¡Qué pérdida de tiempo!

Tres años después de la muerte del dictador Francisco Franco Bahamonde, que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1975, España pasaba del régimen franquista a un Estado Social y Democrático bajo el diseño político de Monarquía Parlamentaria. La Constitución fue ratificada en referéndum el día 6 de diciembre de 1978 y publicada en el Boletín Oficial del Estado el 29 de diciembre de ese mismo año. Fue, pues, 1978 un año cargado de ilusión y esperanza ya que, tras décadas de triste y penosa dictadura y un periodo de inquietante transición, una gran mayoría de los españoles depositaban sus esperanzas vitales en una Constitución que en su título preliminar proclamaba un Estado Social y Democrático de Derecho y propugnaba como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
Pasaron 36 años y en lugar de ir de menos a más en el fortalecimiento y el desarrollo de esos valores superiores, los españoles tienen la certeza de que todo fue de más a menos y de que los sucesivos gobernantes practicaron, durante ese tiempo, políticas de deterioro social cada vez más alejadas de las necesidades y el sentimiento popular.
Estamos en el 2014, gobierna el Partido Popular con mayoría absoluta, se están recortando todo tipo de libertades, nunca estuvo peor una justicia absolutamente politizada, cada día hay más desigualdades sociales y, aunque las urnas decidan, se está atacando a todo pluralismo político que pueda denunciar sus métodos neo liberales. La corrupción impune se hizo dueña del país. El principal Partido de la oposición navega desorientado y, como colofón, hasta la monarquía no se siente segura y el Rey abdica.
¡Qué perdida de tiempo!



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