Una roca en la cuneta, bajo la lupa: así pudo desencadenarse la tragedia que costó la vida a Soraya Barreiro

Una roca en la cuneta, bajo la lupa: así pudo desencadenarse la tragedia que costó la vida a Soraya Barreiro

La investigación apunta como principal hipótesis a que el BMW golpeó una piedra al cortar una curva suave de El Mazucu, perdió el control, superó el guardarraíl y acabó incendiándose. El piloto Germán Romano continúa hospitalizado en el HUCA. El origen del fuego y la secuencia exacta del accidente son ahora dos de las grandes incógnitas

No fue una curva extrema. No era uno de los puntos que los pilotos señalaban como especialmente peligrosos. Se circulaba cuesta arriba y, según participantes en la prueba, a una velocidad comparativamente contenida.

Y, sin embargo, bastaron unos segundos.

La investigación sobre el accidente que costó la vida a Soraya Barreiro Rodríguez, de 20 años, durante el 49.º Rally Villa de Llanes empieza a concentrarse en un elemento aparentemente insignificante situado junto al asfalto: una roca en la cuneta.

Esa es la principal hipótesis publicada este lunes para explicar por qué el BMW 325i en el que competían Germán Romano y Soraya Barreiro pudo perder repentinamente su trayectoria cuando apenas había recorrido algo más de un kilómetro del tramo de El Mazucu.

La hipótesis todavía deberá ser confirmada por la investigación técnica. Pero permite comenzar a reconstruir cómo una maniobra habitual en competición pudo transformarse en una sucesión fatal.

Una curva suave, una cuneta y un golpe que pudo cambiarlo todo

El accidente ocurrió en la carretera LLN-7, a la altura del kilómetro 14, durante la segunda pasada por El Mazucu, correspondiente al TC-9 de la prueba.

El aviso llegó al 112 Asturias a las 13.53 horas del sábado 26 de septiembre: un vehículo participante en el rally se había salido de la carretera y estaba ardiendo. Una persona había conseguido salir del coche y otra permanecía dentro.

A las 14.09 horas, el dispositivo médico de la propia competición confirmó el fallecimiento de la copiloto. Los bomberos dieron por extinguido el incendio a las 14.36 horas.

El escenario resulta especialmente llamativo por sus características.

Era un sector prácticamente recto, precedido por una curva muy suave. Según la reconstrucción publicada este lunes, los pilotos tienden en ese punto a aproximarse al borde de la carretera para dibujar una trayectoria lo más recta posible.

Romano habría realizado una maniobra similar.

La diferencia pudo estar en una piedra.

La hipótesis que se investiga apunta a que una de las ruedas o la parte baja del BMW pudo impactar contra una roca situada al borde de la cuneta. Ese contacto habría desestabilizado violentamente el vehículo.

A partir de ahí se produjo la secuencia que ahora se intenta reconstruir con precisión: el BMW abandonó el asfalto, superó el guardarraíl, cayó por el desnivel y terminó incendiándose.

No existe todavía una conclusión oficial pública que permita afirmar que esa roca fue definitivamente la causa del siniestro.

Es, por ahora, la explicación sobre la que se trabaja.

«En ese tramo se va despacio»

La posibilidad de que un elemento situado junto a la calzada desencadenase el accidente resulta especialmente relevante porque varios pilotos que conocen la zona no consideran ese punto uno de los sectores especialmente peligrosos del recorrido.

Un participante llanisco lo resumió después del accidente: en aquella zona se circula subiendo, se va relativamente despacio y existe guardarraíl.

Su conclusión fue estremecedoramente sencilla:

«Fue mala suerte».

Este año, además, El Mazucu se disputaba en sentido contrario al habitual: con salida en Cortines, en Caldueñu, y llegada en Santa Marina, en Parres.

Ese cambio ha entrado inevitablemente en el análisis de lo ocurrido. Sin embargo, pilotos conocedores del trazado consultados tras el accidente no consideran que el nuevo sentido explique por sí mismo el siniestro.

Y aquí aparece una distinción esencial.

Que un accidente ocurra en un tramo de rally no significa automáticamente que el tramo fuese inseguro. Y que existiese una roca en la cuneta tampoco permite atribuir por sí sola responsabilidades.

La investigación tendrá que determinar dónde estaba exactamente, qué parte del vehículo pudo golpearla, qué daños produjo ese primer impacto y cómo alteró la trayectoria posterior del BMW.

La segunda gran pregunta: ¿por qué ardió el coche?

Hay otra incógnita que probablemente resulte tan importante como la primera.

El incendio.

Después de abandonar la carretera, el BMW quedó envuelto rápidamente en llamas. Germán Romano consiguió abandonar el vehículo, pero Soraya permaneció atrapada en el interior.

Los servicios de emergencia recibieron desde el primer momento la información de que el turismo estaba ardiendo y que había una persona dentro.

Ahora habrá que determinar técnicamente qué originó ese fuego.

Una fuga de combustible, la rotura de algún componente, daños eléctricos o cualquier otra circunstancia derivada del impacto son posibilidades que deberán establecer los especialistas. A día de hoy no hay una explicación pública definitiva.

Tampoco debe confundirse el incendio con la causa médica concreta del fallecimiento de Soraya mientras no exista una conclusión forense pública.

Son dos investigaciones relacionadas, pero diferentes: por qué se salió el coche de la carretera y qué ocurrió después del impacto.

