La celebración de los campeones del mundo dejó dos millones de personas en las calles, pero también una colección de escenas insólitas: Rodri estuvo a punto de marcharse sin el trofeo, Ferran perdió su polémica gorra contra una rama y Fabián terminó golpeando accidentalmente a Laporte con la Copa
Madrid recibió este lunes 20 de julio a los campeones del mundo con los discursos, las fotografías oficiales y la inevitable lluvia de confeti. Pero detrás de esa celebración perfectamente diseñada hubo otra fiesta bastante menos protocolaria: jugadores sin camiseta bebiendo cava, políticos recibiendo saludos de todos los colores, objetos volando hacia el autobús y una Copa del Mundo que, entre tanto traslado, estuvo a punto de quedarse olvidada.
La selección aterrizó en Barajas alrededor de las 14:30, después de que la salida desde Estados Unidos se retrasara aproximadamente una hora por las celebraciones posteriores a la final. En la escalerilla aparecieron Rodri, Luis de la Fuente y el presidente de la Federación, Rafael Louzán, mostrando el trofeo. Las caras mezclaban felicidad y agotamiento: apenas habían dormido y todavía les esperaba una jornada de casi nueve horas entre recepciones y festejos.
Unas horas con la familia antes de volver a vestirse de gala
Tras aterrizar, los jugadores tuvieron un breve descanso en el hotel y pudieron reencontrarse con sus familias. Después cambiaron el chándal por el traje oficial de Loewe: americana oscura, camisa azul clara y un peculiar diseño que dejaba parte de una manga visible por fuera de la chaqueta.
El conjunto, valorado en unos 4.730 euros, provocó bromas y comentarios en las redes. Porque se puede ganar un Mundial sufriendo durante 120 minutos, pero aparentemente ponerse bien una camisa seguía siendo una misión de alto riesgo.
La primera parada fue el Palacio de la Zarzuela. Allí esperaban Felipe VI, la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía. El rey, que había presenciado la final en Nueva Jersey, destacó el esfuerzo, la resistencia y la capacidad de sufrimiento del equipo. Leonor y Sofía posaron junto a Rodri y el trofeo y la familia real mantuvo conversaciones informales con varios futbolistas, entre ellos Nico Williams.
Y entonces llegó una de las escenas que mejor resume el cansancio acumulado: durante el traslado desde la Zarzuela hasta la Moncloa tuvieron que avisar a Rodri de que se estaba dejando atrás la Copa del Mundo. El capitán había cuidado el trofeo durante toda la noche, pero a plena luz del día casi lo extravía en una recepción oficial.
El saludo de Baena que las redes convirtieron en declaración política
En la Moncloa, Pedro Sánchez felicitó al equipo por su juego, esfuerzo y victoria y lanzó la vista hacia el Mundial de 2030 con su particular “no hay dos sin tres”. Rodri explicó que ganar con la selección era el mayor logro posible; Luis de la Fuente defendió la mentalidad invencible del grupo, y Ferran Torres resumió su trayectoria reivindicando la necesidad de seguir creyendo incluso cuando llegan las críticas.
El momento más comentado, sin embargo, duró apenas unos segundos. Álex Baena saludó al presidente con la cabeza baja y sin establecer contacto visual. La escena fue interpretada inmediatamente en las redes como un desplante político. Borja Iglesias, por el contrario, le dio una palmada, mientras Luis de la Fuente conversó sonriente con Sánchez.
Conviene separar las imágenes de las interpretaciones: Baena no ha explicado públicamente el gesto y no existe ninguna prueba que permita conocer su intención. Lo único acreditado es que el saludo fue frío. Todo lo demás pertenece, de momento, al campeonato mundial de lectura de pensamientos que se disputa cada día en internet.
Horas después, el mismo Baena viviría una escena mucho más amable: cumplía 25 años y toda la plaza de Cibeles le cantó el cumpleaños feliz. Pocos futbolistas pueden presumir de haber celebrado el aniversario ante más de cien mil personas y con una Copa del Mundo recién conquistada.
La fiesta que desbordó todas las previsiones
El Ayuntamiento había preparado inicialmente el dispositivo de Cibeles calculando una asistencia superior a 60.000 personas. Finalmente, alrededor de 120.000 se concentraron en la plaza y su entorno, mientras la estimación provisional de la Delegación del Gobierno situó en 1,8 millones el número de aficionados repartidos a lo largo de todo el recorrido. La Federación terminó redondeando la cifra hasta los dos millones.
Las cifras no miden exactamente lo mismo: una contabiliza el recinto final y las otras intentan estimar la asistencia distribuida durante varias horas y por numerosos puntos de Madrid. Pero dejan clara una cosa: la respuesta popular superó ampliamente cualquier planificación inicial.
El autobús recorrió Princesa, Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta, Génova, Goya, Serrano, la Puerta de Alcalá, Alfonso XII y Montalbán antes de llegar a Cibeles. El trayecto duró más de dos horas y convirtió buena parte del centro de Madrid en una grada kilométrica.
Borja Iglesias, DJ oficial de los campeones
Una vez abandonados los actos protocolarios, desaparecieron las americanas. Ferran Torres, Marcos Llorente y Marc Pubill —bautizados durante la celebración como el “clan del sol”— se quitaron la camiseta, brindaron con cava y aprovecharon los más de treinta grados de temperatura.
