Asturias celebra récord tras récord de visitantes. Julio dejó 440.354 viajeros y 1,26 millones de pernoctaciones, el turismo rural se dispara y cada vez llegan más extranjeros. Pero mientras el Principado se convierte en uno de los destinos de moda de España, el otro marcador también bate registros: un alquiler medio de 80 metros cuadrados se acerca ya a los 1.000 euros, comprar una vivienda cuesta un 15,4% más que hace un año, los precios de restaurantes y alojamientos suben un 4,9% y algunos trabajadores del propio sector turístico tendrían que destinar alrededor del 70% de su salario base mensual a pagar un alquiler medio. El turismo genera riqueza, empleo y oportunidades. La pregunta que Asturias empieza a tener que hacerse es otra: ¿quién está pagando el precio de su éxito?
Durante años Asturias quiso ser descubierta.
Se promocionó como Paraíso Natural, vendió sus playas, sus montañas, la sidra, los Picos de Europa, los pueblos, la gastronomía, el Camino de Santiago y esa combinación casi imposible de paisaje verde y mar que durante décadas permaneció bastante alejada del turismo masivo mediterráneo.
Funcionó.
Vaya si funcionó.
Ahora todo el mundo parece querer venir a Asturias.
Y empieza la segunda parte de la historia.
Vivir en ella.
Porque una cosa es llenar hoteles, casas rurales, restaurantes y terrazas durante unos días y otra muy distinta conseguir que los asturianos puedan seguir permitiéndose vivir todo el año en los lugares que se han convertido en objeto de deseo para el resto de España.
Las dos Asturies empiezan a aparecer simultáneamente en las estadísticas.
La primera celebra que en julio llegaron 440.354 viajeros, un 4,96% más que un año antes, y que se alcanzaron 1.260.008 pernoctaciones, el mejor dato registrado para un mes de julio.
La segunda descubre que alquilar una vivienda de 80 metros cuadrados cuesta ya, de media, 986 euros mensuales.
Ambas cosas están ocurriendo al mismo tiempo.
Y quizá haya llegado el momento de hablar de las dos.
1,26 millones de noches en un solo mes
Las cifras que ha celebrado este lunes el Gobierno asturiano son extraordinarias.
Asturias fue en julio la comunidad con mayor crecimiento turístico de toda la España Verde.
Los viajeros aumentaron un 4,96%.
Las pernoctaciones, un 4,64%.
Y entre enero y julio ya habían visitado el Principado 1.517.540 turistas, que generaron 3.427.823 pernoctaciones.
También son récords históricos para los primeros siete meses del año.
Pero todavía hay un dato más revelador.
El turismo que más rápidamente está creciendo es precisamente el que penetra con mayor intensidad en la Asturias rural.
Los alojamientos rurales recibieron en julio 58.468 viajeros, nada menos que un 26,79% más que el año anterior.
Las pernoctaciones rurales aumentaron un 14,7%.
Y durante los siete primeros meses de 2026 el número de viajeros alojados en establecimientos rurales acumula un incremento del 18,09%.
Eso significa dinero para casas rurales, bares, restaurantes, comercios y actividades.
Pero significa también más demanda en lugares pequeños donde la oferta de vivienda, aparcamiento, servicios e infraestructuras es limitada.
Ese es el delicado equilibrio que empieza a romperse.
El piso de 1.000 euros ha llegado a Asturias
El dato que hace apenas unos años habría parecido propio de Madrid empieza a resultar familiar en Asturias.
Alquilar en el Principado cuesta ya de media 12,33 euros por metro cuadrado.
Traducido a viviendas reales:
60 metros cuadrados: unos 740 euros al mes.
70 metros: unos 863 euros.
80 metros: 986 euros.
Y en algunos municipios la frontera psicológica de los mil euros ya ha desaparecido.
En Gijón, un piso de 80 metros alcanza una media teórica de 1.046 euros mensuales.
En Siero, 1.022.
En Oviedo, 995.
En Avilés, 866.
En Llanes, 862.
Incluso en Mieres, tradicionalmente mucho más asequible que el área central, la referencia alcanza los 726 euros.
Asturias todavía es más barata que Madrid, Baleares o Cataluña.
Cierto.
Pero ese argumento sirve de poco al asturiano cuyo sueldo tampoco es el de Madrid.
Porque la cuestión verdaderamente importante no es cuánto cuesta Asturias comparada con Madrid.
Es cuánto cuesta Asturias comparada con los salarios asturianos.
Trabajar en el turismo y no poder pagar la Asturias turística
Aquí aparece una de las grandes paradojas.
