Asturias lleva la revolución digital a los pueblos: 15.000 cursos para que nadie se quede atrás por vivir lejos de una ciudad

Asturias lleva la revolución digital a los pueblos: 15.000 cursos para que nadie se quede atrás por vivir lejos de una ciudad

El programa Ruta Digital supera todas las previsiones y convierte al medio rural asturiano en un laboratorio de formación tecnológica, con especial éxito en concejos pequeños como Yernes y Tameza, Peñamellera Alta, Sariego, Villanueva de Oscos o Tapia de Casariego

La brecha digital no siempre se nota hasta que aprieta. Aparece cuando una persona mayor no sabe pedir una cita médica por internet. Cuando un vecino de un concejo pequeño no entiende cómo descargarse un certificado. Cuando una autónoma rural no sabe usar una herramienta digital que podría ahorrarle horas de trabajo. Cuando la Administración dice “hágalo usted online” y, al otro lado de la pantalla, alguien se queda mirando el móvil como si fuera una caja fuerte sin combinación.

Asturias ha intentado abrir esa caja fuerte en los pueblos.

El Gobierno del Principado ha cerrado el programa Ruta Digital con 15.001 cursos realizados, muy por encima de las previsiones iniciales, que fijaban el objetivo en 11.654 certificaciones. La iniciativa, dirigida a concejos rurales de menos de 20.000 habitantes, ha permitido acercar la formación tecnológica a personas que muchas veces no tenían cerca ni una academia, ni un aula especializada, ni una oportunidad sencilla de ponerse al día.

El dato tiene más fuerza de la que parece: Asturias fue la primera comunidad autónoma en superar el objetivo de 11.000 formaciones del programa de capacitación tecnológica. Lo logró ya en mayo, antes de la clausura oficial, y terminó el recorrido con una cifra redonda y simbólica: más de 15.000 cursos completados.

Aprender tecnología sin tener que marcharse del pueblo

Ruta Digital nació con una idea sencilla: si la formación digital no llega al territorio, el territorio se queda atrás. Y en Asturias, donde la dispersión, el envejecimiento y las distancias pesan mucho más de lo que indican los mapas, esa idea no era un eslogan: era una necesidad.

El programa, financiado por la Consejería de Presidencia, Reto Demográfico, Igualdad y Turismo con casi 2,5 millones de euros procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, fue ejecutado por la Cámara de Comercio de Oviedo en colaboración con el Principado.

El resultado final deja cifras contundentes: 4.381 participantes, 3.115 personas certificadas y 15.001 cursos realizados. La diferencia entre participantes y cursos tiene explicación: muchas personas no se conformaron con una sola formación. Repitieron. Encadenaron módulos. Se animaron con nuevas materias. Y ahí está, precisamente, una de las mejores noticias del programa: cuando la formación se acerca y se explica bien, la gente responde.

No era solo enseñar a “usar internet”. Era ayudar a manejar herramientas digitales útiles para la vida diaria, para el trabajo, para la relación con las administraciones y, cada vez más, para entender tecnologías que ya están transformando el presente, como la inteligencia artificial.

La IA también llegó a los concejos pequeños

Uno de los aspectos más interesantes de Ruta Digital es que no se limitó a competencias básicas. El programa también puso al alcance de los pueblos contenidos relacionados con la inteligencia artificial, una tecnología que muchas veces se presenta como algo lejano, urbano, empresarial o reservado a perfiles muy especializados.

El mensaje del Principado fue otro: la IA no puede ser una conversación solo de despachos, universidades o grandes empresas. También debe poder entenderla y utilizarla una persona que vive en un pueblo, una pequeña empresaria rural, un joven que busca oportunidades sin marcharse, un autónomo que necesita mejorar su productividad o una vecina que simplemente quiere saber qué es eso de lo que habla todo el mundo.

La vicepresidenta del Gobierno de Asturias, Gimena Llamedo, lo resumió en la clausura del programa: “Queremos que cualquier asturiano o asturiana, viva donde viva, tenga la oportunidad de aprender a utilizar estas herramientas y aprovechar todo su potencial”.

La frase puede sonar institucional. Pero, traducida a la vida real, significa algo muy concreto: que vivir en un concejo pequeño no debería condenar a nadie a llegar tarde a la tecnología.

Yernes y Tameza: cuando un concejo pequeño demuestra que hay hambre de futuro

Uno de los ejemplos más llamativos ha sido Yernes y Tameza, uno de los concejos menos poblados de Asturias. Allí, la respuesta vecinal fue tan alta que incluso se solicitó ampliar la formación prevista inicialmente.

Ese dato rompe muchos tópicos. El medio rural no es un territorio resignado, ni ajeno a la tecnología, ni condenado a mirar el futuro desde lejos. Lo que ocurre, muchas veces, es que las oportunidades no llegan con la misma facilidad. Cuando llegan, se llenan.

Yernes y Tameza se ha convertido así en una pequeña prueba de algo enorme: la gente quiere aprender si la formación se adapta al territorio, a sus horarios, a su realidad y a sus necesidades. No hace falta convertir cada pueblo en Silicon Valley —bastantes cuestas tienen ya algunos como para añadirles patinetes eléctricos y gurús con sudadera—, pero sí hace falta que nadie quede fuera de las herramientas básicas del mundo actual.

