El agua de Ques volverá a las botellas: seis millones para resucitar una fábrica cerrada desde 2008

El agua de Ques volverá a las botellas: seis millones para resucitar una fábrica cerrada desde 2008

El proyecto impulsado por el empresario asturiano Adolfo García prevé producir hasta 120 millones de litros al año y recuperar en Piloña una actividad industrial desaparecida hace casi dos décadas

Durante dieciocho años, el agua siguió brotando bajo la sierra de Ques, pero dejó de llegar a las botellas. Ahora, la antigua fábrica embotelladora de Piloña se prepara para volver a funcionar después de una inversión estimada en seis millones de euros y de uno de los periodos de inactividad industrial más prolongados del oriente asturiano.

El proyecto, promovido por el empresario asturiano Adolfo García, plantea recuperar las instalaciones cerradas desde 2008 y devolver al mercado el agua mineral natural procedente del manantial de Ques. La previsión difundida por COPE Ribadesella apunta a una producción aproximada de 120 millones de litros anuales, una cifra que convertiría la planta en una industria de relevancia regional y situaría nuevamente a Piloña en el mapa asturiano del agua embotellada.

La operación reúne varios ingredientes poco habituales en una sola noticia: recuperación de patrimonio industrial, inversión privada, posible creación de empleo rural, aprovechamiento de un recurso natural y resurrección de una marca que llevaba casi dos décadas desaparecida.

Pero también deja preguntas importantes todavía sin respuesta: cuándo comenzará exactamente la producción, cuántos puestos de trabajo se crearán, qué formatos se fabricarán, dónde se producirán los envases y qué mercados absorberán semejante volumen.

Una fábrica que lleva cerrada desde 2008

La planta de Ques dejó de embotellar hace dieciocho años. Desde entonces, las instalaciones permanecieron fuera de actividad pese a contar con un recurso reconocido oficialmente como agua mineral natural.

El manantial de Quess fue declarado recurso de la sección B de la Ley de Minas y agua mineral natural mediante una resolución del Principado de Asturias de 24 de mayo de 1993. Posteriormente, en noviembre de 2005, la Consejería de Industria concedió formalmente su aprovechamiento a la sociedad Surespaña Gestión de Manantiales.

La propia documentación histórica del Instituto Geológico y Minero de España llegó a recoger una reapertura anterior de Aguas de Quess después de siete años de cierre, lo que demuestra que la planta ya había atravesado otras etapas de interrupción y relanzamiento antes de su clausura definitiva en 2008.

La historia empresarial ha sido, por tanto, accidentada. El agua contaba con reconocimiento administrativo y con una instalación preparada para embotellar, pero el proyecto no consiguió mantener una actividad estable durante el tiempo suficiente.

Ahora, la intención es romper definitivamente ese ciclo de aperturas y cierres.

Una producción equivalente a 329.000 litros cada día

Los 120 millones de litros anuales anunciados permiten dimensionar la magnitud del proyecto.

Si la planta trabajase durante todo el año, equivaldría a embotellar aproximadamente:

  • 328.700 litros diarios.
  • Casi 13.700 litros cada hora.
  • Unos 20 millones de botellas de seis litros.
  • Cerca de 80 millones de botellas de litro y medio.
  • Hasta 240 millones de botellas de medio litro.

Son equivalencias teóricas, porque la producción real dependerá de los formatos elegidos, los turnos de trabajo, las paradas de mantenimiento y la demanda comercial.

La cifra anunciada tampoco debe confundirse automáticamente con la capacidad autorizada de extracción. Una cosa es el objetivo industrial de la empresa y otra el caudal máximo que permitan la concesión minera, los estudios hidrogeológicos y las autorizaciones ambientales.

Ese será uno de los datos esenciales que habrá que conocer antes de que la planta entre en funcionamiento: cuánto puede extraerse realmente del acuífero cada año sin alterar su equilibrio.

El cuarto manantial activo de Asturias

La reapertura convertiría Ques en el cuarto manantial asturiano con actividad embotelladora, según la información difundida sobre el proyecto.

