La población cantábrica protagoniza una de las recuperaciones más importantes de la fauna española, pero su último gran recuento genético se realizó con datos de 2020. Los investigadores creen que el número actual de osos puede superar los 400, mientras aumentan los encuentros con humanos, los daños en explotaciones y la presencia de animales en las proximidades de los pueblos. El desafío ya no es únicamente salvar al oso de la extinción: también es garantizar una convivencia segura y sostenible.
Asturias, 3 de noviembre de 2026. Hace apenas tres décadas, encontrarse con un oso pardo en las montañas asturianas era una experiencia extraordinaria. La especie había quedado reducida a pequeños núcleos aislados y su futuro parecía seriamente comprometido.
Hoy la situación es radicalmente diferente.
La Cordillera Cantábrica alberga una población en recuperación que podría superar los 400 ejemplares, según las estimaciones de especialistas vinculados a la conservación del oso.
Pero hay un dato que obliga a introducir una importante cautela: el último gran estudio genético coordinado por las comunidades autónomas estimó 370 osos utilizando muestras recogidas en 2020. Aquel trabajo situó el intervalo estadístico entre 333 y 421 animales.
Desde entonces, la especie ha seguido reproduciéndose, ampliando su presencia territorial y protagonizando encuentros cada vez más frecuentes con la población rural.
Lo que falta es una nueva estimación integral que permita saber cuántos osos viven realmente en la cordillera en 2026.
Y esa ausencia de información actualizada cobra especial relevancia en Asturias, donde la conservación de la especie debe compatibilizarse con la ganadería, la actividad agrícola, el turismo y la seguridad de los habitantes de las zonas oseras.
El oso ha dejado de ser solamente un símbolo de la naturaleza amenazada. Su recuperación obliga ahora a plantearse cómo gestionar una población que ocupa cada vez más territorio.
DE MENOS DE UN CENTENAR DE OSOS A UNA POBLACIÓN QUE RONDA LOS 400
La evolución del oso pardo cantábrico constituye uno de los ejemplos más importantes de recuperación de una especie amenazada en España.
En los años noventa, su población se había reducido a unas pocas decenas de ejemplares, distribuidos en dos núcleos geográficos con escaso intercambio.
La persecución humana, la pérdida de hábitat, el furtivismo y la fragmentación del territorio amenazaban la supervivencia de la especie.
Tres décadas de protección legal, vigilancia, recuperación ambiental y colaboración entre administraciones y organizaciones conservacionistas han cambiado radicalmente la situación.
El gran estudio genético cuyos resultados se presentaron en 2023 estimó 370 osos pardos en la Cordillera Cantábrica.
De ellos, aproximadamente 250 correspondían al núcleo occidental y 120 al oriental.
La Fundación Oso Pardo explicó en 2025 que, teniendo en cuenta la evolución demográfica, se consideraba que la población ya podía superar los 400 ejemplares.
El Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC también utilizó en mayo de 2026 una referencia a una población de alrededor de 400 animales al presentar una investigación sobre su comportamiento.
La coincidencia entre estas referencias refuerza la hipótesis de que la barrera de los 400 podría haberse superado, pero no equivale a un nuevo censo completo.
ASTURIAS, EL CORAZÓN DE LA RECUPERACIÓN DEL OSO
El Principado ocupa una posición esencial en la conservación del oso pardo cantábrico.
Sus grandes masas forestales, valles montañosos y espacios naturales proporcionan refugio y recursos alimentarios a una parte destacada de la población occidental.
Somiedo, Cangas del Narcea, Degaña, Ibias, Teverga, Proaza y Belmonte de Miranda se encuentran entre los territorios donde la presencia del oso tiene una relevancia ecológica y social particular.
Pero hay una precisión fundamental.
No puede afirmarse que Asturias tenga 250 osos.
Esa cifra corresponde al conjunto de la subpoblación occidental, que se extiende también por León y Galicia.
Los osos no permanecen dentro de los límites autonómicos. Sus movimientos pueden abarcar grandes extensiones y atravesar distintas comunidades.
Determinar cuántos ejemplares utilizan el territorio asturiano durante un periodo concreto requiere un trabajo científico específico.
El director de la Fundación Oso de Asturias, José Tuñón Huerta, advirtió en abril de 2026 que la recuperación resulta evidente, pero que todavía no puede garantizarse la viabilidad de la especie a largo plazo.
Entre los problemas que siguen preocupando a los especialistas figuran la existencia de dos núcleos reproductores diferenciados y la necesidad de mantener suficiente diversidad genética.
