Trabajar y seguir siendo pobre: la precariedad atrapa ya a miles de familias en Asturias

Trabajar y seguir siendo pobre: la precariedad atrapa ya a miles de familias en Asturias

Cáritas atendió en 2025 a más de 11.100 asturianos y advierte de que el empleo ha dejado de garantizar una vida digna: los salarios pierden poder adquisitivo, la vivienda devora los ingresos y la exclusión severa se dispara

Tener trabajo, cobrar una nómina y seguir sin poder pagar el alquiler, llenar la nevera o afrontar una avería. Esa es la nueva cara de la pobreza en Asturias: personas que madrugan, cumplen una jornada laboral y llegan a final de mes con la cuenta vacía, pendientes de cualquier recibo inesperado que pueda hacer saltar por los aires el frágil equilibrio familiar.

El empleo continúa creciendo, pero su capacidad para proteger frente a la pobreza se está resquebrajando. La Memoria 2025 de Cáritas Diocesana de Oviedo dibuja una Asturias en la que trabajar ya no basta necesariamente para vivir con dignidad. La precariedad laboral, la pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento de la vivienda y la debilidad de las redes familiares están empujando a miles de hogares hacia situaciones de vulnerabilidad cada vez más profundas y prolongadas.

Durante el pasado año, Cáritas acompañó en el Principado a 11.109 personas pertenecientes a 4.812 hogares. Aunque el número total de usuarios mantiene una ligera tendencia descendente, la organización advierte de que los problemas que presentan quienes llegan a sus puertas son más difíciles de resolver y tienden a enquistarse durante más tiempo.

No se trata únicamente de personas sin ingresos o completamente apartadas del mercado laboral. Cada vez aparecen más trabajadores con contratos temporales, jornadas parciales no deseadas, salarios bajos o empleos discontinuos que no alcanzan para sostener una vivienda y cubrir las necesidades más elementales.

Cáritas lo resume de manera contundente: disponer de un empleo ya no garantiza salir de la pobreza.

Más empleo, pero salarios que valen menos

La aparente contradicción se explica al mirar más allá de las cifras generales de ocupación. Entre 2018 y 2024, Asturias incorporó cerca de 22.000 trabajadores, un crecimiento del empleo del 5,5%, bastante más modesto que el 12% registrado en el conjunto de España. Buena parte de ese aumento se apoyó en trabajadores de origen extranjero y en el sector de la construcción.

La temporalidad también descendió hasta el 17,5%. Sin embargo, esa mejora estadística convive con fuertes bolsas de inseguridad: el 22% de los jóvenes seguía desempleado y el 52% de quienes trabajaban a tiempo parcial lo hacían de manera involuntaria, porque no encontraban una jornada completa.

El problema central está en lo que realmente puede comprarse con el salario.

Entre 2018 y 2023, el sueldo bruto mensual medio aumentó en Asturias un 12,7%. Pero los precios crecieron más. Una vez descontada la inflación, el salario real de los trabajadores asturianos retrocedió un 2,4%, mientras que en el conjunto de España apenas avanzó un 0,7%. Asturias pasó, además, de tener un salario medio similar al nacional a situarse un 2% por debajo.

Dicho de otro modo: las nóminas pueden mostrar hoy una cifra nominalmente mayor que hace unos años, pero permiten comprar menos.

Ese desgaste explica que una persona pueda conservar su empleo y, al mismo tiempo, verse obligada a pedir ayuda para pagar la luz, comprar alimentos, adquirir medicamentos o evitar la pérdida de su vivienda.

Los datos de FOESSA revelan la dimensión del problema: en 2024, las situaciones de exclusión relacionadas con el empleo afectaban al 14,5% de los hogares y al 17,1% de la población asturiana.

El alquiler se come el sueldo

La vivienda es el gran acelerador de esta nueva pobreza laboral.

Para una familia con ingresos medios, pagar la casa ya representa un esfuerzo importante. Para quien vive bajo el umbral de la pobreza, puede convertirse directamente en una trampa.

Según el informe sobre pobreza de EAPN, el conjunto de los hogares asturianos destinó en 2024 alrededor del 14,7% de sus ingresos a la vivienda. Pero entre la población pobre el porcentaje se disparó hasta el 34,6%, más del doble que para el conjunto de la comunidad.

Además, casi uno de cada cuatro asturianos en situación de pobreza —el 24,4%— soportaba unos gastos de vivienda considerados excesivos, es decir, superiores al 40% de su renta disponible.

La presión no se limita al alquiler. A la mensualidad se suman la electricidad, el gas, el agua, la comunidad, el transporte y el encarecimiento general de la cesta de la compra. Cuando prácticamente todo el salario queda absorbido por gastos fijos, cualquier contratiempo puede desencadenar una caída súbita.

Una reparación del coche necesario para ir a trabajar, unas gafas nuevas, una enfermedad, una reducción de jornada o un recibo extraordinario pueden obligar a elegir entre pagar el alquiler o comprar comida.

FOESSA señala que el precio de la vivienda en Asturias aumentó un 23,3% entre 2018 y 2024. El encarecimiento llegó al 35,6% en la vivienda nueva y al 21,6% en la de segunda mano.

