Ceuta y Melilla: siglos de historia, una misma España

Ceuta y Melilla: siglos de historia, una misma España

 

Dos ciudades separadas de la Península por unos kilómetros de mar, pero unidas a España por siglos de historia, por su ordenamiento constitucional y, sobre todo, por la vida de generaciones de españoles que han hecho allí su hogar

Hay lugares que se explican con un mapa. Y hay otros que necesitan siglos.

Ceuta y Melilla pertenecen al segundo grupo.

Desde la otra orilla del Estrecho, sus luces parecen muy próximas y, al mismo tiempo, lejanas. Europa termina allí geográficamente y África comienza mucho antes de llegar a ellas. Esa posición excepcional las ha convertido durante siglos en ciudades de encuentro, frontera, comercio, defensa y convivencia.

Y también, periódicamente, en objeto de discusión política.

Pero para entender por qué Ceuta y Melilla son hoy ciudades españolas no basta con una frase, un tratado o una fecha. Hay que recorrer una historia que comienza mucho antes de que existieran las fronteras actuales y que conduce hasta la Constitución española del siglo XXI.

Porque las historias de Ceuta y Melilla no son idénticas. Pero desembocan en el mismo presente.

Ceuta: una decisión tomada hace casi cuatro siglos

Ceuta pasó a manos portuguesas en 1415, décadas antes incluso de la conquista de Granada por los Reyes Católicos.

Durante más de dos siglos estuvo vinculada a Portugal. Pero su historia cambió radicalmente en 1640.

Ese año Portugal se separó de la Monarquía Hispánica. Otras posesiones portuguesas siguieron a Lisboa. Ceuta no lo hizo.

La ciudad permaneció fiel a Felipe IV y fue integrándose progresivamente en la Corona española. Aquella situación quedó reconocida internacionalmente en el Tratado de Lisboa de 1668, que puso fin a la guerra entre España y Portugal.

El propio tratado estableció que Ceuta quedaría en poder del rey español. Desde entonces han transcurrido más de tres siglos y medio.

No fue el Tratado de Wad Ras el que convirtió a Ceuta en española. Cuando aquel acuerdo se firmó en 1860, Ceuta llevaba ya casi doscientos años vinculada formalmente a España.

Melilla: española desde 1497

La historia de Melilla siguió otro camino.

La ciudad pasó a dominio de la Corona española a finales del siglo XV. La fecha tradicionalmente considerada como el comienzo de la Melilla española es 1497.

Eso significa que su vinculación con España supera ya los cinco siglos.

Durante ese largo periodo, la ciudad pasó de plaza fortificada a núcleo urbano y, posteriormente, a la ciudad moderna, plural y abierta que conocemos hoy.

En el siglo XIX, distintos acuerdos entre España y Marruecos delimitaron y ampliaron el territorio de Melilla. Uno de los más importantes fue el convenio firmado en Tetuán en 1859, por el que el sultán marroquí cedía a España, «en pleno dominio y soberanía», territorio próximo a Melilla.

Un año después, el Tratado de Paz y Amistad de Wad Ras, firmado el 26 de abril de 1860 tras la Guerra de África, ratificó aquellas cesiones y las disposiciones relativas a Melilla, el Peñón de Vélez y Alhucemas.

El tratado también definió nuevos límites en torno a Ceuta y confirmó determinados territorios bajo soberanía española.

Wad Ras es, por tanto, una pieza importante de esta historia.

Pero no es el principio de ella.

 

 

Entonces, ¿qué demuestra realmente Wad Ras?

Demuestra algo quizá más interesante que el eslogan.

En 1860 España y Marruecos negociaban como dos Estados soberanos una frontera entre territorios españoles y marroquíes.

El tratado habla expresamente de la «plaza española de Ceuta» y de la «plaza española de Melilla» y regula los territorios y límites que las rodeaban.

Es decir, no estaba decidiendo si Ceuta o Melilla pertenecían a España. Partía de la existencia de esas plazas españolas y negociaba sus límites y condiciones de seguridad.

