La última jornada dejó goleadas, una remontada alemana con billete para dieciseisavos, el hundimiento de Túnez, el atasco de Ecuador ante Curazao y una advertencia clara para la selección española: en este Mundial nadie puede permitirse dormir dos días seguidos
El Mundial 2026 entró en una de esas jornadas que empiezan pareciendo de trámite y terminan moviendo el tablero entero. Países Bajos despertó de golpe con una goleada de autoridad ante Suecia. Alemania sufrió, remontó y ya tiene plaza en la siguiente ronda. Japón firmó una victoria histórica ante Túnez en el partido número 1.000 de la historia de los Mundiales. Y Ecuador volvió a tropezar con sus propios límites ofensivos ante una Curazao que sigue compitiendo con una dignidad admirable.
Todo eso ocurrió en las últimas 24 horas, justo antes de que España vuelva a escena. Y ahí está el gran titular para el aficionado español: la selección de Luis de la Fuente no juega hoy un partido cualquiera. Tras el empate sin goles ante Cabo Verde, España necesita ganar a Arabia Saudí para no convertir el último duelo ante Uruguay en una noche de calculadora, ansiedad y uñas al borde del precipicio. Que luego ya sabemos cómo acaba eso: con medio país haciendo cuentas como si estuviera rellenando la declaración de la renta.
Países Bajos se quita las dudas a martillazos: 5-1 a Suecia
La Oranje necesitaba una respuesta después de su empate inicial ante Japón y la dio con una contundencia brutal. Países Bajos arrolló a Suecia por 5-1 en un partido que, más que una victoria, fue una declaración de intenciones.
Ronald Koeman movió piezas y apostó por Brian Brobbey como delantero titular. La decisión no pudo salirle mejor. El atacante abrió el marcador en el minuto 5 y volvió a golpear en el 17, dejando a Suecia completamente descolocada antes de que el partido hubiera terminado siquiera de acomodarse.
Con el 2-0, Países Bajos jugó con la comodidad de quien se sabe superior y con la urgencia de quien no quería otro susto. Cody Gakpo completó la demolición con dos goles tras el descanso, en los minutos 47 y 54, y Summerville cerró la manita en el 89. Elanga maquilló el marcador para Suecia, pero el partido hacía tiempo que se había escapado de las manos del conjunto nórdico.
El resultado tiene mucho más peso que los tres puntos. Países Bajos recupera confianza, mejora su diferencia de goles y se coloca en una posición magnífica para avanzar. Suecia, en cambio, pasa de la euforia de su estreno goleador ante Túnez a una realidad mucho más áspera: este Mundial no perdona despistes defensivos ni desconexiones de diez minutos.
Brobbey y Gakpo, la nueva amenaza naranja
El triunfo neerlandés dejó dos nombres propios muy claros. Brobbey fue el agitador inicial, el futbolista que abrió el partido como quien rompe una puerta de una patada. Gakpo fue el ejecutor de la sentencia, el jugador que convirtió la segunda parte en un ejercicio de eficacia.
También brilló Dumfries, profundo, insistente y decisivo desde la banda derecha. Países Bajos encontró por ahí una autopista y Suecia nunca supo cerrarla. Cada ataque naranja parecía llevar veneno. Cada centro olía a peligro. Cada llegada dejaba la sensación de que podía caer otro.
La lectura es evidente: cuando Países Bajos encuentra ritmo, verticalidad y pegada, vuelve a ser una de esas selecciones que nadie quiere cruzarse demasiado pronto.
Alemania firma una remontada de carácter y ya mira a dieciseisavos
Alemania también sacó adelante una jornada de enorme importancia, aunque por un camino mucho más dramático. La selección germana derrotó 2-1 a Costa de Marfil después de irse al descanso por detrás en el marcador.
Costa de Marfil golpeó primero con un tanto de Franck Kessié, atento para aprovechar un rechace y poner contra las cuerdas a una Alemania que ya había visto cómo le anulaban dos goles en la primera parte. Durante muchos minutos, el partido tuvo aroma de sorpresa. Alemania dominaba tramos, llegaba, insistía, pero no encontraba premio. Y Costa de Marfil, ordenada y peligrosa, empezaba a creer.
Entonces apareció Deniz Undav.
El delantero entró desde el banquillo y cambió el partido. Marcó el empate en el minuto 68 con una volea y firmó el gol de la remontada en el tiempo añadido. Un doblete con valor de clasificación. Alemania sufrió, pero ganó. Y en un Mundial largo, de grupos traicioneros y terceros clasificados que también entran en la ecuación, ese tipo de victorias valen oro.
