Las marcas del gigante asiático disparan sus matriculaciones un 78% en un año y alcanzan ya el 22,16% del mercado asturiano. BYD, MG, Omoda y Jaecoo ganan terreno gracias a sus precios competitivos, su apuesta tecnológica y el tirón de la electrificación
“Los chinos nos comen, nos comen los chinos”.
Durante años fue una de esas frases que muchas madres repetían medio en broma, medio en serio, como aviso de que China acabaría fabricándolo todo y vendiéndolo todo. Pues bien: en Asturias, al menos en el sector del automóvil, esa vieja expresión popular ya empieza a sonar bastante menos exagerada.
Los coches chinos se han convertido en una de las grandes sacudidas del mercado asturiano. Sus ventas se dispararon un 78% en agosto respecto al mismo mes del año anterior y ya representan el 22,16% de todos los turismos matriculados en la región. Dicho de otro modo: más de uno de cada cinco coches nuevos vendidos en Asturias pertenece ya a marcas chinas o vinculadas al gigante asiático.
El salto es tan rápido como llamativo. Solo en agosto se matricularon en el Principado 443 turismos chinos, frente a los 249 que se habían vendido en el mismo mes de 2025. Y si se amplía la mirada al conjunto del año, la tendencia es aún más clara: entre enero y agosto se registraron 1.764 vehículos, un 61% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior, cuando se contabilizaron 1.096.
La fotografía cambia por completo si se compara con hace solo cinco años. En los ocho primeros meses de 2021 apenas se habían matriculado en Asturias nueve vehículos de origen chino. Hoy ya son una pieza perfectamente visible del paisaje automovilístico asturiano, con modelos cada vez más frecuentes en las calles y carreteras de la región.
De rareza a fenómeno
Lo más significativo de este avance no es solo el crecimiento de unas pocas marcas recién llegadas. Lo relevante es que el coche chino ha dejado de ser una rareza para convertirse en una opción real y cada vez más normalizada para el comprador medio.
Ahí están nombres como BYD, MG, Omoda o Jaecoo, que hace poco apenas sonaban fuera del sector y que ahora empiezan a instalarse con naturalidad en la conversación sobre qué coche comprar. Ya no son una curiosidad exótica, sino competidores directos de las marcas europeas, japonesas o coreanas.
Entre enero y agosto, BYD se ha colocado por delante de MG en Asturias. La marca china matriculó 458 vehículos, con un crecimiento del 133,67% en solo un año. MG sumó 365 unidades, mientras que Omoda alcanzó las 242 y Jaecoo llegó a 102.
No se trata solo de volumen, sino de velocidad. En muy poco tiempo, estas marcas han conseguido hacerse un hueco relevante en un mercado tradicionalmente dominado por fabricantes con décadas de presencia consolidada.
Por qué están avanzando tanto
La explicación de este auge no está en un único factor, sino en la suma de varios.
El primero, y seguramente el más visible para el comprador, es la relación entre precio y equipamiento. Muchos de estos vehículos llegan con una dotación tecnológica abundante, diseños modernos y una oferta competitiva frente a modelos equivalentes de fabricantes tradicionales.
El segundo tiene que ver con una de las grandes claves industriales del momento: la electrificación. China domina la producción de baterías de litio, que son el componente más caro del coche eléctrico y uno de los elementos estratégicos de toda la nueva movilidad. Esa ventaja industrial le permite competir con fuerza precisamente en el segmento que más está creciendo.
Y el tercer factor es la propia estrategia de expansión internacional de las marcas chinas, que ya no se limitan a exportar desde Asia, sino que buscan implantarse de forma estable en Europa a través de redes comerciales, alianzas con grupos locales y, cada vez más, proyectos industriales propios.
Europa pone aranceles, China responde con fábricas
La expansión de los fabricantes chinos también se está viendo condicionada por la respuesta de la Unión Europea, que ha endurecido su política comercial para proteger a la industria automovilística del continente.
Pero lejos de frenar totalmente el avance de estas marcas, esa presión está empujando una nueva estrategia: fabricar dentro de Europa.