Ese matiz histórico es fundamental.

Dos ciudades plenamente integradas en la España actual

Pero la historia no termina en 1860.

La España de hoy no fundamenta la pertenencia de Ceuta y Melilla exclusivamente en tratados de hace doscientos, trescientos o quinientos años.

La fundamenta también en su ordenamiento constitucional democrático.

La Constitución de 1978 estableció el marco que permitió a ambas ciudades acceder posteriormente a su propio régimen de autonomía.

En 1995 fueron aprobados los Estatutos de Autonomía de Ceuta y Melilla.

El de Ceuta comienza con una afirmación inequívoca:

«Ceuta, como parte integrante de la Nación española».

Y el Estatuto de Melilla la integra igualmente en el sistema autonómico español.

Ceutíes y melillenses eligen a sus representantes, participan en las elecciones generales españolas, están representados en las Cortes Generales y son ciudadanos españoles y europeos.

No son habitantes de un territorio administrado provisionalmente desde Madrid.

Son ciudadanos de España.

Y la ONU no considera a Ceuta y Melilla territorios pendientes de descolonización

Este es otro dato que suele perderse en el ruido político.

Naciones Unidas mantiene actualmente una lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización.

En ella aparecen, entre otros, Gibraltar y el Sáhara Occidental.

Ceuta y Melilla no figuran en esa lista.

Esto debe explicarse con precisión: que no aparezcan en ella no equivale a que Naciones Unidas haya emitido una resolución específica adjudicando su soberanía a España.

Pero sí significa algo muy concreto: Ceuta y Melilla no están sometidas actualmente por Naciones Unidas a un proceso internacional de descolonización.

Marruecos mantiene su reivindicación

También existe otra realidad que no debe esconderse.

Marruecos mantiene históricamente una reivindicación sobre Ceuta y Melilla.

España la rechaza y considera ambas ciudades parte integrante de su territorio nacional.

Es una discrepancia política conocida desde hace décadas, pero no modifica la situación jurídica y administrativa existente.

La posición oficial española sigue siendo la defensa de la soberanía y la integridad territorial del país, incluyendo expresamente Ceuta y Melilla.

Más de quinientos años no caben en un eslogan

Puede discutirse sobre política exterior.

Puede debatirse sobre fronteras, cooperación, inmigración o relaciones con Marruecos.

Lo que no puede hacerse es borrar siglos de historia.

Melilla forma parte de la historia española desde 1497.

Ceuta decidió permanecer vinculada a la Corona española en 1640, y Portugal reconoció formalmente esa situación en 1668.

Durante los siglos siguientes, España y Marruecos firmaron tratados que reconocían fronteras, territorios y derechos en torno a ambas ciudades.

La Constitución democrática terminó de integrar su realidad en la España contemporánea.

Por eso quizá la mejor explicación no esté en las palabras solemnes de un tratado.

Está en la vida cotidiana.

Está en quien nace en Ceuta y estudia allí.

En quien abre cada mañana su comercio en Melilla.

En quienes trabajan en sus hospitales, sus colegios, sus juzgados o sus puertos.

En las familias musulmanas, cristianas, judías e hindúes que comparten calles, barrios y generaciones.

Porque Ceuta y Melilla no son únicamente territorio.

Son personas.

Son ciudades.

Son memoria.

Y son España.

Nadie puede garantizar jurídicamente una palabra tan grande como «para siempre». La historia nunca concede ese tipo de certificados.

Pero sí puede afirmarse algo mucho más serio:

hoy Ceuta y Melilla forman parte plenamente de España; ninguna de las dos está sometida a un proceso internacional de descolonización y el Estado español no contempla su soberanía como una cuestión pendiente.

Para los ceutíes y los melillenses, quizá eso sea lo verdaderamente importante.

Que, cuando el ruido político aumenta al otro lado de una frontera, la historia permanezca.

Y que después de tantos siglos no necesiten que nadie les recuerde quiénes son.

Porque llevan generaciones demostrándolo cada día.

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