La última jornada deja a la anfitriona mexicana como primera clasificada, a Canadá lanzada tras su primera victoria mundialista y a Suiza muy viva en un grupo B que ya empieza a partirse
El Mundial vivió en las últimas 24 horas una de esas jornadas que explican por qué este torneo no se juega solo con botas, pizarras y piernas, sino también con nervios, heridas, orgullo y una cantidad considerable de drama. México se convirtió en la primera selección clasificada para la siguiente fase, Canadá firmó una noche histórica con su primera victoria mundialista, Suiza golpeó con autoridad y República Checa y Sudáfrica quedaron atrapadas en un empate que deja a ambas con más dudas que certezas.
Fue una jornada con cuatro partidos, tres grupos en ebullición emocional y una sensación clara: el Mundial empieza a seleccionar a los que tienen colmillo competitivo y a arrinconar a los que todavía siguen buscando el interruptor de la luz.
México gana sin fuegos artificiales, pero con billete a la siguiente fase
México no necesitó una exhibición para hacer lo que más importa en un Mundial: ganar. Su 1-0 ante Corea del Sur fue un partido áspero, incómodo, más de mandíbula apretada que de fútbol brillante, pero dejó una consecuencia enorme: la selección anfitriona ya está en la siguiente fase.
No fue una noche de fantasía. Fue más bien una noche de oficio. México supo aguantar la presión de jugar en casa, convertir el partido en una pelea controlada y sacar petróleo de un duelo que Corea del Sur compitió hasta donde pudo. La victoria confirma el arranque perfecto del equipo mexicano en el grupo A y dispara la euforia de una afición que necesitaba algo más que una inauguración bonita: necesitaba la sensación de que su selección va en serio.
México, además, gana algo que en un Mundial vale oro: margen. Mientras otros empiezan a contar goles, calculadoras y posibles terceros, la anfitriona ya puede mirar el cierre de grupo desde una posición de fuerza. Eso no significa relajarse, pero sí respirar. Y en un Mundial respirar antes que los demás es casi como jugar con un centrocampista extra.
Canadá hace historia, pero la lesión de Koné enfría la fiesta
La imagen futbolística de la jornada fue Canadá 6, Catar 0. La imagen humana fue Ismaël Koné saliendo lesionado, con el estadio puesto en pie y una noche histórica convertida, de golpe, en una celebración con nudo en la garganta.
Canadá consiguió su primera victoria en un Mundial masculino y lo hizo a lo grande, con una goleada que la coloca en una posición magnífica dentro del grupo B. Jonathan David fue el rostro deportivo de la fiesta con un triplete, acompañado por una selección canadiense que jugó con velocidad, verticalidad y una ambición que desbordó por completo a Catar.
Pero el partido cambió de tono tras la grave lesión de Koné. El centrocampista quedó tendido tras una entrada durísima, la acción terminó en expulsión y el ambiente pasó de la euforia al silencio incómodo. Canadá siguió jugando, siguió marcando y siguió creciendo, pero ya nada tuvo la limpieza emocional de una fiesta completa.
Ahí está precisamente la grandeza cruel del Mundial: en una misma noche puedes entrar en la historia y salir del campo mirando a un compañero camino del hospital. Canadá ganó mucho más que tres puntos, pero también perdió una pieza importante. El grupo B la mira ahora con respeto; su vestuario, seguramente, con una mezcla de orgullo y preocupación.
Suiza golpea tarde, pero golpea fuerte
Suiza también salió reforzada de la jornada con un 4-1 ante Bosnia y Herzegovina que fue bastante más trabajado de lo que indica el marcador. Durante muchos minutos el partido pareció atascado, con los suizos buscando la forma de romper una resistencia bosnia ordenada y con más amor propio que claridad.
La diferencia llegó en el tramo final, cuando Suiza aceleró, encontró espacios y convirtió un partido cerrado en una goleada. Las sustituciones fueron decisivas y el equipo helvético acabó imponiendo una superioridad que le permite mirar al cierre del grupo con una posición muy favorable.
Bosnia, en cambio, queda tocada. No solo por el resultado, sino por la manera en la que se deshizo al final. En los Mundiales, perder está permitido; venirse abajo en los últimos minutos se paga con intereses. Y Suiza, que no suele regalar nada, aprovechó cada grieta como quien entra en casa con llave.
