Gijón se planta ante el abandono de sus accesos: la batalla por Príncipe de Asturias, El Musel y el Huerna ya es una cuestión de dignidad para Asturias

Gijón se planta ante el abandono de sus accesos: la batalla por Príncipe de Asturias, El Musel y el Huerna ya es una cuestión de dignidad para Asturias

Transportes anuncia que asumirá la humanización de la avenida y la salida de camiones por Aboño, pero el Principado exige hechos, Gijón denuncia décadas de retrasos y los vecinos reclaman que los más de mil camiones diarios dejen de atravesar la zona oeste

Gijón vuelve a estar en el centro de una vieja herida asturiana: la de las infraestructuras prometidas, retrasadas, discutidas y nunca resueltas del todo. La avenida Príncipe de Asturias, los accesos al puerto de El Musel, la alternativa por Aboño, el fallido vial de Jove y el peaje del Huerna forman ya parte de un mismo pulso político y territorial entre Asturias y el Gobierno central. Un pulso que no se juega solo en los despachos, sino también en las calles de La Calzada, Jove y la zona oeste gijonesa, donde los vecinos siguen viendo pasar a diario más de mil camiones por delante de sus casas.

El Ministerio de Transportes ha anunciado ahora que asumirá la ejecución y el coste de la humanización de la avenida Príncipe de Asturias y de la nueva salida de tráfico pesado hacia El Musel por Aboño. La actuación se financiaría con los fondos previstos inicialmente para el vial soterrado de Jove, una obra que llegó a presentarse como la gran solución a los accesos portuarios de Gijón y que terminó encallando tras años de expectativas.

La decisión de Transportes llega después de que el Principado solicitara formalmente al ministerio la cesión del proyecto de humanización de Príncipe de Asturias para asumir directamente su ejecución. El Gobierno asturiano defendía que hacerse cargo de la actuación permitiría acelerar unos trabajos que ya acumulan demasiado retraso. Pero la respuesta del secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, fue clara: el ministerio quiere ejecutar la obra porque se trata de una carretera de titularidad estatal y porque, según su criterio, transferir esa responsabilidad a otra administración plantea una complejidad jurídica considerable.

Una avenida convertida en símbolo del atasco político

La avenida Príncipe de Asturias no es una vía cualquiera. Es uno de los principales accesos a El Musel y una arteria que soporta desde hace años un tráfico pesado incompatible con la vida cotidiana de una zona residencial. Por ella circulan camiones vinculados a la actividad portuaria, vehículos industriales y tráfico urbano en una convivencia cada vez más difícil.

La llamada “humanización” de la avenida pretende transformar ese eje en una vía más amable, segura y urbana, con más espacio para peatones, mejor integración en los barrios y una reducción drástica del impacto del tráfico pesado. Pero para que esa transformación tenga sentido hace falta una condición imprescindible: que los camiones tengan una alternativa real para acceder al puerto sin atravesar Príncipe de Asturias.

Esa alternativa es Aboño. El Ministerio apuesta por convertir ese acceso en la vía principal para canalizar el tráfico pesado hacia El Musel, pero la actuación depende de que la Autoridad Portuaria de Gijón certifique de forma definitiva que esa solución es válida para todo tipo de mercancías y vehículos. Ahí está uno de los puntos críticos del nuevo calendario.

La cuestión de fondo es sencilla de entender y difícil de resolver: no se puede convertir Príncipe de Asturias en una avenida urbana si sigue funcionando como carretera portuaria. Los vecinos lo saben. El Ayuntamiento lo sabe. El Principado lo sabe. Y el Ministerio también.

Del vial de Jove a Aboño: la gran promesa que cambió de forma

Durante años, el vial de Jove fue presentado como la solución estructural para sacar el tráfico pesado de la zona oeste de Gijón. El proyecto contemplaba una infraestructura soterrada que debía ordenar los accesos al puerto y reducir el impacto de los camiones en los barrios. Llegó a contar con una autorización de licitación millonaria, pero acabó siendo descartado como estaba concebido.

