La compañía asturiana afronta una transformación industrial de enorme calado para digitalizar su producción, reorganizar sus instalaciones y competir en la élite europea de la construcción naval avanzada
En Figueras, frente a la ría del Eo, Gondán no está haciendo una simple ampliación. Está desmontando y reconstruyendo su propia forma de trabajar. El astillero asturiano prepara una transformación industrial de más de 15 millones de euros que cambiará su operativa, su relación con el entorno y su capacidad tecnológica. El proyecto incluye digitalización, robótica avanzada, nuevas naves, una reorganización completa de los flujos de producción y una obra de ingeniería previa tan contundente como simbólica: excavar 130.000 metros cúbicos de montaña.
La imagen es poderosa. Para fabricar barcos del futuro, Gondán tiene que empezar moviendo tierra. Mucha tierra. Detrás de esa excavación no hay una operación cosmética, sino un rediseño profundo del astillero. La empresa quiere ordenar sus instalaciones, reducir movimientos internos, mejorar la seguridad, evitar traslados complejos de grandes piezas y crear un sistema productivo más limpio, más eficiente y mucho más conectado.
El plan se articula a través de un Proyecto Estratégico Regional de más de 15 millones de euros. La ambición es clara: que el astillero de Figueras, una empresa familiar con raíces en la carpintería de ribera y más de un siglo de historia naval, pueda operar con estándares propios de la construcción naval más avanzada de Europa.
No es crecer por crecer: es darle la vuelta al astillero
El vicepresidente de la compañía, Álvaro Platero Alonso, lo resume con precisión: más que una ampliación, se trata de una transformación para simplificar la operativa. Esa frase explica el fondo del proyecto. Gondán no quiere ser simplemente más grande. Quiere ser más inteligente.
La nueva configuración permitirá trasladar actividad de la zona superior a la inferior, construir nuevas naves, reorganizar los espacios actuales y reducir el movimiento aéreo de grandes cargas. En un astillero, cada pieza pesada que se desplaza de forma innecesaria supone tiempo, riesgo, coste y complejidad. El objetivo es que los materiales, los bloques y los equipos fluyan mejor, con menos interferencias, menos tránsito interno y más control.
También se construirá un vial interno para conectar las dos zonas del astillero y disminuir el tráfico en el pueblo. Además, se prevé un acceso directo desde la autovía, una mejora clave tanto para la logística como para la convivencia con un entorno que no es un polígono industrial cualquiera, sino uno de los enclaves más sensibles y bellos del occidente asturiano.
La fase de excavación comenzó en octubre y se prolongará hasta final de año, con un parón previsto durante el verano por respeto al entorno turístico. Es un detalle relevante: Gondán quiere modernizarse sin actuar como un cuerpo extraño en Figueras. La industria pesada y el paisaje tendrán que aprender a convivir todavía mejor.
Tres años de urbanismo y una licencia que abrió la puerta
El camino hasta aquí no ha sido rápido. La compañía llevaba años estudiando astilleros de todo el mundo para identificar soluciones aplicables a su caso. No se trataba de copiar un modelo estándar, porque Gondán no fabrica barcos en serie. Su fortaleza es precisamente la contraria: hacer buques a medida, complejos, muy distintos entre sí y adaptados al cliente.
Además, el proyecto necesitaba desbloquear suelo. La compañía tuvo que esperar más de tres años a un cambio del Plan General de Ordenación y otro año adicional para obtener la licencia. La paradoja urbanística es llamativa: la empresa necesitaba que terrenos que estaban calificados para uso residencial pasaran a tener uso industrial naval. Justo lo contrario de lo que suele ocurrir en muchos municipios costeros, donde la presión residencial acaba empujando a la industria hacia los márgenes.
Ese cambio urbanístico es una de las llaves del proyecto. Permitirá ordenar mejor el conjunto, ganar espacio productivo y situar nuevas funciones donde realmente tienen sentido dentro de la cadena de fabricación.
