Pelayo, el héroe que forjó Asturias: «Asturias Mundial» recrea la gesta de Covadonga y el nacimiento de un reino.

Pelayo, el héroe que forjó Asturias: «Asturias Mundial» recrea la gesta de Covadonga y el nacimiento de un reino.

Asturias Mundial estrena el quinto capítulo de «Nuestros pueblos, nuestra historia», una recreación audiovisual del levantamiento encabezado por Pelayo y del episodio que dio origen al Reino de Asturias

En el año 711, el reino visigodo se derrumbó con una rapidez extraordinaria. Las tropas musulmanas cruzaron el Estrecho, derrotaron al ejército del rey Rodrigo en Guadalete y extendieron su dominio por buena parte de la Península. Mérida, Zaragoza y Toledo quedaron bajo el nuevo poder mientras el norte montañoso se convertía en refugio para quienes se negaban a aceptar la nueva autoridad.

En aquellas montañas húmedas, cubiertas de niebla y atravesadas por desfiladeros, comenzó a organizarse una resistencia encabezada por Pelayo. Ese es el punto de partida del quinto capítulo de la serie documental de Asturias Mundial «Nuestros pueblos, nuestra historia», dedicado a la batalla de Covadonga y al nacimiento del primer núcleo político independiente surgido en el norte peninsular tras la conquista islámica.

VÍDEO: LA BATALLA DE COVADONGA

Una Península que parecía definitivamente conquistada

El nuevo documental comienza con la imagen de una Hispania que se desmorona. La derrota de Guadalete abrió el camino a un avance militar que transformó en pocos años el mapa político de la Península.

La resistencia organizada en el territorio asturiano debió de comenzar antes del enfrentamiento de Covadonga. La historiografía sitúa habitualmente la batalla en el año 722, aunque las fuentes disponibles fueron redactadas mucho después y no permiten reconstruir con absoluta certeza todos sus detalles. La Real Academia de la Historia considera esa fecha la referencia más aceptada para el episodio y vincula a Pelayo con los acontecimientos germinales del Reino de Asturias.

La distancia temporal de las crónicas ha alimentado durante siglos el debate sobre el número de combatientes, el desarrollo exacto de la lucha e incluso la magnitud militar del episodio. Pero esa incertidumbre no disminuye su importancia. Covadonga se convirtió en el símbolo de una insumisión que logró mantenerse en un territorio extraordinariamente difícil de conquistar.

La montaña como la mejor fortaleza

Los hombres reunidos alrededor de Pelayo no contaban con grandes murallas, legiones profesionales ni un ejército comparable al enviado contra ellos. Disponían, en cambio, de algo que conocían mucho mejor que sus adversarios: la montaña.

El paisaje de Covadonga ofrecía paredes verticales, caminos estrechos, bosques espesos, barrancos y pasos en los que una columna numerosa encontraba enormes dificultades para desplegarse. Los combatientes locales podían observar desde posiciones elevadas, ocultarse entre la vegetación y desplazarse por rutas apenas visibles para los recién llegados.

El documental recrea ese escenario como una lucha desigual en la que el terreno termina equilibrando las fuerzas. Desde las alturas descienden piedras y flechas mientras los soldados que avanzan por el desfiladero pierden su formación. La superioridad numérica deja de ser decisiva cuando caballos y hombres quedan comprimidos entre la roca, el agua y el bosque.

No se presenta Covadonga como una gran batalla librada en una llanura abierta, sino como un enfrentamiento confuso y fragmentado en un entorno natural que favorecía claramente a quienes lo conocían.

Pelayo, entre el personaje histórico y el símbolo

La figura central del capítulo es Pelayo. Las crónicas lo relacionan con la nobleza visigoda, aunque su trayectoria anterior a la rebelión asturiana sigue rodeada de interrogantes.

Lo que sí permanece unido a su nombre es la creación de un primer núcleo independiente del poder musulmán, establecido inicialmente en torno a Cangas de Onís y protegido por la barrera natural de los Picos de Europa. Con Pelayo comienza también la serie tradicional de los reyes de Asturias.

En la recreación de Asturias Mundial, Pelayo no aparece como un monarca de palacio ni como un caballero de épocas posteriores. Es representado como un jefe de montaña: vestido con prendas de lana, cubierto por una capa granate y rodeado por una fuerza irregular formada por guerreros, cazadores y habitantes de la zona.

El personaje observa, escucha a quienes conocen los caminos y comprende que la única posibilidad de resistir pasa por aprovechar la geografía. Su liderazgo no se construye desde un trono, sino desde el barro, la niebla y las paredes del desfiladero.

«No tenían fortalezas. No tenían legiones»

Uno de los momentos centrales del documental resume la naturaleza de aquella resistencia:

«No tenían fortalezas. No tenían legiones. Tenían la montaña, su orgullo y su valor».