Eso supone recuperar para Asturias una producción que había quedado reducida a muy pocos enclaves. El mercado del agua mineral está muy concentrado en grandes grupos nacionales e internacionales, por lo que la reaparición de una marca vinculada directamente al territorio tendría un notable componente económico y simbólico.

Ques competiría en un sector en el que la procedencia, la composición mineral, el diseño del envase, la distribución y la capacidad de construir una identidad de marca son casi tan importantes como el propio producto.

El agua mineral natural no puede fabricarse ni reproducirse artificialmente. Su singularidad depende del acuífero, de las rocas por las que circula y de una composición estable que debe mantenerse desde el manantial hasta el consumidor.

En el caso de Ques, esa condición oficial existe desde 1993.

Seis millones para empezar de nuevo

La inversión prevista asciende a unos seis millones de euros.

Ese dinero deberá destinarse previsiblemente a rehabilitar las instalaciones, sustituir maquinaria obsoleta, adaptar las líneas de llenado, implantar sistemas de control sanitario, modernizar almacenes y garantizar el cumplimiento de las actuales exigencias ambientales y alimentarias.

Una fábrica cerrada desde 2008 no puede reabrirse simplemente pulsando un interruptor. La normativa, la tecnología y los sistemas de trazabilidad han cambiado profundamente en estos dieciocho años.

La nueva planta necesitará controles continuos sobre la captación, el agua, las botellas, los tapones, el etiquetado y las condiciones higiénicas de toda la cadena.

También deberá resolver la eficiencia energética, el consumo de agua durante la limpieza industrial, la gestión de residuos, el transporte y el impacto de la circulación de camiones en el entorno rural.

La inversión es importante, pero el reto será convertirla en una actividad sostenible durante décadas, no en otra reapertura efímera.

El empleo, la gran expectativa de Piloña

La creación de puestos de trabajo será probablemente el aspecto más relevante para el concejo.

Una embotelladora de este tamaño puede necesitar personal para operar las líneas, controlar la calidad, mantener la maquinaria, gestionar almacenes, preparar pedidos y administrar la empresa. A eso se suman los empleos indirectos ligados al transporte, la limpieza, la seguridad, los suministros y las reparaciones.

Sin embargo, todavía no se ha comunicado una cifra oficial de contratación.

El número final dependerá del grado de automatización de la planta, de los turnos de producción y de si determinadas actividades se realizan directamente o se subcontratan.

En una industria moderna, una capacidad de producción elevada no implica necesariamente centenares de trabajadores. Las líneas actuales pueden llenar, cerrar, etiquetar y empaquetar miles de botellas por hora con una plantilla relativamente reducida.

Aun así, incluso unas decenas de empleos estables tendrían un valor considerable en una zona rural. No solo por los salarios directos, sino porque cada puesto ayuda a mantener población, consumo y servicios en el concejo.

De dónde saldrán las botellas

Uno de los interrogantes es la procedencia de los envases.

Las embotelladoras pueden comprar las botellas ya fabricadas o recibir pequeñas preformas de plástico que se calientan y se soplan en la propia planta hasta adoptar su tamaño definitivo.

La segunda opción reduce notablemente el volumen transportado, porque una preforma ocupa mucho menos espacio que una botella vacía. También permite ajustar la producción a distintos formatos.

Pero exige maquinaria específica, consumo energético y una inversión adicional.

Otra cuestión será si la marca apostará por plástico reciclado, envases ligeros o formatos retornables. La sostenibilidad del embalaje se ha convertido en uno de los principales desafíos del sector, especialmente cuando se manejan volúmenes de decenas de millones de unidades.

Con una producción potencial de 120 millones de litros, pequeñas diferencias en el peso de cada botella pueden traducirse al final del año en cientos de toneladas de plástico.

¿Dónde se venderá el agua de Ques?

El mercado de distribución será decisivo para la viabilidad del proyecto.

Asturias, por sí sola, difícilmente absorbería todo el volumen anunciado. La empresa necesitará previsiblemente vender en otras comunidades, entrar en cadenas de supermercados, abastecer hostelería o trabajar para marcas de distribución.

