El árbitro asturiano investigado por agredir sexualmente a una mujer que ejercía la prostitución vuelve a ser detenido, ahora por violencia contra su expareja

El árbitro asturiano investigado por agredir sexualmente a una mujer que ejercía la prostitución vuelve a ser detenido, ahora por violencia contra su expareja

La Policía Nacional lo arrestó en Oviedo tras la denuncia de la mujer y el caso terminó en un juicio rápido ante el Juzgado de Violencia sobre la Mujer con sentencia de conformidad

El árbitro asturiano que ya estaba siendo investigado por una presunta agresión sexual a una mujer que ejercía la prostitución en Gijón, a la que supuestamente habría coaccionado haciéndose pasar por agente de la Policía Nacional, ha vuelto a ser detenido. Esta vez, por un episodio de violencia contra su expareja ocurrido este fin de semana en Oviedo.

Según ha podido saber este periódico, la mujer presentó denuncia por una agresión y la Policía Nacional procedió al arresto del colegiado, que fue trasladado a dependencias policiales y permaneció en los calabozos hasta que el caso pasó al Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Oviedo. Allí se celebró un juicio rápido, a puerta cerrada, que concluyó con una sentencia por conformidad.

La nueva detención añade un capítulo aún más grave a una trayectoria judicial que ya había colocado al árbitro en el centro de una investigación penal de enorme impacto. El colegiado, que la pasada temporada llegó a dirigir partidos de Segunda División, quedó bajo sospecha a comienzos de año por unos hechos denunciados en Gijón y relacionados con una mujer de origen venezolano que ejercía la prostitución. La denunciante aseguró ante la Policía que el hombre se presentó en una cita sexual previamente acordada con prendas o distintivos de la Policía Nacional y que, aprovechándose del miedo de la mujer a sufrir problemas por su situación administrativa, la sometió a distintas prácticas sexuales sin abonarle la cantidad pactada.

De una denuncia por violencia machista a un juicio rápido

Los nuevos hechos se habrían producido durante el fin de semana en Oviedo. La expareja del árbitro acudió a denunciar una agresión y la Policía Nacional activó el procedimiento correspondiente. El investigado fue arrestado, conducido a comisaría y puesto posteriormente a disposición del juzgado competente en materia de violencia sobre la mujer.

La causa se tramitó como juicio rápido y terminó con una sentencia de conformidad, una fórmula judicial que implica que las partes aceptan una resolución sin necesidad de prolongar el procedimiento con una vista ordinaria. No han trascendido por ahora los detalles completos de la pena ni de las posibles medidas adoptadas, como alejamiento, prohibición de comunicación u otras condiciones impuestas por el juzgado.

La relevancia del caso no reside solo en la nueva detención, sino en el contexto: el arrestado ya estaba siendo investigado por un procedimiento penal anterior, también relacionado con violencia contra una mujer, aunque en ese caso por presuntos delitos contra la libertad sexual, coacciones y usurpación de funciones públicas.

El precedente de Gijón: una cita sexual, una camiseta policial y una denuncia demoledora

El primer caso salió a la luz a comienzos de año. La denunciante, una joven de origen venezolano, relató que el contacto inicial con el árbitro se produjo por teléfono móvil para concertar una cita en un piso donde se ejercía la prostitución. Según su testimonio, el hombre acudió al lugar abrigado y, al quitarse el abrigo, mostró una camiseta con distintivos de la Policía Nacional.

La mujer declaró que él no le enseñó documentación oficial del cuerpo, pero que sí utilizó esa apariencia policial para interrogarla sobre su situación legal en España. Le habría preguntado si sabía que podía ser expulsada del país y habría utilizado ese contexto para intimidarla.

La denunciante sostuvo que, por miedo a sufrir consecuencias legales, accedió a distintas prácticas sexuales que no se habrían desarrollado en los términos pactados inicialmente. También afirmó que el hombre no abonó la cantidad económica acordada antes del encuentro.

Tras los hechos, la mujer decidió denunciar. La Unidad de Familia y Mujer de la Policía Nacional en Gijón asumió la investigación y comenzó a reconstruir los contactos entre ambos. Las llamadas telefónicas fueron una pieza clave para vincular el número usado en la cita con el investigado. La denunciante también lo reconoció al ver una fotografía mostrada por los agentes.

Uniformes, distintivos y una investigación por varios delitos

La investigación policial no se limitó al relato de la denunciante. Durante las diligencias, los agentes llegaron a intervenir en el domicilio del investigado uniformes, placas y distintivos relacionados con distintos cuerpos de seguridad. Entre ellos, según las informaciones publicadas en su momento, habría elementos vinculados a la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Policía Local.

Ese hallazgo reforzó una de las líneas centrales del caso: la posible utilización de una falsa apariencia de autoridad para intimidar a la víctima. Por eso el procedimiento no se circunscribe únicamente a la presunta agresión sexual, sino que también incluye posibles delitos de coacciones y usurpación de funciones públicas.

