Llanes baila el fuego y despierta a voladores: La Magdalena vuelve a teñir la villa de rojo

Llanes baila el fuego y despierta a voladores: La Magdalena vuelve a teñir la villa de rojo

La Hoguera, la procesión de la Santa, los ramos, el folclore y las danzas primas convirtieron durante dos jornadas el casco histórico y el Muelle en una celebración de fuerza, devoción y orgullo de bando

A las ocho de la mañana, Llanes no se despertó: la despertaron los voladores.

La primera salva atravesó los tejados todavía adormecidos y dejó claro que el miércoles 22 de julio no era un día cualquiera. En las solapas comenzaron a aparecer los claveles rojos, las aldeanas ajustaron pañuelos y mandiles, los porruanos recuperaron chalecos y monteras y, poco a poco, las calles fueron cambiando el ruido cotidiano por el sonido de las panderetas, la banda de música y un pasodoble que aquí no necesita presentación: «El Magdaleno».

Pero La Magdalena había empezado realmente la noche anterior, cuando el fuego se apoderó de la plazuela.

Tres hogueras avanzando a hombros por Llanes

A las nueve de la noche del martes, la comitiva salió desde la Plazuela de La Magdalena hacia La Concepción para recoger las hogueras. Delante, los bailes del grupo folclórico; detrás, los grandes troncos de eucalipto sobre los hombros de los mozos y los niños del Bando; cerrando el desfile, las aldeanas, golpeando las panderetas y entonando los cantares que solo se escuchan de esta manera cuando llega el 21 de julio.

No se trata simplemente de cargar un árbol y llevarlo de un punto a otro. En La Magdalena, la hoguera se baila.

Los porteadores avanzan en zigzag, ocupando de lado a lado unas calles que de pronto parecen demasiado estrechas. Cada giro exige coordinación, fuerza y confianza absoluta en quien va marcando las órdenes. Las voces de «aire», «avante» y «cambio» se mezclan con los ánimos del público mientras los troncos sortean esquinas, balcones y fachadas a escasos centímetros.

Actualmente salen tres hogueras: la infantil, la de los jóvenes y la de los mayores.

Al entrar en la Calle Mayor, el movimiento se vuelve aún más delicado. El tronco debe abrirse, girar casi de golpe y recuperar después su vaivén. Cuando por fin llega a la plazuela y suena el tradicional «se acabó el baile», los hombros descansan, pero empieza el acto más simbólico de la noche.

La quima prende, las llamas crecen y aldeanas y porruanos forman un círculo alrededor del fuego para interpretar el Rodeo de la Hoguera y otras danzas propias del Bando. La escena explica por sí sola por qué esta celebración resulta diferente: es la única hoguera del concejo de Llanes que no se planta, sino que se quema.

Después, la Danza Prima abrió camino hasta el Muelle y las orquestas Casting y La Resistencia prolongaron la fiesta durante la madrugada.

Llanes amaneció vestida de fiesta

Con pocas horas de descanso, los voladores anunciaron el día grande a las ocho de la mañana. A las diez, la estación de autobuses recibió a la Banda de Música de San Martín del Rey Aurelio, que inició el pasacalles interpretando «El Magdaleno».

La música avanzó por la villa y, a su paso, se incorporaron integrantes y simpatizantes del Bando. Familias enteras ocuparon las aceras, los móviles se alzaron buscando una fotografía y los trajes tradicionales comenzaron a llenar el casco histórico de negros, blancos, azules y rojos.

A las once y media llegó el momento más solemne. La imagen de Santa María Magdalena salió de su capilla para ser trasladada hasta la Basílica de Santa María del Conceyu, donde se celebró la misa solemne.

Después, la procesión emprendió el regreso por el casco antiguo y las principales calles de la villa, acompañada por aldeanas, porruanos, fieles, ramos y música.

El clavel rojo volvió a ser el gran distintivo de la jornada. Apareció en los trajes, en la decoración de la capilla y en las andas de la Santa. No es un adorno elegido al azar: representa la pasión, el amor y la devoción de los seguidores de La Magdalena y diferencia al Bando dentro de la histórica rivalidad festiva de Llanes.

Ramos, panderetas y bailes frente al Muelle

Una vez devuelta la imagen a su capilla, la celebración cambió de tono sin perder emoción. El Ofrecimiento de Ramos y el Gran Festival Folclórico llevaron al Muelle algunas de las piezas más características del Bando: el Pericote, la Habanera de La Magdalena, la Jota, la Enredadera y las giraldillas.

Aquí no hubo espectadores completamente ajenos. Quien no bailaba, cantaba; quien no cantaba, seguía el ritmo con las palmas; y quien había llegado por curiosidad entendía pronto que en Llanes las fiestas de bando se heredan casi como los apellidos.

Los mayores reconocían cada melodía y los pequeños repetían los pasos que, dentro de unos años, les tocará enseñar.

La Danza Prima cerró los actos de la mañana. Manos enlazadas, paso acompasado y una cadena humana avanzando por la villa: una de esas imágenes en las que La Magdalena deja de ser una programación de fiestas y se convierte en memoria colectiva.

El Muelle no quiso irse a dormir

La música regresó a las siete de la tarde con el concierto de la Banda de San Martín del Rey Aurelio. Después llegó la romería y, a las diez de la noche, una nueva Danza Prima recorrió el trayecto desde el Muelle hasta la capilla de Santa María Magdalena.

Era el último recorrido solemne de dos jornadas intensas. Delante, la música y las voces; detrás, una villa todavía llena, con el cansancio acumulado en las piernas y pocas ganas de dar la fiesta por terminada.

A las once, La Rebelión y Clan Zero recogieron el testigo en la verbena. El Muelle volvió a convertirse en pista de baile y La Magdalena cerró su día grande como había empezado: con ruido, música y la calle ocupada.

Cuando se apagaron los últimos focos, quedaron el olor de la hoguera, algunos pétalos rojos sobre el suelo y esa sensación tan llanisca de haber cumplido, un año más, con los que estuvieron antes.

Porque en Llanes La Magdalena no se contempla desde fuera. Se carga sobre los hombros, se canta, se baila alrededor del fuego y se lleva prendida en un clavel rojo.

Dejar un comentario

captcha