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Tras los 69 muertos de Urda, la seguridad del AVE asturiano queda bajo examen: ¿qué ocurre si falla el sistema que protege a los trenes?

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La tragedia de Toledo ha destapado una cuestión inquietante: un tren puede detenerse automáticamente ante un fallo técnico y, sin embargo, quedar expuesto a un accidente si se autoriza incorrectamente su circulación posterior. Renfe prepara nuevas instrucciones para impedir que vuelva a ocurrir. Asturias utiliza una tecnología de seguridad distinta a la de Urda, pero su conexión ferroviaria con Madrid tampoco depende de un único sistema.

3 de noviembre de 2026. Sesenta y nueve personas han perdido la vida en el accidente ferroviario de Urda. La colisión entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo, ocurrida el 28 de octubre en Toledo, ha abierto una de las crisis más graves de confianza en la seguridad del ferrocarril español.

La investigación debe determinar las causas exactas y las responsabilidades. Pero los datos conocidos ya permiten identificar una secuencia especialmente preocupante: el sistema automático de protección detectó una avería, detuvo los trenes y, posteriormente, uno de ellos recibió autorización para continuar cuando tenía otro convoy inmovilizado delante.

El accidente no demuestra que los sistemas de seguridad ferroviaria sean inútiles. Demuestra algo distinto y potencialmente más grave: una cadena de protección puede fallar si los procedimientos humanos que deben sustituir a la tecnología averiada no se aplican correctamente.

La cuestión trasciende a Toledo y afecta directamente a Asturias.

¿Qué protege hoy a los viajeros que toman un AVE en Oviedo o Gijón? ¿Puede producirse una caída de la señalización en los túneles de Pajares? ¿Qué ocurre si el tren pierde su sistema de control automático a 200 kilómetros por hora? ¿Puede un operador autorizarlo a continuar? ¿Y qué cambios concretos se están introduciendo para impedir otra tragedia?

Asturias Mundial analiza las medidas anunciadas, el recorrido del AVE asturiano y las garantías de seguridad que existen, distinguiendo las que ya estaban implantadas de las que todavía están pendientes de aprobación.

La secuencia de Urda: 23 minutos entre una avería y una tragedia

A las 8.30 horas del miércoles 28 de octubre, el sistema LZB, encargado de supervisar continuamente la circulación en ese tramo de la línea Madrid-Sevilla, dejó de funcionar correctamente.

La reacción inicial fue la prevista: seis trenes se detuvieron automáticamente.

Hasta ese instante, el mecanismo de protección había desempeñado su función. Detectó una situación anómala y llevó las circulaciones afectadas a una condición segura de parada.

El problema comenzó después.

A las 8.36 horas, el centro de control de Adif autorizó a uno de los AVE afectados a reanudar la marcha. Según la reconstrucción inicial del Ministerio de Transportes, la orden permitió circular en condiciones de marcha normal cuando había un Iryo detenido más adelante.

El AVE recorrió aproximadamente 25 kilómetros.

A las 8.53 horas alcanzó al otro tren. El balance: 69 fallecidos.

La investigación técnica y judicial continúa abierta. Las pruebas disponibles sitúan entre sus cuestiones centrales la aplicación de un procedimiento de circulación inadecuado y la ausencia de medidas efectivas para evitar que dos trenes coincidieran peligrosamente en el mismo tramo.

No basta con averiguar quién dio la orden. También será necesario determinar por qué las barreras organizativas y técnicas no impidieron que una autorización incorrecta desembocara en una colisión.

La nueva regla de los 40 km/h: una precisión decisiva

La reacción de Renfe ha sido preparar una consigna que refuerza las instrucciones para sus maquinistas cuando se produce una pérdida de transmisión del LZB.

El documento, identificado como Consigna de Circulación CR-V número 32/2026, contempla que, ante determinados bloqueos parciales del sistema, el maquinista detenga el tren y solo pueda reanudar la marcha después de recibir la autorización específica correspondiente, con una limitación máxima de 40 kilómetros por hora.

También introduce otra exigencia fundamental: confirmar con el responsable de circulación que el tramo afectado no está ocupado por otro tren.