Más osos no significa automáticamente una población libre de amenazas
EL NUEVO PROBLEMA: LOS OSOS SE ACERCAN A LOS PUEBLOS
La recuperación de la especie está transformando su relación con el territorio.
A medida que aumenta la presencia del oso, también crecen las posibilidades de encuentros con personas, especialmente en las zonas rurales próximas a sus áreas habituales de alimentación.
Los osos pueden aproximarse a los pueblos atraídos por contenedores de basura, colmenas, árboles frutales, piensos para animales o restos orgánicos.
No todos estos comportamientos representan un peligro directo.
Pero los especialistas prestan especial atención a los ejemplares que comienzan a perder su cautela natural ante los seres humanos.
El riesgo no es simplemente que un oso atraviese las proximidades de un pueblo, sino que aprenda a encontrar alimento habitualmente en espacios ocupados por personas.
Esa habituación puede aumentar la frecuencia de los encuentros y dar lugar a situaciones conflictivas.
Asturias ya ha tenido que adoptar medidas de intervención.
SEIS OSOS CAPTURADOS Y REUBICADOS EN ASTURIAS EN 2025
Los datos oficiales muestran que la gestión de ejemplares habituados a entornos humanos ya constituye una actividad importante.
Durante 2025, el Principado capturó, marcó y reubicó seis osos pardos que habían mostrado comportamientos de habituación o causado daños reiterados.
Las intervenciones se realizaron en localidades de Cangas del Narcea y Degaña.
Uno de los casos fue el de Saladín, un macho adulto de unos 220 kilogramos capturado después de detectarse su presencia en un dispensador de pienso para terneros.
Las actuaciones incluyeron seguimiento mediante dispositivos de localización para conocer los movimientos de los animales después de su traslado.
También se han instalado protecciones en contenedores y se han facilitado pastores eléctricos para proteger colmenas, huertas y explotaciones.
Son medidas que reflejan un cambio en la gestión de la especie: proteger al oso también exige reducir las situaciones que pueden provocar conflictos con los habitantes de los pueblos.
LOS DAÑOS AL CAMPO: UNA CONVIVENCIA QUE NECESITA RECURSOS
Ganaderos y apicultores conocen desde hace décadas los problemas que pueden ocasionar las incursiones de osos.
La destrucción de colmenas, los daños en frutales y los ataques al ganado forman parte de los conflictos que deben gestionar las administraciones.
Un análisis de la Fundación Oso Pardo sobre reclamaciones registradas entre 2009 y 2018 identificó una media de 585 reclamaciones anuales por daños atribuidos al oso en la Cordillera Cantábrica, con unas compensaciones de aproximadamente 250.000 euros anuales.
Son cifras históricas del conjunto de la cordillera, no un balance actualizado de Asturias en 2026.
Pero permiten entender que la convivencia implica costes reales para determinadas explotaciones.
La protección de una especie amenazada necesita el respaldo de la población que comparte territorio con ella.
Eso exige prevención, compensaciones proporcionadas, agilidad administrativa y capacidad de intervención ante ejemplares que desarrollen comportamientos problemáticos.
El éxito de la conservación no puede medirse únicamente por el número de osos. También debe evaluarse por la capacidad para evitar conflictos y atender a las personas afectadas.
EL CAMBIO CLIMÁTICO AÑADE UNA NUEVA AMENAZA
La evolución de la población osera coincide con transformaciones ambientales que pueden modificar sus hábitos.
El calentamiento global afecta a los ciclos de producción de frutos silvestres y a la disponibilidad de algunos de los alimentos de los que depende la especie.
Los cambios en la fructificación de arándanos, hayedos y robledales pueden obligar a determinados ejemplares a modificar sus desplazamientos y sus pautas de alimentación.
También preocupa la posibilidad de que los osos permanezcan activos durante periodos más prolongados del invierno.
Para reforzar la disponibilidad de alimento natural, el proyecto LIFE Osos con Futuro desarrolló actuaciones de mejora del hábitat, entre ellas la plantación de 150.000 árboles y arbustos productores de frutos, además de 25.000 castaños injertados con variedades locales.
El objetivo es favorecer la alimentación de los osos en su medio natural y reducir algunas de las causas que pueden acercarlos a los asentamientos humanos.
¿CÓMO SE CUENTAN LOS OSOS? LA CIENCIA HA CAMBIADO EL MÉTODO
Contar osos no consiste en recorrer las montañas intentando fotografiar a todos los animales.
La gran extensión del territorio, sus movimientos y la dificultad para observarlos directamente hacen imposible obtener un número fiable mediante simples avistamientos.