Germán intentó sacar a Soraya del coche

En medio de la tragedia queda uno de los episodios más duros.

Germán Romano, de 26 años y pareja de Soraya, consiguió abandonar el BMW tras el accidente y trató de rescatarla mientras el vehículo ardía.

No pudo conseguirlo.

El piloto sufrió quemaduras durante el siniestro. Fue trasladado inicialmente al Hospital del Oriente de Asturias y posteriormente al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), donde continúa ingresado.

Las últimas informaciones disponibles señalan que permanece en planta, con quemaduras principalmente en el rostro y sin que inicialmente se hayan comunicado lesiones de especial gravedad, aunque continúa pendiente de evolución.

Un rally detenido en seco

La reacción de la organización fue inmediata.

Cuando se confirmó la muerte de Soraya, la Escudería Villa de Llanes decidió suspender definitivamente los cuatro tramos cronometrados que todavía quedaban por disputar.

«La competición deportiva carece de toda importancia», señaló la organización al anunciar la decisión.

Pilotos, copilotos, equipos y miembros de la organización regresaron al parque cerrado. Allí guardaron un minuto de silencio.

El rally se había acabado.

Hasta aquel momento se estaba disputando una de las ediciones más apretadas de los últimos años.

Efrén Llarena encabezaba la clasificación por delante de Iván Ares y Jorge Cagiao. Y José Antonio «Cohete» Suárez acababa de convertirse matemáticamente en campeón del Supercampeonato de España de Rallyes tras la retirada de Diego Ruiloba.

Pero no hubo celebración.

Suárez había conseguido uno de los grandes objetivos deportivos de su temporada y, sin embargo, el campeonato quedó completamente eclipsado por lo ocurrido unos kilómetros antes.

Llanes perdió mucho más que una participante

La dimensión del accidente se entiende mejor lejos de los cronómetros.

Soraya no era simplemente una copiloto llegada de fuera para disputar una carrera.

Era de Llanes.

Vivía en Meré. Allí había crecido y allí era conocida por su participación constante en la vida del pueblo.

En mayo se había graduado como higienista bucodental. Su otra gran pasión era el baile tradicional. Formaba parte del grupo local de bailes de Meré y del grupo folclórico La Tamarga.

Y desde pequeña había vivido el mundo del motor muy de cerca.

Su hermano, Pablo Barreiro, también competía en esta edición del Rally Villa de Llanes y había tomado la salida antes que ella.

Por eso la muerte de Soraya atravesó simultáneamente varios pequeños mundos que en Llanes se conocen bien entre sí: el rally, Meré, el folclore, los amigos y una familia estrechamente vinculada al automovilismo.

Un concejo en silencio

El alcalde de Llanes, Enrique Riestra, resumió el estado de ánimo del municipio señalando que el accidente había dejado al concejo «en shock» y trasladó el apoyo de Llanes a la familia y a la Escudería Villa de Llanes.

También representantes municipales del PP y del PSOE expresaron públicamente sus condolencias, mientras que la Agrupación Socialista suspendió la Fiesta de La Vega de La Portilla prevista para el domingo como señal de duelo.

El automovilismo reaccionó de forma parecida.

José Antonio «Cohete» Suárez explicó que tragedias de este tipo le encogen el corazón especialmente cuando ocurren tan cerca, mientras equipos y pilotos de toda España difundían mensajes de apoyo.

La competición había pasado definitivamente a otro plano.

Cinco años después, Llanes vuelve a mirar a la seguridad

La tragedia inevitablemente devuelve también un recuerdo especialmente doloroso.

En 2021, el Rally Villa de Llanes sufrió otro accidente mortal. El piloto Jaime Gil y su copiloto Diego Calvo murieron después de una salida de carretera en el tramo de El Fitu.

Son accidentes distintos, separados por cinco años y producidos en circunstancias diferentes.

Por eso no sería correcto establecer una relación causal entre ambos.

Pero la nueva tragedia obliga a revisar cada detalle.

La investigación deberá establecer si la roca tuvo realmente el papel que ahora se sospecha, analizar el comportamiento del vehículo después del primer impacto, estudiar la trayectoria sobre el guardarraíl y determinar por qué se produjo un incendio tan rápido.

También permitirá saber si existe alguna enseñanza técnica que pueda trasladarse a futuras ediciones de la prueba.

Un pequeño obstáculo y una sucesión imposible de detener

Los rallys se disputan precisamente en carreteras reales.

Hay cambios de asfalto, cunetas, árboles, muros, desniveles y guardarraíles. El piloto y el copiloto trabajan juntos para anticipar cada uno de esos elementos a velocidades que dejan muy poco margen para reaccionar cuando algo imprevisto sucede.

Eso es lo que hace especialmente inquietante la hipótesis que emerge ahora en Llanes.

No una curva imposible.

No una gran velocidad en un descenso.

No un punto señalado previamente como especialmente peligroso.

Una roca en el borde de una cuneta.

Un posible primer impacto.

Después, apenas segundos: pérdida de control, guardarraíl, caída e incendio.

Determinar si realmente ocurrió así corresponde ahora a los investigadores.

Pero mientras la competición intenta comprender técnicamente la tragedia, Llanes ya conoce perfectamente su consecuencia humana.

Soraya Barreiro tenía 20 años.

Corría en casa.

Y un rally que debía terminar entre motores, podios y celebraciones acabó completamente en silencio.

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