La marca invisible de los ladrones en Gijón: hilos de silicona en las puertas para elegir qué pisos robar

La marca invisible de los ladrones en Gijón: hilos de silicona en las puertas para elegir qué pisos robar

La Policía refuerza los controles tras varios asaltos en Viesques y El Coto, dos zonas residenciales donde los investigadores sospechan de una banda itinerante especializada en robos en viviendas. El método: señalar discretamente las puertas, esperar y comprobar si la casa está vacía.

Una puerta aparentemente intacta. Un rellano tranquilo. Un vecino que entra y sale sin notar nada extraño. Y, sin embargo, en el marco de algunas viviendas puede estar la señal que convierte un piso en objetivo: un hilo casi invisible de silicona o pegamento colocado entre la puerta y el marco para comprobar si alguien ha entrado o salido.

Gijón está en alerta por la presencia de una banda organizada dedicada al robo en viviendas. En los últimos días se han registrado varios asaltos en pisos de Viesques y El Coto, dos barrios residenciales de la ciudad, y una de las líneas principales de investigación apunta a grupos itinerantes especializados que se desplazan entre comunidades autónomas para actuar durante pocos días, cometer varios golpes y desaparecer antes de que el cerco policial se cierre.

La señal de alarma no está solo en los robos ya cometidos, sino en el método empleado. Los ladrones estarían colocando finísimos hilos de silicona en las puertas de viviendas para comprobar si sus moradores están dentro o si el piso permanece vacío. Si el hilo aparece roto al regresar, interpretan que alguien ha abierto la puerta. Si sigue intacto, la vivienda pasa a ser un objetivo más atractivo.

No es un método improvisado ni una simple sospecha vecinal. La Policía Nacional ha documentado esta técnica en operaciones recientes contra grupos criminales itinerantes dedicados al robo en domicilios. En una operación difundida por el Ministerio del Interior en noviembre de 2025, los agentes desarticularon una célula que marcaba previamente las puertas con hilos de silicona para detectar la ausencia de moradores antes de entrar a robar.

Controles a la salida de Gijón

La respuesta policial ya se ha hecho visible. Este martes por la tarde, la Policía Nacional desplegó un control de vehículos y ocupantes a la salida de Gijón por Viesques, en la avenida de Justo del Castillo. El objetivo de estos dispositivos es doble: disuadir a los posibles autores y comprobar identidades, vehículos y movimientos sospechosos en una zona donde los investigadores creen que la banda puede estar actuando o huyendo tras los robos.

Este tipo de controles encaja con el patrón de las bandas itinerantes. No hablamos necesariamente de delincuentes asentados en el barrio ni de ladrones oportunistas que actúan al azar. La hipótesis de trabajo es otra: grupos especializados, con movilidad, que llegan a una ciudad, estudian edificios, marcan posibles objetivos, entran en las viviendas seleccionadas y abandonan la zona en muy poco tiempo.

Ese carácter móvil complica la investigación. Los grupos cambian de ciudad, de vehículo, de miembros operativos y de zonas de actuación. En una operación reciente en Alicante y Bizkaia, la Policía Nacional y la Ertzaintza detuvieron a tres personas por una veintena de robos con el método del hilo de pegamento; según la investigación, se desplazaban por la geografía nacional desde Torrevieja, utilizaban llaves maestras modificadas y actuaban con jerarquía y reparto de funciones.

La escena se repite en distintos puntos de España con variaciones, pero con una lógica común: vigilancia discreta, selección del domicilio vacío, apertura limpia y huida rápida.

Viesques y El Coto, barrios bajo observación

Viesques y El Coto reúnen características atractivas para este tipo de delincuencia: edificios residenciales, movimiento vecinal variable, portales con muchas viviendas, horarios laborales amplios y, en algunos casos, pisos que pueden permanecer vacíos durante parte del día.

La actuación a plena luz del día es otra de las claves. Aunque muchos vecinos asocian los robos en viviendas con la noche, las bandas especializadas suelen aprovechar precisamente las horas en las que los moradores están trabajando, estudiando o fuera de casa. El objetivo no es enfrentarse a nadie, sino entrar cuando el piso está vacío.

Por eso los hilos de silicona resultan tan útiles para ellos. Son discretos, baratos, difíciles de detectar y permiten saber si una puerta ha sido abierta sin necesidad de llamar al timbre, vigilar durante horas o exponerse demasiado en el rellano.

La Policía Nacional ha explicado en casos similares que los delincuentes colocan esos marcadores y regresan días después. Si el hilo permanece intacto, interpretan que no ha habido movimiento en la vivienda y que pueden entrar con mayor seguridad.

El dato que agrava la alerta: los robos en domicilios suben en Gijón

El episodio llega en un contexto delicado. Según el Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior correspondiente al primer trimestre de 2026, Gijón registró 63 robos con fuerza en domicilios entre enero y marzo, frente a los 42 del mismo periodo de 2025. Es decir, un aumento del 50%. En el conjunto de robos con fuerza en domicilios, establecimientos y otras instalaciones, la subida fue aún mayor: de 58 a 104 casos, un 79,3% más.

El total de criminalidad en el municipio también creció en ese periodo: de 2.493 infracciones penales en el primer trimestre de 2025 a 2.735 en el primer trimestre de 2026, lo que supone un incremento del 9,7%.

