Camino a las misiones

El sábado, bien entrada la noche, en unas fiestas de El Carmín de la Pola abarrotadas de un gentío como hacia años que no se veía, me comunican que al día siguiente, ayer domingo, la misa en honor a la patrona sería oficiada por Juan Antonio Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal y obispo auxiliar de Madrid, además de ser oriundo del concejo de Siero, concretamente de Marcenado. Mi interlocutor también me comunica que es previsible que, durante el sermón, Martínez Camino anunciase el abandono de sus actuales funciones eclesiásticas pues su intención sería la de incorporarse a las Misiones en un país africano.
Con novedades de tanta transcendencia uno piensa que no puede perderse la misa de doce y ayer me presento en la iglesia parroquial que, por cierto, registraba un lleno absoluto. Había expectación en el ambiente.
Después de la lectura del evangelio según San Lucas, a las 12,25 horas subió al púlpito el secretario general de la Conferencia Episcopal, centro de toda atención de los presentes, y tomó la palabra.
Martínez Camino dedicó los diez primeros minutos de su alocución a la teología de lo inaudito, se refirió a la teoría de las mujeres estériles y vírgenes que al final quedan embarazadas sin mediación de varón; habló de Eva, de Marta y de María, y de la salvación del mundo. Todo muy comprensible para los obtusos pecadores.
A renglón seguido y cuando una buena parte de los asistentes pensábamos que iba a bajar del cielo para poner los pies en la tierra y decir que se marchaba a las Misiones -asqueado de tanta pederastia, tanta corrupción, tanta hipocresía, tanto dinero negro y tanto de tanto en el seno de la Iglesia católica- vuelve a soltar un tema clásico y obsesivo de su repertorio (ya lo hizo precisamente dando el pregón de las mismas fiestas hace pocos años), vuelve a hablar de los mártires de la guerra civil española, todos del mismo bando, por supuesto. En esta ocasión, según adelantó, van a beatificar a unos cuatrocientos el próximo mes de octubre en Tarragona.
De ir a las Misiones, por el momento, ni una palabra.
Salí decepcionado de la misa de las doce. Casi ochenta años de la terrible guerra civil y quienes predican el amor y la fraternidad siguen con las listas de buenos y malos, recordando con vehemencia a los inocentes que murieron dentro de un conflicto que nadie hubiera querido y olvidando con la misma vehemencia a miles de otros inocentes que también murieron en el mismo indeseable e injusto enfrentamiento entre hermanos.
A Juan Antonio Martínez Camino se le ve demasiado el plumero.
Quien creyó que lo dejaría todo para ir a las Misiones a un país africano se equivocó rotundamente. Seguirá en Madrid en el aparato dirigente eclesiástico. Ahí se siente cómodo y, como buen profesional que lo es, desde ahí puede seguir ayudando a remover sin disimulo los rescoldos dolorosos de una guerra fratricida. Si en lugar de volver ochenta años atrás eleva un poco el listón posiblemente se encuentre con los crímenes de la Santa Inquisición. Ahí si que hay tema.



Dejar un comentario

captcha