El crimen de Llanes destapa una cadena de alertas: el asesino había sido condenado, expulsado de la Guardia Civil y tenía prohibido portar armas

El crimen de Llanes destapa una cadena de alertas: el asesino había sido condenado, expulsado de la Guardia Civil y tenía prohibido portar armas

Laura Cruz Vega, agente de 50 años, fue asesinada por su exmarido dentro del cuartel en el que trabajaba. Dámaso, también guardia civil hasta su reciente separación del servicio, había protagonizado anteriores episodios violentos y llegó a viajar armado hasta Llanes años atrás

La investigación sobre el asesinato de la guardia civil Laura Cruz Vega en el cuartel de Llanes comienza a dibujar un escenario mucho más grave y complejo del conocido en las primeras horas. El hombre que acabó con su vida, su exmarido Dámaso, había sido condenado mediante sentencia firme por violencia de género, tenía prohibido disponer de armas y acababa de recibir la resolución que lo apartaba definitivamente del Instituto Armado.

Pese a todos esos antecedentes, logró entrar en las dependencias del cuartel, conseguir un arma y llegar hasta la zona residencial en la que se encontraba Laura. Allí disparó contra ella antes de intentar escapar abriendo fuego contra los agentes que acudieron al escuchar las detonaciones.

El crimen no aparece ya como un episodio inesperado, sino como el desenlace de una historia prolongada de amenazas, agresiones, denuncias y medidas de protección que, con el paso del tiempo, habían ido quedando desactivadas.

La víctima tenía 50 años y tres hijos

Laura Cruz Vega, de 50 años y natural de Madrid, llevaba años destinada en Llanes y era una profesional muy apreciada por sus compañeros. Quienes trabajaron con ella la describen como una mujer entregada a su familia, cercana y siempre dispuesta a ayudar.

Tenía tres hijos con el asesino: un joven de 18 años y dos gemelas de 14. Los tres han quedado huérfanos como consecuencia del crimen y de la muerte posterior de su padre durante el enfrentamiento con otros agentes. 

Laura estaba incorporada al sistema VioGén por las denuncias presentadas contra su expareja y había recurrido anteriormente a los servicios de atención a las víctimas de violencia machista. Durante un periodo llevó un dispositivo electrónico de protección, aunque esa medida ya no se encontraba activa.

También había existido una orden de alejamiento contra el agresor, pero su vigencia había terminado el pasado mes de diciembre. La prohibición de disponer de armas, en cambio, sí continuaba activa. 

Una condena firme y la expulsión del cuerpo

Dámaso, de 49 años, había sido condenado mediante sentencia firme por un delito de violencia de género cometido contra Laura. Como consecuencia de sus antecedentes y de los expedientes disciplinarios abiertos, había recibido pocos días antes del asesinato la resolución de separación del servicio.

Su último destino había sido la Comandancia de la Guardia Civil de Zamora, adonde fue trasladado después de haber trabajado anteriormente en Llanes. Tras su expulsión ya no disponía de arma reglamentaria.

La investigación se centra ahora en determinar con absoluta precisión cómo obtuvo la pistola utilizada en el crimen. Las primeras pesquisas apuntan a que habría forzado la taquilla de otro guardia civil dentro del propio cuartel y sustraído su arma. 

Este punto será uno de los aspectos centrales de la investigación interna: cómo una persona condenada por violencia de género, expulsada del cuerpo y sometida a una prohibición de armas pudo entrar en unas dependencias oficiales, acceder a una pistola y desplazarse hasta la vivienda de su expareja.

Entró por una zona que conocía

El asesino no habría utilizado la entrada principal del cuartel. Su anterior destino en Llanes le permitía conocer la distribución de las instalaciones, sus accesos y la ubicación de las viviendas y dependencias interiores.

Poco antes de las 13:30 horas del miércoles 5 de agosto, llegó hasta la zona en la que se encontraba Laura y disparó contra ella. Al escuchar las detonaciones, varios agentes acudieron en su ayuda.

Dámaso trató entonces de escapar y abrió fuego contra sus antiguos compañeros. Un teniente que intentó auxiliar a la víctima y perseguir al agresor recibió un disparo en una pierna. Fue trasladado al hospital en estado grave, aunque estabilizado y fuera de peligro. 

Los guardias civiles respondieron a los disparos para detener la agresión. El atacante resultó gravemente herido y murió mientras era atendido y evacuado en una UVI móvil.

Una violencia que venía de lejos

Los nuevos testimonios conocidos después del crimen revelan que Laura había sufrido diferentes episodios violentos durante los últimos años.

Compañeros y personas próximas aseguran que, en una ocasión reciente, Dámaso la esperó a la salida del cuartel y la agredió. También se investiga otro episodio ocurrido aproximadamente dos años antes, cuando habría golpeado a la víctima en la cara y le habría causado lesiones que necesitaron atención médica.

Uno de los antecedentes más inquietantes se remontaría a unos seis años atrás. El agresor se habría desplazado entonces hasta Llanes y Laura avisó a sus compañeros ante el temor de que pudiera atacarla. Los agentes localizaron posteriormente una pistola dentro del maletero de su vehículo. 

Estos episodios, unidos a la condena, las denuncias, la orden de alejamiento y la inclusión en VioGén, muestran que el riesgo había sido identificado durante años.

Las preguntas que deja abiertas el asesinato

La muerte de Laura obliga ahora a revisar toda la cadena de protección y seguridad que rodeó el caso.

La investigación deberá aclarar cómo accedió Dámaso al interior del cuartel, si forzó una taquilla o aprovechó alguna vulnerabilidad de las instalaciones, cuánto tiempo permaneció dentro y si su llegada pudo ser detectada antes de que alcanzara a la víctima.

También tendrá que reconstruirse la evolución del expediente de violencia de género: qué valoración de riesgo tenía Laura, por qué habían finalizado determinadas medidas de protección, qué controles se mantenían sobre el agresor y si existía información reciente que justificara elevar el nivel de vigilancia.

La prohibición de armas seguía vigente, pero no evitó que el asesino consiguiera una pistola dentro de unas instalaciones policiales. Esa circunstancia convierte el crimen no solo en una tragedia familiar y machista, sino también en un grave desafío para los protocolos internos del propio Instituto Armado.

Llanes se concentra contra el crimen

La Delegación del Gobierno en Asturias, el Gobierno del Principado y el Ayuntamiento de Llanes han condenado conjuntamente el asesinato y han puesto a disposición de la familia recursos psicológicos, jurídicos, sanitarios y asistenciales.

Las tres administraciones han convocado para este jueves 6 de agosto, a las 18:30 horas, una concentración de condena y repulsa delante del Ayuntamiento de Llanes.

El municipio continúa conmocionado. El crimen se produjo en pleno centro de unas dependencias oficiales, en el lugar en el que Laura trabajaba y debía sentirse protegida, y ante compañeros que nada pudieron hacer para evitar los primeros disparos.

Mientras avanzan las diligencias judiciales y policiales, el asesinato deja una certeza estremecedora: había condenas, denuncias, antecedentes, una prohibición de armas y un historial de agresiones. Sin embargo, ninguna de esas barreras consiguió impedir que Dámaso volviera a acercarse a Laura y acabara asesinándola.

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