Asturias tiembla hasta 50 veces al año: dónde se concentra el riesgo y qué terremoto podría repetirse

Asturias tiembla hasta 50 veces al año: dónde se concentra el riesgo y qué terremoto podría repetirse

Asturias registra cada año entre 40 y 50 terremotos, aunque la inmensa mayoría son tan débiles que solo los detectan los instrumentos. La actividad se concentra principalmente en el suroccidente y frente a la costa occidental. El precedente que marca el techo conocido es el terremoto de Teverga de 1950, de magnitud 4,7 según el Instituto Geográfico Nacional.

Asturias tiembla más de lo que parece.

Bajo nuestros pies se producen entre 40 y 50 pequeños terremotos cada año, aunque prácticamente ninguno llega a convertirse en esa sacudida que hace vibrar una lámpara, mueve los muebles o saca a la gente a la calle.

La explicación es sencilla: la mayoría son movimientos sísmicos de muy baja magnitud que únicamente quedan registrados por los sismógrafos.

La reciente sucesión de terremotos en Granada ha vuelto a despertar una pregunta inevitable: ¿podría ocurrir algo parecido en Asturias?

La respuesta corta es que Asturias no es una región de alta peligrosidad sísmica, pero tampoco está completamente a salvo de los terremotos.

Y hay zonas del Principado donde la tierra se mueve bastante más que en otras.

El Occidente asturiano es la zona que más tiembla

La actividad sísmica asturiana no se distribuye de manera uniforme.

Los registros muestran una mayor concentración en el suroccidente de Asturias y en la franja marítima situada frente a Valdés, Navia y Coaña.

El noroeste de la Península es una región relativamente estable, con una sismicidad normalmente baja o moderada. Sin embargo, existen terremotos de magnitud significativa y estructuras tectónicas capaces de generar actividad sísmica.

Esto significa que vivir en Asturias no implica convivir con el nivel de riesgo de Granada, Murcia o determinadas zonas de Andalucía, pero tampoco permite afirmar que aquí nunca pueda producirse un terremoto perceptible.

La diferencia está, sobre todo, en la frecuencia y la magnitud esperable.

La falla de Ventaniella: una enorme cicatriz bajo Asturias

Entre las estructuras geológicas que ayudan a entender la sismicidad regional destaca la falla de Ventaniella.

Se trata de una gran estructura tectónica que atraviesa parte del norte peninsular y continúa mar adentro por el Cantábrico.

Según la información difundida por especialistas de la Universidad de Oviedo, el sistema supera los 200 kilómetros en tierra y continúa aproximadamente otros 150 kilómetros bajo el mar.

Eso no significa que toda la falla esté activa al mismo tiempo ni que pueda generar necesariamente un gran terremoto.

Pero ayuda a explicar por qué el Cantábrico y determinadas zonas occidentales de Asturias presentan pequeños movimientos sísmicos.

El terremoto de Teverga: el precedente que importa

Si buscamos el terremoto que marca la referencia histórica de Asturias hay que viajar hasta 1950.

Ese año se produjo en Teverga el terremoto instrumental más importante registrado en el Principado.

El Instituto Geográfico Nacional le atribuye actualmente una magnitud 4,7, ligeramente superior al 4,6 citado en algunas referencias anteriores. El movimiento alcanzó una intensidad máxima VI.

Es importante poner ese número en contexto.

Un terremoto alrededor de magnitud 4,5 puede sentirse claramente si es superficial y está cerca de zonas habitadas, pero no entra normalmente en la categoría de los terremotos capaces de provocar una destrucción generalizada.

Podría generar pequeños daños en construcciones vulnerables, caída de objetos o grietas, dependiendo de la profundidad, del terreno y de la calidad de los edificios.

Y ese es precisamente uno de los escenarios que los geólogos consideran razonablemente repetible en Asturias.

¿Podría Asturias sufrir uno de magnitud 5?

Aquí conviene evitar dos extremos: ni alarmismo ni falsa tranquilidad.

Los terremotos no se pueden predecir con fecha y hora.

El conocimiento geológico permite establecer probabilidades y analizar el comportamiento histórico de una zona, pero no decir cuándo tendrá lugar el siguiente movimiento importante.

El propio registro sísmico del noroeste peninsular muestra terremotos superiores a magnitud 5.

