Oviedo reúne hasta el viernes a cerca de 70 especialistas de diez países para conectar la experiencia asturiana en minería, materiales, energía, medicina y robótica con las futuras misiones espaciales
Asturias mira desde hoy hacia la Luna, pero lo hace con los pies firmemente apoyados en su pasado industrial.
El Palacio de Exposiciones y Congresos Ciudad de Oviedo acoge hasta el viernes el encuentro internacional The Many Pathways to Space, una cita que reúne a cerca de 70 especialistas procedentes de diez países y de más de treinta universidades, centros de investigación, empresas, firmas tecnológicas y organizaciones vinculadas a la exploración espacial.
El congreso parte de una idea tan ambiciosa como concreta: buena parte de las tecnologías necesarias para vivir, trabajar y construir fuera de la Tierra no tienen que inventarse desde cero. Algunas llevan décadas desarrollándose en regiones mineras e industriales como Asturias.
La extracción de recursos, el trabajo en espacios subterráneos, la fabricación de materiales resistentes, la gestión de energía, la robótica, las comunicaciones, la medicina en entornos extremos y el cultivo en condiciones adversas son problemas conocidos en la Tierra que reaparecen, multiplicados, cuando se plantea una presencia humana permanente en la Luna o en Marte.
Ese es el terreno en el que Asturias quiere encontrar una oportunidad.
Una cita internacional con especialistas de diez países
El encuentro se celebra del 5 al 7 de agosto y reúne a participantes de España, Estados Unidos, Luxemburgo, Italia, Reino Unido, Japón, Alemania, Grecia, Turquía y Perú.
Más de la mitad de los asistentes llegan desde fuera de Asturias. Entre ellos figuran investigadores y profesionales relacionados con instituciones como la NASA, la Agencia Espacial Europea, la Estación Espacial Internacional, el Centro Aeroespacial Alemán, el CSIC y universidades de referencia en Estados Unidos, Japón y Europa.
La participación internacional, sin embargo, no debe confundirse con la existencia automática de contratos para empresas asturianas. El verdadero valor del congreso dependerá de las colaboraciones, proyectos, inversiones y acuerdos que puedan surgir a partir de estos tres días.
La cita pretende precisamente crear ese punto de encuentro entre ciencia e industria: que los investigadores conozcan las capacidades de Asturias y que las empresas locales identifiquen problemas espaciales que puedan resolver con tecnologías ya utilizadas en otros sectores.
Los pozos mineros como laboratorios espaciales
La relación entre la minería asturiana y la exploración espacial no es únicamente una metáfora.
El Principado considera que determinadas infraestructuras mineras pueden utilizarse como entornos de ensayo para futuras misiones. El pozo Santiago, en Aller, presenta condiciones que permitirían simular algunos de los desafíos de los tubos de lava lunares.
Estas formaciones subterráneas despiertan un gran interés porque podrían servir en el futuro como refugio para astronautas, instalaciones científicas o almacenes protegidos de la radiación, los meteoritos y las temperaturas extremas de la superficie lunar.
Un pozo minero asturiano permite experimentar con problemas muy parecidos: acceso a espacios profundos, comunicaciones bajo tierra, transporte de personas y materiales, ventilación, seguridad, resistencia estructural, evacuación y funcionamiento de equipos en lugares aislados.
La experiencia acumulada durante generaciones por la minería asturiana podría convertirse así en conocimiento aplicable a la construcción de infraestructuras fuera de la Tierra.
Cultivar bajo tierra para aprender a producir alimentos en el espacio
Otro de los proyectos asturianos se desarrolla en el pozo Carrio, en Laviana.
El Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario trabaja allí con cultivos subterráneos en condiciones extremas. El objetivo es estudiar cómo responden las plantas cuando crecen con iluminación artificial, temperatura controlada y sin las condiciones habituales de una explotación agrícola al aire libre.
La investigación tiene una aplicación evidente en la exploración espacial. Una base permanente en la Luna o una futura misión de larga duración a Marte necesitarían producir parte de sus alimentos y regenerar oxígeno y agua.
