Recetas de una abuela asturiana: Tortos pequeñinos con compangu, güevu y café de pota (el desayunu de domingu)

Recetas de una abuela asturiana: Tortos pequeñinos con compangu, güevu y café de pota (el desayunu de domingu)

“Hoy nun había priesa, cielín, y cuando nun hay priesa, una desayuna como Dios manda: sentadina, con calma y con el alma caliente”

Ay, fios míos, qué gustu da levantase un domingu sin que’l reló te muerda los talones. Porque ente semana una anda que si la compra, que si la lavadora, que si “Balbina, ¿tienes un poco de perejil?”, que si “Balbina, ¿viste onde puse les gafes?”. Y claro, una acaba desayunando cualquier cosa de pie, como una cigüeña nerviosa.

Pero hoy non. Hoy ye domingu, y la güelina Balbina decidió facese un desayunu con fundamentu, de esos que te dexen el cuerpu contentu y el corazón diciendo: “asina sí, muyer, asina sí”.

Así que me preparé unos tortinos pequeñinos de maíz, con un poquitín de picadillo, un güevu fritu de esos que brillen como el sol cuando sale por detrás del Sueve, un cachín de quesu asturianu, y un café de pota que resucita hasta al vecín del quinto cuando baxa con cara de lunes aunque sea domingo.

Y al lao, porque una ye fina aunque tenga mandil, puse unas rodajines de manzana asturiana con un hilín de miel. Que tampoco vamos desayunar como si fuéramos a tirar del arado hasta Cangas, ¿eh? Hay que tener mesura. Poca, pero mesura.

Ingredientes para un desayunu de domingu como manden los santos y les güelines

Para los tortinos:

  • 200 gramos de harina de maíz
  • 50 gramos de harina de trigo
  • Una pizquina de sal
  • Agua templadina, la que vaya pidiendo la masa
  • Un chorritín pequeño de aceite

Para acompañar:

  • 150 gramos de picadillo asturianu
  • 2 güevos
  • Un cachu de quesu asturianu: Afuega’l Pitu, Cabrales suave, Vidiago o el que tengas a mano
  • 1 manzana asturiana
  • Un poco de miel
  • Aceite de oliva para freír
  • Café de pota, café solo o café con leche, según sea una persona de bien o una criatura con sueño

Primero, facemos los tortinos

En un cuenco grande eché la harina de maíz, la harina de trigo y una pizquina de sal. Luego fui poniendo agua templada poco a poco, sin atolondrase, que la masa ye como una nuera sensible: si la apures, se enfada.

Hay que remover hasta tener una masa manejable, blandina pero que nun se pegue demasiado a les manes. Si queda seca, un poco más de agua. Si queda muy pegajosa, un poco más de harina. La cocina, cielín, ye como la vida: rectificar a tiempo ye media victoria.

Cuando la masa estuvo lista, la dejé reposar unos diez minutinos tapada con un paño. Tampoco ye obligatorio, pero a mí préstame que repose, porque yo también reposo y nadie me critica.

Después fui cogiendo porciones pequeñas y aplastándolas con la mano hasta formar tortinos redondos, más bien pequeñinos, que pa desayunar nun fai falta facer ruedes de tractor.

El picadillo, con alegría pero sin carbonizalo

En una sartén puse un chorritín de aceite y añadí el picadillo. Lo fui haciendo despacio, removiendo, hasta que quedó doradín y soltó ese olor que ye capaz de sacar a un adolescente de la cama sin gritarle.

El picadillo tiene que quedar hecho, jugosín y con gracia. Nada de dejarlo seco como sermón de misa larga. Si ves que se agarra, bajas el fuego y lo tratas con cariño. En Asturias, hasta el picadillo tiene su dignidá.

Los tortinos, fritinos y crujientes

En otra sartén puse aceite y, cuando estuvo caliente, fui friendo los tortinos. Tienen que dorar por fuera y quedar tiernos por dentro. Cuando los saqué, los puse sobre papel de cocina para que soltaran el exceso de aceite.

Mira, nun voy decir que esto sea desayuno de gimnasio, porque tampoco vamos mentir a estas alturas. Pero ye domingo, y el domingo también tien derecho a llevar madreñes y olor a cocina.

El güevu fritu, que ye la corona del desayunu

Luego freí los güevos. Aquí cada cual tien su religión: con puntillina, sin puntilla, yema líquida, yema más hecha... Yo lo hice como Dios manda: clara cuajada, puntillina alegre y yema lista para romper encima del tortín.

Puse un tortín en el plato, encima el picadillo, luego el güevu, y al lado otro tortín con un cachín de quesu asturianu. Cuando la yema se rompió y empezó a bajar por el picadillo, casi me santiguo, pero de la emoción.

El toque finu: manzana con miel

Pa que el desayuno tuviera su parte fresca, corté una manzana en rodajines y le puse un hilín de miel por encima. Esto queda precioso y sabe a casa de aldea con ventana abierta.

La manzana limpia un poco la boca, la miel da dulzura y una queda como muy equilibrada. Bueno, equilibrada dentro de lo que ye desayunar tortos con picadillo y güevu, que tampoco somos monjes del Tíbet.

El café de pota, que nun falte

Y pa rematar, café. Café caliente, bien hecho, de esos que se toman despacio. Si ye de pota, mejor. Si ye con leche, también. Y si ye con una gotina de licor, nun diré nada porque yo nun soy inspectora de desayunos.

Senteme tranquila, puse el plato delante, miré por la ventana y pensé: “Balbina, hoy sí que sabes vivir”.

Cómo lo sirvo yo, que una también tien su arte

En un plato grande puse:

  • Dos tortinos dorados
  • Picadillo por encima de uno
  • El güevu fritu coronándolo todo
  • Un cachín de quesu asturianu al lado
  • Rodajines de manzana con miel
  • Café caliente en taza grande

Y si tienes un mantel de cuadros, lo pones. Si tienes flores, también. Y si tienes a alguien que te diga “qué bien huele”, pues mejor todavía. Pero si no lo tienes, tampoco pasa nada: te lo dices tú misma, que pa eso una ya aprendió a querese.

Conseyu de Balbina

Nun lo hagas con prisa. Esta receta ye pa domingu, pa respirar, pa mirar pela ventana, pa desayunar sentá y pa recordar que la vida también son estos momentos pequeños: un güevu bien fritu, un tortín caliente, un café que fuma y una mañana sin correr.

Y ahora marcho, que tengo que recoger la cocina, aunque igual primero me quedo otro ratín sentada, porque hoy ye domingo y a mí nun me manda ni el reloj.

Que vos preste, cielinos, y que desayunéis como si la mañana fuera vuestra. Porque lo ye.

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