Las tablas salariales de la hostelería asturiana para 2026 establecen salarios base mensuales que, según categoría profesional, arrancan en torno a 1.408,81 euros y alcanzan aproximadamente los 1.484 euros en los primeros niveles recogidos en el convenio.
Pongamos las cifras juntas.
Un alquiler medio asturiano de 986 euros equivale aproximadamente al 70% de un salario base mensual de 1.408 euros.
En Gijón, los 1.046 euros equivaldrían a aproximadamente el 74%.
Naturalmente, esto no pretende representar el presupuesto real de todos los trabajadores: existen diferentes categorías, pagas, complementos, hogares con dos salarios y situaciones familiares muy diversas.
Pero la comparación retrata perfectamente el problema.
Puedes trabajar atendiendo a los turistas que hacen prosperar Asturias y tener enormes dificultades para alquilar tú solo una vivienda en esa misma Asturias.
Esa es la factura social que las estadísticas turísticas no enseñan.
Mientras llegan más turistas, el empleo crece bastante menos
Existe otro dato llamativo.
En julio, mientras el número de viajeros creció un 4,96% y las pernoctaciones un 4,64%, el número de personas ocupadas en establecimientos turísticos asturianos aumentó un 1,22%.
En los hoteles el empleo sí avanzó más, un 3,48%, y en turismo rural un 2,21%.
Pero globalmente el crecimiento de visitantes fue muy superior al del empleo directamente registrado en establecimientos turísticos.
Al mismo tiempo, la tarifa media diaria de los hoteles asturianos aumentó un 6,31%, hasta alcanzar los 105,42 euros.
Más turistas.
Más pernoctaciones.
Habitaciones más caras.
Más actividad económica.
Pero no necesariamente beneficios distribuidos con la misma intensidad entre todos los que viven aquí.
Comprar casa: Asturias sube un 15,4% en doce meses
El problema no termina en el alquiler.
También comprar se está alejando rápidamente de muchos bolsillos.
El precio del metro cuadrado de vivienda en Asturias se sitúa en torno a 1.878 euros, con una subida interanual del 15,4%.
Y algunas ciudades avanzan todavía más deprisa.
En Oviedo, el precio alcanza los 2.372 euros por metro cuadrado, un 17,3% más que un año antes.
En Gijón, 2.687 euros y un crecimiento anual del 9%.
En Llanes, 2.447 euros y una subida del 7,9%.
Un piso teórico de 80 metros al precio medio de Oviedo rondaría así los 190.000 euros.
En Gijón superaría los 214.000.
Y eso antes de impuestos, gastos, reforma o financiación.
La Asturias barata empieza a ser bastante menos barata.
Miles de viviendas tienen ya uso turístico
Y entonces aparece el elefante en la habitación.
Las viviendas turísticas.
Asturias contabiliza alrededor de 5.782 viviendas de uso turístico y otras 2.810 viviendas vacacionales.
Más de 8.500 alojamientos residenciales dedicados a alguna de esas modalidades turísticas.
Eso no significa que cada vivienda turística sea una vivienda que automáticamente habría estado disponible para alquiler convencional.
Sería una simplificación.
Pero tampoco puede sostenerse que miles de viviendas dedicadas al alojamiento temporal sean completamente irrelevantes para la oferta residencial, especialmente en determinadas calles, barrios y concejos pequeños.
El propio Gobierno asturiano ha reconocido el problema al plantear limitaciones a las viviendas de uso turístico en zonas declaradas de mercado residencial tensionado, precisamente para evitar que su proliferación agrave la presión sobre el alquiler.
No hablamos, por tanto, de una teoría extravagante.
Hablamos de un problema suficientemente serio como para que la Administración ya esté legislando sobre él.
Llanes, el laboratorio asturiano
Probablemente ningún lugar permite comprender mejor el dilema que Llanes.
El municipio es una joya turística.
Playas espectaculares.
Pueblos extraordinarios.
Picos de Europa a un paso.
Gastronomía.
Segundas residencias.
Viviendas vacacionales.
Turismo durante buena parte del año.
Pero precisamente por eso el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de sus grandes problemas.
Los últimos datos disponibles contabilizan alrededor de 1.006 viviendas turísticas, con capacidad para unas 5.357 plazas, equivalentes a aproximadamente el 6,2% del parque residencial del municipio.
Y existen zonas concretas donde la presión es muy superior.
Tanto es así que el Gobierno asturiano ha iniciado actuaciones sobre diferentes áreas de Llanes dentro de los procedimientos relacionados con mercados residenciales tensionados.
Aquí la pregunta deja de ser teórica.
