El Arzobispo de Oviedo ordena a tres nuevos sacerdotes asturianos

El Arzobispo de Oviedo ordena a tres nuevos sacerdotes asturianos

En la solemnidad de la Ascensión, y en la Catedral a las 18,00 h., el arzobispo de Oviedo conferirá el orden del presbiterado a tres diáconos que recibieron este ministerio el pasado mes de diciembre.

 

Se trata de Roberto Mata Santa maría, Enrique Álvarez Moro y Marcos Cuervo Martínez. Tres jóvenes que llegan al sacerdocio con procedencias distintas y con visiones también distintas de muchas
de las realidades que nos rodean. El gijonés Álvarez Moro es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Oviedo en la promoción 2004. Natural de la parroquia del Buen Pastor de Gijón,
trabajó en los últimos seis años en Piedras Blancas y Pola de Siero.

 

Roberto Mata tiene estudios de Geografía e Historia, y entró en el Seminario con 35 años, tras una experiencia como voluntario en el Albergue de Transeúntes “Cano Mata” de Oviedo. Colaboró con las religiosas de María Inmaculada y en las parroquias de La Corte y San José de Gijón. Acaba de cumplir 42 años. Por su parte el avilesino Marcos Cuervo entró en el Semi nario en 2003 con 18 años. Trabajó en las parroquias de La Tenderina y San Pedro de Oviedo y en las Hermanitas de los Ancia nos de Oviedo. Hoy acompaña a los jóvenes
de Gijón en su participación en la JMJ desde la parroquia de El Coto.

 

 

La Iglesia diocesana: patio de paso y casa de hogar

Carta semanal del Arzobispo de Oviedo 05.06.2011

           

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.

                El patio de mi casa es particular. Así rezaba el clásico cantar infantil para hablar de ese terruño más de dentro, más de familia, más del espacio que te vio nacer y crecer. Y es que hay siempre una dimensión en la vida de las personas, que permite que nos sintamos y seamos verdaderamente en casa: como un lugar en donde no somos ni extranjeros ni extraños, en donde nos sabemos seguros, en donde la gente que nos quiere nos rodea, en donde saben nuestro nombre, donde han sabido descubrir nuestros talentos y sin escandalizarse de nuestros límites y debilidades. Por eso, volver a ese recinto, a ese hogar, es decir con todo su sentido: qué alegría da volver a casa.

                La comunidad cristiana tiene mucho de todo esto. Tanto es así, que la palabra griega y latina con la que se empezó a denominar a la comunidad de los discípulos de Cristo, fue aquella que luego se impuso a través de su bimilenaria historia: ecclesia, iglesia, que significa “asamblea”. Y más tarde se aplicó incluso el calificativo de “doméstica” para darle ese tono familiar que tuviera el carácter entrañable propio de un hogar. La iglesia doméstica es la casa cristiana, y en ella se debería mirar cualquier realidad eclesial: la parroquia, el convento, la asociación, la diócesis.

                En este domingo celebramos una jornada especial en nuestra iglesia diocesana, que quiere precisamente recordarnos lo que significa el patio de mi casa que es particular. Lugar de paso, lugar de encuentro, lugar de descanso y de sano divertimento. Eso es un patio. Es verdad que también se puede prestar a otro tipo de intercambios menos amables y más peleones dando lugar a la insidia, a la maledicencia, a la maquinación. Pero un verdadero patio de buenos vecinos, es ese lugar en donde con el respeto debido a la libertad e intimidad de cada uno, se pasa y se pasea nuestra vida delante de los demás; y porque no son extraños ni hostiles, ese paso nos propicia el encuentro sincero con lo que cada uno es, lo que espera, lo que ama, lo que teme, compartiendo amistosamente la caridad que nos hace vivir unidos; sólo así el patio de mi casa es tan agradable, que supone un verdadero descanso entrar y pasar por él.

                Nuestra iglesia diocesana, quiere ser un patio cristiano donde se vive la vida así. Y por este motivo, colaboramos unos y otros no solamente en la catequesis con la que formamos la fe de nuestros niños, jóvenes y adultos, ni tampoco únicamente en la expresión de esa fe a través de los sacramentos y la liturgia, sino también con la caridad que se hace gesto de solidaridad amorosa que sale al encuentro de los más necesitados.

                El día de la iglesia diocesana es algo más que una colecta, aunque tenga en la colecta un cauce de expresión de nuestra comunión hermanada. Sabernos miembros de una comunidad cristiana que celebra su fe, que la forma y la testimonia, y que pone nombre a las necesidades comunes que no duda en compartir. Porque además de las obras catequéticas y asistenciales, también las iglesias como tales, las ermitas, los centros parroquiales, son patrimonio de este pueblo de Dios que entre todos los que formamos parte de él debemos saber custodiarlo con gratitud y deseamos mantenerlo en pie.

                Hogar entrañable, patio de vecindad, iglesia diocesana. Ahí el Señor es reconocido al partir el Pan, habiéndonos abierto los ojos, mientras nos dejaba el corazón encendido. Qué bueno es que los hermanos vivan unidos en la casa del Señor.

                Recibid mi afecto y mi bendición. 

@ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

 

 

FOTO:Catedral de San Salvador. Oviedo. SRT


Dejar un comentario

captcha