Transportar desde la Tierra todo lo necesario resultaría extraordinariamente caro. Por eso, la capacidad de cultivar en instalaciones cerradas será uno de los elementos esenciales para sostener a seres humanos lejos de nuestro planeta.
Los ensayos bajo el suelo asturiano permiten estudiar, a pequeña escala, algunos de esos problemas antes de trasladarlos a un entorno espacial.
Extraer recursos sin llevarlo todo desde la Tierra
Una parte central del congreso está dedicada al aprovechamiento de recursos existentes en la Luna, Marte o los asteroides.
En la industria espacial se conoce como utilización de recursos in situ. La idea consiste en obtener agua, oxígeno, metales, materiales de construcción o combustible utilizando aquello que ya se encuentra en el destino.
El planteamiento resulta muy similar al de cualquier actividad minera: localizar el recurso, conocer su composición, extraerlo, procesarlo y convertirlo en un material útil.
La diferencia es que en la Luna no hay carreteras, talleres, redes eléctricas ni posibilidad de enviar rápidamente una pieza de repuesto. Cada máquina debe resistir el polvo, el vacío, la radiación y enormes variaciones de temperatura.
Durante la jornada inaugural se abordarán cuestiones como la evaluación de recursos lunares, el uso de plantas en suelos similares a los de Marte y la capacidad de microorganismos extremos para movilizar metales en materiales que imitan el terreno lunar.
Son líneas de investigación que conectan directamente con la geología, la minería, la biotecnología y los materiales avanzados.
Cerámica lunar fabricada con energía solar
El programa incluye además un proyecto para fabricar materiales cerámicos a partir del regolito lunar, la capa de polvo y fragmentos de roca que cubre la superficie de la Luna.
La propuesta consiste en utilizar energía solar concentrada para transformar ese material en componentes aprovechables para construir infraestructuras.
El interés es evidente: levantar muros, pistas, plataformas o protecciones utilizando material lunar evitaría transportar desde la Tierra toneladas de cemento, ladrillos o piezas prefabricadas.
Asturias cuenta con conocimiento en siderurgia, cerámica, metalurgia y fabricación avanzada que podría trasladarse a este tipo de aplicaciones.
La clave estará en comprobar si empresas y centros tecnológicos de la comunidad pueden participar en proyectos de investigación, fabricar prototipos o convertirse en proveedores de componentes.
Electrónica, antenas y pequeños satélites
La Universidad de Oviedo presentará sus trabajos relacionados con electrónica de potencia para aplicaciones espaciales.
Estos sistemas permiten gestionar y transformar la energía que utilizan satélites, sondas y otros vehículos. Deben funcionar durante años, resistir la radiación y soportar variaciones térmicas extremas sin posibilidad de mantenimiento.
También se expondrán nuevos conceptos de antenas para misiones espaciales y sistemas de comunicación destinados a mantener cobertura alrededor de la Luna.
La comunicación será uno de los grandes desafíos de las futuras misiones. Las bases, vehículos, astronautas y robots necesitarán intercambiar datos incluso en zonas donde la Tierra no sea visible directamente.
Asturias ya ha movilizado una inversión de 1,8 millones de euros mediante compra pública precomercial para desarrollar bancos de pruebas de nanosatélites y pequeños motores de cohete.
Ese proyecto supone una de las oportunidades industriales más concretas vinculadas al congreso. Los bancos de pruebas permiten verificar que los componentes funcionan antes de enviarlos al espacio, un mercado que puede atraer empresas especializadas en electrónica, fabricación, sensores, software y materiales.
Medicina para mantener cuerpo y mente en órbita
La exploración espacial no depende únicamente de cohetes y robots. También exige resolver cómo afecta el espacio al cuerpo humano.
La microgravedad provoca pérdida de masa muscular y ósea, alteraciones cardiovasculares y cambios en el equilibrio. A ello se suman la radiación, el aislamiento, la distancia con la Tierra y la convivencia durante meses en espacios muy reducidos.