Sin embargo, aquí hay una información importante que cambia la interpretación de las primeras noticias.

Aunque el 1 de noviembre se publicó que la consigna era obligatoria, Renfe aclaró el 2 de noviembre que el documento seguía siendo una propuesta técnica en evaluación y que todavía no había entrado en vigor.

Por tanto, a fecha de este reportaje, no puede afirmarse que las nuevas instrucciones estén ya implantadas definitivamente. Renfe y Adif trabajan en su desarrollo y adecuación a las competencias de regulación ferroviaria.

La obligación de circular con seguridad ante un fallo no nació después de Urda. Lo que se pretende ahora es reforzar y hacer inequívoca su aplicación.

¿Qué significa realmente circular a 40 kilómetros por hora?

La denominada marcha a la vista no consiste simplemente en circular despacio.

Es un régimen de conducción restrictivo que obliga al maquinista a adaptar continuamente la velocidad a la visibilidad y a las condiciones de la vía para poder detenerse ante cualquier obstáculo o señal que exija parar.

En los supuestos contemplados por la propuesta de Renfe, el límite máximo sería de 40 kilómetros por hora, pero eso no significa que siempre se pueda circular a esa velocidad. Si las condiciones obligan a avanzar más lentamente, debe hacerse.

La diferencia entre 40 y 200 kilómetros por hora no es un detalle administrativo. Es una diferencia decisiva en la distancia necesaria para detener un tren.

A 200 kilómetros por hora, un convoy recorre aproximadamente 56 metros cada segundo. A 40 kilómetros por hora, recorre unos 11 metros.

Y aunque la distancia total de frenado depende de numerosos factores —peso, adherencia, pendiente, características del tren y tiempo de reacción—, la física explica por qué una velocidad reducida puede resultar determinante.

La nueva consigna propuesta también pretende evitar equívocos entre dos autorizaciones ferroviarias diferentes: el telefonema LZB3, asociado a la circulación restrictiva en el supuesto contemplado, y el LZB4, que permite otras condiciones cuando se cumplen sus requisitos.

En Urda, según la reconstrucción conocida, se aplicó una autorización de marcha normal cuando correspondía un procedimiento más restrictivo.

El objetivo del refuerzo es impedir que esa interpretación vuelva a repetirse.

¿Qué sistemas protegen al AVE que viaja de Asturias a Madrid?

Aquí aparece una diferencia fundamental que debe conocer cualquier viajero asturiano.

La conexión ferroviaria entre Asturias y Madrid no utiliza el mismo sistema de protección durante todo su recorrido.

La línea Madrid-Sevilla, escenario de la tragedia, empleaba el sistema alemán LZB en el tramo del accidente. En cambio, la conexión con Asturias utiliza principalmente tecnología ERTMS en sus tramos de alta velocidad, junto con sectores protegidos por ASFA Digital.

Son sistemas distintos, con capacidades y procedimientos de funcionamiento diferentes.

De Gijón y Oviedo a Pola de Lena: ASFA Digital

El primer tramo de la conexión asturiana discurre por la red ferroviaria convencional.

Entre Gijón y Pola de Lena, la protección de los trenes depende del sistema ASFA Digital.

ASFA utiliza balizas instaladas en la infraestructura para transmitir información relacionada con la señalización. El equipo embarcado supervisa determinadas condiciones de circulación y puede ordenar el frenado automático cuando detecta incumplimientos de las restricciones que controla.

Es un sistema de seguridad importante y ampliamente implantado.

Sin embargo, ASFA Digital no ofrece la misma supervisión continua del movimiento que ERTMS nivel 2.

Esto no significa que el tramo sea inseguro. Significa que la arquitectura de protección y los procedimientos de circulación son diferentes.

De Pola de Lena a La Robla: ERTMS nivel 2

La Variante de Pajares constituye uno de los grandes avances tecnológicos del ferrocarril asturiano.

Sus aproximadamente 50 kilómetros atraviesan la Cordillera Cantábrica mediante una sucesión de túneles y viaductos. El 80% del recorrido discurre bajo tierra.

Su infraestructura está equipada con ERTMS nivel 2, uno de los sistemas más avanzados de control y protección ferroviaria.

