El Principado financiará la restauración de hórreos, paneras, cabazos y cabañas tradicionales en 41 concejos. Las obras podrán realizarse hasta octubre de 2027 y forman parte de una estrategia más ambiciosa: recuperar construcciones centenarias, reutilizar piezas de edificios en ruinas y darles nuevos usos para que vuelvan a tener vida.
Oviedo, 28 de octubre de 2026.
Hay pocas imágenes que representen mejor la identidad de Asturias que un hórreo levantado sobre sus pegoyos, junto a una casa de aldea, con las montañas al fondo y la madera marcada por generaciones de inviernos. Son construcciones que han sobrevivido durante siglos, pero que hoy afrontan un enemigo silencioso: el abandono.
Algunos han perdido sus cubiertas. Otros se inclinan peligrosamente, castigados por la humedad, la falta de mantenimiento o la desaparición de las actividades agrícolas para las que fueron construidos. Y cuando un hórreo se viene abajo, Asturias no pierde solamente una edificación: desaparece una pequeña parte de su memoria colectiva.
Para intentar frenar ese deterioro, el Gobierno del Principado acaba de aprobar 400.107 euros en ayudas para restaurar 102 construcciones tradicionales repartidas por 41 concejos asturianos.
La resolución, anunciada este miércoles por la Consejería de Cultura, Política Llingüística y Deporte, beneficiará a particulares y entidades sin ánimo de lucro que conservan estas piezas de la arquitectura popular.
Mucho más que hórreos: un patrimonio extraordinario
Aunque los hórreos son los grandes protagonistas, las subvenciones abarcan un conjunto mucho más amplio de construcciones tradicionales.
Entre los inmuebles que podrán recibir financiación figuran las paneras, los cabazos característicos del occidente asturiano, las cabañas de teito de Somiedo, fuentes, pajares y otras edificaciones auxiliares vinculadas históricamente a la vida en las aldeas.
Cada una de estas construcciones conserva una forma distinta de entender la relación entre las personas, el territorio y los recursos naturales.
Los hórreos y paneras permitían almacenar cosechas y protegerlas de la humedad y los roedores. Los cabazos cumplieron funciones semejantes, con soluciones arquitectónicas propias de determinadas zonas del occidente. Las cabañas de teito, por su parte, son un testimonio de las antiguas prácticas ganaderas y del aprovechamiento de los materiales disponibles en la montaña.
No son simplemente edificios antiguos. Son auténticos documentos de madera, piedra y vegetación que explican cómo vivían y trabajaban nuestros antepasados.
Las cifras de la operación de rescate
AYUDAS CONCEDIDAS
400.107 €CONSTRUCCIONES
102CONCEJOS BENEFICIADOS
41PIEZAS RECUPERADAS EN PEG0YU
103Plazos: las intervenciones podrán ejecutarse hasta el 15 de octubre de 2027 y justificarse hasta el 15 de noviembre de ese mismo año.
Restaurar un hórreo no es tan sencillo como cambiar cuatro tablas
Uno de los principales obstáculos para conservar estas construcciones es el coste de las reparaciones.
La restauración de un hórreo tradicional exige algo más que sustituir madera deteriorada. En numerosas ocasiones es necesario recurrir a profesionales que conocen los sistemas históricos de ensamblaje, la elección de materiales apropiados y las técnicas de construcción utilizadas durante generaciones.
Una intervención inadecuada puede alterar sus características originales e incluso comprometer su estabilidad.
Por eso, las subvenciones buscan aliviar parte de la carga económica que soportan los propietarios y facilitar intervenciones compatibles con los valores patrimoniales de cada edificio.
El Principado ha establecido además un calendario amplio: las obras tendrán de plazo hasta el 15 de octubre de 2027, mientras que la documentación justificativa podrá presentarse hasta el 15 de noviembre.
La resolución contempla el abono íntegro de las subvenciones concedidas, una medida que pretende facilitar la ejecución de los trabajos.
Pegoyu: cuando un hórreo en ruinas ayuda a salvar otro
Una de las iniciativas más interesantes del Plan del Horru tiene nombre propio: Pegoyu.
El proyecto permite recuperar elementos originales procedentes de hórreos que ya se encuentran en ruinas para reutilizarlos en otras restauraciones.
Según los datos del Gobierno autonómico, esta iniciativa había permitido rescatar 103 piezas tradicionales.
La idea es especialmente valiosa desde el punto de vista patrimonial: una viga, un pegoyu o cualquier otro componente aprovechable puede conservar su utilidad y contribuir a mantener la autenticidad de otra construcción.
Se trata de una forma de recuperación de materiales que conecta la conservación histórica con la economía circular.
En lugar de condenar todos los elementos de una construcción derrumbada al abandono, se estudia qué piezas pueden seguir teniendo una función.
El siguiente paso: que los hórreos vuelvan a tener utilidad
La estrategia del Principado no se limita a restaurar edificios para que permanezcan cerrados y sin uso. El Gobierno trabaja también en una reforma del Reglamento de Patrimonio Cultural que permitiría ampliar las actividades compatibles con estas construcciones.
El texto, sometido a información pública en septiembre, contempla usos vinculados al turismo rural, la cultura, la artesanía y los productos locales, siempre bajo las condiciones necesarias para respetar su valor histórico y arquitectónico.
La propuesta introduce una cuestión fundamental: cómo conservar el patrimonio sin convertirlo en un conjunto de piezas inmóviles y desconectadas de la vida cotidiana.
La posibilidad de encontrar nuevas funciones para determinadas construcciones podría contribuir a su mantenimiento, aunque cualquier intervención deberá ajustarse a la normativa patrimonial.
Salvar los hórreos es salvar el paisaje de Asturias
La restauración de estas 102 construcciones representa una noticia positiva para el patrimonio asturiano, pero también plantea un desafío a largo plazo.
Conservar un hórreo exige vigilancia, mantenimiento y recursos. La subvención puede servir para reparar una cubierta o recuperar una estructura deteriorada, pero su supervivencia durante las próximas décadas dependerá también de que sus propietarios encuentren motivos y posibilidades reales para seguir cuidándolo.
Por eso, el éxito del Plan del Horru deberá medirse no solo por las cantidades concedidas, sino por el número de construcciones efectivamente recuperadas y su conservación futura.
Porque un hórreo no es simplemente un granero elevado sobre cuatro columnas. Es arquitectura, ingenio popular, memoria familiar y una de las señas de identidad más reconocibles de Asturias.
Y cada uno que se salva es un pequeño triunfo frente al olvido.

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