El congreso dedica una sesión completa a la salud espacial. Uno de sus protagonistas es Emmanuel Urquieta, especialista en medicina aeroespacial de la Universidad Central de Florida.
La pregunta no es solo cómo mantener con vida a una tripulación, sino cómo conservar su salud física y mental durante misiones prolongadas.
Asturias cuenta con capacidades en biomedicina, salud digital, seguimiento remoto de pacientes y fabricación de dispositivos médicos que podrían encontrar aplicaciones en este ámbito.
Los sistemas diseñados para astronautas también pueden terminar mejorando la asistencia sanitaria en zonas rurales, barcos, minas o lugares donde el acceso inmediato a un hospital resulta difícil.
Veinticinco años de experiencia en la Estación Espacial Internacional
Francisco Córdova, vinculado a la gestión operativa de la Estación Espacial Internacional, analizará las lecciones aprendidas durante más de 25 años de funcionamiento de la plataforma orbital.
La logística de la estación es uno de los mejores ejemplos de la complejidad de vivir fuera de la Tierra. Cada alimento, pieza, experimento o medicamento debe planificarse con enorme anticipación.
Las futuras bases lunares necesitarán sistemas aún más autónomos. Cuanto mayor sea la distancia, más difícil será responder a una avería o enviar suministros de emergencia.
La experiencia de la Estación Espacial Internacional permite identificar qué tecnologías funcionan, qué errores se repiten y qué tipo de industria será necesaria para sostener instalaciones permanentes fuera de nuestro planeta.
Cómo defender la Tierra de un asteroide
La defensa planetaria ocupa otro de los grandes bloques del programa.
El congreso analizará el seguimiento de asteroides próximos a la Tierra y las técnicas utilizadas para conocer su tamaño, composición, trayectoria y estructura.
Una de las protagonistas será Daniela DellaGiustina, investigadora de la Universidad de Arizona y responsable científica de una misión de la NASA destinada a estudiar el asteroide Apophis.
Apophis pasará cerca de la Tierra en 2029. No representa una amenaza de impacto en ese acercamiento, pero ofrecerá una oportunidad excepcional para estudiar cómo responde un asteroide a la gravedad de nuestro planeta.
Comprender estos cuerpos resulta esencial para detectar riesgos con antelación y diseñar estrategias capaces de modificar su trayectoria en caso necesario.
Desde Asturias se presentará además el proyecto R2, una iniciativa liderada por la Universidad de Oviedo y desarrollada con participación empresarial para estudiar asteroides metálicos cercanos a la Tierra.
El proyecto utiliza telescopios robóticos y técnicas de análisis de datos para determinar la rotación, densidad y características físicas de estos objetos.
Su doble enfoque resume perfectamente la nueva economía espacial: los asteroides pueden constituir una amenaza, pero también contienen materiales potencialmente valiosos.
Inteligencia artificial para observar el cielo
La inteligencia artificial también ocupa un espacio propio en el congreso.
Los investigadores mostrarán aplicaciones para analizar datos astronómicos, detectar rastros de satélites en imágenes y estudiar la composición mineral de la superficie lunar.
Los telescopios y sondas generan volúmenes de información imposibles de revisar manualmente. Los sistemas automáticos permiten localizar patrones, clasificar objetos y detectar cambios con mayor rapidez.
Asturias cuenta con empresas y grupos universitarios especializados en análisis de datos, aprendizaje automático, sensores y digitalización industrial.
Estas capacidades pueden aplicarse tanto a la observación astronómica como al control de satélites, la navegación autónoma de robots o la detección de fallos en equipos espaciales.
Robots capaces de trabajar sin ayuda humana
Las futuras misiones necesitarán robots capaces de tomar decisiones sin esperar instrucciones desde la Tierra.
En Marte, una señal puede tardar varios minutos en llegar. Incluso en la Luna, la comunicación puede interrumpirse o sufrir retrasos. Un robot que dependa constantemente de una orden humana será lento y vulnerable.