El caso más significativo está relativamente cerca de Asturias: Triacastela, en Lugo, alcanzó magnitud 5,2 en 1997. En esa misma zona se produjeron además series sísmicas importantes en décadas anteriores.

Eso resulta especialmente relevante para el suroccidente asturiano.

Un terremoto fuerte con epicentro en Galicia podría sentirse perfectamente en Asturias aunque no se originara dentro de la comunidad.

Magnitud 5 no es “un poco más” que magnitud 4

Hay además una idea fundamental para entender las noticias sobre terremotos.

La escala de magnitud no funciona como una regla normal.

Es logarítmica.

Eso significa que pasar de magnitud 4 a magnitud 5 supone un salto enorme en la energía liberada.

Un terremoto de magnitud 5 libera aproximadamente 32 veces más energía que uno de magnitud 4.

Por eso unas pocas décimas pueden cambiar bastante las consecuencias de un seísmo.

No es lo mismo un 3,5 que un 4,5, aunque a simple vista parezca que solo existe un punto de diferencia.

¿Cuándo empezamos a notar un terremoto?

La magnitud tampoco lo explica todo.

Que una persona llegue o no a sentir un terremoto depende principalmente de tres factores:

magnitud, profundidad y tipo de terreno.

Un pequeño terremoto muy profundo puede pasar completamente inadvertido.

Otro algo mayor y muy superficial puede sentirse con claridad.

Y el suelo sobre el que se levanta una población también influye. Los terrenos blandos pueden amplificar las ondas sísmicas mientras que determinadas zonas rocosas pueden transmitirlas de manera distinta.

Por eso dos localidades situadas a una distancia parecida del epicentro pueden experimentar un mismo terremoto de forma diferente.

Asturias está vigilada permanentemente

La actividad sísmica del Principado no depende únicamente de que alguien note un temblor y llame para contarlo.

Existe una red instrumental que funciona de manera continua.

El Instituto Geográfico Nacional mantiene sistemas de vigilancia capaces de detectar, localizar y calcular rápidamente la magnitud de los terremotos.

En Asturias existe instrumentación en Arriondas, mientras que el área occidental cuenta también con vigilancia asociada a la zona de la ría del Eo y proyectos científicos destinados a estudiar mejor la sismicidad del Cantábrico.

La mejora de las redes explica además una aparente paradoja: hoy detectamos muchos más terremotos pequeños que hace décadas.

No necesariamente porque tiemble más la tierra, sino porque somos mucho mejores escuchándola.

¿Dónde habría que tener más cuidado al construir?

El riesgo sísmico tampoco depende únicamente de los terremotos.

Depende también de qué existe encima del terreno.

Una misma sacudida puede resultar prácticamente irrelevante en un edificio moderno correctamente construido y causar daños mayores en estructuras vulnerables.

Por eso la normativa española incorpora criterios de construcción sismorresistente en las zonas con mayor peligrosidad.

En Asturias, la atención se concentra especialmente en el sector occidental, precisamente donde los registros muestran una actividad superior.

El asunto adquiere importancia en obra nueva, grandes infraestructuras y edificios sensibles.

No significa que las viviendas asturianas estén ante un peligro inmediato. Significa que el riesgo sísmico, aunque bajo, debe incorporarse al cálculo técnico allí donde corresponde.

Entonces, ¿hay que preocuparse?

No.

Pero sí conviene conocer el fenómeno.

El escenario habitual de Asturias son decenas de pequeños terremotos anuales que nadie percibe.

El escenario menos frecuente es que aparezca algún movimiento capaz de sentirse.

Y el antecedente de Teverga demuestra que un terremoto próximo a magnitud 4,7 ya ha ocurrido y puede volver a ocurrir.

Lo que los registros disponibles no justifican es imaginar Asturias como una zona próxima a experimentar terremotos destructivos de forma habitual.

La fotografía, por tanto, es bastante menos espectacular que el titular “50 terremotos al año” podría sugerir.

Asturias tiembla decenas de veces. Casi nunca nos enteramos.

Pero debajo del Occidente asturiano y del Cantábrico existe una geología activa que los científicos continúan observando.

Y, como ocurre siempre con los terremotos, saber dónde están las fallas resulta mucho más sencillo que saber cuándo decidirán moverse.

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