La frase contiene la idea visual que recorre todo el capítulo. Frente a la imagen de un ejército organizado y superior, aparecen pequeños grupos ocultos detrás de las rocas, arqueros preparados en las alturas y hombres capaces de moverse por senderos que el enemigo desconoce.

La batalla es presentada como el instante en el que la montaña deja de ser únicamente un paisaje y se convierte en un elemento activo de la resistencia.

El nacimiento del Reino de Asturias

La victoria atribuida a Pelayo ha sido considerada tradicionalmente el primer éxito de la resistencia cristiana frente al poder omeya establecido en la Península. A partir de aquel núcleo político se desarrolló el Reino de Asturias, cuya primera etapa tuvo su centro en Cangas de Onís.

Después de Pelayo llegaron Favila, Alfonso I y los demás monarcas asturianos que ampliaron y consolidaron el reino. La alianza entre los territorios astures y cántabros desempeñaría un papel importante en la formación del denominado Asturorum regnum.

Siglos más tarde, la tradición historiográfica convirtió Covadonga en el comienzo de la Reconquista, un proceso largo y muy complejo que no puede entenderse como una guerra continua e ininterrumpida, pero que acabaría desembocando en la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492.

El capítulo recorre visualmente esa evolución: desde un reducido grupo refugiado en las montañas hasta la aparición de un reino que se convertiría en referencia política para otras formaciones cristianas de la Península.

La cueva, la Santina y la memoria espiritual

Covadonga no es únicamente un escenario histórico. Es también uno de los grandes centros espirituales y sentimentales de Asturias.

La tradición atribuyó la protección de los combatientes a la Virgen de Covadonga. Esa creencia habría favorecido el nacimiento de una veneración mariana vinculada al combate y a la resistencia, aunque el desarrollo concreto del culto durante los primeros siglos medievales es difícil de documentar con precisión. Turismo Asturias señala que la tradición sobre la intervención de la Virgen pudo desembocar en una primera devoción a la llamada «Virgen de las Batallas».

En el documental, esa dimensión religiosa aparece de manera contenida: una pequeña imagen, unas velas en el interior de la roca y un grupo de hombres que encuentra refugio físico y espiritual alrededor de la cueva.

Con el paso de los siglos, la Santa Cueva se transformó en un gran lugar de culto y peregrinación. La denominada Cova Dominica —la Cueva de la Señora— alberga hoy a la Virgen de Covadonga y permanece incrustada en la pared caliza del monte Auseva. Historia, tradición, devoción y paisaje se unen allí de una manera difícil de separar.

Un paisaje protegido desde 1918

Las montañas que rodean Covadonga también ocupan un lugar destacado en la historia de la conservación de la naturaleza.

El 22 de julio de 1918 se declaró el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, el primero de España. Aquel espacio, centrado inicialmente en el macizo de Peña Santa, fue el antecedente directo del actual Parque Nacional de los Picos de Europa.

La decisión reforzó la consideración de Covadonga como un lugar en el que convergen la historia, la espiritualidad y el patrimonio natural. El escenario que había protegido a los hombres de Pelayo quedaba, casi doce siglos después, protegido por el Estado.

Una recreación construida plano a plano

El capítulo cinco de «Nuestros pueblos, nuestra historia» apuesta por una narración visual especialmente ambiciosa. El cruce del Estrecho, la caída del reino visigodo, el avance hacia el norte, la reunión de los pueblos astures y la batalla dentro del desfiladero han sido recreados mediante decenas de planos independientes.

La producción evita presentar el episodio como una sucesión de imágenes inmóviles. Los barcos avanzan, las tropas se desplazan, la niebla atraviesa los bosques, los caballos quedan atrapados en los pasos angostos y las piedras descienden desde las alturas.

Pelayo mantiene una identidad visual reconocible a lo largo de todo el capítulo, desde su primera aparición entre las montañas hasta su reconocimiento como líder de la resistencia y primer monarca del Reino de Asturias.

El episodio termina en la actualidad. La cámara se aleja lentamente de la Santa Cueva hasta mostrarla como un pequeño refugio humano dentro de una inmensa pared de piedra. Es la imagen que resume toda la historia: una cueva diminuta, una montaña gigantesca y un acontecimiento cuya memoria continúa viva más de trece siglos después.

Covadonga permanece como uno de los grandes símbolos de Asturias. Para unos representa el origen de un reino; para otros, el comienzo tradicional de la Reconquista; para muchos, el lugar de la Santina y el corazón espiritual de la comunidad.

En todos los casos, sigue siendo el punto en el que historia, leyenda, fe y paisaje se encuentran.

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