La falta de alternativas está modificando incluso la forma de vivir. Compartir piso o alquilar una habitación ha dejado de ser una fórmula casi exclusiva de estudiantes y se extiende entre adultos y familias que no pueden asumir una vivienda completa. En algunos casos, estos alquileres se realizan sin contrato, sin posibilidad de empadronamiento y mediante pagos semanales, dentro de una economía residencial difícil de medir y todavía más difícil de controlar.

Cerca del 17% de los hogares asturianos estaba afectado en 2024 por alguna situación de vivienda insegura o inadecuada.

Una de cada cinco personas, bajo la amenaza de la exclusión

La memoria anual de Cáritas no describe un fenómeno aislado. Encaja en una fotografía social más amplia y especialmente preocupante.

El informe territorial de FOESSA calcula que alrededor de 200.000 personas, una de cada cinco residentes en Asturias, sufrían algún proceso de exclusión social en 2024. El dato más alarmante no es solo su volumen, sino su intensidad.

La exclusión severa pasó del 7,3% de la población en 2018 al 13,6% en 2024, casi el doble. Esa proporción supera ampliamente la media española, situada en el 8,8%. Asturias presenta así un panorama paradójico: no destaca tanto por tener más personas en exclusión que el conjunto del país, sino porque quienes caen en ella lo hacen con mayor profundidad y encuentran más dificultades para salir.

Por su parte, EAPN sitúa en el 20,9% la población asturiana en riesgo de pobreza o exclusión social. El 15,6% vive bajo el umbral de la pobreza y el 6,1% se encuentra en pobreza severa, con ingresos inferiores a 644 euros mensuales por unidad de consumo.

El panorama se agrava entre los menores: el 36,6% de los asturianos de menos de 18 años está en riesgo de pobreza o exclusión, una proporción que expone el peligro de que las dificultades económicas se transmitan de padres a hijos.

Menores, migrantes y familias monoparentales

Los hogares atendidos por Cáritas muestran con claridad quiénes están soportando con mayor intensidad esta crisis silenciosa.

El 75% de los hogares acompañados estaba formado por personas migrantes, el 41% tenía menores a cargo, el 19% correspondía a familias monoparentales y el 26% eran hogares unipersonales.

La población migrante resulta especialmente vulnerable porque suele concentrarse en empleos de baja remuneración, cuidados, hostelería, agricultura, construcción o servicios domésticos. A la precariedad laboral se añaden en muchos casos los obstáculos para regularizar la situación administrativa, alquilar una vivienda, empadronarse o acceder a determinadas prestaciones.

Durante 2025, el Servicio de Orientación Jurídica de Cáritas atendió a 304 personas en asuntos relacionados con extranjería, regularización, vivienda, prestaciones y defensa de derechos sociales.

La entidad acompañó también a 1.422 personas en procesos de inserción laboral, pero solo 284 pudieron participar en actuaciones específicas de intermediación a través de Cáritas Labora.

La comparación muestra la distancia existente entre mejorar la empleabilidad y encontrar finalmente un puesto estable, suficiente y compatible con una vida autónoma.

La pobreza no termina en la cuenta bancaria

La exclusión tampoco se limita a la falta de dinero.

Cáritas alerta del aumento de la soledad, los problemas de salud mental, las adicciones y el deterioro de las redes familiares y comunitarias. Durante 2025 atendió a 1.789 personas sin hogar mediante centros residenciales, pisos compartidos, centros de día y servicios de calle. También acompañó a 180 mayores en programas destinados a combatir la soledad no deseada.

Cuando una familia deja de contar con parientes capaces de prestarle dinero, cuidar a los niños, ofrecer una habitación o ayudar en una emergencia, su vulnerabilidad se multiplica. Un problema económico deja entonces de ser temporal y puede convertirse en un proceso de aislamiento, enfermedad y pérdida de autonomía.

En el conjunto de España, el 25,7% de la población se encontraba en 2025 en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras que el 8,5% reconocía llegar a final de mes con mucha dificultad.

FOESSA advierte de que las sucesivas etapas de crecimiento económico no han conseguido reparar las fracturas abiertas durante las últimas crisis. La clase media se contrae, aumenta la distancia social y la exclusión grave continúa muy por encima de los niveles anteriores a la crisis financiera de 2008.

El empleo ha dejado de ser un salvavidas

Cáritas reclama reforzar las políticas públicas de vivienda, simplificar el acceso a las prestaciones, combatir la precariedad y garantizar salarios que permitan sostener un proyecto de vida. También pide actuar antes de que las dificultades se vuelvan crónicas.

El desafío ya no consiste únicamente en crear empleo, sino en analizar qué empleo se crea, cuánto dura, qué salario ofrece y cuánto queda de esa nómina después de pagar la casa.

Porque una economía no puede medirse únicamente por el número de contratos firmados o por el descenso del paro. También debe evaluarse por la capacidad de esos trabajos para mantener a las personas lejos de la pobreza.

La gran advertencia de Cáritas es incómoda, pero difícil de discutir: en Asturias hay miles de personas que trabajan y continúan siendo pobres. Personas con horarios, obligaciones y nóminas que, pese a todo, viven a un recibo, una enfermedad o una avería de caer en la exclusión.

Durante décadas, el empleo fue presentado como la principal puerta de entrada a una vida digna. Para una parte creciente de la sociedad asturiana, esa puerta sigue abierta, pero ya no conduce necesariamente a un lugar seguro.

Dejar un comentario

captcha