La selección se sacude las dudas con un 4-0 ante Arabia Saudí, mientras Cabo Verde vuelve a desafiar al grupo de España y la jornada abre paso hoy a Argentina, Francia, Noruega y Senegal
España necesitaba una victoria. Pero necesitaba algo más que una victoria. Necesitaba una respuesta. Una sacudida. Un partido que borrara el gesto torcido dejado por el empate sin goles ante Cabo Verde y devolviera a la selección esa sensación de equipo reconocible, agresivo, ambicioso y capaz de mandar en el Mundial sin pedir permiso.
Y lo hizo.
La selección española goleó 4-0 a Arabia Saudí en Atlanta y convirtió su segundo partido del Mundial 2026 en una declaración de intenciones. No fue solo el resultado. Fue la forma. España salió con otra velocidad, otra verticalidad y otra hambre. Allí donde unos días antes había dudas, circulación lenta y falta de colmillo, apareció una Roja mucho más directa, más profunda y más decidida.
El partido quedó encarrilado muy pronto. Lamine Yamal abrió el marcador en el minuto 10 y devolvió al equipo esa electricidad que cambia el ánimo de un partido. Mikel Oyarzabal, decisivo, hizo dos goles casi seguidos antes de la media hora y dejó a Arabia Saudí golpeada, desbordada y sin apenas posibilidad de recomponerse. En la segunda parte, un gol en propia puerta de Al Tambakti, tras una acción de Cucurella, cerró el 4-0 definitivo.
España había llegado al descanso con el trabajo hecho. Y eso, en un Mundial, es oro puro.
Lamine cambia el pulso
La gran noticia no fue solo que España ganara. La gran noticia fue que Lamine Yamal volvió a parecer Lamine Yamal: descarado, vivo, rápido, con esa mezcla de talento juvenil y naturalidad insultante que hace que todo parezca más fácil de lo que realmente es.
Su gol no fue un detalle menor. Fue una señal. España necesitaba que su fútbol dejara de parecer una sala de espera y volviera a ser una amenaza. Lamine aporta precisamente eso: desequilibrio, mirada hacia delante, aceleración y una capacidad casi inmediata para alterar defensas que hasta entonces parecían cómodas.
No hizo falta exprimirlo. Luis de la Fuente lo retiró al descanso, igual que a Oyarzabal, en una decisión inteligente: el partido estaba resuelto y el Mundial no se gana en una tarde, se administra durante semanas. España necesitaba ganar, sí, pero también necesitaba proteger piernas, repartir minutos y no quemar a sus jugadores diferenciales en una fase de grupos que todavía no está cerrada.
Oyarzabal, el delantero silencioso que siempre aparece
El otro gran nombre del partido fue Mikel Oyarzabal. Dos goles, participación decisiva en el primero y una actuación que vuelve a recordar una vieja verdad: quizá no sea el delantero más ruidoso, ni el más espectacular, ni el que más titulares acapara antes de los partidos, pero aparece cuando el equipo lo necesita.
Oyarzabal tiene algo muy valioso para una selección: entiende el juego. Se mueve bien, interpreta los espacios, asocia, finaliza y no necesita monopolizar la pelota para influir. Ante Arabia Saudí fue el hombre que convirtió el dominio español en marcador. Y eso, después del atasco ante Cabo Verde, era exactamente lo que necesitaba la selección.
España no había dejado de tener fútbol. Le faltaba filo. Ante Arabia, lo encontró.
De la Fuente corrige el rumbo
El seleccionador también sale reforzado. Luis de la Fuente había recibido críticas tras el estreno gris ante Cabo Verde. No tanto por el empate en sí, sino por la sensación de que España había jugado demasiado plana, demasiado contenida, demasiado cómoda en la posesión y demasiado incómoda en el remate.
Contra Arabia Saudí se vio otra España. Más vertical, más agresiva, más rápida en los metros finales. El equipo no renunció a su identidad, pero la aplicó con más intención. La pelota no fue una coartada, sino una herramienta. No se trataba de tocar por tocar, sino de atacar mejor.
Ese matiz cambia un Mundial.
España no puede ganar este torneo solo desde la paciencia. Necesita paciencia, sí, pero también veneno. Necesita control, pero también colmillo. Necesita posesión, pero también jugadores que rompan la línea, pisen área y conviertan la superioridad técnica en daño real.
Ante Arabia, por fin, lo hizo.
El Grupo H se aprieta por detrás
La goleada coloca a España en una posición muy favorable, pero no permite relajarse. La selección suma cuatro puntos y queda muy cerca de los cruces, aunque todavía deberá cerrar la fase ante Uruguay en un partido que puede decidir el liderato del grupo.
La sorpresa sigue siendo Cabo Verde. Después de haber resistido ante España en el debut, volvió a demostrar que no ha llegado al Mundial para hacerse fotos. Su empate 2-2 ante Uruguay mantiene al grupo abierto y convierte la última jornada en un escenario más interesante de lo previsto.