Con seis puntos, Alemania ya tiene asegurado su billete para la siguiente ronda. No fue una exhibición limpia ni una noche cómoda, pero sí una demostración de algo que siempre ha definido al fútbol alemán: puede jugar mal, puede sufrir, puede parecer atascado, pero rara vez se rinde antes del pitido final.
Costa de Marfil se queda con la rabia de haber rozado algo grande
La derrota deja a Costa de Marfil en una situación delicada, aunque no necesariamente terminal. El equipo africano compitió bien, puso a Alemania contra las cuerdas y tuvo durante buena parte del encuentro la posibilidad real de dar uno de los golpes de la jornada.
Pero el fútbol de los Mundiales tiene una crueldad especial. No basta con estar cerca. No basta con hacer sufrir a una potencia. Hay que rematarla. Y Costa de Marfil no lo hizo.
Ahora tendrá que jugarse sus opciones en la última jornada, con la sensación amarga de haber dejado escapar un resultado que podía haber cambiado por completo su torneo.
Ecuador se atasca ante Curazao y deja vivo el Grupo E
El partido entre Ecuador y Curazao terminó sin goles y con una conclusión evidente: Ecuador necesitaba mucho más de lo que ofreció.
El 0-0 mantiene con vida a ambas selecciones, pero deja especialmente frustrada a una Ecuador que, por plantilla y experiencia, estaba obligada a imponer más. Tuvo posesión, tramos de dominio y jugadores de nivel para hacer daño, pero le faltó claridad en los metros finales. Mucha intención, poca precisión. Mucho amago, poco golpe.
Curazao, en cambio, volvió a demostrar que su presencia en el Mundial no es decorativa. Defendió con orden, resistió los momentos de mayor empuje ecuatoriano y sumó un punto valioso para seguir respirando.
En un torneo de 48 selecciones, donde los mejores terceros también pueden avanzar, estos empates no son poca cosa. A veces un punto parece pobre en el momento y se convierte en medio pasaporte unos días después. Pero para Ecuador el resultado sabe a oportunidad perdida.
Curazao, la pequeña que no se rinde
Curazao está jugando su primer Mundial y lo está haciendo con una mezcla de humildad y orgullo competitivo. No tiene el cartel de las grandes selecciones, pero sí una idea clara: resistir, juntar líneas, no regalar nada y aprovechar cualquier resquicio.
Ante Ecuador no ganó, pero tampoco se desmoronó. Y eso, en una Copa del Mundo, ya es una forma de presentarse ante el planeta.
El empate deja al grupo abierto y convierte la última jornada en un pequeño laberinto. Alemania ya respira con tranquilidad. Costa de Marfil, Ecuador y Curazao tendrán que pelear por las plazas restantes y por esa clasificación paralela de los mejores terceros que convierte cada gol en un pequeño tesoro.
Japón hace historia en el partido 1.000 de los Mundiales
La madrugada dejó otro momento para guardar: Japón derrotó 0-4 a Túnez en el partido número 1.000 de la historia de la Copa del Mundo. Y no fue una victoria cualquiera. Fue una goleada rotunda, madura y cargada de simbolismo.
Daichi Kamada abrió el marcador, Ayase Ueda firmó un doblete y Junya Ito también se sumó a la fiesta. Japón jugó con inteligencia, velocidad y una eficacia demoledora. Supo ocupar los espacios, castigar los errores tunecinos y cerrar el partido sin conceder apenas opciones.
La actuación de Ueda fue especialmente brillante. No solo marcó dos goles, sino que participó de forma decisiva en el juego ofensivo japonés. Japón, que ya había empatado contra Países Bajos en su debut, confirma que no está en el Mundial para ser simpático ni para conformarse con una clasificación honrosa. Está para competir de verdad.
La victoria, además, tiene valor histórico: supone una de las mayores demostraciones de fuerza de una selección asiática en la historia de los Mundiales. Japón ya no es una promesa del fútbol global. Es una realidad consolidada.
Túnez se hunde sin reacción
La otra cara fue Túnez. Después de caer 5-1 ante Suecia, el equipo africano volvió a recibir un golpe durísimo. Nueve goles encajados en dos partidos y una sensación alarmante de fragilidad.
La llegada de Hervé Renard al banquillo no ha tenido tiempo ni margen para transformar al equipo. Túnez se mostró desordenada, sin profundidad, sin contundencia defensiva y sin capacidad real para incomodar a Japón. El marcador fue duro, pero la sensación lo fue todavía más: Túnez nunca pareció tener el partido cerca.