El sistema permite transmitir información al tren mediante comunicaciones digitales y supervisar continuamente las condiciones autorizadas de circulación.

El equipo embarcado calcula y controla las curvas de frenado necesarias para respetar las limitaciones de movimiento y velocidad.

Si el tren incumple determinados parámetros, puede intervenir automáticamente.

La gran ventaja es que el tren no depende exclusivamente de que el maquinista vea e interprete una señal situada junto a la vía.

Además, la Variante de Pajares incorpora instalaciones específicas de seguridad en túneles, sistemas de ventilación y equipamientos de protección civil.

Pero conviene desmontar un equívoco: que una infraestructura disponga de ERTMS nivel 2 no significa que sus equipos sean infalibles ni que desaparezca la necesidad de procedimientos alternativos cuando se produce una avería.

De La Robla a León: vuelve ASFA Digital

Después de atravesar Pajares aparece otra transición tecnológica.

El tramo entre La Robla y León depende de ASFA Digital, de acuerdo con la descripción operativa difundida sobre el corredor asturiano.

Por tanto, un mismo servicio comercial de alta velocidad puede pasar de un sistema de protección continua a otro basado en la supervisión de las indicaciones transmitidas por balizas.

Estas transiciones están previstas en la explotación ferroviaria y requieren procedimientos específicos.

Lo importante no es que un tren utilice distintos sistemas, sino que todos los cambios de régimen estén controlados y que existan garantías suficientes cuando alguno de ellos deja de funcionar.

Desde León hacia Madrid: ERTMS en los tramos de alta velocidad

El corredor continúa por la conexión León-Palencia-Valladolid y los accesos de alta velocidad a Madrid, donde se emplean sistemas ERTMS.

En parte del recorrido entre León y Palencia permanece infraestructura de vía única, una circunstancia que obliga a organizar las circulaciones mediante los correspondientes sistemas de bloqueo y control.

La vía única no implica por sí misma una situación de inseguridad. Los procedimientos ferroviarios están diseñados precisamente para impedir movimientos incompatibles en un mismo tramo.

Sin embargo, también exige que la regulación del tráfico funcione correctamente cuando se produce una incidencia.

En definitiva, el AVE asturiano combina ERTMS y ASFA Digital, con distintas características de infraestructura y supervisión a lo largo de su itinerario.

¿Puede ocurrir en Pajares un fallo parecido al de Urda?

Sí, puede producirse una pérdida de comunicación o una incidencia en un sistema de protección ferroviaria. No, eso no significa que necesariamente pueda repetirse el accidente de Toledo.

Son dos afirmaciones que conviene mantener separadas.

El ERTMS nivel 2 utiliza una arquitectura diferente al LZB, pero también depende de equipos electrónicos, comunicaciones, instalaciones de vía y sistemas informáticos que pueden sufrir averías.

Cuando se pierde una información imprescindible para garantizar el movimiento autorizado, el diseño de protección debe llevar al tren a una condición segura conforme a las reglas aplicables.

En determinados supuestos, esto supone una reducción de velocidad o una detención.

El problema relevante aparece después, cuando es necesario recuperar la circulación.

Entonces entran en juego el régimen de respaldo disponible, las señales, la situación del tramo, el conocimiento de las circulaciones existentes y las autorizaciones del responsable de circulación.

Que el sistema obligue a detenerse es una primera barrera de seguridad. Que después se impida avanzar hacia una vía ocupada es otra barrera distinta.

En Urda, la primera funcionó. La investigación trata de esclarecer por qué las posteriores no evitaron la colisión.

Adif ha reconocido interrupciones del sistema de Pajares

La inquietud asturiana no es puramente teórica.

Tras el accidente de Toledo se conoció, a partir de explicaciones atribuidas a Adif, que el ERTMS de la conexión asturiana también había registrado interrupciones puntuales.

Una interrupción del ERTMS no equivale automáticamente a una situación de peligro inminente. Estos sistemas están diseñados teniendo en cuenta la posibilidad de averías y cuentan con procedimientos para gestionarlas.

