El presidente del Principado reivindica en Oviedo los lazos históricos con América Latina durante la asamblea anual del BCIE y defiende el multilateralismo frente a un mundo marcado por la incertidumbre
Asturias volvió hoy a mirar al otro lado del Atlántico. Lo hizo desde Oviedo, en el marco de la asamblea anual del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), una cita internacional que reunió en el Principado a representantes económicos e institucionales de varios países y que el presidente asturiano, Adrián Barbón, aprovechó para lanzar un mensaje doble: solidaridad con Venezuela tras los terremotos y reivindicación de Asturias como territorio de encuentro entre Europa y América Latina.
Barbón definió el Principado como “un puente de unión entre América Latina y Europa”, una idea que situó en el centro de su intervención ante los gobernadores del BCIE. No fue una frase protocolaria. El presidente la vinculó con la historia de miles de asturianos que emigraron a América en busca de oportunidades y con una relación humana, familiar y cultural que sigue viva en las dos orillas.
Asturias, tierra de ida y vuelta
El jefe del Ejecutivo autonómico recordó que Asturias fue durante décadas una tierra de emigrantes. Muchos asturianos encontraron en países latinoamericanos un futuro que aquí no tenían. Esa memoria colectiva, señaló, explica que el Principado mantenga una sensibilidad especial hacia América y hacia sus comunidades en el exterior.
En ese contexto, Barbón evocó el Día de América en Asturias, una de las grandes celebraciones de Oviedo, como símbolo de una relación que no pertenece solo al pasado. Para el presidente, esos vínculos siguen siendo hoy una base real para la cooperación, el diálogo institucional y la proyección internacional de la comunidad.
La celebración de la asamblea anual del BCIE en Oviedo refuerza, según Barbón, esa vocación exterior. El encuentro convierte a Asturias en escenario de debate sobre financiación, infraestructuras, desarrollo, empleo e integración económica, asuntos que afectan de lleno al futuro de América Latina, pero también al papel que Europa quiere jugar en un mundo cada vez más fragmentado.
Solidaridad con Venezuela
La intervención del presidente tuvo además un marcado tono humano por la situación de Venezuela, golpeada por los recientes terremotos. Barbón trasladó un mensaje de apoyo, comprensión y dolor por lo sucedido y expresó la disposición del Principado a colaborar en la respuesta articulada por el Gobierno de España.
El presidente puso especial atención en dos realidades muy cercanas para Asturias: la comunidad asturiana residente en Venezuela y la población venezolana que vive en el Principado. En momentos de emergencia, defendió, las instituciones deben actuar con cercanía, coordinación y responsabilidad.
La tragedia venezolana convirtió el mensaje de Barbón en algo más que una intervención institucional. Su apelación a la cooperación internacional cobró un sentido inmediato: la solidaridad no como palabra decorativa, sino como obligación política y humana.
Defensa del multilateralismo
Barbón situó la reunión del BCIE en un escenario internacional complejo. Habló de incertidumbre, de equilibrios multilaterales debilitados y de la necesidad urgente de recomponer espacios de diálogo entre países.
“La reunión representa cooperación, vecindad, respeto y mano tendida”, defendió el presidente, que advirtió de que el mundo no puede quedar reducido a unas pocas voces dominantes. En su opinión, foros como el del BCIE permiten precisamente lo contrario: sumar perspectivas, compartir experiencias y construir soluciones concretas desde la pluralidad.
El presidente identificó tres grandes desafíos globales: la situación geopolítica, la transición energética y la transformación tecnológica. Tres retos distintos, pero atravesados por una misma sensación de fondo: la incertidumbre.
Energía, tecnología y desigualdad
En materia energética, Barbón defendió una transición verde realista, capaz de avanzar hacia modelos más sostenibles sin poner en riesgo el crecimiento de los países que aún necesitan fortalecer sus economías. No todos los Estados, señaló, parten del mismo punto ni cuentan con los mismos recursos para afrontar ese cambio.
También alertó sobre el poder creciente de grandes corporaciones tecnológicas con capacidad de influencia global. La transformación digital, vino a decir, abre oportunidades enormes, pero también plantea riesgos si queda concentrada en manos de unos pocos actores capaces de condicionar mercados, gobiernos y sociedades.
Oviedo, capital de cooperación
La presencia del BCIE en Asturias proyecta al Principado como espacio de encuentro para el diálogo internacional. La asamblea no solo sitúa a Oviedo en el mapa de las grandes citas institucionales, sino que refuerza la imagen de una Asturias conectada con América Latina por historia, afectos, economía y futuro compartido.
Barbón defendió que el papel del BCIE resulta clave para promover proyectos de desarrollo, financiar infraestructuras, fortalecer el empleo y facilitar soluciones concretas en países que afrontan grandes desafíos sociales y económicos.
Asturias, en ese tablero, quiere presentarse como algo más que anfitriona. Quiere ser enlace, memoria y plataforma. Una comunidad pequeña en tamaño, pero con una relación enorme con América.
Una Asturias que no olvida sus raíces
El mensaje final de Barbón fue una reivindicación de identidad. Asturias fue tierra de salida, pero también quiere ser ahora tierra de regreso, de acogida y de cooperación.
La asamblea del BCIE permitió al Principado recordar su pasado emigrante y proyectar al mismo tiempo una ambición internacional: ser puente entre continentes, punto de diálogo y aliado de quienes buscan desarrollo, estabilidad y oportunidades.
En una jornada marcada por la emergencia venezolana y por el debate sobre los grandes retos globales, Asturias quiso hablar con voz propia. Una voz atlántica, solidaria y consciente de que, entre América y Europa, todavía hay muchos puentes por construir.