El grupo B queda así con Canadá y Suiza lanzadas hacia un duelo final con aroma de eliminatoria anticipada. No será solo una pelea por puntos: será una pelea por el camino que espera después.
República Checa y Sudáfrica firman un empate que sabe a poco
El 1-1 entre República Checa y Sudáfrica dejó una sensación común en ambos vestuarios: nadie se fue satisfecho del todo. Los checos se adelantaron pronto, parecieron tener el partido donde querían y, sin embargo, fueron perdiendo control hasta conceder un empate que les complica la vida.
Sudáfrica, por su parte, reaccionó tarde, encontró el 1-1 desde el punto de penalti y salvó un resultado que la mantiene viva, pero no despeja sus problemas. El equipo africano necesitaba algo más que supervivencia. Necesitaba una señal clara de crecimiento, una victoria o al menos un golpe de autoridad. Lo que consiguió fue seguir respirando.
El empate deja a los dos equipos pendientes de una última jornada incómoda. República Checa tendrá que medirse a México con la obligación de competir contra una selección ya clasificada pero impulsada por su público. Sudáfrica, mientras tanto, se jugará su futuro ante Corea del Sur en un duelo que huele a angustia desde ahora.
La jornada que viene: Estados Unidos, Brasil y Marruecos entran en zona de tensión
La siguiente tanda de partidos promete bastante ruido. Estados Unidos se mide a Australia en un duelo importante del grupo D, con los dos equipos en buena posición tras sus respectivos estrenos. La anfitriona estadounidense llega con el impulso de su triunfo ante Paraguay, pero pendiente del estado físico de Christian Pulisic, cuya disponibilidad sigue siendo una de las grandes incógnitas del día.
Australia, que viene de ganar a Turquía, tiene ante sí una oportunidad enorme: confirmar que no está en el Mundial para hacer de comparsa. Si vence, dará un paso gigantesco hacia la siguiente fase. Si pierde, el grupo se convertirá en una pelea mucho más incómoda.
En el grupo C, Escocia y Marruecos disputan uno de los partidos más atractivos de la jornada. Escocia ganó en su debut ante Haití y quiere romper, de una vez, esa vieja maldición de no superar fases de grupo en grandes torneos. Marruecos, semifinalista en 2022 y cada vez más acostumbrada a mirar a las potencias de tú a tú, llega con la autoridad moral de haber empatado ante Brasil.
Y precisamente Brasil vuelve al escenario ante Haití. Carlo Ancelotti necesita una respuesta después del empate inicial frente a Marruecos. Brasil puede permitirse un mal día; lo que no puede permitirse es convertirlo en tendencia. Haití, por su parte, llega con todo que ganar y nada que perder, que es una de las combinaciones más peligrosas del fútbol cuando enfrente hay un gigante obligado a demostrar.
La jornada se cerrará con Turquía-Paraguay, un partido con aire de urgencia para dos selecciones que no pueden permitirse otro tropiezo. No será el cartel más glamuroso del día, pero sí uno de esos encuentros que empiezan pareciendo secundarios y acaban decidiendo la vida o la muerte de un grupo.
La lectura de la jornada
La conclusión es clara: el Mundial ya ha dejado atrás la fase de presentación. Ahora empieza la parte incómoda, esa en la que las selecciones descubren si su plan sirve de verdad o solo quedaba bonito en la previa.
México ya está dentro y juega con viento a favor. Canadá ha emocionado al torneo, aunque con una factura dolorosa. Suiza ha demostrado que sabe sufrir antes de golpear. República Checa y Sudáfrica siguen vivas, pero viven peligrosamente. Y el viernes llega con Brasil, Estados Unidos, Marruecos, Australia y Escocia metidos en partidos que pueden empezar a dibujar el mapa real de la siguiente fase.
El Mundial, en resumen, ha entrado en ese punto delicioso en el que cada gol cambia un grupo, cada lesión cambia un vestuario y cada error puede perseguir a un país entero durante cuatro años. Vamos, lo normal: fútbol en estado puro, con la calculadora en una mano y el corazón haciendo horas extra.
