Estados Unidos se apunta al papel de anfitrión peligroso, Brasil se recompone y España se prepara para un partido que ya no admite bostezos.

Estados Unidos se apunta al papel de anfitrión peligroso, Brasil se recompone y España se prepara para un partido que ya no admite bostezos.

La jornada ha dejado dos mensajes muy claros: Estados Unidos ya está en modo anfitrión serio y Brasil ha activado el botón de “aquí seguimos”. La selección estadounidense ganó 2-0 a Australia y selló su pase a dieciseisavos con dos victorias en dos partidos, algo que refuerza muchísimo el relato local del torneo. Lo hizo sin Christian Pulisic, con un gol en propia puerta de Cameron Burgess y un cabezazo de Alex Freeman validado tras revisión del VAR.

El triunfo de Estados Unidos no fue solo un resultado: fue una declaración de control. Australia reaccionó tarde, endureció el partido y dejó alguna ocasión en el tramo final, pero el equipo de Mauricio Pochettino sostuvo el 2-0 con oficio. Hubo siete amarillas y un partido áspero, pero los estadounidenses consiguieron su primera portería a cero en nueve encuentros, un dato importante porque hasta ahora su defensa dejaba más dudas que una rueda de prensa a las tres de la mañana.

En el grupo de Brasil, la cosa también se movió con fuerza. Brasil ganó 3-0 a Haití, con doblete de Matheus Cunha y gol de Vinícius, y se colocó en cabeza junto a Marruecos. Después del empate inicial ante Marruecos, la canarinha necesitaba una noche limpia, sin sobresaltos y con sensación de autoridad. La tuvo. No fue una obra de museo, pero sí un partido de esos que calman al país y espantan fantasmas.

Marruecos, por su parte, ganó 1-0 a Escocia con un gol tempranero de Ismael Saibari. Resultado corto, mucho sufrimiento y tres puntos de oro. Escocia, que venía de ganar a Haití, se queda ahora obligada a mirar el último partido con calculadora, rosario y quizá una tila doble. Marruecos confirma que no está en el Mundial para hacer turismo: compite, muerde y sabe cerrar partidos.

La sorpresa de la madrugada la firmó Paraguay, que ganó 0-1 a Turquía con un gol de Matías Galarza en los primeros minutos. El mérito se agranda porque Paraguay jugó buena parte de la segunda mitad con diez tras la expulsión de Miguel Almirón en el minuto 48. Turquía, con Arda Güler como gran foco de atención, se queda en una situación muy delicada. Paraguay, en cambio, se mete de lleno en la pelea del grupo.

Lo que viene hoy

La jornada de hoy deja duelos con mucho interés: Países Bajos-Suecia, Alemania-Costa de Marfil, Ecuador-Curazao y Túnez-Japón. Alemania llega después del 7-1 a Curazao, así que conviene ver si aquello fue una tormenta perfecta o el aviso de que los alemanes han venido con el colmillo de siempre. Brasil ya ha despertado; Alemania puede intentar hoy mandar otro recado al torneo.

Y ahora, España: mañana no vale dormir la siesta

España juega mañana, domingo 21 de junio, a las 18:00 hora peninsular, contra Arabia Saudí en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Es el segundo partido del grupo H, después del empate 0-0 ante Cabo Verde. El grupo lo completan Uruguay y Cabo Verde, que también juegan mañana.

El empate ante Cabo Verde dejó a España con una obligación evidente: ganar para recuperar el mando emocional del grupo. No es una final, porque el formato de 48 equipos da más margen y pasan los dos primeros más los mejores terceros, pero sí es un partido de autoridad. Si España gana, se coloca en buena posición antes del duelo grande ante Uruguay. Si empata o tropieza, el partido contra los uruguayos pasa de “bonito” a “cuidado que vienen curvas”.

La clave contra Arabia Saudí estará en abrir pronto el partido. Arabia viene de empatar 1-1 con Uruguay y eso ya obliga a respetarla: no es un rival para jugar al tran-tran, tocar por tocar y esperar que la fruta caiga sola del árbol. España necesita ritmo, amplitud, remate y mala leche competitiva en área rival. Lo del debut fue dominio sin premio; mañana tiene que ser dominio con factura, IVA incluido y sello de Hacienda.

Mi lectura: España debe jugar con paciencia, sí, pero no con parsimonia. Contra rivales que se cierran, la frontera entre madurar el partido y anestesiarlo es peligrosísima. Hay que mover rápido, atacar los intervalos, cargar el área y evitar que el encuentro se convierta en uno de esos 0-0 donde el rival empieza a creer, el reloj empieza a gritar y el periodista empieza a escribir “España se atasca” en el minuto 63.

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