Un mes de mayo recordado

Durante el mes de mayo de 1968 en París, resurgieron slogans  que se esparcieron sobre el mundo occidental cual llama perenne  en el Arco de Triunfo, convertido en  templo pagano de los estudiantes.Las palabras se volvieron un torbellino al compás de “La Marsellesa”, mientras en la ciudad Jean-Paul Sartre y  el anarquista alemán Daniel Conh-Bendit, más conocido como  “Dany el rojo”, lanzaban consignas inflamadas  en las multitudinarias concentraciones, ante la mirada impávida del general De Gaulle, y la mano dura de su  primer ministro  Georges Pompidou. 

 

Durante esos días las paredes hablaron  con desgarrada fuerza como jamás lo volverían hacer,  y  cubrieron los muros de Francia de secreción incendiaria:   

 

“Cuando más hago la revolución, más gana tengo de hacer el amor”; “La sociedad es una flor carnívora”; “La imaginación al poder”; “Desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta”; “Prohibido prohibir”; “El  patriotismo es un egoísmo en masa”;¡Haz el amor y no la guerra!”.

 

En ese retablo de  maravillas góticas, frente a la fachada de la catedral de  Notre-Dame, coincidieron actores tan dispares como los universitarios desencantados, jóvenes movilizados contra la guerra de Vietnam, trabajadores descontentos y multitudes  de los cinco continentes deseosos de ser libres por encima de los murallones, las bayonetas o las imposiciones del mandón de turno. 

 

Ha trascurrido un tiempo ineludible y será difícil regresar a aquellos días. ¿Razones? Las ilusiones se cuajaron  y París,  al final de tantas consignas, gritos y piedras, ha seguido dando vueltas entre los vapores de sus canciones sobre el Sena o el Loira, en las voces inolvidables que abrieron surcos nuevos sobre mi piel juvenil de entonces.  Esos días, uno iba de Edith Piaf, el “pequeño gorrión” sobre  la belleza  de “La vie en rose”, pasando entre la reminiscencia de  Charles Aznavour, Mireille Mathieu – El Ruiseñor de Avignon -, Yves Montand, Maurice Chevalier, George Brassens, Charles Trenet, Serge Gainsbourg y Marie Laforet, sobre voces que nos han inundado de melodías inolvidables, y  que aún hoy,  al escucharlas,  nos alteran.

 

El líder Daniel Cohn Bendit, había señalado: “Después de lo que hemos vivido durante este intervalo, ni el mundo ni la vida volverán a ser como eran”.Durante aquellos primeros días, alegres y revoltosos,  los estudiantes declararon a La Sorbona comuna libre; se apoderaron  del corazón del Barrio Latino, el Boulevard Saint Germain; fue tomado el teatro Odeón, centro de la cultura francesa; los estudiantes, ya con jóvenes obreros  de la zona de Nanterre, impusieron la facultad libertaria, mientras los  trabajadores de SudAviation dominaban la fábrica. 

 

Fue un mayo florido, producto de un estallido ilusorio que, tal  como emergió, se fue. Al final solamente quedó la nostalgia de un tiempo irrepetible  y excepcional pero  que fue dejando en toda Europa cambios, ideas frescas,  pensamientos reaccionarios, una nueva cultura y otra manera de ver la existencia. Dos semanas después  regresé de Paris a España.  Volví a la tierra del oscurantismo y el férreo control de la prensa que mi persona vivió muy directamente. Todas las madrugadas iba con las páginas del periódico “La Voz de Avilés”  a la casa habitación del censor oficial para que las revisara. No hacía falta: los periodistas ya habíamos aprendido a reprobarnos nosotros mismos. 



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