También podría plantearse la exportación, aunque competir fuera de España exige asumir mayores costes logísticos y construir una marca reconocible.

El transporte es una de las grandes paradojas del agua embotellada: el producto es pesado, tiene un valor unitario relativamente bajo y obliga a mover enormes cantidades por carretera.

Una botella puede recorrer cientos de kilómetros antes de llegar al consumidor. Por eso, la ubicación de los centros logísticos y de los principales clientes influye enormemente en los márgenes.

La cercanía de Ques a la red viaria del oriente asturiano facilita la salida hacia el centro de la región y hacia Cantabria, pero el proyecto deberá demostrar que puede competir en precio con plantas situadas más cerca de los grandes mercados.

Una marca con una segunda —o tercera— oportunidad

La reaparición de Ques tendrá también una dimensión emocional.

Muchas marcas locales desaparecen sin dejar rastro. Otras permanecen en la memoria porque estuvieron asociadas a una comarca, una época o una forma de consumir.

El regreso del agua ofrece la posibilidad de recuperar esa identidad, aunque la nueva empresa tendrá que construir una imagen adaptada a 2026.

No bastará con apelar a la nostalgia. El producto deberá encontrar su lugar entre decenas de referencias que compiten por precio, mineralización, origen, diseño y sostenibilidad.

El nombre de Ques tiene una ventaja: está ligado directamente a un lugar real y a un manantial reconocido. En un mercado saturado de mensajes genéricos sobre pureza y naturaleza, esa conexión territorial puede ser un activo.

La pregunta ambiental

Una producción de 120 millones de litros obliga a analizar también el impacto sobre el recurso.

El agua mineral procede de reservas subterráneas que se recargan de forma natural. La extracción debe mantenerse dentro de límites que permitan conservar el caudal, la composición y la calidad del manantial.

La autorización de 2005 reconoció el derecho de aprovechamiento, pero será necesario conocer las condiciones concretas que se aplicarán a la nueva etapa industrial y si se han actualizado los estudios disponibles.

También habrá que determinar si la cifra anunciada representa una producción máxima, una capacidad técnica o el objetivo previsto cuando la fábrica alcance su pleno rendimiento.

El control público deberá garantizar que el relanzamiento económico no compromete el acuífero. El agua puede generar empleo, pero sigue siendo un recurso natural limitado y sometido a vigilancia.

El gran reto: no volver a cerrar

La fábrica de Ques ya conoce lo que significa reabrir y volver a desaparecer.

La documentación histórica refleja que las instalaciones retomaron la actividad en una etapa anterior después de siete años cerradas. Aquel relanzamiento, sin embargo, no evitó la nueva clausura de 2008.

Esta vez, el verdadero éxito no será inaugurar la planta ni sacar las primeras botellas. Será mantener producción, empleo y ventas durante los próximos años.

Para lograrlo, el proyecto necesitará contratos de distribución, costes competitivos, protección del manantial y una estrategia comercial clara.

Los seis millones permiten reconstruir una fábrica. No garantizan por sí solos que el agua llegue a los supermercados.

El agua nunca se fue

Ques llevaba dieciocho años fuera del mercado, pero su principal activo nunca desapareció.

El manantial continuó bajo la sierra mientras la fábrica permanecía cerrada. Ahora, el proyecto de Adolfo García pretende reconectar ambas realidades: el recurso natural y la actividad industrial.

La operación puede devolver empleo y movimiento económico a Piloña, recuperar una instalación abandonada y sumar un nuevo productor al reducido mapa asturiano del agua mineral.

Faltan datos cruciales y conviene no presentar como hecho consumado lo que todavía es un proyecto en desarrollo. No hay fecha oficial de apertura, cifra confirmada de empleos ni detalles públicos sobre los formatos y mercados.

Pero, después de dieciocho años de silencio, las instalaciones vuelven a prepararse.

El agua de Ques nunca dejó de brotar. Lo que está a punto de volver es el sonido de las máquinas, las botellas avanzando por la línea y una marca asturiana que se resistía a quedar enterrada para siempre.

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