Ese giro abrió una nueva etapa de incertidumbre. El Ministerio optó por replantear la estrategia y dirigir los recursos previstos hacia una solución distinta: acceso por Aboño y humanización de Príncipe de Asturias. Sobre el papel, el planteamiento puede ser más rápido y menos complejo que el vial soterrado. En la práctica, sin embargo, los vecinos y las instituciones asturianas ya han escuchado demasiadas promesas como para conformarse con un anuncio.

El Principado sostiene que el tiempo de las explicaciones se ha agotado y que ahora hacen falta licitaciones, contratos, obras y fechas. El consejero de Movilidad, Alejandro Calvo, ha celebrado que Transportes asuma la alternativa de Aboño como pieza fundamental para resolver los accesos a El Musel, pero ha reclamado que el compromiso se traduzca de inmediato en ejecución real.

Un choque entre gobiernos del mismo color político

El episodio ha dejado una imagen políticamente incómoda: el Principado y el Ministerio, ambos gobernados por el PSOE, escenificando públicamente sus discrepancias sobre una infraestructura esencial para Gijón. A primera hora, el Gobierno asturiano anunciaba su petición formal para asumir la obra. Apenas unas horas después, el secretario de Estado cerraba la puerta a esa posibilidad y defendía que debía ser el Ministerio quien ejecutara los trabajos.

El choque ha evidenciado el deterioro de la relación entre Asturias y Transportes en materia de infraestructuras. Primero fue el vial de Jove. Después, la batalla por el Huerna. Ahora, Príncipe de Asturias y los accesos a El Musel vuelven a mostrar que la interlocución entre administraciones atraviesa un momento delicado.

El PSOE de Gijón, lejos de cerrar filas con el Ministerio, ha respaldado la posición del Principado y ha reclamado que Transportes reconsidere su negativa a ceder el proyecto. Para la agrupación local socialista, el retraso acumulado en los accesos al puerto es inaceptable y la cesión al Gobierno asturiano podría acelerar una actuación que la ciudad lleva demasiado tiempo esperando.

El Ayuntamiento de Gijón, por su parte, ha aprovechado el cruce de mensajes para cargar contra lo que considera otro episodio de improvisación y falta de coordinación. El equipo de gobierno local denuncia que los vecinos siguen pagando las consecuencias de años de promesas incumplidas y recuerda que el problema no se resolverá con anuncios, sino retirando de verdad el tráfico pesado de los barrios.

La zona oeste, cansada de esperar

La Federación de Asociaciones de Vecinos ha sido especialmente clara al calificar el debate como estéril si no se ataca el problema principal. Para los vecinos, la prioridad no es discutir qué administración firma la obra, sino conseguir que los camiones dejen de atravesar la zona oeste.

La frase resume el cansancio acumulado: de nada sirve poner árboles, reformar aceras o presentar infografías si por la avenida siguen circulando cada día más de mil camiones. La humanización, advierten, no puede convertirse en una operación estética. Tiene que ser una intervención real, con capacidad para cambiar la vida de los barrios afectados.

La Calzada, Jove y el entorno de Príncipe de Asturias llevan décadas conviviendo con una presión de tráfico que condiciona el ruido, la calidad del aire, la seguridad vial y la percepción de abandono. En una ciudad que aspira a coser sus barrios y recuperar espacios urbanos para la ciudadanía, mantener un corredor de tráfico pesado en plena zona residencial resulta cada vez más difícil de justificar.

El Musel necesita accesos eficaces, no guerras de comunicados

El debate tiene también una dimensión económica. El Musel es una infraestructura estratégica para Asturias. Su actividad es clave para la industria regional, para el movimiento de mercancías y para la competitividad logística del noroeste. Un puerto de esta importancia necesita accesos eficaces, ordenados y compatibles con la vida urbana.