Pero los datos agregados sobre incidencias no permiten saber por sí solos si todos los mecanismos de recuperación funcionaron correctamente.

Lo que debe examinarse no es únicamente cuántas veces falla un sistema, sino cómo se gestionan sus fallos.

Cuántos trenes se detuvieron, cuánto duró la incidencia, bajo qué régimen continuaron, qué autorizaciones recibieron y si hubo algún incumplimiento de las medidas previstas.

Son datos necesarios para evaluar el funcionamiento real de la seguridad ferroviaria.

Y, en el caso asturiano, no se ha localizado en las fuentes consultadas un balance público actualizado que permita responder con ese detalle a todas estas cuestiones.

La principal diferencia con Urda: tecnología distinta, pero responsabilidad humana igualmente decisiva

El ERTMS dispone de capacidades de supervisión continua que constituyen una barrera fundamental frente a determinados errores de conducción.

Sin embargo, la gestión de una avería puede requerir la intervención del personal del centro de regulación y de los maquinistas.

Cuando un sistema deja de estar disponible, las condiciones de circulación no pueden decidirse de manera improvisada.

Deben aplicarse las reglas correspondientes a la situación concreta.

Esto incluye comprobar las condiciones de seguridad del itinerario, la ocupación de la vía, las señales que deben respetarse y las limitaciones aplicables a cualquier movimiento autorizado.

Una autorización verbal o escrita no convierte automáticamente una maniobra peligrosa en segura.

El responsable de circulación debe aplicar el procedimiento correcto, y el maquinista debe cumplir las prescripciones que correspondan.

Por eso, tras el siniestro, el Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios, Semaf, ha reclamado reforzar las reglas no solo ante fallos del LZB, sino también en situaciones de pérdida de protección ERTMS que puedan generar riesgos equivalentes.

La propuesta de los 40 kilómetros por hora es, por ahora, una medida referida expresamente a determinados fallos del LZB.

No está acreditado que esa misma consigna, con idéntico límite y procedimiento, sea aplicable automáticamente a todo el recorrido del AVE asturiano.

Lo que sí se aplica en Asturias es el Reglamento de Circulación Ferroviaria y las normas de explotación correspondientes a cada tramo y sistema de protección.

¿Qué sucede si un AVE pierde la protección automática dentro de los túneles de Pajares?

Es una de las preguntas que más pueden preocupar a los viajeros.

La Variante de Pajares incluye aproximadamente 40 kilómetros de túneles, entre ellos los grandes tubos de unos 25 kilómetros que atraviesan la cordillera.

Un tren que experimenta una avería en estos tramos debe actuar conforme a las indicaciones de su equipo de protección y a los procedimientos específicos de circulación.

Si desaparecen las condiciones necesarias para mantener el movimiento autorizado, el sistema puede exigir una reducción de velocidad o la detención.

A partir de ese momento, la reanudación dependerá del tipo de incidencia, del sistema disponible y de las instrucciones reglamentarias correspondientes.

Además de la protección ferroviaria, los túneles cuentan con instalaciones de emergencia, ventilación y medios de evacuación diseñados para afrontar distintas contingencias.

Una avería de señalización no significa que los pasajeros tengan que abandonar el tren ni que exista necesariamente una emergencia dentro del túnel.

La actuación dependerá de las circunstancias reales.

Y aquí aparece otro aspecto esencial: detener un tren con seguridad y evacuarlo son operaciones muy diferentes. La primera puede ser una respuesta normal ante una incidencia técnica. La segunda solo debe realizarse cuando proceda conforme a los protocolos de emergencia.

Un corredor con varios centros de control: ¿quién decide cuándo puede avanzar un tren?

El tráfico ferroviario no se controla desde una única mesa durante todo el recorrido asturiano.

Según la distribución operativa descrita para la conexión, la supervisión pasa por diferentes centros de regulación, entre ellos El Berrón, León y Atocha.

La existencia de varios centros no constituye por sí misma una deficiencia. Es una organización habitual de redes ferroviarias extensas.

Pero sí exige una coordinación rigurosa.

Cuando un tren cambia de ámbito de control o se produce una incidencia en una zona de transición, las condiciones de circulación deben estar perfectamente determinadas.

