o producción propia.

La ausencia resulta llamativa porque el espacio necesitaba una reforma integral y, por tanto, ofrecía la oportunidad de diseñar desde el inicio unas instalaciones eficientes.

Zaragoza, aunque también debe rehabilitar por completo el Pabellón de Aragón, presentó medidas más definidas sobre adaptación energética, movilidad sostenible y aprovechamiento de las características originales del edificio. Además, incorporó infraestructuras de recarga, transporte público y servicios tecnológicos con niveles elevados de seguridad.

Asturias alegó el reto demográfico, pero sin suficientes cifras

La candidatura ovetense defendía que instalar la Agencia en Asturias contribuiría a la cohesión territorial, la diversificación económica y la lucha contra el envejecimiento y la pérdida de población.

El dictamen acepta que Asturias afronta un reto demográfico real, marcado por el envejecimiento y la pérdida de capital humano. Sin embargo, reprocha que estos argumentos se apoyaran principalmente en explicaciones cualitativas y no en indicadores demográficos y socioeconómicos concretos y verificables como los aportados por otras ciudades.

También señala que Asturias no se encuentra entre las comunidades con mayor riesgo de despoblación si se compara con Aragón y algunas zonas del interior peninsular.

Algo parecido sucede con el empleo. El expediente asturiano destacaba el impacto económico que produciría la llegada de la Agencia, pero la tasa de paro provincial se encontraba próxima a la media nacional y no proporcionaba una ventaja determinante frente a otras candidaturas.

Zaragoza cuantificó un impacto directo cercano a los 15 millones de euros anuales cuando la institución alcanzara una plantilla de 300 personas. También explicó los efectos previstos sobre el tejido sanitario, universitario, tecnológico y empresarial.

Los puntos fuertes de Oviedo

El dictamen no es una descalificación general de la propuesta asturiana. Al contrario, reconoce varias fortalezas muy relevantes.

La oferta hotelera y hostelera recibió una valoración muy favorable, tanto por su dimensión como por su proximidad al edificio de Buenavista. También se consideró competitivo el mercado residencial, con precios moderados y sin las tensiones inmobiliarias de otras grandes ciudades.

El entorno científico, sanitario y universitario fue uno de los principales activos. El informe destaca el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado y la presencia de titulaciones sanitarias universitarias dentro del propio complejo de Buenavista.

También se valoraron positivamente:

  • La cesión gratuita e indefinida de los locales.
  • El acceso al Palacio de Exposiciones y Congresos.
  • La cercanía del aeropuerto de Asturias.
  • La oferta de restauración y alojamiento.
  • La movilidad sostenible planteada.
  • La creación de una ventanilla única para ayudar a trasladarse al personal y a sus familias.
  • El acompañamiento en vivienda, educación, empleo y reagrupación familiar.

La conectividad recibió una valoración favorable, aunque no excelente. El expediente recuerda que el aeropuerto está a unos veinte kilómetros y que varios destinos europeos prioritarios exigen escala. También se apoyaba en nuevas conexiones directas previstas para 2027, todavía no consolidadas cuando se evaluó la candidatura.

Zaragoza y Granada se despegaron del resto

El procedimiento recibió ocho candidaturas: Barcelona, Granada, León, Lugo, Murcia, Oviedo, Toledo y Zaragoza.

El dictamen no ofrece una clasificación numérica completa ni permite saber qué posición exacta ocupó Oviedo. Sí deja claro que Zaragoza y Granada fueron las dos propuestas mejor valoradas «con una diferencia apreciable» respecto a las demás.

Por tanto, no puede afirmarse que Oviedo quedara tercera, última o en cualquier otro puesto concreto.

Zaragoza terminó imponiéndose gracias a una combinación difícil de igualar: sede provisional inmediata, gran edificio definitivo, inversión superior a veinte millones, capacidad para más de 300 trabajadores, conexiones ferroviarias de alta velocidad, compromisos institucionales formalizados y un plan detallado para recibir a los empleados y a sus familias.

Entre otras medidas, la propuesta aragonesa contempla acceso prioritario a programas municipales de alquiler, orientación laboral para familiares, ayudas para escuelas infantiles, transporte público y una oficina específica de acogida.

Una derrota que exige explicaciones

La reacción política asturiana ha presentado la decisión como una oportunidad perdida y ha cuestionado que no se reconocieran suficientemente las capacidades sanitarias de la comunidad. El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, calificó el resultado como una noticia muy negativa para la ciudad.

El documento publicado ahora permite trasladar el debate del terreno de la indignación al de las responsabilidades concretas.

Las principales preguntas ya no son únicamente por qué el Gobierno eligió Zaragoza, sino por qué Asturias presentó una propuesta sin sede provisional, por qué no coincidían las superficies descritas y formalmente cedidas, por qué faltaba una memoria energética detallada y por qué no se comprometió una inversión adicional comparable a la de la candidatura vencedora.

Oviedo tenía conocimiento sanitario, Universidad, capacidad residencial, alojamiento y una localización urbana singular. Lo que le faltó fue convertir esas fortalezas en un proyecto preparado para abrir la puerta de la Agencia desde el primer día.

Y en una competición entre ocho ciudades, esa diferencia entre tener un buen lugar y presentar el mejor plan terminó siendo decisiva.

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