El proyecto prevé más de un centenar de empleos directos y convertiría las instalaciones de Duro Felguera en la segunda fábrica asturiana de blindados de Indra, pero la compraventa, la inversión y el calendario continúan sin cerrarse
La operación está viva, ha avanzado y cuenta con el respaldo del Gobierno de Asturias, pero todavía no está firmada. Esa es la fotografía más precisa de las negociaciones para que Indra adquiera el taller de Barros, propiedad de Duro Felguera, y lo transforme en una segunda fábrica de vehículos militares en Asturias.
El presidente del Principado, Adrián Barbón, confirmó este viernes que Indra y Duro Felguera continúan reuniéndose para negociar las condiciones de la compraventa. Lo hizo después de recibir en Oviedo al nuevo consejero delegado de Indra, Josep Maria Recasens, en un encuentro celebrado el jueves y centrado en los proyectos industriales de la compañía en la comunidad.
Barbón calificó la reunión como muy productiva y aseguró que existe plena coincidencia entre Indra y el Principado sobre el objetivo de sacar adelante la inversión de Langreo. Sin embargo, evitó proporcionar detalles económicos o fijar un calendario, alegando la necesidad de mantener la prudencia mientras las dos empresas continúan negociando.
La conclusión es importante: Indra no ha renunciado a Barros y el proyecto de Langreo no ha sido sustituido por otras inversiones anunciadas fuera de Asturias. Pero tampoco existe todavía un contrato de compraventa.
Una segunda fábrica asturiana, no un sustituto de El Tallerón
El proyecto de Barros debe entenderse como una ampliación de la apuesta iniciada por Indra en El Tallerón de Gijón, no como un traslado de aquella actividad.
Indra compró El Tallerón a Duro Felguera en julio de 2025 por 3,65 millones de euros e incorporó inicialmente a sus 156 trabajadores. Desde entonces ha convertido las instalaciones en la sede de su división de vehículos militares terrestres y ha comenzado a adecuarlas para la fabricación, el montaje y la integración de blindados.
Según los datos trasladados por el Principado, la inversión acumulada en la factoría gijonesa se acerca ya a los 70 millones de euros y el centro supera los 200 empleos directos.
Barros sería la segunda pieza de ese proyecto industrial. Su función estaría vinculada a la necesidad de Indra de aumentar con rapidez su capacidad de producción para atender los contratos actuales y futuros del Ministerio de Defensa y participar en los nuevos programas europeos de vehículos militares.
La empresa necesita espacio, maquinaria industrial pesada, capacidad de montaje y trabajadores especializados. Las instalaciones de Langreo reúnen buena parte de esas condiciones y permitirían aprovechar una infraestructura ya construida, reduciendo los tiempos necesarios frente a la opción de levantar una fábrica desde cero.
Más de cien empleos directos previstos en Langreo
El dato más relevante para las cuencas es el empleo. El proyecto comunicado por Indra al Gobierno de Asturias contempla la creación de más de un centenar de puestos de trabajo directos en Barros.
La cifra se refiere al empleo previsto por la empresa, pero todavía no se ha concretado cuántas incorporaciones serían nuevas, qué perfiles profesionales se necesitarían, qué parte de la antigua plantilla podría integrarse ni en qué momento comenzarían las contrataciones.
Tampoco se conoce el volumen de empleo indirecto. Una fábrica de estas características necesitaría suministros de metal, componentes mecánicos y electrónicos, tratamientos industriales, ingeniería, logística, mantenimiento, seguridad y servicios especializados. Su impacto, por tanto, podría extenderse a numerosas pequeñas y medianas empresas asturianas.
Para Langreo, el valor del proyecto va más allá de los puestos de trabajo iniciales. La instalación permitiría recuperar actividad industrial en una zona afectada por el cierre de la central térmica de Lada y reforzaría la posición del valle del Nalón dentro del nuevo mapa industrial asturiano.
El precio continúa siendo el gran obstáculo
Indra necesita adquirir las instalaciones, pero Barros continúa siendo propiedad de Duro Felguera. La ingeniería asturiana considera el taller uno de sus activos industriales más valiosos y pretende que cualquier venta contribuya de manera significativa a su recuperación financiera.
Ahí se encuentra el principal punto de fricción: cuánto vale realmente Barros y qué condiciones debe asumir el comprador.
Ninguna de las dos compañías ha comunicado oficialmente la oferta presentada por Indra, la valoración defendida por Duro Felguera ni la posible fórmula final de pago. Tampoco se ha aclarado públicamente si la operación incluiría únicamente los terrenos y las naves o también maquinaria, equipamientos, derechos industriales y compromisos laborales.
El precedente de El Tallerón no puede trasladarse automáticamente a Langreo. En aquella operación, Indra pagó 3,65 millones y asumió las nóminas de 156 trabajadores. Barros tiene características, valor y circunstancias jurídicas diferentes, por lo que el acuerdo deberá negociarse de manera independiente.
Duro Felguera ya no está en la misma situación que hace un año
Las conversaciones se desarrollan, además, después de que Duro Felguera haya conseguido la homologación judicial de su plan de reestructuración.