Uruguay, que parecía llamada a discutirle a España el primer puesto desde una posición de autoridad, ha encontrado más problemas de los esperados. Cabo Verde no solo compite: incomoda, corre, cree y ya se ha ganado el respeto del torneo. En un Mundial de 48 selecciones, estos equipos ya no son simple relleno. Son trampas con bandera, orgullo y mucho menos miedo del que algunos imaginaban.
Arabia Saudí, pese a la goleada encajada, todavía puede mirar a la última jornada con opciones si logra reaccionar ante Cabo Verde. Pero su imagen ante España fue la de un equipo superado muy pronto, incapaz de resistir el primer golpe y condenado a correr detrás de la pelota.
Bélgica se atasca; Irán resiste
La jornada también dejó un partido de enorme tensión en el Grupo G: Bélgica e Irán empataron 0-0 en Los Ángeles en un duelo marcado por los porteros. Thibaut Courtois sostuvo a Bélgica cuando Irán encontró espacios, y Alireza Beiranvand respondió con paradas de mérito para negar el gol belga.
Bélgica vuelve a dejar dudas. Tiene nombres, experiencia y talento, pero sigue transmitiendo esa sensación de equipo al que siempre se le espera algo más. En los Mundiales, esa espera puede convertirse en condena. Irán, por su parte, demuestra oficio competitivo, estructura y una enorme capacidad para sobrevivir en partidos incómodos.
El 0-0 no fue un empate vacío. Fue un resultado que mantiene el grupo abierto y confirma que, en este Mundial, nadie está ganando solo con el escudo.
Egipto se agarra al torneo
Egipto sí consiguió dar un golpe importante al vencer 3-1 a Nueva Zelanda. El resultado le permite respirar y colocarse en la pelea del Grupo G con una victoria que tiene mucho valor emocional y competitivo.
El partido dejó además una de esas historias deliciosas que solo regala un Mundial: goles de futbolistas conocidos como Zico y Trezeguet, nombres que parecen sacados de otra época y que ayer volvieron a sonar en una Copa del Mundo. Es el Mundial global en estado puro: estrellas absolutas, selecciones emergentes, apodos imposibles, redes sociales ardiendo y jugadores que pasan de ser desconocidos para el gran público a convertirse en fenómenos de una noche.
Nueva Zelanda, que ya había dejado buenas sensaciones en su estreno, queda tocada. No hundida, pero sí obligada a hacer números. En un grupo tan igualado, cada gol puede terminar pesando como una losa.
Lo que viene hoy: Argentina y Francia entran en escena
La jornada de hoy desplaza el foco hacia dos grandes nombres propios del torneo: Argentina y Francia.
Argentina se mide a Austria en un partido de enorme atractivo. Los argentinos llegan con la obligación habitual de quien arrastra historia, camiseta, presión y expectativa. Austria, que ya ganó en su estreno, no será un rival decorativo. Es un equipo trabajado, físico, serio y capaz de convertir cualquier partido en una batalla incómoda. Para Argentina, el reto será imponer jerarquía sin caer en la ansiedad.
Francia, por su parte, se enfrenta a Irak. Sobre el papel, es favorita clara. Pero este Mundial ya ha dejado suficientes avisos como para desconfiar de cualquier superioridad escrita antes de empezar. Francia tiene potencia, talento y profundidad de plantilla, pero estos partidos exigen concentración: si se abren pronto, pueden acabar en exhibición; si se atascan, se convierten en una trampa psicológica.
La noche se completará, en horario español ya de madrugada, con Noruega-Senegal y Jordania-Argelia. El Noruega-Senegal promete ser uno de los duelos más físicos y atractivos del día, con dos selecciones capaces de correr, chocar y atacar con espacios. Jordania-Argelia, por su parte, puede ser decisivo para medir la capacidad de reacción de dos equipos que necesitan puntos para no llegar ahogados a la última jornada.
España mira ya a Uruguay
Para España, el Mundial empieza ahora de verdad. La goleada ante Arabia Saudí no garantiza nada, pero cambia el clima. Y eso importa. El fútbol también se juega en la cabeza. Después del empate ante Cabo Verde, la selección necesitaba dejar de responder preguntas defensivas y empezar a hacerlas ella.
El 4-0 sirve para recuperar confianza, mejorar diferencia de goles, dar minutos, activar a Lamine, reivindicar a Oyarzabal y confirmar que el equipo tiene recursos para cambiar el ritmo cuando el partido lo exige.
Pero Uruguay será otra cosa. Más dureza, más oficio, más jerarquía competitiva, más amenaza en las áreas. Si España quiere mandar en el grupo, tendrá que demostrar que lo de Arabia no fue solo una reacción ante un rival inferior, sino el inicio de una versión más afilada.
La buena noticia es que la selección volvió a parecerse a sí misma. La mala, para sus rivales, es que cuando España se parece a sí misma y además muerde, el Mundial cambia de temperatura.
Ayer no ganó solo un partido. Recuperó el pulso.