Después de prestar declaración por el caso de Gijón, el colegiado quedó en libertad provisional, con el procedimiento judicial abierto y a la espera de que avanzara la instrucción. También se le impuso una orden de alejamiento respecto a la denunciante.

El escándalo llegó al fútbol profesional

La dimensión deportiva del caso fue inmediata. El árbitro formaba parte del fútbol profesional y había dirigido partidos de Segunda División. De hecho, tras su primera detención, llegó a arbitrar un encuentro porque el Comité Técnico de Árbitros todavía no tenía constancia oficial de lo ocurrido.

Cuando la investigación se hizo pública, la Real Federación Española de Fútbol reaccionó con la apertura de un expediente interno y la suspensión cautelar del colegiado de toda actividad arbitral. La RFEF explicó entonces que había conocido la detención a raíz de las publicaciones aparecidas en prensa y que, en aplicación de su normativa interna, procedía a apartarlo mientras se aclaraban los hechos.

La decisión tuvo efectos inmediatos: el árbitro dejó de ser designado para partidos y quedó fuera de la actividad profesional. Posteriormente, el informe arbitral de la nueva temporada incluyó su baja en la categoría de Segunda División, lo que en la práctica supone su salida del arbitraje profesional.

Una carrera cortada en seco

El caso resulta especialmente llamativo porque el colegiado tenía una trayectoria ascendente. Había debutado en Segunda División en la temporada 2023-2024 y acumulaba varias campañas en categorías nacionales. En la última temporada había dirigido una docena de encuentros de Segunda División, una cifra relevante para un árbitro en plena consolidación dentro del fútbol profesional.

Esa proyección quedó bruscamente interrumpida por la investigación penal abierta en Gijón. Ahora, la nueva detención por violencia contra su expareja agrava todavía más el cuadro personal, judicial y deportivo del caso.

El asunto ya no puede interpretarse como un episodio aislado bajo investigación. Hay dos frentes distintos, con dos mujeres diferentes y dos procedimientos separados: uno por presuntos hechos contra la libertad sexual, coacciones y usurpación de funciones públicas; y otro por violencia contra la expareja, que ya ha derivado en una sentencia de conformidad tras un juicio rápido.

Dos procedimientos y una misma sombra: la violencia contra las mujeres

La acumulación de hechos obliga a mirar el caso más allá del morbo deportivo. No se trata solo de que un árbitro profesional haya sido detenido. La gravedad está en el patrón que describen las investigaciones: presunta intimidación a una mujer vulnerable en un contexto de prostitución, supuesta utilización de una apariencia policial para imponer miedo y, meses después, una nueva intervención policial por violencia contra una expareja.

En ambos casos, las víctimas son mujeres. En ambos casos, interviene la Policía Nacional. En ambos casos, el recorrido acaba en sede judicial. Y en ambos casos, el nombre del investigado ya no pertenece únicamente a la sección de deportes, sino también a la crónica judicial y de sucesos.

La presunción de inocencia sigue vigente en el procedimiento de Gijón, que continúa en fase de instrucción. Pero la nueva causa, tramitada por la vía rápida en Oviedo, ha terminado ya con una sentencia por conformidad. Ese dato marca una diferencia jurídica relevante y convierte el caso en una noticia de mayor alcance.

La Federación, obligada a blindar su respuesta

La RFEF ya había actuado tras el primer caso con una suspensión cautelar. Ahora, con la nueva detención, el asunto deja al arbitraje español ante una situación especialmente incómoda. El colectivo arbitral suele aparecer en la conversación pública como víctima de presiones, insultos y agresiones. Este caso invierte brutalmente el foco: el investigado no aparece como víctima de violencia, sino como presunto autor de violencia contra mujeres.

La Federación deberá sostener con claridad su posición institucional, no solo por el impacto reputacional, sino por la necesidad de proteger la credibilidad de una estructura profesional que exige ejemplaridad, confianza pública y capacidad disciplinaria. La salida del árbitro de la categoría profesional ya figura en los movimientos de la nueva temporada, pero el recorrido judicial seguirá marcando el desenlace definitivo.

Una noticia que ya no es solo deportiva

El caso comenzó como un escándalo arbitral. Hoy es algo más. Es una historia de poder, miedo, violencia y caída pública. Un árbitro de Segunda División, con una carrera profesional en marcha, detenido primero por una presunta agresión sexual a una mujer que ejercía la prostitución y ahora arrestado de nuevo por agredir a su expareja.

La justicia deberá determinar hasta el final la responsabilidad penal en el procedimiento abierto en Gijón. Pero el daño institucional y social ya es evidente. El fútbol profesional ha perdido a un colegiado que estaba en plena trayectoria ascendente. La Federación ha tenido que apartarlo. Y dos mujeres han quedado en el centro de dos procedimientos distintos que dibujan una sombra difícil de ignorar.

El balón, en este caso, ya no tapa nada. La noticia ha saltado del césped al juzgado. Y ahí, por mucho ruido que haga el fútbol, lo único que cuenta son los hechos, las pruebas y las resoluciones judiciales.

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