La compañía ha logrado superar el riesgo inmediato de concurso de acreedores, reorganizar su deuda y comenzar una nueva etapa con un tamaño mucho menor. Tras los ajustes laborales y la venta de activos, su plantilla se ha reducido de manera significativa y su plan de futuro se concentra en proyectos energéticos, industriales y de ingeniería con menor riesgo.
Esta nueva situación puede influir en Barros. Duro Felguera sigue necesitando liquidez, pero ya no negocia bajo la misma urgencia extrema que existía durante el preconcurso. La empresa tiene que equilibrar dos intereses: obtener el mayor rendimiento posible por uno de sus principales activos y facilitar una operación que puede generar empleo y actividad industrial en el territorio donde nació.
El comité de empresa ha mostrado una posición favorable a la venta siempre que resulte beneficiosa tanto para la compañía como para los trabajadores.
El Principado acelera la vía administrativa
Indra ha presentado el proyecto como candidato a Proyecto de Interés Estratégico Regional, conocido como PIER. La solicitud está siendo analizada por la Agencia Sekuens y todavía no ha recibido la aprobación definitiva.
La declaración permitiría tramitar con carácter urgente y preferente las autorizaciones administrativas necesarias. La legislación asturiana contempla la reducción de determinados plazos, la coordinación entre administraciones y la posibilidad de acceder con prioridad a incentivos, financiación o avales públicos.
El procedimiento no equivale a una autorización automática de la fábrica ni sustituye la compraventa entre Indra y Duro Felguera. Su utilidad consiste en preparar el camino administrativo para que, si las empresas llegan a un acuerdo, la inversión no quede después paralizada durante años por licencias y trámites.
La iniciativa encaja en los requisitos generales de los proyectos estratégicos: prevé al menos cien empleos estables y puede contribuir a reemplazar actividad perdida en una comarca sometida a reconversión industrial.
¿Puede expropiarse el taller de Barros?
La posibilidad de una expropiación ha entrado en el debate político, pero no existe ninguna decisión adoptada en ese sentido.
La legislación sobre proyectos estratégicos permite que una iniciativa pueda ser declarada de utilidad pública o interés social, con los efectos que esto tendría sobre una eventual expropiación. Sin embargo, esa posibilidad constituye un recurso excepcional y necesitaría un procedimiento jurídico específico, motivación suficiente y la correspondiente indemnización.
Preguntado por esta alternativa, Barbón no la descartó como instrumento legal, pero señaló que el Gobierno dispone de otros mecanismos para ayudar a desbloquear la operación.
El escenario prioritario continúa siendo un acuerdo voluntario entre Indra y Duro Felguera. La expropiación no es, por ahora, el camino anunciado ni existe un expediente abierto públicamente para ejecutarla.
Lo que está confirmado
A día de hoy puede darse por confirmado que Indra mantiene su intención de instalar en Asturias una segunda fábrica de blindados; que el emplazamiento elegido es el taller de Barros; que la compañía y Duro Felguera siguen negociando la compraventa; que el proyecto presentado prevé más de cien empleos directos; y que el Principado tramita la solicitud para declararlo estratégico.
También está confirmado que Barros complementaría la actividad de El Tallerón y que Indra necesita aumentar su capacidad industrial para poder responder a los contratos del Ministerio de Defensa.
Lo que todavía falta
Continúan sin conocerse el precio de la compraventa, la inversión necesaria para transformar las instalaciones, el compromiso laboral detallado, la carga de trabajo concreta, los vehículos o componentes que se fabricarían, la fecha de la firma y el calendario de puesta en marcha.
Tampoco se ha explicado qué trabajadores se integrarían en la nueva fábrica, cuándo comenzarían las contrataciones o qué formación necesitarían los futuros empleados.
Hasta que estas cuestiones no se concreten, resulta prematuro hablar de una operación cerrada. Pero la reunión entre Barbón y el nuevo consejero delegado de Indra demuestra que Barros continúa en la agenda industrial de la compañía y que las conversaciones han entrado en una etapa decisiva.
Una oportunidad para devolver industria a las cuencas
El proyecto puede convertir el eje formado por Gijón, Trubia, Avilés y Langreo en uno de los principales corredores españoles de tecnología y fabricación para la defensa terrestre.
El Tallerón concentraría fabricación e integración de vehículos; Trubia aporta décadas de experiencia en blindados; Avilés desarrolla capacidades tecnológicas relacionadas con sistemas de defensa; y Barros añadiría espacio industrial, fabricación pesada y más capacidad de producción.
Para Langreo, la operación representa la posibilidad de sustituir parte de la actividad perdida durante décadas de reconversión por una industria con pedidos a largo plazo, empleos cualificados y capacidad para atraer empresas auxiliares.
La oportunidad está encima de la mesa, pero todavía necesita una firma. La próxima noticia verdaderamente decisiva no será una nueva declaración política: será el acuerdo económico entre Indra y Duro Felguera, acompañado de cifras concretas sobre inversión, empleo y calendario.
