Los fieles de la parroquia dieron la voz de alarma al ver que no acudía a la misa de las once. El sacerdote, de 84 años y una de las figuras más queridas de la Iglesia asturiana, fue hallado sin vida en la casa parroquial de la calle Magdalena
La misa de las once no empezó. Y en San Isidoro el Real, una de las parroquias más emblemáticas del casco histórico de Oviedo, aquello no era un simple retraso. José Luis Alonso Tuñón llevaba casi tres décadas al frente del templo y sus feligreses conocían bien sus rutinas, sus horarios, sus gestos y hasta sus silencios. Por eso, cuando el sacerdote no apareció este lunes para celebrar la eucaristía, la preocupación corrió de banco en banco con esa velocidad discreta y angustiosa con la que se propagan las malas noticias antes incluso de confirmarse.
Fueron los propios fieles quienes dieron la voz de alarma. Al comprobar que el párroco no llegaba, varios de ellos se acercaron hasta la casa parroquial, situada en el número 10 de la calle Magdalena. Llamaron, insistieron, esperaron una respuesta que no llegó. Entonces avisaron a los servicios de emergencia. Agentes de la Policía Local accedieron finalmente al inmueble y encontraron al sacerdote sin vida en su cama. Todo apunta a una muerte por causas naturales.
La noticia cayó como un golpe seco en el corazón del Oviedo antiguo. A escasos metros del Ayuntamiento, en ese entorno donde San Isidoro forma parte del paisaje emocional de la ciudad tanto como del patrimonio religioso, decenas de vecinos y feligreses se fueron concentrando durante la mañana ante la vivienda parroquial. Algunos esperaban la llegada de los servicios funerarios. Otros, simplemente, no se movían. Como si quedarse allí fuese una forma de despedirse.
“Este desenlace ha sido una sorpresa”, repetían varios parroquianos. El sacerdote arrastraba achaques propios de la edad y en las últimas semanas quienes le trataban de cerca habían observado un deterioro físico evidente. Pero nada hacía pensar en un final tan repentino. El domingo aún había celebrado misa, aunque ya no pudo oficiar todas las previstas. Estaba cansado, se quejaba de la tensión baja y necesitaba ayuda para sostener algunos momentos de la celebración.
José Luis Alonso Tuñón tenía 84 años. Había nacido en Proaza en 1942 y fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1965. Su vida religiosa, por tanto, abarcó más de seis décadas de servicio. Más de sesenta años de misa, catequesis, acompañamiento, confesiones, bodas, funerales, primeras comuniones, visitas, consejos y presencia constante en comunidades muy distintas de Asturias.
Su primer gran destino pastoral fue Pola de Siero, donde ejerció como coadjutor de San Pedro durante casi veinte años. Aquella etapa dejó una huella profunda en la comarca sierense y cimentó el prestigio de un sacerdote que pronto empezó a ser reconocido no solo por su preparación, sino también por su forma cercana de entender la Iglesia. En 1984 fue nombrado párroco de San Julián de Tudela Veguín y administrador parroquial de Santiago de Tudela Agüeria, donde permaneció hasta 1991.
A la vez fue asumiendo responsabilidades dentro de la diócesis. Entre 1985 y 1991 fue teniente arcipreste de Oviedo-Sur. También formó parte del Consejo Presbiteral y del Consejo Pastoral Diocesano. Entre 1990 y 1997 ejerció como vicario episcopal de la Vicaría Centro, durante el mandato del arzobispo Gabino Díaz Merchán. No era, por tanto, un cura de despacho menor ni un párroco encerrado en su sacristía. Era una figura con peso diocesano, con experiencia, con criterio y con una larga autoridad moral ganada a base de trabajo diario.
En 1997 llegó a San Isidoro el Real. Y allí se quedó hasta el final.
San Isidoro no es una parroquia cualquiera. Fundada hacia el año 1200, es una de las más antiguas de Oviedo. Su historia atraviesa la ciudad desde la antigua ubicación en la zona de la plaza del Paraguas hasta su traslado, en 1770, a la antigua iglesia jesuítica de San Matías. El templo actual, situado junto al Ayuntamiento, comenzó a levantarse en el siglo XVI gracias al legado de Magdalena de Ulloa y se concluyó en 1681. Con su fachada barroca, su única torre y sus retablos, forma parte de la memoria visual del casco antiguo ovetense.
Durante casi treinta años, Alonso Tuñón fue mucho más que el sacerdote que decía misa en ese templo. Fue el hombre que articuló la vida parroquial, sostuvo la catequesis, acompañó a cofradías, mantuvo la actividad litúrgica, cuidó la relación con los fieles y convirtió San Isidoro en una comunidad reconocible, estable y viva. Su figura estaba ligada a las celebraciones ordinarias, a las grandes solemnidades, a la Semana Santa, a la música sacra, a la Escolanía de San Salvador y a la piedad popular asturiana.
Desde 2007 era consiliario de la Escolanía de San Salvador y entre 2012 y 2023 fue delegado episcopal de Piedad Popular. También era considerado uno de los mayores expertos en catequesis de la diócesis. Quienes le conocieron destacan su capacidad para predicar, su preparación, su afición a la música y un carácter jovial, cercano y con esa socarronería asturiana que, bien usada, abre más puertas que muchos sermones.
“Siempre tenía buenas palabras”, recordaba Luis Manuel Alonso, hermano mayor de la Cofradía del Santo Entierro, al conocer la noticia mientras viajaba hacia Lourdes con un grupo de peregrinos. Había hablado de él apenas unas horas antes. Sabía que no estaba bien, que llevaba días muy cansado, pero la muerte del párroco le sorprendió igualmente en mitad del camino. “Es una pérdida muy grande”, lamentó.
Las muestras de pesar se sucedieron durante toda la jornada. El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, lo definió como “un gran sacerdote” y “un gran amigo personal”. Javier Suárez subrayó que fue “un gran cura”, una persona “muy jovial, muy buena” y especialmente respetada por su labor pastoral. El deán de la Catedral, Benito Gallego, que colaboró con él durante años en San Isidoro, recordó a un sacerdote preparado, buen compañero, buen predicador y muy querido.
El fallecimiento deja ahora un vacío difícil en la parroquia. No solo por la gestión ordinaria de una comunidad activa y céntrica, sino por la dimensión humana de quien había acabado formando parte de la vida cotidiana del barrio. “Llevaba casi treinta años llevando la parroquia a la perfección”, lamentaba una feligresa ante la casa parroquial. La frase, sencilla y dicha en caliente, resume mejor que cualquier necrológica lo que significaba Alonso Tuñón para quienes acudían a San Isidoro: alguien que estaba, alguien que cumplía, alguien que sostenía.
Sus restos serán recibidos este miércoles a las diez de la mañana en la parroquia de San Isidoro el Real. A las doce y media se celebrará el funeral, presidido por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. Después recibirá sepultura en el cementerio parroquial de Proaza, la localidad que le vio nacer.
Así se cerrará el camino de un sacerdote que salió de Proaza, sirvió en Pola de Siero, dejó huella en Tudela Veguín, asumió responsabilidades diocesanas y terminó convertido en una presencia inseparable de San Isidoro el Real. Este lunes no llegó a la misa de las once. Y precisamente esa ausencia, tan extraña para quienes le esperaban, fue la que reveló hasta qué punto su vida había estado marcada por la fidelidad a una rutina de servicio.
Oviedo no solo pierde a un párroco. Pierde a uno de esos hombres que, sin hacer ruido, sostienen durante décadas una parte íntima de la ciudad.