El método utilizado para el último gran censo se basó en el análisis genético de muestras no invasivas.
Los investigadores recogieron pelos y excrementos, identificaron genéticamente individuos y utilizaron modelos estadísticos para estimar la población total.
El estudio presentado en 2023 implicó:
16.700 kilómetros cuadrados de superficie muestreada.
7.606 kilómetros recorridos por los equipos de campo.
1.288 muestras biológicas analizadas: 936 de excrementos y 352 de pelo.
El resultado fue una estimación de 370 ejemplares, con un intervalo de confianza de 333 a 421.
La amplitud de ese intervalo recuerda que incluso los métodos científicos avanzados ofrecen estimaciones con incertidumbre, no un recuento exacto de cada individuo.
Por eso, los avistamientos recientes, las nuevas camadas y la expansión territorial no permiten sumar animales sin más.
Un mismo oso puede aparecer en múltiples fotografías y recorrer distintos territorios.
Para saber si la población ha superado realmente los 400 ejemplares es necesario actualizar el análisis genético con un muestreo comparable.
EL NUEVO CENSO DEBERÍA RESPONDER A CINCO PREGUNTAS
La situación actual justifica plantear una nueva evaluación poblacional coordinada entre Asturias, Castilla y León, Cantabria y Galicia.
No solo para conocer el número de animales, sino también para mejorar las decisiones de conservación y convivencia.
¿Cuántos osos viven realmente en la Cordillera Cantábrica en 2026? La estimación de más de 400 ejemplares necesita una actualización genética completa.
¿Cuántos utilizan el territorio asturiano? Es necesario distinguir la población total de la cordillera de su distribución y utilización del hábitat en cada comunidad.
¿Cómo evolucionan los dos núcleos reproductores? La conexión genética entre las poblaciones occidental y oriental continúa siendo un aspecto relevante para la conservación.
¿Cuántos osos presentan comportamientos de habituación? Identificar estas situaciones permite actuar antes de que se produzcan incidentes graves.
¿Qué relación existe entre el aumento de la población y los daños registrados? Para responder es imprescindible disponer de series actualizadas, comparables y desglosadas territorialmente.
Estas cuestiones no se resuelven únicamente contando animales. Requieren seguimiento científico, información sobre reproducción, análisis de daños y evaluación de las medidas aplicadas.
UNA RECUPERACIÓN EXTRAORDINARIA QUE TODAVÍA NO GARANTIZA EL FUTURO DE LA ESPECIE
Hay razones para valorar positivamente lo ocurrido con el oso pardo cantábrico.
La especie ha pasado de una situación extremadamente delicada a mantener una población de varios centenares de animales.
Ha recuperado presencia en territorios donde había desaparecido y sus núcleos reproductores muestran una evolución mucho más favorable que hace tres décadas.
Pero los especialistas siguen señalando amenazas.
La fragmentación del hábitat, los atropellos, los problemas de conectividad genética, el furtivismo y los efectos del cambio climático exigen mantener las medidas de conservación.
El crecimiento demográfico tampoco es homogéneo: el núcleo occidental concentra una parte importante de la población, mientras que la recuperación relativa del oriental ha sido especialmente destacada.
El reto es conseguir que la expansión sea duradera sin aumentar innecesariamente los conflictos con las comunidades rurales.
ASTURIAS NECESITA CONOCER LA POBLACIÓN REAL, NO SOLO CELEBRAR SU RECUPERACIÓN
La posible superación de los 400 osos constituye una noticia de gran interés ambiental.
Pero el dato tiene que utilizarse con precisión.
No está confirmado mediante un nuevo censo integral de 2026. Es una estimación compatible con la tendencia de recuperación que describen organizaciones conservacionistas e investigadores.
El último gran estudio genético oficial sigue constituyendo la referencia poblacional de conjunto.
Cinco o seis años de distancia entre la recogida de aquellas muestras y el momento actual justifican actualizar el conocimiento disponible.
Asturias necesita esa información para conservar una especie emblemática, proteger a las explotaciones rurales, anticipar conflictos y planificar el futuro de sus espacios naturales.
El oso pardo constituye uno de los grandes símbolos ambientales del Principado.
Su recuperación demuestra que una especie amenazada puede mejorar extraordinariamente cuando existen protección, investigación y actuaciones sostenidas en el tiempo.
Pero ahora comienza una etapa diferente.
Ya no basta con preguntarse si el oso pardo sobrevivirá. También hay que saber cuántos osos viven en nuestras montañas, cómo se distribuyen y qué necesitamos hacer para convivir con ellos.

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