Dos domingos negros en el campo asturiano: muere un hombre de 57 años en Las Regueras tras volcar con una empacadora y caer a un cauce

Dos domingos negros en el campo asturiano: muere un hombre de 57 años en Las Regueras tras volcar con una empacadora y caer a un cauce

El accidente se produjo este domingo 14 de junio en La Estaca, apenas dos semanas después de la tragedia de Colunga, donde otro trabajador falleció al precipitarse con una segadora al río Llovones

Asturias vuelve a mirar al campo con un nudo en la garganta. Un hombre de 57 años falleció este domingo 14 de junio en Las Regueras después de que la máquina empacadora con la que trabajaba volcase y acabara precipitándose a un pequeño cauce en la localidad de La Estaca. El conductor, único ocupante de la máquina, quedó atrapado bajo el vehículo agrícola y los equipos de emergencia solo pudieron confirmar su muerte.

El aviso llegó a las 21.25 horas a la Central Operativa de Servicios de la Guardia Civil de Asturias. La llamada alertaba del vuelco de una empacadora en una zona rural de La Estaca, en el concejo de Las Regueras, y de la caída de la máquina a un riachuelo próximo al lugar donde el hombre realizaba labores agrícolas.

Hasta el punto del siniestro se desplazaron agentes de Seguridad Ciudadana del puesto de la Guardia Civil de Llanera, efectivos de Bomberos de La Morgal y el grupo de rescate del 112 Asturias. A su llegada, los servicios movilizados confirmaron que el conductor había fallecido. Para recuperar el cuerpo, que había quedado atrapado bajo la maquinaria, fue necesaria la intervención del GREIM de la Guardia Civil.

Una tragedia repetida con inquietante precisión

El accidente de Las Regueras golpea con especial dureza porque llega apenas dos domingos después de otra muerte casi calcada en el campo asturiano. El pasado 31 de mayo, un hombre de 47 años falleció en Colunga tras precipitarse con una segadora al río Llovones, en el barrio de El Chisquillo. En aquel caso, el aviso al Centro de Coordinación de Emergencias se recibió a las 13.39 horas y también se activó un amplio dispositivo de rescate con Bomberos del SEPA, Guardia Civil, SAMU y helicóptero medicalizado.

La coincidencia es estremecedora: dos hombres, dos máquinas agrícolas, dos vuelcos, dos cauces de agua y dos desenlaces mortales en apenas catorce días. No se trata de un accidente aislado dentro de una estadística fría, sino de una advertencia brutal sobre los riesgos que siguen acompañando al trabajo diario en las explotaciones agrarias asturianas.

La maquinaria agrícola, el gran riesgo invisible

La muerte del vecino de Las Regueras se produce justo cuando acaba de conocerse un informe demoledor sobre la siniestralidad agraria en España. El estudio “Siniestralidad agrícola e incendios en cosechadoras y empacadoras”, elaborado por Fundación Mapfre, la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Zaragoza, cifra en 1.620 las muertes registradas en el sector agrario español entre 2010 y 2023. La media impresiona: 116 fallecidos al año, prácticamente una muerte cada tres días.

El dato más inquietante es que la maquinaria agrícola aparece implicada en casi nueve de cada diez siniestros mortales. En concreto, el 86,9% de los fallecimientos analizados tuvo relación con algún tipo de máquina, lo que equivale a 1.407 víctimas mortales en catorce años.

Los tractores concentran la mayor parte de esa tragedia, con 1.141 fallecidos, pero el problema no se limita a ellos. Segadoras, empacadoras, cosechadoras y otros equipos de trabajo arrastran riesgos graves cuando se combinan varios factores: terrenos con pendiente, prados húmedos o irregulares, márgenes de ríos, desniveles, falta de visibilidad, maniobras en zonas estrechas o máquinas antiguas con sistemas de protección insuficientes.

Asturias, entre los territorios más golpeados

Asturias no es una nota al pie en esta radiografía nacional. Entre 2010 y 2023, la comunidad registró 58 fallecidos en siniestros con maquinaria agrícola implicada, el 4,1% del total nacional. La cifra sitúa al Principado entre los territorios de la cornisa noroccidental con mayor peso en este tipo de mortalidad, junto a provincias gallegas como A Coruña, Lugo o Pontevedra.