La falta de una solución estable no solo afecta a los vecinos. También introduce incertidumbre en la planificación logística, en el transporte de mercancías y en el papel del puerto como motor económico. Asturias no puede permitirse que una de sus grandes infraestructuras siga dependiendo de soluciones provisionales, proyectos sustituidos y discusiones políticas interminables.

La alternativa por Aboño aparece ahora como la pieza llamada a desbloquear el problema. Pero su éxito dependerá de tres condiciones: que el puerto confirme su viabilidad técnica para todo tipo de tráficos, que el Ministerio licite las obras en el plazo anunciado y que la humanización de Príncipe de Asturias no se ejecute como una actuación aislada, sino como parte de una nueva ordenación integral de los accesos.

El Huerna agranda la brecha con Madrid

El conflicto por los accesos de Gijón llega en un momento especialmente sensible para las relaciones entre Asturias y el Ministerio de Transportes. El Principado ha decidido acudir al Tribunal Supremo por la prórroga de la concesión del peaje del Huerna hasta 2050, después de que Transportes rechazara revisar la continuidad de una concesión cuestionada por la Comisión Europea.

Para Asturias, el Huerna no es una autopista más. Es la principal conexión por carretera con la Meseta y una vía esencial para familias, empresas, transportistas y actividad económica. El Gobierno central ha aplicado bonificaciones para determinados vehículos, pero el Principado considera que esas rebajas no resuelven el problema de fondo: la permanencia de un peaje que la comunidad entiende injusto y lesivo para su competitividad.

El resultado es un clima político cargado. El vial de Jove, Príncipe de Asturias, los accesos a El Musel y el Huerna se han convertido en piezas de un mismo relato: el de una Asturias que reclama al Estado que sus infraestructuras dejen de estar siempre pendientes, siempre prometidas y siempre sometidas a una nueva revisión.

Una cuestión de cohesión territorial

El debate va mucho más allá de Gijón. Lo que está en juego es la capacidad de Asturias para competir en igualdad de condiciones. Una comunidad industrial, portuaria y periférica no puede permitirse conexiones débiles, peajes prolongados, accesos urbanos saturados ni proyectos que cambian de rumbo cada legislatura.

La cohesión territorial no se defiende solo en los discursos. Se defiende con carreteras que funcionan, puertos bien conectados, barrios protegidos del tráfico pesado y calendarios de obra que se cumplen. En este caso, la prueba será muy concreta: si dentro de unos meses hay licitación, si después hay máquinas trabajando y si finalmente los camiones dejan de atravesar Príncipe de Asturias.

Hasta entonces, el anuncio de Transportes será una oportunidad, pero no todavía una solución.

Gijón ya no quiere más promesas: quiere obras

La ciudad ha escuchado demasiadas veces que la solución estaba cerca. El vial de Jove iba a ser la respuesta definitiva. Después llegó la reformulación del proyecto. Ahora Aboño aparece como nueva alternativa y la humanización de Príncipe de Asturias como gran actuación urbana pendiente.

Puede funcionar. Pero solo si se hace bien y rápido.

Gijón no necesita otra guerra de comunicados entre administraciones. Necesita que los vecinos de la zona oeste dejen de vivir junto a una carretera portuaria encajada en plena ciudad. Necesita que El Musel tenga accesos a la altura de su importancia económica. Necesita que el Principado y el Ministerio conviertan sus reproches en soluciones. Y necesita que Asturias deje de tener que pelear cada infraestructura como si fuera una concesión extraordinaria.

La avenida Príncipe de Asturias se ha convertido en el símbolo de una espera demasiado larga. Ahora Transportes ha dicho que asumirá la obra. El Principado exige vigilancia. El Ayuntamiento reclama hechos. Los vecinos piden respirar. Y Asturias, una vez más, mira a Madrid con una exigencia muy clara: menos anuncios y más máquinas.

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