Su Mundial queda prácticamente sentenciado y deja muchas preguntas abiertas. No solo por los resultados, sino por la imagen. En una competición donde incluso los equipos modestos están compitiendo con orgullo y estructura, Túnez se ha quedado sin respuestas demasiado pronto.
El Grupo F se convierte en una batalla preciosa
Con la goleada neerlandesa y la victoria japonesa, el Grupo F se ha puesto precioso. Países Bajos y Japón aparecen como las selecciones más fuertes, ambas con argumentos de sobra para avanzar. Suecia conserva opciones, pero tendrá que recomponerse mentalmente después del golpe recibido. Túnez, salvo milagro descomunal, queda fuera de la pelea real.
El último cruce entre Japón y Suecia promete tensión. También el cierre de Países Bajos ante Túnez, donde la Oranje puede certificar su posición con otra victoria. Pero el gran matiz está en la diferencia de goles. En este Mundial ampliado, no solo importa ganar. Importa ganar bien. Los terceros clasificados viven pendientes de cada tanto a favor y cada gol encajado.
La calculadora ha llegado antes de lo previsto.
Hoy vuelve España: prohibido otro partido plano
La jornada de hoy tiene un foco evidente para el fútbol español. España se enfrenta a Arabia Saudí a las 18:00 hora peninsular en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Después del empate 0-0 ante Cabo Verde, el equipo de Luis de la Fuente necesita una victoria que calme el ambiente, ordene el grupo y evite una última jornada de alta tensión ante Uruguay.
España llega con una obligación clara: transformar posesión en peligro. Ante Cabo Verde faltaron ritmo, agresividad, desborde y colmillo. Mucho control, poca herida. Y en un Mundial eso se paga.
Arabia Saudí no será un rival cómodo. Ya empató 1-1 ante Uruguay y se espera que plantee un partido cerrado, con bloque bajo, ayudas constantes y la intención de castigar cualquier pérdida española. Es el tipo de encuentro que puede convertirse en una trampa si España entra lenta, previsible o demasiado confiada.
La selección necesita profundidad por fuera, movilidad por dentro y más presencia en el área. También necesita que sus jugadores diferenciales aparezcan desde el principio. No basta con dominar el balón. Hay que intimidar.
El recuerdo de Cabo Verde pesa
El empate ante Cabo Verde no fue una catástrofe, pero sí un aviso. España no perdió, no se rompió y no quedó contra las cuerdas, pero dejó una imagen preocupante: la de un equipo capaz de mandar en el partido sin terminar de someterlo.
En los Mundiales, los tropiezos iniciales se pueden corregir. Lo que no se puede permitir es repetirlos. Un segundo empate obligaría a jugarse demasiado ante Uruguay, una selección que rara vez regala nada y que convierte cualquier partido importante en una pelea de supervivencia.
Por eso el duelo contra Arabia Saudí tiene valor de bisagra. Si España gana, respira. Si no gana, se mete sola en una habitación con poca luz y muchas cuentas pendientes.
Bélgica, Irán, Uruguay y Cabo Verde completan un día de máxima vigilancia
La jornada no terminará con España. Después llegará el Bélgica-Irán, otro partido con peso competitivo en el Grupo G, y más tarde el Uruguay-Cabo Verde, fundamental para el Grupo H español.
España mirará de reojo ese Uruguay-Cabo Verde. Si la selección cumple ante Arabia Saudí, el resultado del otro partido puede ayudar a encarrilar la clasificación. Si España pincha, ese duelo puede complicarlo todo.
También jugarán Nueva Zelanda y Egipto ya de madrugada, en otro encuentro que puede empezar a ordenar el Grupo G. La segunda jornada de la fase de grupos está entrando en ese punto en el que cada partido deja consecuencias encadenadas. Lo que ocurre en un campo cambia el valor de lo que ocurre en otro.
La jornada deja una lección: este Mundial no espera a nadie
Las últimas 24 horas han dejado una enseñanza muy clara. Las selecciones que dudan, sufren. Las que aceleran, se disparan. Países Bajos y Japón han usado la jornada para elevar su candidatura. Alemania ha recordado que tiene una vieja relación con la supervivencia competitiva. Ecuador ha comprobado que los partidos teóricamente accesibles también pueden atascarse. Túnez ha quedado al borde del abismo.
Ahora le toca a España decidir en qué grupo quiere estar.
Puede ser el equipo que corrige rápido, gana y recupera autoridad. O puede convertirse en otra selección grande obligada a vivir de cuentas, terceros puestos y nervios de última jornada.
El Mundial sigue avanzando. Y lo hace con una advertencia que ya no admite bromas: aquí no basta con tener nombre. Hay que jugar como si lo merecieras.