Las compañías chinas empiezan a instalar plantas en suelo europeo para esquivar aranceles y afianzar su presencia. Asturias aspiró a captar alguna de esas inversiones vinculadas al ensamblaje de vehículos eléctricos, pero por ahora las grandes apuestas han ido a parar a otros territorios.
La más reciente ha sido la de SAIC, que anunció la instalación en La Coruña de su primer centro industrial y logístico de vehículos eléctricos en Europa, vinculado a su marca MG. El proyecto contempla 200 millones de euros de inversión y la creación de 2.300 empleos en su primera fase.
Para Asturias, de momento, no hay una operación similar sobre la mesa. Pero eso no ha impedido que sus marcas sigan ganando terreno en los concesionarios y en las matriculaciones.
El comprador asturiano cambia de hábitos
El avance de los coches chinos no puede entenderse sin observar al mismo tiempo el cambio general del mercado.
La matriculación de vehículos electrificados y de gas se disparó en Asturias un 58,35% en agosto, hasta alcanzar 1.631 unidades, lo que supone una cuota del 81,59%. Dentro de ese bloque, crecieron con fuerza los eléctricos puros, los híbridos enchufables y los modelos alimentados por gas.
Mientras tanto, los coches de diésel y gasolina retroceden con claridad. En agosto solo se matricularon 61 turismos diésel, con una caída cercana al 12%, y 307 de gasolina, con un desplome de más del 25%.
Es decir: el comprador ya no está pensando igual que hace unos años. El encarecimiento de los combustibles, el interés por tecnologías más eficientes y el empuje institucional a la descarbonización están cambiando la demanda. Y en ese nuevo terreno, las marcas chinas están sabiendo jugar muy bien sus cartas.
El coche chino ya compite en las listas de ventas
Todavía no lideran el mercado, pero ya se cuelan con naturalidad entre los modelos más vendidos.
El coche favorito de los asturianos en lo que va de año sigue siendo el Hyundai Tucson, con 816 unidades, por delante del Dacia Sandero y el Toyota Corolla. Pero en el “top 15” aparece ya el MG ZS, con 198 matriculaciones, como muestra de que los fabricantes chinos ya no están solo creciendo en los márgenes: empiezan a ser visibles en el corazón del mercado.
Ese dato quizá explica mejor que ningún otro lo que está ocurriendo. No estamos simplemente ante una moda o una irrupción puntual. Estamos ante una transformación real del mapa automovilístico.
Un mercado que también mira al bolsillo
La expansión de estas marcas se produce, además, en un momento en el que muchas familias y profesionales miran el precio con especial atención.
El Principado acaba de presentar su nuevo Plan Renove, dotado con un millón de euros, para facilitar la compra de vehículos “más seguros, eficientes y con menores emisiones contaminantes”. La convocatoria prevé ayudas directas de 2.400 euros y permitirá apoyar la sustitución de unos 400 turismos y vehículos comerciales ligeros.
El objetivo es rejuvenecer un parque móvil que en Asturias tiene una antigüedad media cercana a los 16 años. Y ahí, de nuevo, las marcas chinas cuentan con un argumento muy poderoso: pueden ofrecer modelos nuevos, bien equipados y competitivos en precio justo en el momento en que muchos compradores buscan modernizar su vehículo sin disparar el gasto.
Mucho más que una anécdota
La frase de “los chinos nos comen” sonaba hace años a exageración doméstica. Hoy, al menos en el automóvil, describe bastante bien una tendencia económica de fondo.
China ya no es solo la gran fábrica del mundo. Es también una potencia tecnológica, industrial y comercial capaz de plantar cara en uno de los sectores más emblemáticos de Europa: el motor.
En Asturias, esa ofensiva ya tiene traducción numérica y visual. Está en las estadísticas, en los concesionarios y en la carretera. Está en el crecimiento del 78% en un año. Está en ese 22,16% de cuota. Está en que uno de cada cinco coches vendidos en agosto llevaba ya sello chino.
Y eso significa una cosa muy clara: no es que estén llamando a la puerta; es que ya han entrado en el garaje.