Después de Urda, resulta especialmente importante comprobar que los responsables de circulación disponen de información fiable sobre la ocupación de las vías y que las autorizaciones no puedan entrar en contradicción con esa situación.

El centro de control debe saber dónde están los trenes. Y las órdenes que emite tienen que corresponderse con esa información.

El problema no se resuelve únicamente mejorando la tecnología embarcada.

También depende de la formación de los operadores, los procedimientos, la disponibilidad de personal especializado y la capacidad para gestionar situaciones excepcionales.

La pregunta de fondo: ¿por qué no bastaron los protocolos que ya existían?

Uno de los aspectos más delicados de la investigación de Urda es que no se partía de un vacío reglamentario.

Ya existían reglas sobre cómo actuar cuando se interrumpe el LZB y sobre las condiciones necesarias para permitir que un tren reanude la marcha.

Además, una instrucción de Adif de enero de 2025 había reforzado determinados procedimientos tras recomendaciones de investigación de accidentes anteriores.

Esto abre una cuestión de enorme trascendencia.

Si las normas ya contemplaban la situación, ¿por qué no se aplicaron correctamente?

La respuesta es esencial para valorar las nuevas medidas.

Aprobar otra consigna puede reducir las posibilidades de interpretación equivocada. Pero, para que resulte eficaz, también habrá que garantizar que todos los profesionales conocen las instrucciones, que no existen contradicciones entre documentos y que su cumplimiento se supervisa.

En seguridad ferroviaria, una regla escrita solo es una barrera efectiva si puede aplicarse correctamente en condiciones reales de trabajo.

El problema del mantenimiento: 170 incidencias de LZB durante 2026

La discusión sobre Urda también ha puesto sobre la mesa el envejecimiento tecnológico y la fiabilidad de las instalaciones.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, explicó el 30 de octubre que durante 2026 se habían registrado unas 170 incidencias del LZB, y señaló que una parte importante estaba relacionada con factores externos, como robos de cable, vandalismo, actuaciones de mantenimiento o fenómenos meteorológicos.

Ese dato no equivale a 170 situaciones de riesgo de accidente. En muchos casos, la detección de una incidencia y la detención preventiva de los trenes representan precisamente el funcionamiento esperado de la protección.

Pero la cifra evidencia que los fallos de transmisión no son supuestos meramente académicos.

Ocurren.

Y deben poder resolverse sin comprometer la seguridad.

En la línea Madrid-Sevilla continúa el proceso de sustitución del LZB por ERTMS, una transición que requiere instalaciones, pruebas y autorizaciones técnicas.

La modernización puede mejorar la fiabilidad y las posibilidades de control, pero ninguna tecnología elimina por completo el riesgo asociado a los procedimientos de circulación en condiciones degradadas.

¿Es más seguro el AVE asturiano porque tiene menos trenes?

La conexión entre Asturias y Madrid presenta una densidad de tráfico menor que los corredores de alta velocidad con más frecuencias, como Madrid-Barcelona o Madrid-Andalucía.

En el corredor asturiano tampoco existe la misma presencia de operadores privados de alta velocidad.

Esto significa que la organización del tráfico tiene características diferentes.

Pero sería un error concluir que menos trenes equivalen automáticamente a una garantía superior de seguridad.

Un corredor con pocas circulaciones también necesita mecanismos capaces de impedir que dos trenes ocupen de forma incompatible un mismo tramo.

La menor densidad puede reducir determinadas situaciones de interacción entre circulaciones, pero no sustituye las obligaciones de señalización, bloqueo y control.

La seguridad no puede descansar en la esperanza de que haya pocos trenes circulando.

Debe mantenerse incluso cuando se producen averías, retrasos, detenciones imprevistas y modificaciones de itinerario.

Cinco garantías que los viajeros asturianos tienen derecho a conocer

Tras Urda, hay cinco aspectos concretos sobre los que sería especialmente útil que Adif, Renfe y la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria ofrecieran información pública.

Primero. ¿Cuántas incidencias de ERTMS se han producido en la Variante de Pajares desde su entrada en servicio? No basta con conocer la cifra total. Importa saber cuántas ocasionaron detenciones, cuánto duraron y qué procedimientos de recuperación se aplicaron.

