El Principado obtiene un notable de 7,5 sobre diez en el último Barómetro de Percepción Turística de LLYC, aunque pierde siete décimas en solo tres meses. La polémica sobre la tasa turística, la presión de las viviendas vacacionales, el encarecimiento de algunos destinos y las restricciones a las autocaravanas empiezan a introducir ruido en una imagen que continúa siendo una de las mejores de España
Asturias sigue gustando. Y mucho. Pero empiezan a aparecer señales que aconsejan no dormirse sobre los laureles.
El Principado ha cerrado el segundo trimestre de 2026 con una valoración de 7,5 puntos sobre diez en el Barómetro de Percepción Turística elaborado por la consultora LLYC. La puntuación coloca a Asturias en el grupo de comunidades con una mejor percepción turística de España y muy por encima de la media nacional, situada en 5,4 puntos.
La fotografía, sin embargo, tiene una segunda lectura menos complaciente: Asturias ha perdido siete décimas respecto al trimestre anterior.
No se trata todavía de un desplome ni mucho menos de una crisis de reputación. El destino conserva una valoración notablemente positiva y mantiene intactos muchos de los atributos que han impulsado durante los últimos años su éxito turístico: naturaleza, gastronomía, paisaje, patrimonio, cultura, turismo activo y una imagen asociada a un territorio todavía alejado de los niveles de saturación de otros grandes destinos españoles.
Pero el barómetro detecta que determinados problemas empiezan a hacerse un hueco en la conversación.
Y varios de ellos resultan cada vez más familiares para los asturianos.
Vivienda, precios y masificación entran en el debate
Durante el segundo trimestre del año se analizaron 6.930 mensajes digitales relacionados con el turismo en Asturias.
El balance continúa siendo claramente favorable: el 51% de las menciones fueron positivas, el 19% negativas y el 30% neutras.
Entre los elementos que mejor funcionan aparecen los grandes activos tradicionales de la comunidad. Los atractivos turísticos concentran el 22,7% de la conversación; la cultura, un 17,9%; la gobernanza, un 11,7%; la naturaleza, un 11,1%, y la contribución económica y social del turismo, un 9,2%.
La gastronomía, el patrimonio, las fiestas, la oferta de turismo activo y sostenible y las mejoras en determinadas conexiones e infraestructuras continúan alimentando una imagen favorable.
El problema aparece en la otra mitad de la fotografía.
La vivienda turística, la dificultad de acceso a la vivienda residencial, los precios, la sensación de masificación y el rechazo vecinal empiezan a formar parte también del relato turístico asturiano.
Uno de los asuntos que más tensión ha generado durante el trimestre ha sido el debate alrededor de la futura tasa turística, planteada en Asturias como un recargo que los ayuntamientos podrán aplicar voluntariamente durante los períodos de mayor presión turística.
A ello se añaden las controversias relacionadas con la proliferación de viviendas de uso turístico y su posible incidencia sobre el mercado residencial.
También aparecen las quejas por el incremento de los precios registrado en determinados momentos de fuerte demanda —entre ellos los relacionados con el eclipse del pasado 12 de agosto— y el conflicto recurrente en algunos municipios por el estacionamiento y pernocta de autocaravanas.
La masificación, una palabra que Asturias deberá vigilar
Hay otra palabra que empieza a aparecer con mayor frecuencia: masificación.
Asturias está todavía muy lejos de las situaciones que afrontan territorios con una presión turística mucho mayor, pero durante los últimos años determinados puntos de la costa, los Picos de Europa y algunas localidades especialmente populares han comenzado a experimentar concentraciones muy importantes de visitantes durante los meses centrales del verano.
Llanes, Cabrales, Cudillero, los Lagos de Covadonga o determinadas zonas costeras conocen bien esa realidad.
El reto consiste precisamente en evitar que el éxito turístico termine deteriorando aquello que convierte Asturias en un destino diferente.
Porque existe una paradoja evidente: muchos viajeros eligen el Principado buscando naturaleza, tranquilidad, autenticidad y ausencia de aglomeraciones. Si el crecimiento turístico termina perjudicando esos mismos atributos, una parte de la ventaja competitiva asturiana podría empezar a erosionarse.
Asturias continúa muy por encima de la media española
Pese al retroceso trimestral, la situación asturiana continúa siendo privilegiada.
La valoración nacional del turismo se sitúa en 5,4 puntos sobre diez, por lo que Asturias mantiene una ventaja de 2,1 puntos sobre la media española.
Extremadura encabeza la clasificación con 7,7 puntos, mientras Aragón comparte con Asturias una valoración de 7,5.
En el extremo contrario aparecen algunos de los territorios que soportan una mayor presión turística: Andalucía obtiene 4,1 puntos; Cataluña, 4,3, y la Comunidad Valenciana, 4,9.
La relación no implica necesariamente que recibir más turistas provoque automáticamente una peor percepción, pero sí refleja una tendencia que Asturias debería observar con atención: cuando el turismo empieza a competir con los residentes por la vivienda, el espacio público o determinados servicios, su aceptación social puede deteriorarse rápidamente.
Un barómetro que conviene interpretar con cautela
Los datos tienen, además, una importante particularidad metodológica.
El 80,5% de la conversación sobre el turismo asturiano analizada durante el trimestre se generó dentro de la propia Asturias y únicamente el 19,5% procedía del exterior.
Por tanto, el estudio no puede interpretarse simplemente como una encuesta sobre qué piensan los turistas que visitan el Principado.
El Barómetro de Percepción Turística de LLYC analiza conversaciones digitales en redes sociales, medios digitales y otros espacios de internet y utiliza técnicas de análisis semántico para determinar su sentimiento.
Se trata, por tanto, de un indicador especialmente interesante para medir el clima reputacional y social que rodea al turismo, pero que debe complementarse con otros indicadores como las encuestas de satisfacción de los visitantes, las pernoctaciones, el gasto turístico, la ocupación o la percepción de los propios residentes.
Y precisamente ahí puede encontrarse la principal advertencia que deja este trimestre.
Asturias continúa siendo un destino enormemente valorado. Pero ya no todo lo que se dice sobre su crecimiento turístico es positivo.
La vivienda, los precios, la convivencia con las autocaravanas, la concentración de visitantes y la discusión sobre cómo financiar los costes derivados del turismo han entrado en escena.
La caída de siete décimas no supone una alarma.
Sí es, en cambio, una señal que merece ser escuchada antes de que el éxito empiece a convertirse en problema.
