Carritos de supermercado convertidos en llagares rodantes, escanciadores fabricados con piezas de automóvil, banderas con historias inesperadas y cuadrillas de varias generaciones despidieron las fiestas de San Félix con una de esas tardes que explican por qué Candás sabe celebrar como pocos lugares
En Candás, un carrito de la compra puede dejar de transportar bolsas para convertirse en un tonel ambulante. El motor de un limpiaparabrisas puede empezar una segunda vida como escanciador automático. Y una botella de sidra puede recorrer el interior de un muñeco antes de caer, perfectamente dirigida, sobre el vaso de un participante.
No era una exposición de inventos imposibles. Era el Rally de la Sidra, la cita que este lunes volvió a transformar las calles de la villa marinera en un enorme recorrido festivo, lleno de camisetas blancas, pañuelos azules, música, humor y sidra escanciada de todas las maneras imaginables.
Un total de 1.612 participantes, agrupados en 92 peñas, recorrieron los establecimientos incluidos en la ruta, deteniéndose en bares y sidrerías para recoger las botellas correspondientes y continuar la marcha. Porque aquí la palabra “rally” puede llevar a engaño: no hay vehículos compitiendo, cronómetros ni tramos cerrados. Se trata de una marcha a pie entre amigos, conocida popularmente como “De culín en culín”, que comenzó a las 18.30 horas y volvió a situar a las peñas como grandes protagonistas de la última jornada de San Félix.
La ingeniería popular también sabe escanciar
Buena parte del espectáculo estuvo en los carritos construidos y decorados por los propios grupos. Algunos servían para transportar comida, bebida y todo lo necesario para resistir varias horas de fiesta. Otros eran auténticas obras de ingeniería sidrera.
La peña VIII Pelau acudió con un carro de supermercado transformado mediante un tonel basculante y una gran figura. El mecanismo hacía circular la sidra por el interior del muñeco hasta conducirla al vaso, convirtiendo cada culín en una pequeña representación.
Su creador, el candasín Luis González, explicaba con orgullo el funcionamiento del invento mientras el artilugio concentraba miradas, fotografías y alguna que otra pregunta técnica. La NASA quizá no llame, pero el aparato cumplía perfectamente su misión, que era bastante más importante aquella tarde: que no faltase sidra.
No se quedó atrás la peña Mártires de la Buraca. Sus integrantes celebraban tres décadas participando en el rally y quisieron hacerlo con un escanciador automático de fabricación artesanal. El mecanismo combinaba el motor del limpiaparabrisas de un coche con la batería de una motocicleta.
La ocurrencia resumía bien el espíritu de la jornada: objetos cotidianos, piezas recicladas, muchas horas de trabajo y una única obsesión colectiva, conseguir que el escanciado fuese cada año más original que el anterior.
Treinta años de rally y una promesa cumplida
Cristina García y Tania Lara, ambas de 50 años, exhibían con orgullo los 30 años de participación de su peña. Su presencia demostraba que el Rally de la Sidra no es únicamente una concentración juvenil, sino una tradición que atraviesa generaciones y se incorpora a la memoria familiar y sentimental de Candás.
Hay grupos que comenzaron cuando sus integrantes apenas habían alcanzado la mayoría de edad y que continúan reuniéndose décadas después. Cambian los diseños de las camisetas, mejoran los carritos y aparecen nuevos sistemas de escanciado, pero permanece la costumbre de reservar esta jornada para reencontrarse con los amigos de siempre.
Alfredo Pérez, candasín de 49 años e integrante de la Peña K, participaba por vigesimoquinta vez. Su grupo desfiló ondeando una bandera de Corea del Sur, una elección que desconcertaba a quienes desconocían una vieja broma local.
Según recordó Pérez, durante los años setenta llegaron a la zona trabajadores procedentes de otros territorios para incorporarse a las fábricas. Algunos vecinos comenzaron a llamarlos, en tono humorístico, “coreanos”, un apodo que con el tiempo terminó empleándose para referirse a quienes llegaban de fuera de Asturias. La peña decidió recuperar aquella expresión y convertirla en bandera, nunca mejor dicho.
Junto al humor, Pérez defendía una idea compartida por buena parte de los veteranos: disfrutar sin desvirtuar la celebración. Reunirse, beber sidra y pasarlo bien, sí, pero evitando que los excesos terminen dañando una fiesta construida durante décadas.
La bandera de Asturias, directamente en el pelo
El azul y el amarillo también aparecieron en una versión bastante más difícil de ondear. Iván Muñiz, candasín de 34 años y miembro de la peña Esbardus, acudió con la bandera asturiana teñida en el cabello.