El dato encaja con una realidad muy asturiana: pequeñas explotaciones, orografía complicada, parcelas inclinadas, prados próximos a cauces, maquinaria que en muchos casos se usa de forma intensiva durante campañas concretas y una población agraria envejecida. El campo asturiano no es una llanura amable. Es hermoso, sí, pero también exigente, húmedo, quebrado y a veces traicionero.

El vuelco, la causa que más mata

El informe sitúa el vuelco como el tipo de accidente mortal más frecuente cuando hay maquinaria implicada. Representa el 57% de los siniestros mortales con máquinas agrícolas. En el caso de los tractores, el dato se dispara: el 94,1% de los vuelcos mortales analizados estuvieron vinculados a este tipo de vehículo.

Tras los vuelcos aparecen otros accidentes graves: siniestros de circulación, atropellos y autoatropellos, aplastamientos sin vuelco y atrapamientos por elementos móviles. En muchos casos, el accidente se produce en soledad o en zonas de difícil acceso, lo que complica la rapidez del auxilio. Cuando una máquina pesada cae sobre una persona, cada minuto pesa como una losa.

En el accidente de Las Regueras, como en el de Colunga, la caída al cauce añadió una dificultad extra: no solo se trataba de llegar al punto del siniestro, sino de intervenir en una zona comprometida, con maquinaria volcada y una víctima atrapada.

Primavera, campaña agrícola y riesgo acumulado

El momento del año tampoco es menor. La primavera y el inicio del verano concentran una intensa actividad agraria: siega, recogida, empacado, movimientos de maquinaria y jornadas largas, a menudo condicionadas por la meteorología. Mayo aparece en los estudios como uno de los meses especialmente sensibles en siniestralidad agrícola, y junio mantiene esa presión de trabajo en el campo.

En Asturias, donde la ventana de buen tiempo puede ser estrecha y caprichosa, muchos trabajos se concentran en pocos días. Cuando sale el sol, se corre. Cuando el prado está listo, se entra. Y cuando la faena aprieta, el margen de error se reduce peligrosamente.

La prevención no puede quedarse en un cartel

Los expertos llevan años insistiendo en medidas que salvan vidas: estructuras de protección en caso de vuelco, cinturón de seguridad homologado, mantenimiento correcto de la maquinaria, formación específica, revisión del terreno antes de trabajar, evitar maniobras cerca de taludes o cauces, extremar la precaución en pendientes y no trabajar en solitario cuando las condiciones sean especialmente comprometidas.

Pero la prevención en el campo no puede ser solo una recomendación genérica de manual. En territorios como Asturias, debe adaptarse a la realidad del terreno: fincas pequeñas, accesos estrechos, prados inclinados, maquinaria compartida o envejecida y trabajadores que muchas veces conocen la tierra de toda la vida, pero que se enfrentan a máquinas capaces de no perdonar ni un fallo.

El INSST recuerda que las estructuras de protección frente al vuelco, conocidas como ROPS, tienen como objetivo evitar o limitar los riesgos para el conductor si el tractor vuelca. Pero esa protección pierde eficacia si no se acompaña del uso adecuado del cinturón y de hábitos de conducción seguros.

Dos muertes que obligan a mirar de frente

La muerte del hombre de 57 años en Las Regueras no es solo una tragedia familiar ni un suceso rural más. Es el segundo aviso mortal en Asturias en apenas dos semanas. Primero fue Colunga. Ahora, Las Regueras. Dos accidentes separados por catorce días y unidos por una misma realidad: el campo sigue siendo uno de los espacios de trabajo más duros, más solitarios y más peligrosos.

Mientras en otros sectores cada accidente laboral abre debates, inspecciones y protocolos, la siniestralidad agraria muchas veces queda diluida entre la costumbre, el silencio y la resignación. Como si trabajar en el campo llevara incorporado aceptar un riesgo desmedido. No debería ser así.

Asturias acaba de perder a otro hombre en una tarea cotidiana, de esas que se hacen todos los años, muchas veces sin ruido y sin titulares. Pero esta vez sí debe haber titular. Porque detrás de cada máquina volcada hay una familia rota, un pueblo conmocionado y una pregunta incómoda: cuántas muertes más hacen falta para que la seguridad en el campo deje de ser una recomendación y se convierta en una prioridad real.

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