José María Úrculo aparece muerto en su casa de Celoriu: la autopsia aclarará las últimas horas del hermano del pintor Eduardo Úrculo

José María Úrculo aparece muerto en su casa de Celoriu: la autopsia aclarará las últimas horas del hermano del pintor Eduardo Úrculo

La Guardia Civil investiga las circunstancias del fallecimiento del empresario, de 83 años, cuyo cuerpo fue hallado en la finca familiar de La Regalada; los primeros indicios no permiten cerrar aún ninguna hipótesis, aunque cobra fuerza la posibilidad de una muerte natural

Celoriu amaneció este viernes con una de esas noticias que primero se murmuran en voz baja y después se convierten en conversación inevitable en todo el pueblo. José María Úrculo, de 83 años, hermano del reconocido pintor y escultor Eduardo Úrculo, fue encontrado muerto en su vivienda familiar de La Regalada, una de las propiedades más conocidas de esta localidad llanisca.

El hallazgo se produjo tras varias horas sin noticias de él. No era algo que, por sí solo, llamara poderosamente la atención: Úrculo alternaba estancias entre Oviedo y Celoriu, y era habitual que pasara temporadas solo en la casa familiar. Pero esta vez el silencio acabó de la peor manera.

Según las primeras informaciones recabadas, el aviso a la Guardia Civil se produjo a media mañana del viernes, después de que un amigo localizara el cuerpo. La Benemérita activó el protocolo habitual para este tipo de casos y desplazó hasta el lugar a efectivos de Seguridad Ciudadana, Policía Judicial y especialistas encargados de la inspección ocular.

El cadáver fue encontrado en el entorno de la vivienda, en una zona vinculada al inmueble familiar. Algunas informaciones sitúan el hallazgo en uno de los baños de la casa y otras hablan de un anexo de la vivienda, por lo que conviene mantener esa precisión abierta hasta que la investigación cierre definitivamente el escenario exacto.

Durante varias horas, los agentes inspeccionaron la vivienda, la finca y el vehículo del fallecido. También se tomaron declaraciones a familiares, vecinos y personas del entorno para reconstruir las últimas horas de José María Úrculo y aclarar si alguien había percibido algún comportamiento extraño, algún problema de salud o cualquier movimiento inusual en la propiedad.

Uno de los testimonios que más fuerza ha cobrado en la reconstrucción inicial procede de vecinos que lo vieron en la tarde del jueves sentado en su furgoneta, aparentemente recostado o cansado. La escena les llamó la atención, aunque en ese momento no les pareció necesariamente alarmante. “Pensamos que estaría cansado y al rato vimos que ya no estaba”, señalaron personas del entorno.

Esa imagen se ha convertido ahora en una de las piezas importantes de la cronología: el último momento conocido en el que José María Úrculo fue visto con vida.

La Guardia Civil mantiene abiertas todas las hipótesis. En este tipo de investigaciones, y más cuando una persona aparece muerta en su domicilio, los agentes no descartan de entrada ni una muerte natural, ni una indisposición repentina, ni la posible intervención de terceras personas. Sin embargo, a medida que avanzan las primeras pesquisas, gana peso la posibilidad de que el fallecimiento se debiera a causas naturales, quizá vinculadas a un episodio médico súbito.

La autopsia, prevista en el Instituto de Medicina Legal de Oviedo, será decisiva para confirmar o descartar esa línea. Hasta entonces, la investigación continúa abierta y cualquier conclusión definitiva sería precipitada.

José María Úrculo era una persona muy conocida tanto en Oviedo como en Celoriu. Quienes lo trataban lo describen como un hombre vital, activo, optimista y muy unido a la localidad llanisca, donde su familia mantenía una relación de décadas. No era un visitante ocasional de verano: formaba parte de la memoria cotidiana del pueblo.

También seguía vinculado al ámbito empresarial familiar, con actividad en Llanera. Esa presencia constante, a pesar de su edad, refuerza el impacto que ha causado su muerte entre vecinos y allegados.

El apellido Úrculo tiene además una resonancia especial en Asturias por la figura de Eduardo Úrculo, uno de los grandes nombres del arte pop español, nacido en Santurtzi en 1938, criado en Sama de Langreo y fallecido en Madrid en 2003. Su obra dejó una huella reconocible en el imaginario urbano asturiano, con piezas tan conocidas como El regreso de Williams B. Arrensberg, en Oviedo, o Culis monumentalibus, también en la capital asturiana.

La muerte de José María Úrculo ha dejado así una doble conmoción: la humana, por la pérdida de un vecino querido y reconocido, y la simbólica, por tratarse de un miembro de una familia ligada a una de las trayectorias artísticas más singulares de Asturias.

La Guardia Civil deberá ahora completar el puzle de sus últimas horas. La inspección de la vivienda, los objetos retirados para su análisis, los testimonios vecinales y, sobre todo, el resultado de la autopsia serán las claves para determinar si Celoriu está ante una muerte natural inesperada o ante un fallecimiento que exige una explicación más compleja.

Por ahora, lo único seguro es que José María Úrculo fue hallado sin vida en la casa a la que regresaba una y otra vez, en un lugar al que estaba profundamente unido. Y que Celoriu, acostumbrado a verlo como parte de su paisaje humano, se ha quedado de golpe con una ausencia difícil de asumir.

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