No era una improvisación de última hora. Cada año cambia el diseño para estrenar imagen durante el rally. En una jornada donde casi todas las peñas preparan camisetas, complementos y decoraciones específicas, Muñiz ha terminado convirtiendo su propio pelo en parte del vestuario festivo.
La celebración también atrajo a numerosos visitantes. Ágatha Vega, de 20 años y capitana de una peña formada por una treintena de jóvenes de Perlora, compartió la experiencia con Martín de Andrade, un amigo coruñés de 19 años que participaba por primera vez. Para los veteranos era una edición más; para los recién llegados, el descubrimiento de una fiesta difícil de explicar hasta que uno se encuentra dentro.
Una tradición con más de cuatro décadas
Aunque los formatos y los recorridos han cambiado, el Rally de la Sidra cuenta con más de cuarenta años de historia. Ya en 2019 las Peñas Marineras reunieron a representantes de 99 grupos y firmaron un manifiesto de apoyo a la candidatura de la cultura sidrera asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Cinco años después, aquella aspiración se hizo realidad. La UNESCO incorporó en 2024 la cultura sidrera asturiana a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El reconocimiento no se limita a la producción de la bebida: engloba los espacios, los conocimientos, el servicio, el escanciado y las formas colectivas de disfrutarla, además de su relación con el paisaje, las variedades autóctonas de manzana y la identidad de las comunidades asturianas.
El rally candasín encaja precisamente en esa dimensión social. La sidra no aparece únicamente como producto gastronómico, sino como una excusa para reunirse, compartir, crear rituales propios y reforzar la pertenencia a una peña, un barrio o una generación.
El calendario oficial de Turismo Asturias incluye el Rally de Candás entre las principales celebraciones sidreras del mes de agosto. La bebida cuenta además desde 2003 con la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias. En la comunidad se producen anualmente entre 35 y 40 millones de botellas de sidra natural tradicional, de las que cerca de 4,5 millones corresponden a la DOP.
Miles de personas y miles de botellas
Las cifras de participación han variado a lo largo de los años. La edición de 2026 reunió a 1.612 personas, mientras que una información previa a la celebración señalaba que en 2024 se habían superado los 2.800 inscritos. La comparación debe hacerse con prudencia, ya que no se ha aclarado si ambos datos responden exactamente al mismo sistema de registro o contabilización.
Como referencia de la capacidad alcanzada en anteriores convocatorias, una edición celebrada años atrás reunió a unos 2.300 participantes y distribuyó alrededor de 9.200 botellas en cuatro puntos de avituallamiento: Fuente de Los Ángeles, Santarúa, Les Conserveres y el Parque Inglés. Aquella jornada también incorporó bollos preñaos elaborados por empresas del concejo y una vertiente solidaria.
Las cifras explican la complejidad de una fiesta que, detrás de su apariencia espontánea, necesita inscripciones, coordinación con los establecimientos, reparto de sidra, organización del itinerario y colaboración de numerosas personas.
El gran cierre de cuatro días de fiesta
El rally puso el broche popular a unas celebraciones de San Félix que comenzaron el viernes 31 de julio. Durante cuatro días, Candás acogió juegos, cabezudos, gaiteros, verbenas, espectáculos infantiles, festejos náuticos, el XI Festival Internacional de Charangas y el LV Festival de la Sardina.
Después del recorrido sidrero, la programación continuó con la actuación de Insolentes, el espectáculo Los40 Summer Live, una disco móvil y la tradicional Gran Descarga de medianoche en el muelle, encargada de cerrar oficialmente las fiestas.
El Festival de la Sardina, celebrado cada 1 de agosto e integrado también en San Félix, nació en 1970 y está reconocido como Fiesta de Interés Turístico del Principado. Su combinación con las charangas, los festejos marítimos y el Rally de la Sidra convierte esos primeros días de agosto en uno de los momentos de mayor actividad del calendario candasín.
Candás no necesita motores para acelerar
La última tarde de San Félix dejó litros de sidra, centenares de fotografías y decenas de inventos construidos para la ocasión. Pero, sobre todo, dejó la imagen de una villa celebrando en la calle una tradición propia, sin necesidad de grandes escenarios ni sofisticados reclamos.
Bastaron unos carritos, unas botellas, pañuelos al cuello y grupos de amigos dispuestos a mantener viva la costumbre.
Al acabar, las peñas comenzaron a despedirse con una certeza que en Candás casi funciona como parte del reglamento: el Rally de la Sidra termina cada año con la promesa de regresar al siguiente. Porque los carritos se guardan, los motores se desconectan y las camisetas acaban en la lavadora, pero la próxima edición empieza a prepararse mucho antes de que se sirva el primer culín.