Borja Iglesias se hizo cargo de la mesa de mezclas instalada en el autobús y asumió el papel de DJ. Un aficionado consiguió lanzarle un oso panda de peluche, inevitable homenaje a su apodo, que el delantero recibió mientras seguía dirigiendo la banda sonora de la rúa.
Pedro Porro apareció incluso con dos pares de gafas; Mikel Merino eligió unas de tamaño gigantesco y Marcos Llorente mantuvo sus reconocibles cristales amarillos. En el autobús había más gafas de sol que en una convención de ópticos de Marbella.
La gorra de Ferran Torres que no sobrevivió al recorrido
Ferran Torres, autor del gol decisivo de la final, lució una gorra roja con el mensaje “Make Spain Great Again”, una adaptación evidente del lema asociado a Donald Trump. La imagen despertó interpretaciones políticas de todo tipo, aunque el jugador no explicó si se trataba de una reivindicación, una provocación o simplemente una broma relacionada con el Mundial disputado en Estados Unidos.
La gorra, en cualquier caso, tuvo una vida breve: una rama golpeó al futbolista durante el recorrido y se la arrancó de la cabeza. El héroe del Mundial pudo superar a la defensa argentina, pero no al arbolado madrileño.
Una Copa con la cara de Luis de la Fuente y un santo llamado Keyne
Desde las aceras y los balcones volaron bufandas, banderas, balones y pancartas. Joan García atrapó una enorme reproducción de cartón de la Copa del Mundo que llevaba la cara de Luis de la Fuente colocada sobre el trofeo. El portero se la entregó al seleccionador, que la recibió entre carcajadas.
También llegó hasta el autobús una imagen de Keyne, el hermano pequeño de Lamine Yamal, representado como un santo. En el reverso aparecía una propuesta para la próxima Velada organizada por Ibai Llanos: un combate entre Gavi y Leandro Paredes, en referencia al enfrentamiento entre ambos tras la final.
Lamine, lejos de la solemnidad del campeón mundial, apareció comiendo un cono de golosinas y terminó colocándose una corona de plástico que pertenecía a Grimaldo. Fue quizá la imagen más precisa de esta selección: uno de los mejores jugadores del mundo seguía comportándose, por momentos, como el chaval que celebraría un torneo de barrio con chucherías y una corona de juguete.
Cucurella eligió una canción argentina
Los jugadores llegaron al escenario de Cibeles a las 22:13 y fueron presentados uno a uno, como si fueran boxeadores, al ritmo de canciones elegidas por ellos mismos.
Marc Cucurella escogió nuevamente Malbec, del argentino Duki, cuyo estribillo habla de celebrar que el equipo ha salido campeón. La elección, apenas un día después de derrotar a Argentina, fue interpretada como otra pequeña provocación, aunque también era la misma canción que ya había utilizado en la celebración de la Eurocopa.
Mikel Merino recuperó la música de Alicia en el país de las maravillas, asociada al Mundial de 2010; Marcos Llorente eligió a Julio Iglesias; Lamine Yamal salió al ritmo de Don Miguelo y Rodri apareció con Freed from Desire, convertida definitivamente en el “Rodri’s on fire” de esta generación.
Luis de la Fuente perdió por unos minutos su habitual contención y se puso a cantar Quijote, de Julio Iglesias. Los jugadores terminaron manteándolo mientras el seleccionador insistía en uno de sus mensajes habituales: la importancia de la unidad y de las buenas personas por encima incluso del talento.
Ana Mena y Lola Índigo interpretaron Pa ti toa; Arde Bogotá recuperó Los perros, una de las canciones vinculadas a la Eurocopa de 2024, y Aitana cerró la parte musical con Superestrella, convertida durante el torneo en una especie de himno extraoficial.
Una fiesta enorme, pero sin incidentes graves
La concentración dejó 360 asistencias sanitarias y siete traslados hospitalarios, ninguno de gravedad. La mayor parte estuvieron relacionados con golpes de calor, mareos, pequeños traumatismos y crisis de ansiedad. Teniendo en cuenta la temperatura, las horas de espera y la magnitud de la multitud, el dispositivo terminó sin sucesos graves.
El último percance se produjo en el propio escenario. Durante uno de los movimientos del trofeo, Fabián Ruiz golpeó accidentalmente a Aymeric Laporte en la cabeza con la Copa. No hubo consecuencias, más allá de confirmar que levantar un Mundial puede producir lesiones incluso después de haber terminado el torneo.
La celebración concluyó poco antes de las 23:30. Habían pasado menos de nueve horas desde el aterrizaje del equipo. Madrid había visto a los jugadores vestidos de gala, recibidos por los reyes y por el presidente, pero también descalzos, sin camiseta, comiendo chucherías, cantando a Julio Iglesias y esquivando ramas.
Y quizá ahí estuvo la verdadera fuerza de la fiesta. No fue solamente la exhibición oficial de una Copa. Fue la ocasión de descubrir cómo celebra un grupo que, después de ganar el Mundial, continúa pareciéndose mucho más a una pandilla de amigos que a una colección de estrellas.