¿Qué ocurre cuando una vivienda puede generar más dinero alquilándose por noches durante temporada alta que arrendándose doce meses a una familia?
El propietario hará cuentas.
Es lógico.
Pero cuando cientos de propietarios hacen simultáneamente las mismas cuentas, el pueblo también cambia.
No solo es la vivienda: comer fuera también sube
El encarecimiento de Asturias no termina al cerrar la puerta de casa.
El IPC asturiano aumentó un 3,1% interanual en julio.
Pero varias partidas especialmente relacionadas con la vida cotidiana crecieron bastante más.
El transporte, un 6,5%.
La vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, un 5,8%.
Y restaurantes y servicios de alojamiento, un 4,9%.
No puede atribuirse todo eso al turismo.
La electricidad depende del mercado energético. El combustible responde al petróleo. Los alimentos tienen sus propias cadenas de costes. La vivienda depende de falta de oferta, construcción, tipos de interés, inversión, regulación, cambios demográficos y decenas de factores.
El turismo no es el culpable universal.
Pero añadir cientos de miles de consumidores temporales a territorios relativamente pequeños aumenta la demanda de determinados bienes y servicios.
Y especialmente en verano se nota.
En las terrazas.
En los restaurantes.
En los aparcamientos.
En determinadas playas.
En carreteras.
En supermercados de localidades turísticas.
En alquileres de temporada.
En segundas residencias.
En el precio que alguien está dispuesto a pagar por una casa con vistas al Cantábrico.
Asturias está descubriendo el precio de ponerse de moda
Durante décadas el problema asturiano fue exactamente el contrario.
Perdía población.
Los jóvenes se marchaban.
Muchas casas permanecían vacías.
Pueblos enteros envejecían.
Había que convencer a la gente de que viniera.
Por eso sería absurdo presentar ahora al visitante como un enemigo.
El turismo mantiene empresas, genera miles de empleos, sostiene restaurantes, rehabilita patrimonio, permite sobrevivir a negocios rurales y lleva dinero hasta lugares donde existen pocas alternativas económicas.
Ese beneficio es real.
Pero también lo es otra cosa.
El éxito turístico tiene costes.
Y si esos costes recaen desproporcionadamente sobre quienes viven aquí mientras los beneficios se concentran en determinados propietarios, negocios y operadores, tarde o temprano aparece el rechazo.
Eso ya ha ocurrido en Baleares.
En Barcelona.
En Málaga.
En Canarias.
En determinados barrios de Madrid.
Asturias todavía está muy lejos de muchos de aquellos niveles de saturación.
Precisamente por eso este es el momento de hablar del problema.
Antes de tener que lamentarlo.
El verdadero debate: ¿para quién queremos Asturias?
Tal vez la gran pregunta no sea cuántos turistas puede recibir Asturias.
Quizá sea otra:
¿cuántos puede recibir sin deteriorar la vida de quienes viven aquí?
Porque el objetivo no puede consistir simplemente en superar cada año el récord anterior.
440.000 viajeros.
Luego 500.000.
Un millón de pernoctaciones.
Después 1,3 millones.
Después 1,5.
Si el único marcador del éxito es que cada año venga más gente, siempre llegará un momento en que el éxito estadístico se convierta en fracaso cotidiano.
Asturias necesita turistas.
Pero también necesita camareros que puedan vivir cerca del restaurante donde trabajan.
Enfermeras que puedan alquilar en Gijón.
Profesores que encuentren casa en Llanes.
Jóvenes capaces de independizarse en Oviedo.
Familias que puedan competir por un piso sin enfrentarse al poder adquisitivo de alguien que busca una segunda residencia.
Y pueblos que sigan siendo pueblos cuando termina agosto.
Queríamos que vinieran. Han venido. Ahora toca decidir qué hacemos con el éxito
Los datos turísticos publicados este lunes son objetivamente extraordinarios.
Asturias está viviendo uno de los mejores momentos turísticos de su historia.
Eso merece celebrarse.
Pero quizá haya llegado el momento de dejar de contar únicamente cuántos vienen y empezar a medir qué dejan, qué empleos generan, cuánto cobran esos trabajadores, cuánto sube la vivienda, cuántos pisos abandonan el alquiler convencional, cuánto se encarecen determinadas zonas y cuántos residentes terminan expulsados de ellas.
Porque ese será el verdadero balance.
Asturias pasó décadas preguntándose cómo conseguir que el resto de España la descubriera.
Lo consiguió.
Ahora afronta una pregunta bastante más difícil:
¿cómo evitar que el Paraíso Natural termine siendo un paraíso que los propios asturianos no puedan permitirse?