El congreso presentará proyectos relacionados con navegación autónoma, integración de sensores, inteligencia artificial y gestión adaptativa de sistemas de propulsión.
Las tecnologías desarrolladas para robots mineros, inspección industrial, mantenimiento de instalaciones y trabajo en lugares peligrosos tienen una conexión directa con este campo.
Una máquina capaz de desplazarse por una galería, detectar obstáculos y examinar una estructura sin poner en riesgo a una persona se enfrenta a desafíos similares a los de un vehículo que explora una cueva lunar.
Las oportunidades concretas para Asturias
El gran reto del congreso será transformar las ponencias en proyectos reales.
Asturias dispone de varios sectores con posibilidades de incorporarse a la cadena de valor espacial:
La minería puede aportar conocimientos sobre perforación, geología, seguridad y trabajo subterráneo.
La siderurgia y la metalurgia pueden desarrollar aleaciones, recubrimientos y materiales resistentes.
Los centros tecnológicos pueden ensayar componentes para satélites, motores y sistemas electrónicos.
Las empresas de robótica pueden adaptar soluciones industriales a vehículos de exploración.
El sector energético puede trabajar en almacenamiento, electrónica de potencia y generación en condiciones extremas.
La biomedicina puede desarrollar herramientas para vigilar la salud a distancia.
La agroalimentación puede investigar cultivos cerrados y producción de alimentos con pocos recursos.
Las empresas digitales pueden participar en inteligencia artificial, navegación, comunicaciones y análisis de datos.
Pero para que esas oportunidades se conviertan en actividad económica serán necesarios contratos, financiación, certificaciones y colaboración con grandes compañías del sector.
La industria espacial exige controles de calidad extremadamente rigurosos. No basta con fabricar una pieza que funcione: debe demostrar que resistirá vibraciones, radiación, vacío y temperaturas extremas.
Lo que conviene preguntar al terminar el congreso
El balance del encuentro no debería medirse únicamente por el número de ponentes o la relevancia de las instituciones representadas.
Las preguntas esenciales son otras.
¿Cuántas empresas asturianas han participado?
¿Qué proyectos concretos se han presentado a posibles socios?
¿Se firmará algún acuerdo de colaboración?
¿Qué financiación existe para adaptar tecnologías industriales al sector espacial?
¿Cuántos contratos pueden obtener los centros tecnológicos o las firmas locales?
¿Qué perfiles profesionales serán necesarios?
¿Podrán participar pequeñas empresas o el mercado quedará reservado a grandes grupos?
¿Habrá nuevos programas universitarios o de formación profesional?
¿Se utilizarán realmente los pozos mineros como instalaciones de ensayo?
Las respuestas permitirán saber si el congreso constituye el inicio de una estrategia industrial o solamente una importante reunión científica.
Del subsuelo asturiano al espacio
The Many Pathways to Space comenzó esta mañana con una conferencia sobre las nuevas oportunidades económicas en la Luna y continuará hasta el viernes con sesiones dedicadas a recursos espaciales, salud, defensa planetaria, electrónica, inteligencia artificial, comunicaciones y robótica.
Asturias no dispone de una base de lanzamiento ni de una gran compañía fabricante de cohetes. Su oportunidad puede encontrarse en otro lugar: resolver algunos de los problemas que las misiones espaciales necesitan solucionar antes de despegar.
La experiencia minera enseña a trabajar bajo tierra. La siderurgia permite fabricar materiales resistentes. La ingeniería controla energía y maquinaria. La medicina atiende a personas aisladas. La agricultura aprende a producir en condiciones difíciles.
La nueva carrera espacial no se libra únicamente en las plataformas de lanzamiento. También se decide en laboratorios, talleres, hospitales, universidades, centros tecnológicos y antiguas instalaciones industriales.
Y en ese recorrido, del pozo minero a la superficie lunar, Asturias quiere demostrar que tiene mucho más que aportar que una buena vista del cielo.