Robots que leen en 3D para barcos que no se repiten
La transformación física irá acompañada de una transformación tecnológica. Gondán ya había dado un salto con la incorporación de robots de soldadura 3D de la firma finlandesa PEMA, una referencia internacional en automatización naval. Ahora, la segunda fase ampliará esa apuesta con más robótica, más automatización de procesos, simulación avanzada y digitalización.
La particularidad del caso Gondán es que sus robots no pueden limitarse a repetir una secuencia como en una fábrica de coches. En Figueras cada proyecto es distinto. Un buque offshore, una patrullera, un catamarán eléctrico, un oceanográfico o un remolcador avanzado no se construyen con una lógica de serie. Por eso resultan tan importantes las soluciones capaces de leer información en 3D, interpretar geometrías variables y adaptarse a piezas diferentes.
Ahí está parte del salto: pasar de un astillero excelente por oficio, experiencia y flexibilidad a un astillero excelente por oficio, experiencia, flexibilidad y datos. La robótica no sustituye la inteligencia naval acumulada durante generaciones; la multiplica.
Un astillero familiar metido en la liga global
Gondán llega a esta transformación en uno de los momentos más fuertes de su historia reciente. La cartera de trabajo se extiende hasta 2030 y combina proyectos de defensa, investigación científica, energía offshore, transporte de pasajeros y propulsión limpia. No es una agenda industrial cualquiera. Es una demostración de que un astillero asturiano puede competir en mercados internacionales de altísima exigencia.
Entre los encargos destacan cuatro patrulleras de 70 metros para Indonesia, vinculadas a vigilancia pesquera; dos barcos offshore, entre ellos el Edda Fjord, el mayor buque construido hasta ahora en Figueras; un remolcador avanzado con posibilidad de propulsión mediante metanol; dos buques de investigación hidrográfica para Alemania valorados en torno a 270 millones de euros; dos catamaranes para Canarias con capacidad para 350 pasajeros; y tres barcos cien por cien eléctricos para Suecia.
La lista impresiona no solo por volumen, sino por diversidad. Gondán no vive de un único nicho. Fabrica para armadores noruegos, administraciones extranjeras, operadores de transporte, proyectos científicos y sectores ligados a la transición energética. Es decir, construye barcos, sí, pero también construye una posición estratégica para Asturias en la nueva economía marítima.
El contrato alemán: un antes y un después
La adjudicación de los dos buques hidrográficos para Alemania tiene una lectura especial. No todos los días el Gobierno alemán encarga buques de investigación a un astillero extranjero. Y mucho menos en una licitación internacional de altísima exigencia técnica. El contrato, valorado en unos 270 millones de euros, supone uno de los mayores hitos industriales de la construcción naval asturiana reciente.
Los nuevos buques sustituirán a unidades empleadas por la autoridad hidrográfica alemana y estarán destinados a trabajos científicos, cartográficos y de seguridad marítima en aguas del Mar del Norte y del Báltico. Hablamos de barcos de investigación, no de embarcaciones convencionales. Deben ser silenciosos, eficientes, tecnológicamente avanzados y capaces de operar con estándares muy estrictos.
Para Gondán, esa adjudicación no es solo carga de trabajo. Es reputación. Es una tarjeta de presentación brutal ante cualquier cliente europeo que busque barcos especiales y no quiera asumir riesgos con un constructor improvisado. Alemania no compra humo. Alemania compra solvencia.
El Edda Fjord: el gigante que mide la ambición
Otro símbolo de esta etapa es el Edda Fjord, un Ocean Energy Vessel de 120 metros de eslora que se convertirá en el mayor buque construido hasta ahora por Gondán. El barco estará destinado a operaciones de inspección, mantenimiento y reparación de parques eólicos marinos, así como a trabajos sobre cables submarinos. Tendrá capacidad para 180 personas y contará con propulsión híbrida, baterías y sistemas de recuperación de calor.