Segundo. ¿Qué instrucciones precisas deben seguirse cuando se pierde la protección ERTMS nivel 2? Especialmente en los tramos de túneles y en las situaciones en las que resulta necesario cambiar al régimen de protección de respaldo.

Tercero. ¿Cómo se comprueba que un cantón está libre antes de autorizar una circulación en condiciones degradadas? La experiencia de Urda demuestra la importancia de esa verificación.

Cuarto. ¿Se están revisando las instrucciones de los centros de control de El Berrón, León y Atocha? La coordinación entre responsables y la correcta interpretación de los procedimientos son componentes fundamentales de la seguridad.

Quinto. ¿Se extenderán las nuevas medidas anunciadas por Renfe a situaciones equivalentes de pérdida de ERTMS? Semaf ha pedido una revisión más amplia, pero todavía no se dispone de una instrucción definitiva publicada que permita confirmar su alcance.

Estas preguntas no suponen afirmar que exista una deficiencia concreta sin demostrar. Son las comprobaciones que permitirían evaluar con mayor transparencia las garantías actuales del corredor asturiano.

¿Qué garantías tienen hoy los pasajeros?

Los viajeros del AVE asturiano disponen de una infraestructura sometida a regulación ferroviaria, sistemas automáticos de protección, procedimientos de circulación, controles del tráfico y obligaciones de mantenimiento.

En los tramos equipados con ERTMS nivel 2 existe supervisión continua del movimiento autorizado. En los tramos con ASFA Digital existen funciones de vigilancia de señales y frenado automático dentro de sus capacidades.

Además, los maquinistas y responsables de circulación tienen la obligación de aplicar las normas correspondientes cuando se produce una avería.

No hay elementos contrastados que permitan afirmar que viajar hoy en el AVE asturiano sea inseguro por el mero hecho de que se haya producido el accidente de Urda.

Pero tampoco sería riguroso sostener que las características tecnológicas de la línea hacen imposible un accidente.

El riesgo cero no existe. La seguridad ferroviaria se construye mediante barreras sucesivas destinadas a impedir que un fallo aislado termine provocando una catástrofe.

La confianza de los pasajeros debe apoyarse en esas barreras, en su mantenimiento, en su aplicación efectiva y en una investigación independiente de cualquier incidente grave.

La lección de los 69 muertos: no basta con que el tren sepa detenerse

La tragedia de Urda ha dejado una enseñanza que debe extenderse al conjunto de la red ferroviaria española.

Durante los primeros minutos de la avería, el sistema automático consiguió detener los trenes afectados.

No fue suficiente.

Después intervinieron las autorizaciones de circulación y los procedimientos humanos. Y, según la reconstrucción inicial, en esa segunda fase se produjo el fallo que permitió una colisión devastadora.

La investigación tendrá que determinar exactamente cómo ocurrió, por qué no se corrigió a tiempo y qué responsabilidades corresponden.

Mientras tanto, el debate sobre el AVE asturiano no debería limitarse a comprobar si utiliza un sistema más moderno que el de Toledo.

Debe ir más lejos.

¿Qué pasa cuando falla la tecnología? ¿Quién decide que un tren puede volver a avanzar? ¿Cómo se verifica que el camino está libre? ¿Y qué mecanismos impiden que una orden equivocada se convierta en una tragedia?

Son las preguntas que ahora debe responder el sistema ferroviario.

Asturias dispone de una conexión de alta velocidad que ha supuesto una transformación histórica de sus comunicaciones. La Variante de Pajares es una de las mayores obras de ingeniería ferroviaria desarrolladas en España y cuenta con equipamientos de protección avanzados.

Pero su verdadera fortaleza no debe medirse únicamente por la velocidad comercial de los trenes ni por la sofisticación de los túneles.

Debe medirse también por su capacidad para seguir siendo segura cuando algo deja de funcionar.

Porque la seguridad de un AVE no se demuestra solamente cuando todo marcha bien.

Se demuestra, sobre todo, cuando algo falla y las decisiones que se toman impiden que el fallo termine costando vidas.

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