Conviene poner los datos en contexto. A escala nacional, los robos con fuerza en domicilios bajaron un 3% en el primer trimestre de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior, con 17.586 hechos frente a 18.135. Es decir, mientras el conjunto del país registraba un descenso, Gijón mostraba una subida clara en esta tipología delictiva.

Eso no significa que todos los robos de Gijón respondan al mismo grupo ni al mismo método. Pero sí ayuda a entender por qué la presencia de una posible banda organizada en Viesques y El Coto preocupa tanto: llega en un momento en el que la ciudad ya arrastra un repunte de robos con fuerza en viviendas.

Cómo actúan estas bandas

Las bandas itinerantes especializadas en pisos no suelen buscar televisores grandes ni objetos difíciles de transportar. Su objetivo preferente es rápido, pequeño y valioso: joyas, dinero, relojes, objetos de oro, dispositivos fáciles de colocar o efectos de valor que puedan venderse sin demasiada exposición.

El método suele seguir una secuencia conocida. Primero observan edificios y portales. Después acceden a zonas comunes, a veces aprovechando la entrada de vecinos o llamando a distintos pisos con cualquier excusa. Luego colocan marcadores discretos en puertas seleccionadas. Más tarde regresan para comprobar si esos testigos se han roto. Finalmente, si creen que la vivienda está vacía, entran utilizando técnicas de apertura que pueden no dejar señales visibles.

En operaciones policiales recientes se ha detectado el uso de métodos como el impresioning, que permite abrir puertas sin fractura visible de la cerradura. En el caso investigado en Alicante y Bizkaia, los detenidos accedían con llaves maestras modificadas con láminas de aluminio y se marchaban cerrando la puerta solo con el resbalón, de modo que algunos propietarios no detectaban el robo hasta regresar y revisar el interior de la vivienda.

La Policía Nacional también advierte de técnicas como el bumping o el impresioning y recomienda instalar cerraduras de calidad certificada, especialmente antibumping o antiimpresioning, para dificultar la apertura por parte de delincuentes especializados.

Qué deben hacer los vecinos

La recomendación policial principal es clara: cerrar siempre con llave, incluso cuando se sale solo unos minutos. Dejar la puerta cerrada únicamente con el resbalón facilita el trabajo a quienes usan métodos de apertura rápida.

También es fundamental no abrir el portal a desconocidos. Puede parecer una obviedad, pero muchos grupos acceden a edificios aprovechando gestos de confianza: una llamada al telefonillo, una supuesta entrega, una visita a otro vecino o la entrada detrás de alguien que acaba de abrir.

Ante personas ajenas al edificio merodeando por rellanos, portales o garajes, lo recomendable es avisar a la Policía. Interior insiste en que, si se detecta presencia sospechosa en un edificio o urbanización, se debe llamar al 091; no se trata de molestar, sino de permitir que una patrulla compruebe la situación.

Si un vecino encuentra un hilo extraño, una marca, un papel, plástico o cualquier elemento raro en la puerta o el marco, lo prudente es no manipularlo y avisar. Esos elementos pueden ser indicios útiles para la investigación. Y si al regresar a casa se encuentra la puerta abierta o forzada, la recomendación es no entrar, no tocar nada y llamar inmediatamente a la Policía para no destruir posibles pruebas.

Para periodos de ausencia, la Policía aconseja que la vivienda parezca habitada: no dejar todas las persianas bajadas, pedir a alguien de confianza que recoja la correspondencia, evitar publicar viajes en redes sociales y, si es posible, utilizar sistemas que enciendan luces o dispositivos de forma periódica.

El papel clave de los vecinos

En estos casos, la colaboración vecinal puede ser decisiva. Los grupos itinerantes se mueven rápido, pero también cometen errores: entran varias veces al mismo portal, observan puertas, permanecen demasiado tiempo en rellanos, usan vehículos de alquiler, preguntan por vecinos inexistentes o simulan visitas técnicas.

Un aviso a tiempo puede evitar un robo. Una matrícula anotada, una descripción prudente o una llamada cuando se detecta movimiento extraño pueden ayudar a cerrar el círculo.

Pero hay una línea que no debe cruzarse: no enfrentarse a los sospechosos. No seguirlos. No intentar retenerlos. No convertir una sospecha en una escena de riesgo. La actuación corresponde a la Policía.

El vecino debe observar, avisar y protegerse. Nada más. Y nada menos.

Una alerta seria, no una psicosis

La presencia de hilos de silicona o marcas en puertas no debe provocar pánico, pero sí atención. Gijón no está ante un fenómeno desconocido ni ante una amenaza abstracta. La técnica existe, ha sido documentada por la Policía Nacional y se ha utilizado en distintas ciudades españolas por grupos especializados.

La diferencia ahora es que el foco se sitúa en Viesques y El Coto, dos barrios gijoneses donde ya se han producido varios robos y donde la Policía ha reforzado la vigilancia.

El mensaje para los vecinos es sencillo: cerrar con llave, revisar puertas y marcos, no facilitar el acceso a desconocidos, avisar ante movimientos raros y no tocar posibles marcadores.

Porque, en este tipo de robos, la señal puede ser casi invisible. Pero el daño que deja detrás no lo es: una vivienda revuelta, objetos de valor desaparecidos y la sensación íntima de que alguien ha violado el lugar más privado de una familia.

La Policía busca ahora cortar la campaña antes de que la banda abandone Gijón. Y en esa carrera contra el reloj, cada aviso vecinal puede contar.

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