Su construcción cuenta con avales superiores a los 125 millones de euros y moviliza a centenares de trabajadores. Es un proyecto que resume muy bien hacia dónde va la construcción naval europea: buques más grandes, más especializados, más limpios y vinculados al despliegue de la energía offshore.
El hecho de que ese barco salga de Figueras dice mucho. En una localidad asturiana de escala humana se está fabricando una pieza de la gran transición energética internacional. Dicho sin adornos: mientras medio mundo habla de economía verde en congresos, Gondán la está soldando.
La división de fibra también acelera
La transformación no se limita al acero. La división de fibra también forma parte del diseño estratégico del proyecto. Gondán ha ganado contratos relevantes en catamaranes de pasaje y embarcaciones eléctricas, un mercado en clara expansión por la presión regulatoria, la descarbonización del transporte marítimo y la necesidad de reducir emisiones en rutas cortas.
Los dos catamaranes para Canarias, con capacidad para 350 pasajeros, y los tres barcos cien por cien eléctricos para Suecia refuerzan una línea de trabajo que ya no puede considerarse secundaria. La fibra, la electrificación y el transporte marítimo limpio empiezan a formar parte central de la identidad del astillero.
Una transformación sin parar la fábrica
La mayor dificultad del proyecto no está solo en excavar, construir o robotizar. Está en hacerlo mientras el astillero sigue trabajando a pleno rendimiento. La cartera de pedidos obliga a ejecutar la transformación como un encaje de bolillos: levantar nuevas naves, trasladar actividades, reorganizar flujos y mantener calendarios de entrega muy exigentes.
Por eso el calendario se alarga hasta finales de 2028 o principios de 2029. No es una obra que pueda hacerse bajando la persiana. Gondán tiene que transformarse mientras produce, como quien cambia el motor de un barco en plena travesía. Y esa es, precisamente, una de las pruebas de madurez industrial del proyecto.
De la carpintería de ribera al astillero digital
La historia añade una capa emocional al reportaje. El tatarabuelo de la familia ya construía pequeñas embarcaciones como carpintero de ribera a finales del siglo XIX. En 1925, Francisco Díaz Martínez fundó el astillero en su ubicación actual. Un siglo después, sus descendientes preparan una instalación con robots, simulación, digitalización y contratos internacionales de altísima tecnología.
La comparación es irresistible. Donde antes había madera, herramientas manuales y oficio heredado, ahora hay acero, fibra, metanol, baterías, sensores, software y soldadura robotizada. Pero el hilo de fondo sigue siendo el mismo: construir barcos bien hechos, cumplir con el cliente y no prometer lo que no se puede entregar.
Esa continuidad entre tradición y tecnología es una de las grandes fortalezas de Gondán. No es una empresa que haya descubierto la modernidad de golpe. Es una compañía que ha ido incorporando capas de innovación sin renunciar al saber hacer que la sostiene.
Asturias necesita mirar más a Figueras
La transformación de Gondán tiene además una dimensión regional. Asturias habla mucho de industria, de transición energética, de empleo cualificado y de futuro. En Figueras hay un ejemplo concreto, tangible y exportador de todo eso. Un astillero que genera actividad para centenares de trabajadores, arrastra proveedores, proyecta marca internacional y coloca al occidente asturiano en mapas industriales donde no se entra por simpatía, sino por solvencia.
El proyecto no va solo de naves nuevas. Va de competir. De atraer contratos. De retener conocimiento. De formar trabajadores. De robotizar sin deshumanizar. De demostrar que la industria asturiana no tiene por qué vivir instalada en la nostalgia ni en el lamento.
Gondán está haciendo algo más que preparar el astillero del siglo XXI. Está intentando asegurarse un sitio en el siglo XXII. Y aunque falte mucho para llegar allí, conviene tomárselo en serio: pocas veces una montaña que se excava en Asturias puede significar tanto futuro.