Los concejos que más se implicaron

El acto de clausura sirvió también para reconocer al alumnado y a los municipios que mejores resultados obtuvieron. Veinte participantes fueron destacados por haber alcanzado un total de 100 certificaciones, una señal clara de continuidad y compromiso.

Por número total de cursos completados, sobresalieron Cangas del Narcea, Valdés, Llanes, Laviana y Piloña. Son concejos con peso territorial y poblacional, donde el programa logró un volumen importante de participación.

Pero hay otro ranking aún más revelador: el de los cursos completados en relación con la población. Ahí destacaron Peñamellera Alta, Sariego, Villanueva de Oscos y Tapia de Casariego. Este dato importa porque muestra el impacto real en concejos pequeños, donde unas decenas de personas formadas pueden cambiar mucho más de lo que parece la vida cotidiana de una comunidad.

En un pueblo, que varias personas aprendan a manejar trámites digitales, herramientas de comunicación, aplicaciones útiles o nociones de IA no solo beneficia a quienes hacen el curso. Muchas veces, ese conocimiento se comparte después en casa, con vecinos, con familiares mayores o con pequeños negocios.

La formación digital en el medio rural tiene un efecto multiplicador. Una persona aprende; cinco acaban aprovechándolo.

La tecnología también es igualdad

La vicepresidenta Gimena Llamedo defendió que Ruta Digital demuestra que “cuando las políticas públicas se acercan al territorio y responden a necesidades reales, los resultados llegan”. Y, en este caso, los números le dan la razón.

El programa no solo habla de tecnología. Habla de igualdad de oportunidades. Porque hoy saber manejar herramientas digitales ya no es una habilidad extra: es casi una condición para moverse por el mundo. Para pedir una ayuda. Para consultar una cita. Para acceder a un trámite. Para buscar empleo. Para vender un producto. Para hablar con un banco. Para estudiar. Para no depender siempre de alguien.

La digitalización puede ser una puerta o puede ser un muro. Todo depende de si la ciudadanía tiene las llaves.

Ruta Digital ha intentado repartir esas llaves en los lugares donde más falta hacían: en concejos rurales, en pueblos pequeños, en territorios donde la brecha digital no es una teoría, sino una dificultad diaria.

Fondos europeos convertidos en algo que se puede tocar

Una de las críticas habituales a los fondos europeos es que muchas veces parecen enormes cifras flotando en documentos que nadie lee. En este caso, el Principado presume de haber convertido casi 2,5 millones de euros en cursos, aulas, certificaciones y personas formadas.

La diferencia es importante. La política pública funciona cuando deja de ser una partida presupuestaria y empieza a notarse en la vida diaria de la gente. En este caso, el resultado se puede medir: más de 15.000 cursos, más de 4.300 participantes, más de 3.100 personas certificadas y una red de concejos rurales que han tenido acceso a formación tecnológica sin tener que desplazarse a grandes núcleos urbanos.

La transformación digital no puede consistir solo en poner más trámites en internet. Si se digitaliza la Administración pero no se forma a la ciudadanía, el resultado no es modernización: es exclusión con buena conexión.

Ruta Digital apunta justo en la dirección contraria: primero formar, luego exigir.

El reto ahora: que no sea una flor de un día

El éxito del programa abre una pregunta evidente: ¿y ahora qué?

Porque si algo demuestra Ruta Digital es que existe demanda. La ciudadanía rural quiere aprender. Los concejos pequeños responden. Las personas mayores, los autónomos, los jóvenes y los vecinos de pueblos alejados no rechazan la tecnología; rechazan que se les deje solos frente a ella.

Por eso el desafío no debería terminar con la clausura. Asturias necesita consolidar una formación digital permanente, cercana, útil y adaptada a la realidad del territorio. La brecha digital no se cierra con una campaña puntual. Se reduce con continuidad, acompañamiento y presencia.

La inteligencia artificial, la administración electrónica, la ciberseguridad, el comercio online, la banca digital, los certificados electrónicos o las herramientas básicas de productividad seguirán cambiando. Y cada cambio puede volver a abrir distancia entre quienes saben y quienes no.

La buena noticia es que Asturias ha comprobado que el modelo funciona. La mala sería dejarlo ahí.

Una Asturias rural más preparada para el futuro

Ruta Digital deja una fotografía distinta del medio rural asturiano. No la de un territorio que espera pasivamente soluciones, sino la de concejos que se apuntan, participan, aprenden y piden más formación cuando la oportunidad merece la pena.

En una comunidad que lleva años hablando de despoblación, envejecimiento y reto demográfico, la capacitación digital puede parecer un asunto menor. No lo es. La posibilidad de vivir en un pueblo también depende de poder trabajar, emprender, estudiar, relacionarse con la Administración, acceder a servicios y no sentirse desconectado del mundo.

La digitalización no va a llenar por sí sola los pueblos, claro. Ojalá fuera tan fácil: curso de IA por la mañana, repoblación por la tarde y fabada de celebración al anochecer. Pero sí puede ayudar a que vivir lejos de una ciudad no signifique vivir lejos de las oportunidades.

Ese es el verdadero valor de Ruta Digital.

Asturias ha superado las previsiones, ha sido la primera comunidad en alcanzar el objetivo estatal y ha demostrado que la tecnología puede llegar también a los pueblos pequeños si se baja del pedestal y se explica con cercanía.

En un tiempo en el que casi todo se hace a través de una pantalla, 15.001 cursos no son solo una cifra. Son 15.001 pequeñas puertas abiertas.

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