De una visita casi improvisada a la torre de la Laboral a un ambicioso campus sanitario con 2.000 alumnos: así se gestó uno de los movimientos educativos más relevantes en Asturias en décadas
Gijón no fue una casualidad. Fue una decisión trabajada, cocinada a fuego lento durante casi tres años y marcada por giros inesperados, cambios legislativos y una apuesta institucional firme. La llegada de la Universidad Europea a la ciudad no es solo una inversión de más de 35 millones de euros: es una operación estratégica que redefine el mapa educativo del norte de España.
Todo empezó en verano de 2023, cuando representantes de la institución privada pusieron sobre la mesa una idea ambiciosa: levantar un campus en el norte del país. Había varias opciones. Gijón era solo una más. Pero algo ocurrió.
La visita que lo cambió todo
En septiembre de ese mismo año, una visita al entorno de La Pecuaria —donde se proyectaba la ampliación del Parque Científico y Tecnológico— marcó un punto de inflexión. La escena tiene algo de simbólico: la alcaldesa Carmen Moriyón propone subir a la torre de la Laboral para contemplar el terreno desde las alturas.
Esa panorámica, según fuentes municipales, fue decisiva.
Desde arriba, Gijón no solo ofrecía suelo. Ofrecía visión. Espacio para crecer, conexión con el tejido científico y una ubicación estratégica en el Cantábrico.
Poco después, la universidad movió ficha: confirmó su interés por una de las parcelas de La Pecuaria antes de terminar 2023.
Una apuesta política clara… y rápida
El Ayuntamiento no dudó. Adaptó el planeamiento para acelerar los plazos, eliminando obstáculos administrativos y permitiendo licitar la primera fase del desarrollo sin esperar a disponer de todo el suelo.
En junio de 2024, Moriyón reforzó el mensaje con una carta formal de apoyo. No era un gesto simbólico: era una declaración de intenciones clara.
El terreno elegido era “idóneo” y el compromiso institucional, total.
En paralelo, el Principado mantenía conversaciones con la universidad, asegurando que los trámites avanzaban sin grandes dificultades. Todo parecía encajar.
Hasta que dejó de hacerlo.
El golpe inesperado: un cambio de ley que lo trastoca todo
En octubre de 2024, el Gobierno central aprobó un decreto que endurecía los requisitos para implantar universidades privadas en España. Y ahí llegó el problema.
El proyecto de Gijón, que aspiraba a ser un campus independiente, quedaba en el aire.
Mientras otras iniciativas en Asturias —como las de Nebrija en Avilés o Alfonso X el Sabio en Oviedo— seguían adelante al plantearse como centros adscritos, la Universidad Europea tuvo que frenar y repensar su estrategia.
Fue el momento más delicado.
La solución: un aterrizaje en dos tiempos
La reacción fue rápida. En apenas semanas, la universidad rediseñó el proyecto:
- Primera fase: centro adscrito a la Universidad Europea de Madrid
- Segunda fase: conversión en campus autónomo bajo una futura Universidad Europea de Asturias
Un plan más flexible, pero igual de ambicioso.
Este giro permitió desbloquear la situación y encajar en el nuevo marco legal sin renunciar al objetivo final.
La cuenta atrás definitiva
Mientras tanto, el proyecto urbano avanzaba.
- La parcela fue adjudicada por 3,2 millones de euros
- La urbanización del entorno arrancó en febrero de 2025
- Las obras fueron recepcionadas en abril de 2026
Desde ese momento, se activó una cuenta atrás clave: un mes para formalizar la compra del terreno.
Pero ya no había dudas.
El Principado dio luz verde al proyecto esta misma semana, despejando el último gran obstáculo administrativo.
Un campus sanitario para cambiar el mapa educativo
El proyecto no es menor. Es, probablemente, la apuesta académica más potente en ciencias de la salud en Asturias.
El centro arrancará —si se cumplen los plazos— en el curso 2027-2028 con:
- Medicina
- Odontología
- Psicología
- Farmacia
Y crecerá en el siguiente curso con:
- Enfermería
- Biomedicina
- Fisioterapia
Cuando esté plenamente operativo, el campus acogerá unos 2.000 estudiantes.
A eso se sumarán programas de posgrado especializados, lo que posiciona a Gijón como un nuevo polo formativo en el ámbito sanitario.
Mucho más que una universidad
La llegada de la Universidad Europea no es solo un proyecto educativo. Es una palanca económica.
Según distintos análisis del sector universitario privado en España, este tipo de implantaciones generan:
- Atracción de talento nacional e internacional
- Dinamización del mercado inmobiliario
- Incremento del consumo local
- Refuerzo del ecosistema investigador
En otras palabras: ciudad universitaria moderna o nada.
Gijón gana la partida
La clave de fondo es otra: Gijón ha sabido competir.
En un contexto en el que ciudades como Málaga, Valencia o Bilbao están captando inversiones educativas privadas, el movimiento gijonés demuestra capacidad de atracción y rapidez de respuesta institucional.
Moriyón lo resumía hace unos días con una frase cargada de intención: la universidad será “un nuevo agente para la transformación de la ciudad”.
No es una exageración.
Porque detrás de este proyecto hay algo más profundo: la redefinición del modelo de ciudad, apostando por conocimiento, innovación y salud como ejes de futuro.
Lo que queda por delante
Aunque el visto bueno del Principado es un paso decisivo, aún quedan trámites clave:
- Validación de titulaciones por el Consejo de Universidades
- Desarrollo completo del campus
- Ejecución de la inversión comprometida
Pero el camino ya está trazado.
Y esta vez, parece difícil que algo lo detenga.
